Seguimos analizando la sexta temporada de Outlander y hoy es el turno del tercer episodio cuyo título es Templanza. La serie, creada por Ronald D. Moore sobre la exitosa saga de novelas de Diana Gabaldon, es emitida por Starz, pudiendo ser vista en España por Movistar+ y en América Latina por Star+.
Hola nuevamente. Bienvenidos a nuestro encuentro semanal para analizar el nuevo episodio de Outlander, hoy el tercero de una sexta temporada que, por lo menos hasta aquí, mantiene un tono calmado que se contrapone con el de ciertas temporadas anteriores, particularmente tercera y cuarta.
Pasemos entonces a analizar el episodio no sin antes advertirles que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordarles que pueden leer aquí nuestros análisis anteriores.
Hijo del Diablo
El episodio comienza con un bebé en el interior de una canasta que va flotando por el río a lo Moisés. Viendo con estupor que va en dirección a los rápidos, Roger se arroja al agua y nada hasta alcanzarlo mientras cinco niños que van corriendo a la par por la rivera ven el final de la escena con cierta decepción.
El bebé, claro, es Henry Christian, el hijo de Marsali y Fergus nacido con enanismo. Con complicidad de su hermano mayor Germaine y, obviamente, influidos por la habladuría local, los niños le han arrojado a las aguas por considerarlo un bebé del diablo que quema al contacto, lo cual explica que (por fortuna) le hayan puesto en una canasta en lugar de arrojarlo directamente al río.
Roger, a quien en Fraser´s Ridge están comenzando a ver como un predicador, hace una farsa de bautismo echándole agua del río encima y amenazando con que el diablo vendrá a buscar a quienes se metan con él.

Los niños, desde ya, ponen sus pies en polvorosa salvo Germaine, a quien Fergus llama porque le espera una fuerte reprimenda.
Lo peor para ellos, no obstante, aún no pasó. Citados a recibir castigo en casa de Jamie, ven a este calentar un hierro en el fuego y, al igual que a los niños, nos da la impresión de que está a punto de cometer una salvajada. Lo que hace, sin embargo, es darles a elegir entre tocar el bebé o el hierro: obviamente eligen lo primero, lo cual no solo les permite comprobar que no se queman sino además que Henry Christian reacciona a sus caricias.
Marsali está aterrada por lo que su hijo está generando en la población aun cuando Claire intenta darle ánimos y difunde cuanto puede que es un niño como cualquier otro. En cuanto a Fergus, se le ve errático y ni siquiera feliz de que el bebé haya vuelto a salvo.
Diestra de Dios
Claire encuentra a Tom Christie en el porche de su casa . Al increparle en relación a lo ocurrido, este niega tajantemente cualquier relación con el episodio del bebé y deja en claro que desaprueba tales prácticas. El motivo de la visita es su mano, que ya está curada y lista para la operación.
Cuando Claire le habla de utilizar el éter, sin embargo, rechaza indignado lo que llama “pociones del diablo”.

En un acto masoquista (palabra que lo intriga cuando Claire la menciona), se somete a que su mano sea cortada sin anestesia alguna y el dolor es, desde luego, insoportable, por lo que Jamie intenta calmar sus alaridos manteniéndole distraído con la lectura de pasajes bíblicos que, muy apropiadamente, hablan sobre “la diestra de Dios”.
La operación sale bien, aunque Claire prefiere que pase la noche en su consultorio para poder atenderle y hacer seguimiento.
Ella, por otra parte, ya no solo oye voces: ahora también ve rostros, particularmente el de Lionel Brown en el espejo.
Yendo al consultorio en busca del éter para escapar a las alucinaciones, está a punto de utilizarlo cuando Christie se despierta. Tiene algo de fiebre y mientras ella atiende su mano, él le pregunta por qué lleva siempre el cabello suelto sin gorro ni pañolera: una vez más, se apoya en frases de las Epístolas de San Pablo mientras Claire le pregunta si nunca pensó que esas cartas pudieron haber sido escritas por alguien muy mal dado con las mujeres.
Más allá de sus comentarios misóginos, Christie tiene un rapto de amabilidad al decirle que no la considera una bruja y, en gesto aún más sorprendente, agradecerle su atención.
Hija de Bruja
Malva, la hija de Tom, está haciendo buenas migas con Ian, lo cual quizás, por accidente, pueda funcionar como disuasivo de que este intente ayudar a los aborígenes a contramano de la historia.

Se intriga por las pinturas mohawk que luce su rostro y, en un acto de sinceramiento que denota intimidad, le cuenta que su madre fue quemada por bruja: sabemos así el motivo de la viudez de Christie; nada bueno se presumía y queda confirmado…
A propósito, Claire está intrigada por la edad de Malva y y así se lo manifiesta a Jamie: si realmente tiene dieciocho años, ha nacido durante el cautiverio de Tom en Ardsmuir o, por lo menos, con él ya viudo. Jamie desdeña el asunto con que quizás haya tenido un segundo matrimonio en América pero, en definitiva, queda flotando un gran interrogante sobre el origen de la joven.
Libros del Diablo
Al otro día, Claire vuelve a atender la mano de Christie, que sigue evolucionando bien. La conversación deriva sobre las novelas de ficción, de las cuales, dice Tom, su esposa tenía montones, pero él las consideraba obras del diablo.
Sin embargo, admite que al oír las historias que Jamie contaba al resto de los reclusos en Ardsmuir, fue cambiando de opinión y pasó a verlas simplemente como amena literatura de distracción.
Aun cuando se resiste a aceptarlo, Claire le presta su ejemplar de Tom Jones (novela de Henry Fielding que, por cierto, se ambienta durante la rebelión jacobita de la cual tanto él como Jamie formaron parte). No obstante, al intentar leerla en su casa, no consigue pasar de las primeras páginas por referencias a la fornicación.
Con una nota, devuelve el libro a Claire calificándolo de obsceno y diciéndole que esperaba más de ella, que solo lo toma con una ligera sonrisa.
Traumas y Culpas
Fergus está muy tocado por todo lo referente a su hijo; cada vez que le visita es como si no quisiera verlo y termina discutiendo con Marsali, además de estar nuevamente entregado a la bebida.
Hablando con Claire, le comenta que en Francia llamaban “champignons” a los enanos y recuerda de su experiencia en los burdeles que eran utilizados en formas degradantes para satisfacer a clientes ávidos de “delicias exóticas valuadas por su rareza”. Inclusive menciona que algunos fueron vendidos a doctores para disecciones y experimentos.
Como médica, ella busca tranquilizarlo con que jamás permitiría que algo así le pasara a Henry Christian, pero él manifiesta dudas acerca de qué pasará cuando ella, Jamie o él ya no estén para resguardarlo.
Se culpa de que el bebé haya nacido así por los golpes que ella recibió cuando él debía estar allí para protegerla. De poco le sirve que Claire le diga que, desde el punto de vista médico, no hay relación entre una cosa y otra.
Hay más traumas y culpas: en una de las tantas discusiones, Marsali le cuenta que fue ella quien mató a Lionel Brown con una jeringa. Fergus se siente aún peor sabiendo que ella hizo lo que debería haber hecho él.
Un tenso momento se vive con una pareja que mira con repulsión al bebé. La mujer hace referencia al carácter diabólico del niño y él le arroja a la cara lo que tiene a mano que, por supuesto, es whisky. La cosa termina en gresca y, en otro de sus gestos sorprendentes, Tom defiende al niño con que es una criatura de Dios como el resto.
Roger encuentra después a Fergus junto al río intentando quitarse la vida, cosa que frustra. Hablando luego con Jamie, el joven dice considerarse un inútil, a lo que le replica con todas las veces en que lo ayudó, por ejemplo, a mantener la familia unida mientras él estaba en Ardsmuir, o bien con la imprenta.
Al parecer, produce algún efecto en él porque regresa junto a Marsali y al niño en actitud claramente arrepentida.
Hacia la Revolución
Cuando parecía que no tendríamos en todo el episodio noticias sobre los indígenas o la carta enviada por Jamie al gobernador, el mayor MacDonald, junto a una guardia de uniformados, se presenta en casa de los Fraser con el cargamento de armas de fuego solicitado por los cherokee. Hace un comentario aludiendo a que es el momento justo y el rostro de Claire se ensombrece cuando les muestra un periódico que habla sobre el motín del té en Boston.
Los hombres de MacDonald se retiran, pero Claire ha quedado preocupada. Sin demasiada idea de qué ocurre, Jamie le pregunta al respecto y ella, simplemente, responde que “ha comenzado”.
Balance del Episodio
Tal como señalé al comienzo, esta sexta temporada de Outlander tiene un ritmo decididamente más pausado. Había temido que ello pudiera ser solo característica de los primeros episodios, pero para esta altura parece rasgo general y se agradece.
A lo que me refiero es a que, sobre todo en la tercera y cuarta temporada, hemos tenido tal cantidad de desmesuras, casualidades, exageraciones y detalles fortuitos que, por momentos, atentaba ello contra la coherencia de una historia que, aun así, nunca dejó de ser entretenida. Outlander podrá tener defectos o detalles cuestionables, pero aburrir jamás…
Hay, eso sí, detalles sensibleros que pueden llegar a empalagar si se siguen repitiendo. Me refiero a esas situaciones que terminan en moraleja, como la lección de Jamie a los niños o a Fergus. Si cada entrega vendrá en tono de fábula puede llegar a ser cansino, pero ojalá haya sido algo puntual de este episodio en relación con circunstancias particulares de la trama.
De hecho, el propio Jamie puede cansar en el papel de consejero moral que ha adoptado y otro tanto Roger, quien supo exhibir en el pasado contradicciones que lo hacían interesante, pero ahora está cada vez más lineal y, encima, en impensado rol de predicador.
Creo, de todas formas, que eso último podría ser un recurso argumental a los efectos de dar contexto a una probable guerra entre predicadores, en la medida en que se enfrenten moderación y fundamentalismo, representado este último por Tom Christie.
Por cierto, es el pasado de este el que más revelaciones viene arrojando, particularmente por habernos enterado de boca de Malva que su esposa fue quemada por bruja, lo cual nos llena de preguntas. ¿Tuvo él que ver? ¿Fue responsable o víctima?
¿Y qué pasa con el origen de la muchacha, sobre el cual Claire arrojó dudas? ¿Es adoptada o hija de una relación posterior?
Volviendo a Tom, se está revelando como un personaje cada vez más interesante en matices que nos hace ir de la empatía al rechazo. Puede defender de la condena popular a un bebé con igual vehemencia que azotar el trasero de su hija (el morbo de los azotes se sigue repitiendo) o condenar el cabello suelto de Claire. Ojalá, por el bien del personaje, le mantengan esa dualidad.
Nos hemos tomado un descanso de las cuestiones temporales o amenazas de paradoja y “efecto mariposa”. No hemos sabido nada nuevo sobre las cerillas de Brianna que, se me ocurre, no nos mostraron porque sí. En cuanto a Ian, se le ve más calmado y con la cabeza en algo diferente que alterar la historia.
Tampoco hemos tenido novedad sobre las armas solicitadas hasta que esa escena final nos dejó, tal como se desprende de las palabras de Claire, a las puertas de la revolución americana.
Ello nos lleva al problema de cómo se posicionarán los Fraser o de qué modo evitarán quedar pegados a la corona británica, lo cual podría acarrearles nefastas consecuencias en un eventual escenario de revolución y guerra: se impone, creo, un gradual cambio de bando en próximas entregas.
De momento y sin ser brillante, no se puede decir que la temporada venga mal. Es cierto que se retrasa en avanzar ciertas subtramas pero prefiero eso y no el vértigo rayano en desmadre. La trama se está tomando su tiempo para explorar cada situación o personaje, tal como ocurre con los ya mencionados casos de Tom o su hija: y eso siempre es bueno…
Veremos cómo sigue en el próximo episodio, aunque doy por descontado que la cercanía de la revolución provocará un incremento en ritmo y acción. Lo sabremos cuando llegue y les espero aquí para analizarlo. Hasta entonces y sean felices…



