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Crítica de Aguas profundas (2022), profundas y tibias.

Tras más de un año de retraso por la pandemia, al fin hemos podido ver Aguas profundas, película destinada a reencontrar al gran público con el thriller erótico y que tuvo el añadido de, según dicen los rumores, iniciar el fugaz romance entre Ben Affleck y la promesa Ana de Armas, la actriz que toda mi generación recuerda por El Internado y que ha asombrado a medio mundo con Puñales por la espalda. ¿Queréis saber qué nos ha parecido?

Aguas profundas cuenta la historia de un matrimonio que reside en Nueva Orleans. Vic Van Allen (Ben Affleck) es un marido adinerado que permite que su esposa Melinda (Ana de Armas) tenga relaciones extramatrimoniales para evitar el divorcio. Sin embargo, Vic se convierte en el principal sospechoso de la desaparición de los amantes de ella…

La película es una adaptación de la novela de Patricia Highsmith, enorme escritora de misterio que se alejaba de las típicas historias whodunit de Agatha Christie o de detectives al estilo Raymond Chandler. Sus tramas se caracterizan por la indagación psicológica del ciudadano de a pie, así como de la exploración de instituciones tan “poco” transparentes como el matrimonio. Eso sí, su personaje más conocido es el estafador sociópata Tom Ripley.

Sin embargo, aunque ha habido varias adaptaciones de las obras de Highsmith (lo que daría para otro artículo), Aguas profundas se desmarca de estas huyendo de esa característica profundidad psicológica para, presuntamente, abrazar la superficialidad del thriller erótico.

Para ello, Aguas profundas es el regreso tras veinte años sin dirigir de Adrian Lyne, director conocido por sus historias eróticas durante los años 80 y 90. Suyas son 9 semanas y media, Atracción fatal, Una proposición indecente, Lolita o Infiel. Películas cuyo mayor reclamo estaba, precisamente en su erotismo. Era la época de Instinto básico, cuando las intrigas eróticas rompían las taquillas de todo el mundo.

De todas las dirigidas por Lyne, ya con 81 años, Aguas profundas es la más tibia en su erotismo. Esto no es necesariamente malo, pero es el motivo que ayuda a explicar el pésimo recibimiento crítico que ha tenido la película. Es decir que más de uno esperaba que las aguas de esta película estuvieran más calientes que el candado del infierno.

Y claro, resulta que en Aguas profundas asistimos a un “erotismo” que ni de película para mayores de 13 años. Ni siquiera se respira tensión sexual entre ambos protagonistas, sobre todo en los dos primeros tercios de película. Al final, Aguas profundas es una adaptación mucho más clásica de lo que se pudiera esperar.

¿Qué queda entonces? Desgraciadamente, una dinámica matrimonial a medio gas. Lo realmente interesante de Aguas profundas es el estudio del matrimonio entre los dos protagonistas. Vamos, lo deudor de la novela de Highsmith. Sorprende la participación en el guion de Sam Levinson (sí, el creador de la genial Euphoria y de la fallida Malcolm & Marie) porque, sencillamente, no se ve su mano en ningún lado.

El problema está en que no existe ninguna profundización psicológica. Aguas profundas es una película que no sabe ir más allá de las imágenes que se muestran. Vemos a un Ben Affleck repitiendo su infravalorado papel de Perdida como un hierático y extraño hombre que responde de una forma particular a las aventuras extramatrimoniales de su mujer y a una Ana de Armas que cumple luciendo atractivo. Ya está. No existe motivación ni psicología que explique la dinámica entre los dos.

Si acaso, lo mejor que encontramos es, precisamente, su final, que no voy a comentar para ahorrar spoilers pero que es distinto al de la novela de Highsmith y sirve para trazar de un plumazo cómo funciona el matrimonio protagonista.

Aun así, Aguas profundas es una intriga que se hace realmente entretenida, sin altibajos narrativos y con una tensión in crescendo a lo largo de la película. No se queda en la retina pero no se pasa un mal rato viéndola.

En definitiva, Aguas profundas es una intriga plana cuyo supuesto erotismo sonrojaría a las grandes obras de los 90 (a sus pies, Instinto Básico). Un estudio simple de la dinámica del matrimonio como oda al aburrimiento y a la rutina que se beneficia de la interpretación hierática de Affleck y del atractivo de Ana de Armas. Pero, pese a todo, una intriga efectiva y entretenida que te hace pasar un buen rato.

Un saludo y sed felices!

Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

1 COMENTARIO

  1. Me ha gustado tu crítica Fernando. La peli no pasará a la historia, pero tengo que decir que la relación del matrimonio me hizo revolverme en mi sitio más de una vez. Un infravalorado Ben Afleck que cumple en este film; y a una Ana de Armas sensual que, aunque tengo debilidad por ella, no termino de creermela en el papel. No conocía las novelas, no esperaba nada, pero me tuvo entretenido.

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