Después de dos años de larga ausencia por pandemia y con una entrega más larga de lo habitual, Outlander está de vuelta y analizamos el primer episodio de la sexta temporada. Creada por Ronald D. Moore sobre la exitosa saga de novelas de Diana Gabaldon, la serie es emitida por Starz y puede ser vista a través de Movistar+ en España y de Star+ en América Latina.
Bienvenidos a este viaje temporal que entra en su sexta temporada. Tras una espera que, pandemia mediante, se hizo larga, Outlander está otra vez entre nosotros para seguirnos contando las aventuras y desventuras de Claire Beauchamp y Jamie Fraser.
El final de la quinta temporada había sido bastante traumático y, como tal, nos llenaba de ansiedad por conocer qué seguía. Vista la primera entrega de la sexta, con una duración de ochenta minutos, no se puede decir que haya sido un mal episodio, pero sí que, acorde a las expectativas, deja sabor a poco.
Si quieren recordar qué pasó hasta aquí, les dejo link a mi reseña de las primeras cinco temporadas y si quieren una muy buena introducción al universo Outlander, les dejo el artículo de nuestra compañera Sibila.
La temporada que comenzamos a ver consta de ocho episodios y, aunque con cambios, se basa fundamentalmente en Viento y Ceniza, sexta novela de la saga de Diana Gabaldon. Sin más, les invitamos a compartir nuestro análisis del primer episodio cuyo título es Ecos, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA.
El Látigo y el Tartán
“Si el tiempo está relacionado con Dios, los recuerdos deben ser el diablo…”
Esa frase en forma de sentencia que, sobre el inicio, pronuncia Claire (Caitriona Balfe), define bastante a este episodio de arranque y quizás anuncie también el tono general de la temporada. Como era de prever, la reciente experiencia de violación es una pesada carga para Claire, aun cuando durante buena parte del episodio pretenda engañarnos con que no.
Pero no es ella la única que carga con fantasmas. No hay que olvidar que, después de todo, los Fraser son una familia signada por la tragedia, al punto que padre, madre e hija, fueron, en distintos momentos, violados por distintos personajes en contextos diferentes. Si esa no es una familia con mala suerte, no sé cuál lo es; lo que está claro que ni la autora de los libros ni los creadores de la serie gustan de las cosas medidas y sutiles.
Cuando esperamos que el arranque de temporada nos muestre qué pasó con los Fraser tras los traumáticos sucesos del final de la anterior, un flashback nos lleva a 1753 y a Ardsmuir, prisión ficticia en la que Jamie Fraser (Sam Heughan), junto a otros compañeros que combatieron en Culloden, está recluido y sometido a trabajos pesados.
La convivencia entre los escoceses, contrariamente a lo que podría pensarse al ser compatriotas y ex compañeros de armas, dista de ser armónica y, por el contrario, está atravesada por gruesas diferencias que, sobre todo, tienen que ver con la distinción entre católicos y protestantes.
Jamie no da trazas de tomar partido en dicha disputa, en tanto que un sujeto llamado Thomas Christie (Mark Lewis Jones) es el líder de los protestantes y parece gozar de la anuencia del gobernador.
Un joven que está perdiendo la vista se presenta a Jamie en plena noche para preguntarle cómo sobrelleva el no poder ya ver a la mujer que ama, tal como también a él le ocurre. Jamie le responde que si sabe que la ama, ella siempre estará en su mente, en clara relación a Claire que, recordemos, está en ese momento fuera de época por haber regresado al siglo XX.
La cuestión es que el joven, al otro día, es muerto en un enfrentamiento y sobre su pecho alguien deposita un tartán rojo, tejido asociado a los escoceses y, particularmente, a los jacobitas. Dado que exhibir tal tipo de símbolos está allí prohibido, el gobernador amenaza con azotar a todos si no aparece el culpable.

Correcto y abnegado como siempre, Jamie declara que el tartán es suyo y, una vez más, termina azotado en la espalda mientras, para paliar el dolor, mira a un costado y ve la imagen de Claire, enfundada en blanco cual ángel protector.
Mientras el clima se va poniendo cada vez más tenso y las autoridades inglesas están preocupadas por los constantes enfrentamientos entre los reclusos, Jamie termina solicitando al gobernador que le permita ser masón y formar una logia para unirlos fuera de la autoridad del Papa. ¿Entendieron su plan? Yo tampoco…
El Sueño del Éter
Un salto de veinte años hacia adelante nos lleva a Carolina del Norte, en donde vemos a Claire presa de un profundo sueño del cual cuesta a Jamie despertarla y, por un momento, tememos que haya muerto.

Cuando finalmente lo logra, ella manifiesta que ha estado trabajando en una anestesia: un éter para sus pacientes que, al parecer, está probando consigo misma. Nos sorprende, claro, verla animada y de tan buen talante para venir de ser maltratada y violada.
Sin embargo, hay algunas trazas de que todo pareciera una coraza que ha construido para sí: lo que Freud, de haber vivido en esa época, hubiera llamado escudo anti-estímulo. Nos quedan repicando, de hecho, las palabras de Brianna (Sophie Skelton), quien, habiendo pasado por una experiencia casi idéntica, le pregunta cómo se siente. Cuando su madre le responde que bien, ella le recuerda que alguna vez respondió lo mismo ante una pregunta semejante. En otras palabras, no le cree…
En otro orden de cosas, el gobernador de la región le ha hecho llegar a Jamie un ofrecimiento para convertirse en “agente de indios”, lo cual en la práctica significa infiltrarse entre los cherokee y lograr que se mantengan del lado del rey, puesto que pueden ser un buen aliado para lo que se viene y siempre es mejor tenerlos de amigos…
Aconsejado por Claire y a sabiendas de qué bando saldrá vencedor en la revolución que se está cocinando, Jamie rechaza el ofrecimiento.
Éramos Pocos…
A Fraser´s Ridge ha llegado un viejo conocido de Jamie y no es otro que Thomas Christie, el cual ha decidido responder a la convocatoria para quienes combatieron en Culloden, aun cuando, claramente, Jamie jamás lo invitó específicamente. Acompañado por sus ya crecidos hijos Malva (Jessica Reynolds) y Allan (Alexander Vlahos), es recibido por Roger (Richard Rankin) y Brianna, debido a la momentánea ausencia de los padres de esta.

Cuando por fin regresa la pareja, el rostro de Jamie, más que sus palabras, denota su sorpresa y sus dudas, a pesar de lo cual no le niega el derecho a sumarse a la colonia. Sin embargo, se sigue advirtiendo en las palabras de Christie el mismo fundamentalismo religioso que mostraba en prisión y manifiesta intención de construir allí una iglesia que, según él, está faltando.
A las Armas las carga el Diablo
Ian (John Bell) sale a cazar a los bosques con el recién llegado Allan y, al hacerlo, son sorprendidos por los Brown, que siguen haciendo de las suyas: no ya, obviamente, Lionel, muerto tras violar a Claire, sino su hermano Richard (Chris Larkin), que no es mucho mejor.
Según se ve, trabajan de manera clandestina para el rey y andan a la caza de aborígenes, por lo que Ian se convierte momentáneamente en su centro de atención al portar arco y flecha, además de lucir su cabello a la usanza de los mohawk, con los cuales ,recordemos, ha convivido un tiempo.
Sin embargo, la atención de los irlandeses se desvía rápidamente hacia Allan por llevar este un cuerno de pólvora negra con unas iniciales que Richard identifica con las de su hermano muerto y, por lo tanto, concluye que es robado.
Por tal razón se presentan en Fraser´s Ridge exigiendo un castigo para el joven. Enterado de la falta de su hijo, Christie se horroriza, sobre todo porque, puritano como es, ve las armas de fuego como cosa del diablo: algo parecido había manifestado antes su hija al asociar a cualquier fósforo a antorcha con Lucifer. Decididamente, estamos ante una familia peligrosa…
Por más que Christie se comprometa a darle su castigo en forma privada, Brown no quiere irse hasta tanto el mismo sea llevado a cabo, con lo cual la tarea termina siendo asumida por Jamie y aun cuando lo hace con un cinturón en lugar de un látigo, es imposible que la escena, en una auténtica paradoja tanto para él como para nosotros, no remita a los propios castigos que ha recibido.

Dormir sin soñar
Lo cierto es que cuando la banda de los Brown se marcha, Jamie ha entendido que no puede dejar que anden por allí a sus anchas haciendo estragos con el visto bueno de la corona, razón por la cual decide aceptar el ofrecimiento del gobernador para convertirse en agente de aborígenes.
Claire, en tanto, sigue perseguida por los fantasmas del pasado y así lo manifiesta con sus pensamientos en off. Sus pesadillas recurrentes la hacen revivir una y otra vez el momento de su violación (esto no es tan Freud porque no hay metáfora) y así vemos cómo, al despertar, recurre al éter con el cual, se suponía, estaba experimentando en carne propia. Su verdadero objetivo, por lo tanto, es mantenerse drogada y dormir libre de sueños: tal como Brianna sospechaba (y nosotros también), Claire no está tan bien como afirmaba estar…
Balance del Episodio
Para una espera de dos años y para habernos entregado un episodio de ochenta minutos de duración, lo esperaba más contundente. El extenso flashback del inicio nos permitió conocer algo más sobre los tres años en que Jamie estuvo prisionero de los ingleses pero, al menos hasta aquí, no lo suficiente como para terminar de conocer a Thomas Christie, lo cual supongo que era la intención.
Es de creer que no habiendo ya un Stephen Bonnet, un Lionel Brown o un Black Jack a la vista, alguien deba tomar la posta como villano a partir de esta temporada y se me ocurre que podría ser él, aunque en seria competencia con Richard Brown.
En un momento, mientras mira a Jamie tras ser atendido por Claire a raíz de una herida en la mano, sentencia que “al menos es una cicatriz honorable”, referencia por demás antipática a los latigazos que Jamie luce en su espalda. Digamos que es el tipo de frase que sienta advertencia, lo mismo que un discurso fundamentalista que verdaderamente asusta y que sus hijos (al menos Malva) parecen repetir con toda naturalidad. ¿Vamos hacia la formación de una comunidad puritana en la América preindependiente?
La otra cuestión es Claire, que, aparentemente, está queriendo dar una imagen ante los demás que no es real. Como es natural y entendible, no ha superado el trauma, pero pretende dar la imagen de que sí y la utilización de drogas le permite refugiarse en esa falsa seguridad a la vez que alejar fantasmas. O sea que tenemos drogas, puritanismo y clima revolucionario, un cóctel movido para mantener agitada una temporada que hasta ahora, salvo por el flashback de Ardsmuir, se muestra bastante relajada.
De todos modos y buscándole el lado positivo, es un buen punto que, de momento, no hayamos incurrido en las desmesuras que la serie viene mostrando, sobre todo a partir de la tercera temporada: lo que hablábamos antes acerca, por ejemplo, del sino increíblemente trágico de los Fraser.
Se siguen repitiendo, eso sí, las escenas de sexo fanservice que Jamie y Claire entregan cada tanto aunque, afortunadamente, la de este primer episodio ha sido bastante corta: espero que siente precedente. Otro elemento que se repite es la tendencia algo sádica a los azotes en la espalda que, por momentos, parecen caer en el regodeo fetichista: incluso durante la escena sexual antes comentada, Claire acaricia las heridas de Jamie casi con mórbido placer.
En definitiva, la primera entrega de esta sexta temporada de Outlander no llega, en mi opinión, a responder a la expectativa creada y se presenta, más bien, como un episodio de transición hacia algo que aún no termina de cristalizar aunque está bien claro que sea lo que sea que venga, tendrá que ver con fantasmas del pasado, tanto para Claire como para Jamie.
Veremos si la próxima entrega avanza algo más en tal sentido o mantiene la temporada en una meseta. Les espero entonces la próxima semana y… sean felices.



