Análisis de La Zona. Temporada 1. Capítulo 4

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Volvemos, una semana más, a la serie más radioactiva del momento. En este capítulo han pasado cosas muy interesantes, así que si por lo que sea no estáis al día, por aquí os dejo un enlace de las impresiones sobre los episodios anteriores. Pero vamos a lo que vamos, episodio 4: insomnio.

¿El ansiado reencuentro…?

En el capítulo anterior nos empezaron a preparar, para lo que se anticipaba como un reencuentro cargado de emociones: el de Héctor y su mujer (Marta). Cargado de emociones, porque desde el primer momento se nos ha presentado a Héctor Uría como a un hombre roto, pero que en un pasado disfrutó de una familia feliz, que ahora se encuentra resquebrajada, por lo que podemos intuir, que fueron los daños causados por la muerte de su hijo. Sea como fuere, esta era una oportunidad en la que podríamos empezar a vislumbrar y dar forma a su turbio pasado familiar, pero nos encontramos con algo completamente distinto.

Cuando Héctor vuelve a casa, está en un estado deplorable (ya sea por el incidente del balneario o por las rayitas de coca, probablemente ambas), pero nada que una buena ducha no pueda curar. Tras haber preocupado a Marta y haberse relajado un poco, se sienta junto a ella en el sofá. La conversación es distante, ninguno de los dos se encuentra cómodo, el vacío que la tragedia ha dejado entre ambos les ha enrarecido. El único atisbo de conversación que hay, se ve frustrado por una misteriosa llamada nocturna que recibe Héctor, que no duda en aprovechar para postergar, una vez más, el remover el pasado.

La cosa se pone seria

Pasados unos primeros capítulos un poco perezosos, por fin empezamos a notar que algunas cosas fluyen bien, que el género policíaco sirve para algo. Tras el chivatazo que le proporcionó a Héctor, Zoe busca refugio en casa de su padre (o caravana en este caso) temiendo las posibles represalias. Y no se equivoca. Al poco rato de su llegada, Aurelio hace acto de presencia, y dará comienzo lo que probablemente sea lo mejor que nos ha dado La Zona hasta el momento.

Viendo la comprometida situación en la que se encuentra su hija, el padre decide (con uno de los usos menos convincentes posibles de una escopeta) intentar disuadir a los intrusos de su propósito. Un paripé que, sin embargo, le da a Zoe el tiempo justo para escapar por la ventana trasera y poder llamar a Héctor, que a su vez avisará a Martín, que a su vez no pedirá refuerzos por el pánico a ser descubierto. Desde el momento en que recibe la llamada, vemos en Martín una batalla constante, intentando aparentar serenidad, pero la ansiedad y las crecientes sospechas de su compañero, acaban por romperle del todo.

Cuando llegan al lugar, descubren el cadáver del padre de Zoe y deciden separarse para investigar, con la fantástica suerte de que Martín se encuentra con Aurelio. Como ya he mencionado antes, tenemos a un Martín al borde de desmoronarse, temblando y a punto de llorar, sabe que le van a descubrir, sabe que Héctor sospecha y que solo es cuestión de tiempo. Al otro lado tenemos a un Aurelio tranquilo, consciente de que tiene las de ganar, hasta se permite el lujo de dar un discurso, compartiendo un poco de su sabiduría. Aunque no sale como tenía planeado. Martín se acaba viendo superado por las circunstancias, demasiados problemas, demasiados dilemas morales, demasiado que ocultar; y acaba atacando a un sorprendido Aurelio. Tras un forcejear durante un rato, Martín consigue asestarle un golpe en la nuca, tirándolo al suelo para acabar ahogándolo en un charco.

Al cabo de un rato llegan Héctor y Zoe a la tétrica escena, encontrando un cadáver enfangado y a Martín con los ojos llorosos, todavía temblando, con el miedo tatuado en la cara. No puede callar más, son demasiadas las evidencias que apuntan hacia él, Martín confiesa. A pesar de la decepción y la rabia, Héctor decide encubrirle, limpiando la escena del crimen y preparando otro escenario para cuando llegue la policía.

Hasta siempre Aurelio

Lo otro ya tal…

El resto del capítulo se ha dedicado a abrirnos tramas y a profundizar en el mundo de La Zona. Por un lado tenemos a Julia, que parece haber descubierto que han habido escapes radioactivos, fugas que han podido llegar a la ciudad (justificando el incidente de la escuela del episodio anterior). Y parece que la cosa va más allá de una simple fuga, ya que cuando le pregunta a un médico empleado, este se muestra esquivo, la información no le sorprende especialmente, es más, la insta a que deje el tema, que se preocupe por otros asuntos.

También sabemos por primera vez de la existencia del personaje de Juan Echanove: Fausto. Y se nos da a entender que es el que realmente corta el bacalao, vemos gracias a una serie de mensajes, cómo es a él a quien obedecen Aurelio y Lucio (el del ya mítico bosnio-herzegovino de mierda), planteando una serie de conexiones muy interesantes.

Y lo que probablemente haya sido la parte más sosa del capítulo: la redada del balneario. Durante todo el episodio se suceden escenas en las que Alfredo (el policía enviado desde Madrid) investiga el lugar en busca de pruebas, e interroga a prostitutas. Entiendo lo que pretendían, que querían arrojar sombras y dudas sobre su personaje, pero para lo que aporta, las escenas son largas y demasiadas.

¡Por fin!

Un capítulo así es lo que necesitaba, no ha sido perfecto (ni por asomo), pero los personajes empiezan a converger, sus tramas se cruzan y les otorgan otra dimensión. Y la serie lo agradece, las buenas actuaciones destacan más, y todo ese titánico trabajo puesto en la creación de una buena atmósfera puede brillar. Urgía un episodio así, para saber que el género policíaco no era arbitrario, que realmente nos puede aportar algo más que persecuciones puntuales o generar tensión artificial.

En general un muy buen episodio, con momentos de interpretación brutales (sobretodo la escena entre Martín y Aurelio, que encuentro excelente), secuencias de acción contundentes, uniendo algunas tramas y abriendo otras. Siguen habiendo diálogos insulsos, y aún hay demasiados momentos en los que los personajes se asemejan más a robots que a seres humanos. Pero sin duda, este capítulo es una mejora, un rayo de esperanza que necesitaba en esta serie. Quiero que La Zona me guste, y necesito más capítulos así, que poco a poco vayan encajando todos los elementos y que fluya.

Acabamos de llegar al ecuador de la serie y tengo sensaciones encontradas, espero y deseo que lo mejor esté todavía por llegar. Veremos que nos trae La Zona la semana que viene…



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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