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Análisis de La Historia de Lisey. Miniserie. Episodio 6

Continuamos analizando La Historia de Lisey que, creada y adaptada por Stephen King, se emite por Apple TV con dirección de Pablo Larraín. Hoy es el turno del sexto episodio.

Bienvenidos una vez más a nuestro encuentro semanal, con un episodio de La Historia de Lisey que parece avanzar más decididametne hacia el final, arrojando luz sobre algunas cuestiones pero dejando otras aún en el misterio. Se trata del sexto y su título es “Ahora tienes que estar Quieta”: pasamos ya mismo a analizarlo advirtiendo que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordándoles que pueden ver aquí nuestros análisis anteriores.

Vigilante que no vigila

El episodio que nos ocupa desnuda algo más los vínculos entre realidad y fantasía; de hecho, Boo’ya Moon parece bastante más real de lo que yo pensaba. Dooley sigue sobre la cama leyendo los manuscritos en casa de Amanda; se lo ve entre absorto, conmocionado y probablemente fastidiado por los textos que faltan.

El oficial Dan, que vigila la casa de Lisey, avisa por radio que abandona su puesto porque “todo está tranquilo”. Un consejo: no lo contraten para vigilar su casa. Decide, en cambio, echar un vistazo por lo de Amanda, no entiendo para proteger a quién si la dueña de casa está internada en un centro psiquiátrico. Su visita podría servir, al menos, para detener a Dooley, que está allí, pero ni eso: este se le pone a cubierto de las luces y asunto arreglado. Créanme: Dan no ganará el premio al policía del año.

El Secreto del Agua

Lisey, tal como viéramos al final de la entrega anterior, ha utilizado el agua para llegar a Boo’ya Moon. Pasa por la Colina del Amor y se detiene un instante junto a la tumba de Paul Landon. Se me heló por un momento la sangre al pensar que quizás tuviera la descabellada idea de desenterrarlo con la pala plateada que con ella ha llevado, pero no: recoge allí la jeringa aquella con la cual Scott debía matarlo y se dirige hacia el anfiteatro de la bahía mientras la vegetación se mece y se oye el susurro, aunque el monstruo no aparece.

Llega bastante rápido al lago: todavía no domino bien la cuestión de las distancias en Boo’ya Moon; lo que sí se observa es que la presencia del faro es cada vez más importante e impactante en la fotografía, bañando con su luz el lugar tanto como la luna roja. No sé bien por qué Lisey llevó la pala: no le fue de ninguna utilidad material, aunque supongo que, como veníamos señalando, quizás sí simbólica, pues pareciera que nada puede pasarle teniéndola cerca.

Es por ello que me puso muy nervioso que la dejara junto a un árbol, hecho que pensé que traería consecuencias, pero no… Avanzando hacia las aguas, Lisey sumerge medio cuerpo y bebe, curando así las brutales heridas que le infligiera Dooley dos episodios atrás.

Subiendo luego a las gradas, cruza miradas con Scott pero ninguna palabra. Sabe que no es real, sino un doble, al igual que todos los que allí se encuentran, con excepción de Amanda que, con mayor ambigüedad, está atrapada entre dos mundos. Daría la impresión de que Lisey comenzara a entender que Scott está muerto y que es en vano intentar traerlo de vuelta (no hay que desenterrar a los muertos), cosa que sí puede hacer con su hermana.

Amanda tiene, como siempre, la vista perdida, allá en la lejanía, en el imaginario barco Las Alceas en que jugaba con sus hermanas en la infancia.  Lisey, sin embargo y contrariamente a lo que ocurre con el faro, no lo ve: como si cada uno agregara su propio detalle subjetivo a la vista.

Para quienes nos preguntábamos qué llevaría en ese morral, extrae del mismo un cuaderno y un bolígrafo curiosamente secos tras la incursión en la piscina, pero el agua de Boo’ya Moon es muy especial: comunica mundos, cura heridas y, según parece, no moja. Por escrito, entonces (ha aprendido de su visita anterior que no conviene hablar allí en voz alta), Lisey pregunta a su hermana si quiere regresar a casa y le pide ayuda, exactamente lo mismo que Amanda le pide a ella en ese mensaje escrito en su brazo con cortes hechos para sacar el mal. Lisey le aconseja que se concentre en el estudio de Scott.

Conspiración de Mujeres

Ya de regreso a la “realidad”, Lisey sabe cómo salvar a Amanda y así se lo transmite a Darla, pero por mucho que le cuente acerca de Boo’ya Moon, esta persiste en cerrar oídos: se refiere, incluso, al lugar como Boolie Moon y se mantiene escéptica hasta que Lisey desaparece sorpresivamente de su vista y reaparece trayéndole una flor desde el otro lado. No sé bien por qué ello la convence ni si realmente lo ha hecho, pero su postura, aunque siempre algo reluctante, pasa a ser un poco más abierta.

Nada puede, de todos modos, llegar a buen puerto si no se sacan de encima a Dooley: Lisey llama al editor Dashmiel y aun cuando este, con aparente sinceridad, se desentiende de las demenciales acciones del psicótico fan, ella le amenaza con demandarlo por acoso y agresión a menos que le concerte un encuentro con Dooley en el estudio de Scott.

El argumento, desde ya falso, es que ella decidió rever su postura. Dashmiel le replica que no es buena idea y parece preocuparle el peligro al que Lisey se expone, pero ni siquiera llegamos a saber si cambia de idea cuando ya la vemos a ella enviando un mensaje a Dooley para concretar el mencionado encuentro. ¿Con qué sentido, entonces, quiso utilizar a Dashmiel como intermediario? ¿Habrán barajado dos posibilidades en el guion y se les escapó eliminar de la edición una de las dos charlas telefónicas? Solo sé que, de acuerdo a lo que sigue, el primer llamado carece de sentido.

Ambas hermanas van a visitar a Amanda. Una enfermera les informa en recepción que ha vuelto a hablar pero que ya volvió al silencio, lo cual da una pequeña esperanza a Lisey que, una vez ante ella, le insiste en que diga cómo la sacó Scott de Boo’ya Moon cuando, tiempo atrás, estuvo en un estado catatónico semejante. Entre balbuceos y para horror de la siempre más terrenal y conservadora Darla, Amanda responde que él la besó.

Lejos de generarse una escena de celos o melodrama, Lisey lo toma con tranquilidad y besa en los labios a Amanda pasándole de boca a boca el agua de Boo’ya Moon con chorro a presión que competiría con Linda Blair en El Exorcista. Ahora sabemos que la excursión al otro lado tuvo como gran objetivo traer agua.

Amanda ha vuelto a la realidad, quizás de modo demasiado simple o yo, por lo menos, lo esperaba más complejo. Siguiendo con mis errores de cálculo, se va cayendo mi suposición de que Boo’ya Moon fuera solo una región del inconsciente o la imaginación infantil: puede serlo, pero está claro que el agua existe y hasta salvó a Amanda.

En otra escena difícil de creer (parece que las hubieran juntado todas en este episodio), van a ver al doctor Alberness, responsable del lugar, para convencerlo de que dé el alta a Amanda aun sin un diagnóstico médico que lo avale. Ningún médico sensato lo permitiría pero, después de vacilar un rato, termina por alguna razón, dando su consentimiento cuando le citan una frase de Scott que habla de “aceptar el regalo”: algo así como resignarse a lo que ocurre sin explicación.

A pesar de lo poco creíble de toda esta secuencia, tiene, paradójicamente, dos puntos altos que están entre lo mejor del episodio y uno de ellos da incluso sentido a mucho de lo incongruente: instantes antes de la charla con Alberness, un flashback de Lisey nos muestra a Scott refunfuñando porque su editor le devolvió un relato para que lo corrija y le dé más verosimilitud. Aun cuando acepta hacerlo, replica enseñándole a Lisey un titular de periódico sobre un perro que regresó a su hogar después de tres años: a lo que apunta es a que en la vida no todo encaja racionalmente y la literatura no debería ser distinta.

Es una gran analogía la que King plantea aquí: en la ficción solemos dar por sentado que nada ocurre al azar, pero no tiene por qué ser así. Prácticamente, es una respuesta a todas las incongruencias que vengo señalando a lo largo del análisis: vaya triple interacción la que se produce aquí entre los personajes de Scott, los de King y quienes seguimos la miniserie. Brillante…

El otro gran momento es cuando, mientras Lisey y Amanda hablan con el doctor para convencerle del alta, Darla se dedica a observar las fotos que cubren los muros del despacho, recalando en algunas en que se ve al médico junto a Bruce Sprinsteen o Al Gore; sobre el primero pregunta si se comportó tan amablemente como aparenta ser y del segundo, recuerda haberlo votado y menciona que ganó un Oscar.

Es un guiño genial no solo porque lo dice en presencia de Julianne Moore (que también ganó uno) sino porque ella misma (Jennifer Jason-Leigh) ha estado nominada sin ganarlo, mientras que un político sí lo ha hecho. Pueden parecer líneas banales o desconectadas del argumento principal y, sin embargo, ayudan a crear una gran contraposición entre personalidades. A Darla solo le interesa lo de este mundo, pero lo denota de modo natural y sin discurso: un gran personaje que me gustaría que fuera más explotado.

Lisey ha anoticiado a Amanda del psicópata que la acosa: una vez que dejan el lugar y bajo la lluvia (no podía faltar agua), las tres hermanas ríen alocadamente sobre un acantilado mientras anuncian que van a matar a Dooley: escena a mitad de camino entre aquelarre de Macbeth y película de Peter Greenaway.

Ya de regreso en casa, Lisey despide a Dan, quizás por juzgar que no le será de mucha ayuda: razón no le falta, pues el oficial ni siquiera se ha percatado de que Dooley observa la escena oculto entre los árboles.

Pero también es dable pensar que Lisey ha optado por alejarlo en virtud de que están tramando un asesinato y hasta han hablado de hacer desaparecer el cuerpo: no conviene policía cerca. Una vez que Dan se ha marchado, Amanda y Darla bromean con que Lisey le ha coqueteado y ello provoca una risa generalizada que, desde su escondite y con ojos inyectados en ira, Dooley interpreta como que se le están burlando.

Balance del Episodio

Nos quedan por delante solo dos episodios y esta es una entrega que, sin el grado de intensidad de las dos anteriores, avanza más decididamente hacia el cierre de la historia. De hecho, el cliffhanger final con Dooley espiando por entre los árboles, presagia la resolución del arco que lo involucra. Es, justamente, cuando la trama gira en torno a él que se vuelve más terrenal y mundana.

No obstante, hay montones de preguntas aún no resueltas con respecto a Boo’ya Moon, a qué ocurrió con Scott después del disparo o cuál es verdaderamente la historia familiar de los Landon. Está claro que la miniserie, de acuerdo a lo que hasta aquí hemos visto, se toma su tiempo. ¿Llegarán, entonces, a explicárnoslo todo? ¿O, como con el perro, la idea es que no sea así?

Creo que en el balance final ha sido un buen episodio que, aun con algunas lagunas (más agua, je), ha tenido puntos muy altos como los ya mencionados y que tienen que ver con el carácter fuertemente simbólico y autorreferencial que la historia tiene para Stephen King.

Si el próximo nos llena esas lagunas o si, por el contrario, agrega más agua, es algo que sabremos cuando llegue y allí nos reencontraremos par un nuevo análisis.

Les espero entonces y gracias por leer semana a semana; sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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