InicioSeriesCastle Rock (Análisis de los capítulos)Análisis de Castle Rock. Temporada 1. Capítulo 3

Análisis de Castle Rock. Temporada 1. Capítulo 3

Después de una parada obligada para que nuestros acompañantes pudieran vaciar sus cargadas vejigas, continuamos nuestro particular tour por Castle Rock. En el anterior capítulo ya se percataron nuestros expectantes visitantes de cuan fácil es encontrar secretos entre los habitantes de la ilustre ciudad norteamericana, pues en ella nada es lo que parece. Y si Henry ya se había olvidado de lo que dejaba atrás, estos capítulos siguientes van a seguir haciéndole recordar lo difícil que es escapar de su pasado, sobre todo si te has criado en una ciudad tan particular como la que nos atañe. Vuelvan a coger asiento, abróchense sus cinturones, que retomamos la visita.

Puedes encontrar los anteriores análisis aquí:

Análisis de Castle Rock

Local Color

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Molly Strand, la gran protagonista de este capítulo

Antes de adentrarnos más en Castle Rock he de alabar el gran trabajo realizado por Melanie Lynskey a la hora de interpretar a la compleja y enigmática Molly Strand, y este tercer capítulo nos confirma que estamos ante uno de los personajes más interesantes de la serie. Porque eso ha resultado ser este Local Color, un vehículo idóneo para colocar a Molly en la primera posición de la lista de personajes interesantes de nuestra querida Castle Rock.

Al comienzo de este capítulo volvemos a conducir nuestro particular DeLorean  para viajar de nuevo hasta 1991. El año de los misterios. En él vuelven a sorprendernos con otra revelación, una que creíamos que tardaríamos bastante más en descubrir, y esta no es otra que la verdadera identidad del asesino del padre adoptivo de Henry. Resulta que la asesina no es otra que una jovencísima Molly Strand que, impulsada por una extraña fuerza, decide privar de oxígeno a un lesionado Matthew. Inesperado e intrigante a partes iguales. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no lo confesó? ¿Su enfermedad se agravó entonces? Una sorprendente respuesta que nos lleva a conocer nuevas incógnitas. Aunque no me extrañaría que lo hubiera hecho para proteger a su querido vecino, puede ser, al fin y al cabo, que el señor Deaver no fuera trigo limpio. Veremos.

En el presente, volvemos a ver a Jackie Torrance en escena. Resulta que la chica del apellido famoso trabaja o colabora con Molly y la está ayudando con los preparativos. Molly quiere que su aparición en la televisión local le sirva para impulsar sus negocios, por lo que espera tener unos productivos y vistosos minutos de exposición televisiva. Los tendrá, de eso no queda ni la menor duda. Una vez que Jackie parte a realizar unos recados de cara al decisivo día, aparece Henry decidido a tener un reencuentro con su amiga de la infancia. Vemos como la presencia de Henry aturde a Molly que intenta ocultar la extraña conexión que tiene con nuestro protagonista.  De vuelta al pasado se nos muestra como la relación entre estos dos era más profunda de lo que parecía a priori, pues una Molly adolescente ofrece a Henry tener una charla privada en su cuarto. En una escena muy próxima a la obra de King -el sexo y la adolescencia son dos elementos recurrentes en su obra-, Molly decide contarle que siente una extraña conexión con él: puede sentir lo que él siente, como si el chico fuera una especie de muñeco vudú. Esto se nos muestra como algo real más adelante cuando veamos que ella es capaz de sentir el frío que siente Henry y puede escuchar lo que él escucha. Otro personaje con poderes sobrenaturales que se nos presenta y, conociendo el universo King, seguro que no es el último.

Los espectadores no son los únicos con derecho a sorprenderse

Volvemos a Shawshank -ya la echábamos de menos- para ver como el lacónico chico se prepara su particular almuerzo en la cafetería de la penitenciaría. A su manera, claro está. Pero algo lo distrae de sus labores culinarias: una foto del antiguo alcaide. Tras ver la foto, el chico se pone nervioso y es calmado por un inquietado Zalewski que, preocupado por el futuro del chico, decide seguir contactando con Henry para pasarle toda la información que tiene acerca de las acciones realizadas por Lacy en el sótano de la penitenciaría. Nuestro abogado, necesitado de pistas, acepta la información de buena gana.

Más tarde, Molly se da cuenta de que el regreso de Henry es más difícil de llevar sin sus pastillas y empieza a buscar desesperadamente a su camello de confianza para que se las proporcione. Lamentablemente para ella, el camello adolescente se ha quedado sin existencias, pero conoce una forma de que Molly consiga su «medicación». La respuesta, y el material, lo tiene un tal Derek. Por lo que, Molly, se dispone a ir hasta la dirección, sin dejar de ser atormentada por los fantasmas de su pasado. Al llegar al lúgubre lugar, se encuentra con una pintoresca escena: un grupo de niños con mascaras de papel maché -bastante inquietantes- observan un improvisado juicio liderado por el tal Derek. Estos niños resultan ser los hijos de los prisioneros encerrados en Shawshank. Como hemos podido comprobar, en Castle Rock, todo está conectado. Derek dirige una pantomima, sigue el juego a unos niños que creen liderar su particular tribunal de justicia y con la excusa de ajusticiar a Molly acaba vendiéndole lo que ella estaba buscando. Pero, para aumentar la racha de mala suerte, aparece la policía, evita el intercambio y detienen a Molly. Aunque, por suerte para ella, Henry está dispuesto a sacarla del apuro para que pueda acudir con puntualidad a su cita con la cadena de televisión.

Sin drogas, sin ánimos y aturdida por la invasiva presencia de Henry, Molly decide que puede lidiar con el segmento televisivo, pero todo le molesta; las voces, las luces y hasta la presencia del mismo presentador. La escena que se nos presenta pasa de lo torpe a lo incomodo cuando Molly decide dar rienda suelta a esa conexión que siente con Henry denunciando el estado en el que se encuentra el chico encerrado injustamente en Shawshank. Un sorprendido Henry no entiende como Molly tiene tanta información sobre su cliente, pero lo que no sabe es que todo lo que haga puede ser percibido por ella al instante. Pero, aún así, el abogado sabe perfectamente las ventajas que conlleva que el caso de su cliente salga a la luz, la nueva alcaide hará todo lo posible para que la mierda generada no le salpique. Y efectivamente, Henry consigue una entrevista con su cliente. Pero no sale todo lo bien que él quisiera, el chico parece desorientado, apenas atiende a lo que le dice Henry y balbucea preguntas extrañas que no hacen más que confundir a su abogado. ¿Ya empezó? ¿El qué empezó? ¿Puedes escucharlo? ¿El qué debe de escuchar? La sensación de Henry es de estar cada vez más lejos de la verdad.

El capítulo termina con un momento de suspense al más puro estilo King. Molly sigue escuchando voces y notando extrañas presencias a su alrededor. Tras entrar en su casa, vemos como sigue habiendo rastros del allanamiento y Molly se teme lo peor. Cuchillo en mano decide investigar lo que ocurre en su casa. Tras unos segundos de suspense vemos como el fantasma vendado del reverendo recuerda, con su presencia, el terrible crimen cometido por la chica en su adolescencia.

Conclusiones

Otro buen capítulo que nos ha servido para conocer mejor a los personajes, destacando por encima de todos a Molly -como ya dije anteriormente, con una genial Melanie Lynskey- que resulta ser todo un descubrimiento. Seguimos con varias incógnitas por resolver, por lo que os espero en la próxima entrega para que las podamos resolver juntos. Que seáis muy felices.

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Antiguo colaborador de Las cosas que nos hacen felices al que agradecemos su tiempo y su aportación. Muchas gracias.
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