Hoy hacemos repaso de El Hombre Elefante, segundo largometraje dirigido por David Lynch y con John Hurt y Anthony Hopkins en los papeles estelares.
Cuando acabamos de visionar esta película de inicios de los años 80, no podemos dejar de preguntarnos (al menos yo lo hago): ¿Qué cosas nos definen como humanos? ¿Qué cosas nos hacen ser humanos? No creo que la respuesta se pueda simplemente explicar desde el punto de vista de la biología, sino que es más compleja de responder. Así es El Hombre Elefante, de David Lynch, una obra maestra de inicios de la década de los 80.
De dónde viene la historia aquí contada por David Lynch
La historia relatada por el director estadounidense viene como muchas otras veces de la realidad e incluso había inspirado antes una obra teatral escrita por Bernard Pomerance . El caso de Joseph Merrick, una persona con una deformidad causada por una enfermedad llamada neurofibromatosis que le causaba ser rechazado por la sociedad de su tiempo, la Inglaterra victoriana del siglo XIX. Posiblemente también sufría el síndrome de Proteus.
La película explora temas como la dignidad humana, la compasión (encarnada por el personaje de Anthony Hopkins) o la crueldad de una sociedad que no acepta la diferencia y que de hecho la teme y rechaza.
Aspectos que la convierten en una película de culto
Actuaciones
No se puede hablar en este apartado de alguien por encima de John Hurt. Él encarna de manera magistral al personaje central de la historia, John Merrick, con un gran sentido de la humanidad. Su enfoque del mismo hace que su actuación brille de manera mágica, incluso sin poder verle físicamente dado el inmenso maquillaje que usa y que le ayudó seguramente a confeccionar una actuación digna de premio. Eso sí, las siete horas que debía «sufrir» cada día para su transformación en Merrick mellaron su animo en más de una ocasión.
Anthony Hopkins representa la bondad y generosidad de las que somos capaces los humanos. Su personaje, Frederick Treves, es el doctor que trata por todos los medios de mejorar la vida de su paciente, incluso al principio en contra de la opinión de la institución en la que trabaja. El propio doctor (por informes que aún existen en la actualidad ) tenía la dualidad del interés de su profesión en un paciente, unido a la de una persona que intenta dar un trato humano a una persona que raramente en su vida fue tratado como tal.
Otras actuaciones a destacar son las de Anne Bancroft como Mrs.Kendal, una artista que sabrá ver los dones que Merrick esconde bajo su físico, y de John Gielgud como Carr Gomm, director del hospital donde John pasa sus últimos años de vida.

Los temas que la película nos presenta
Una de las cosas más importantes que nos da esta película de David Lynch es la oportunidad de hacernos preguntas. Nos permite incluso cuestionarnos si en caso de encontrarnos con un caso parecido a nuestro alrededor en nuestro día a día, optaríamos por parecernos al doctor Treves, tratando de ayudar, o si por el contrario seríamos más como varios personajes que nos son presentados a lo largo del filme y que tratan a nuestro protagonista con burla, desprecio, temor e indiferencia . O, quién sabe, quizás estaríamos en un término a medio camino de todo.
La frase que el propio Merrick dice en una escena del filme, «No soy un elefante, no soy un animal. ¡¡Soy un ser humano!!» , nos da el primer tema a debatir: la dignidad frente a la deformidad. El saber qué es más importante, si lo que nos define como seres humanos o la superficialidad de nuestro aspecto exterior. Otro tema importante es la compasión, centrada a mi parecer en el personaje de Anthony Hopkins.
El doctor Treves comienza su historia con Merrick teniendo interés en su caso por temas médicos (¿notoriedad?, ¿curiosidad?) y acaba siendo una persona con la cual tendrá una relación de amistad próxima. Será una de las piezas más importantes para que el paciente tenga unos años de felicidad después de sufrir lo indecible a lo largo de su vida.
Otro de los temas aquí destacables es el viaje vital de Merrick para que los demás le acepten tal como es. Desde el inicio, donde le vemos siendo poca cosa más que una atracción de circo ambulante a manos de un despiadado propietario del show con las facciones de un maravilloso Freddie Jones (Dune, Krull, Firefox: El arma definitiva) hasta llegar, hacia el final de la película, al momento en que es aplaudido en el teatro por los espectadores que le dan el trato humano que tanto ansía. Camino identitario y en cierta manera de redención.

Y para terminar este apartado, podríamos nombrar el tema de la explotación de un ser humano por parte, en este caso, tanto de la gente corriente que lo mantiene como un espectáculo y como algo grotesco, como de la alta sociedad de la época que trata de ayudarle para sentirse mejor ellos mismos . Unos que lo explotan por dinero (el propietario del circo) y otros que esconden su curiosidad detrás de una supuesta caridad. Realmente, y aún siendo otra época, seguimos más de un siglo después maniatados por ese tipo de debate entre los sentimientos de empatía y la curiosidad morbosa.
Aspectos técnicos para destacar
El uso del blanco y negro para resaltar ciertos aspectos de la historia, la tristeza que vive el personaje central, el retrato de la época en que transcurre la película y los contrastes entre luz y sombra, belleza y fealdad, humanidad y crueldad. Vemos en la parte visual trazos del cine impresionista alemán como sombras alargadas y calles húmedas que dan sensación de suciedad.
Todo eso nos ayuda a una sensación de melancolía y opresión. Tiene un ritmo lento y contemplativo (por parte nuestra como espectadores), cosa que ayuda en diferentes escenas a poder sentir incomodidad, empatía o lástima por lo que vemos en pantalla. A veces un silencio nos cuenta más que un diálogo.
La fotografía que utiliza David Lynch en esta película busca captar las emociones de los personajes en cuanto ven a Merrick de cerca. Juega con muchos primeros planos, ya no del protagonista, sino de quienes le rodean, especialmente en momentos en que el protagonista interactúa con personas (la escena donde toma té con una pareja de clase alta) o, por ejemplo, cuando recita (recordemos cuando Treves le presenta a Carr Gomm en la buhardilla en la cual le colocan en el hospital).

Para acabar con los aspectos que la hacen especial, no podíamos dejarnos sin nombrar el apartado musical, en manos aquí de John Morris, quien compone una partitura delicada, triste, y elegante. Se usa el silencio y el sonido ambiental (los engranajes del reloj por nombrar uno) para acentuar el aislamiento en el que se encuentra Merrick.
Pero si algo destaca en este apartado es la pieza «Adagio for strings» de Samuel Barber, llena de melancolía y que aquí Lynch utiliza de manera más que magistral, siendo inevitable el nudo en la garganta que provoca la mezcla de esa música con la escena que se representa en pantalla.
A quién le podemos recomendar El hombre elefante
Podemos recomendar esta película a quien quiera descubrir los inicios de David Lynch, a quien le pueda interesar un cine del director menos surrealista que el que nos tiene acostumbrados. También a las generaciones actuales para que reflexionen con los temas que el filme toca y aprendan que existen muchas buenas cualidades como la empatía y que vale la pena reflexionar sobre los valores que nuestro protagonista exhibe. Asimismo, la podemos recomendar a todos los fans de David Lynch o de alguno de los actores protagonistas, como John Hurt o Anthony Hopkins. En general, para todos los que amamos el cine en mayúsculas.
La cinta, por otra parte, fue nominada por la Academia de Hollywood a ocho premios Oscar (misma cantidad que ese año tuviera Toro Salvaje, de Martin Scorsese), incluyendo los de mejor película, mejor director y mejor actor, pero no consiguió llevarse ninguno.
A lo largo del artículo os hemos dejado enlaces a los diferentes protagonistas de esta historia para que os intereséis por ellos y aquí abajo os dejo de igual modo enlaces a distintos artículos de nuestra página referidos a otras películas de David Lynch.



