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Análisis de Ragnarok. Temporada 2

Desde Noruega, Netflix nos trae Ragnarok, serie creada por Adam Price, cuya segunda temporada, por cierto y por suerte, supera con creces a la primera.

Poco más de un año ha pasado desde nuestro análisis de la primera temporada de Ragnarok y aun manteniendo lugares comunes, toques adolescentes y concesiones a las versiones popularmente aceptadas de los mitos nórdicos, esta segunda temporada luce mejor balanceada y más atrapante en su trama.

Cada una de las seis entregas se inicia con una breve semblanza de alguna deidad o mito nórdico en relación con el desarrollo del episodio, desfilando así Sif, Loki, Týr, Odín, la serpiente de Midgard y el mjölnir. Lo curioso, siendo producción noruega in situ, es que no siempre eche mano de la mitología más tradicional (aun cuando, por definición, no exista una “verdadera”) sino que a veces decanta en favor de las más globalizadas versiones de Marvel.

Sin decir más, pasamos a analizar esta segunda temporada advirtiendo que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA.

Soy Thor

Comenzamos donde quedó la temporada anterior: Magne y Vidar inconscientes tras su enfrentamiento. El primero va tomando conciencia de que es Thor: no era ningún secreto con las imágenes promocionales que lo mostraban martillo en alto, pero nos quedó confirmado cuando ese pobre enfermero salió despedido al intentar, en desafortunada idea, administrarle choque eléctrico.

Vidar le asegura que lo matarán en luna nueva, anunciando así el inminente choque entre dioses y gigantes que Magne no sabe cómo afrontar en soledad, pero Wenche, la anciana cajera del supermercado, oficia como mensajera y le dice que recibirá ayuda de dioses que se le irán sumando.

La primera es Iman, joven de Sri Lanka a la que encuentra sobre un puente paseando a un anciano tuerto en silla de ruedas y con quien se reconocen recitando profecías cual santo y seña. Acorde a la presentación del primer episodio, ella encarna a la diosa Sif y no hay spoiler en decir que están destinados a ser esposos, pues eso nos dice la mitología, como también nos da alguna pista sobre la identidad del señor tuerto.

Iman tiene el poder de lograr que la gente haga lo que ella les ordena y como, después de todo, es una diosa en cuerpo adolescente, se vale de ello para obtener placeres terrenales como ropa gratis, cosa que a Magne disgusta, aunque no tanto como que Fjör Jutul, decepcionado con su familia, esté haciendo buenas migas con Gry y prácticamente instalado en su casa: se le ve muy enamorado y hasta participa en las protestas contra la empresa de su padre. Magne le recuerda a Gry que Fjör intentó matarla, pero ella lo desdeña por entender que no era él mismo en aquel momento.

Corazón de Reno

El alejamiento de Fjör ha dejado a la compañía de los Jutul prácticamente sin sucesión en medio de las crecientes denuncias sobre contaminación del agua: un informe oficial encuentra no solo cadmio, sino también plomo y mercurio en la red de Edda.

Habiéndose desentendido Fjör de los negocios familiares, su lugar va siendo ocupado por su hermana Saxa que, en contraposición con el hermetismo de su padre, inicia una gestión de mayor diálogo con los grupos activistas ecológicos. Ello, por supuesto, no agrada a Vidar ni a su esposa Ran, quien considera que la firmeza en la conducción de la empresa (según repiten, quinta en importancia en Noruega), solo puede estar garantizada con un hombre al frente.

Pero hay más para disgustar a Ran: Turid, madre de Magne, se ha presentado ante Vidar (su jefe) para informarle que Laurits es hijo suyo, producto, al parecer, de una juvenil noche de borrachera.

Al saberse padre e hijo, la relación entre ambos se vuelve más estrecha y si los Jutul pertenecen a la raza de los gigantes, por lógica Laurits también lo es y hay que despertárselo. A tal fin su padre le hace comer el corazón de un reno que cazó y, desde ese momento, Laurits ya no es el mismo y parece el nieto darkie de Alice Cooper: atendiendo al inicio del segundo episodio, todo indica que se trata de Loki.

Al descubrir Ran que es Wenche quien asesora a Magne, decide, munida de de arco y flechas, esperarla en su domicilio al regreso del trabajo. La anciana se transforma en águila y remonta vuelo, pero una certera flecha disparada por Ran termina con ella.

Wenche cae en la puerta del instituto psiquiátrico en que trabaja Iman y, moribunda, entrega al hombre tuerto un talismán en forma de garra pidiéndole, antes de expirar, que ayude a los humanos en su lucha contra los gigantes. Si teníamos dudas acerca de si el hombre era Odín, ya no, pues recordemos que este sacrificó uno de sus ojos para obtener sabiduría infinita. De hecho, se llama Wotan (el otro nombre conocido de Odín) y su apellido es Wagner, como el autor de las célebres óperas basadas en la mitología nórdica. El parche, incluso, remite a las mismas y a Marvel, pues las imágenes clásicas lo representan con su ojo ausente, pero sin parche.

Cuídate del Hacha

No puede haber Thor sin martillo y Magne lo sabe: su éxito en la inminente batalla contra los gigantes requiere del mjölnir. Acude, para forjarlo, a un taller local con un dibujo que él mismo ha hecho, pero es ingenuo pensar que el arma más poderosa de más de un mundo pueda ser fabricada de modo tan casero: se anoticia de ello al arrojarlo lejos y esperar en vano que regrese a su mano. El mjölnir, le recuerda Wotan, solo puede ser forjado por elfos en el fuego eterno de los gigantes: suena complicado…

El acercamiento entre Vidar y Laurits es cada vez mayor, pero el asunto se pone espinoso cuando el primero descubre que su hijo opera como una especie de agente informante, por lo que intenta matarlo.

Afortunadamente para Laurits, la oportuna llegada de su hermano le ayuda en tal trance y Vidar termina muerto por accidente cuando, empujado por Magne, acaba ensartado contra una antigua hacha incrustada en la pared. El propio Vidar había dicho momentos antes que solo las armas antiguas pueden matar a gigantes y dioses: acaba de comprobarlo…

Edda está de duelo y con banderas a media asta. No sé qué habrán dicho los forenses o qué habrán puesto en el ataúd, pues vimos el cuerpo de Vidar deshacerse al contacto con el hacha. Magne es pura culpa y no acepta matar por mucho que Wotan le insista en que es inevitable: para colmo, Laurits lo increpa por lo de su padre.

Siendo deber de Fjör el tomar venganza por la muerte de su progenitor, Magne va en su busca para confesarle la autoría del hecho y que obre en consecuencia: lo que se dice entregarse en bandeja. A Fjör, como viene ocurriendo con todo lo relacionado con su familia, parece importarle poco y rechaza vengarse, pero no será su última palabra. Por alguna razón y luego de haber anunciado que no iría al funeral de Vidar, cambia de actitud y termina haciéndolo. Durante el mismo, un Magne cada vez más carcomido por las culpas, provoca sin querer un potente rayo que, en impactante escena con órgano de fondo, destruye los vitrales de la iglesia en que se celebra el sepelio.

Hermanos de Sangre

Wotan, cada vez más Odín, está asumiendo el liderazgo del grupo en formación para enfrentar a los gigantes. Devastado por los últimos acontecimientos, Magne ha decidido renunciar a sus poderes y así se lo hace saber, cosa que decepciona e indigna al anciano como también el hecho de que manifieste tantas dudas y que haya asistido a un templo para rezar a un dios en el cual ni siquiera cree. En su discurso se cruzan consideraciones filosóficas que van desde el contractualismo, al oponer estado de derecho con estado de caos, hasta Maquiavelo, al declarar los fines como más importantes que los medios.

No menos central es lo que ocurre fuera de la habitación: Laurits, llevado allí por Magne pero denegado su ingreso a la reunión por su condición de gigante, encuentra una muestra de sangre del anciano y la mezcla con la suya propia. Según el mito, fue la fusión de su sangre con la de Odín lo que elevó a Loki a la condición de dios: o sea que ahora lo es. Tanto que termina engendrando a la serpiente de Midgard luego de que le diagnosticaran lombriz solitaria.

Dadme un Martillo

Siguiendo con su reconciliación familiar, Fjör no solo se ha deshecho de Gry (Magne te lo advirtió, niña) sino que ha ido por su lugar dentro de la empresa, desplazando a su hermana que, despechada, busca alianza con Laurits, a quien, por su condición de heredero, entrega una de las llaves de la empresa para disgusto de su hermano y su madre. Con Fjör al frente, la postura de diálogo es abandonada y regresa el hermetismo comunicativo pues, según dice, la empresa no puede mostrar debilidad: incluso despide a Turid. Magne le recrimina por ello y la cosa deviene en enfrentamiento pero, no teniendo poderes, la pasa mal. Está claro que debe recuperarlos…

Cual hijo pródigo, regresa a Wotan, quien le insiste en la imposibilidad de ganar la batalla y derrotar al caos sin muertes. Ello, desde ya, incluye también a Laurits, lo cual llena de conflicto a Magne, que persiste en defender y proteger a su medio hermano.

El equipo sigue creciendo y ahora incluye a Harry, un compañero de boxeo de Iman a quien esta recluta por su virtud de no rendirse: por lo que nos dejan entrever, es la encarnación de Týr, dios de la guerra, o sea que ya perderá una mano.

Por lo pronto y luego de la fallida forja, necesitan el martillo y, según saben, el fuego eterno está guardado en la empresa de los Jutul, por lo que se encarga a Magne el engañar a su hermano para obtener la llave: otro punto conflictivo. Necesitan, además, un elfo, pero no en vano Odín es sabio y lo resuelve con un enano que trabaja en el psiquiátrico (risas).

Magne consigue de Laurits la llave que Saxa le entregara: el argumento es que quiere entrar junto a activistas para colocar una bandera insultando a Jutul. Suena bastante infantil y no se entiende que, siendo ahora parte de la empresa, Laurits acepte; tampoco que siendo Loki, justamente, dios del engaño y del fraude, caiga tan ingenuamente.

Tras una maniobra de distracción a los guardias, el grupo logra introducirse en la planta y llegar al fuego eterno que, para decepción de ellos y nuestra es poco más que una hornalla de cocina. Logran forjar el mjölnir y salir con el mismo, pero sigue sin funcionar hasta que, como era de esperar, una tormenta eléctrica lo activa.

Por su traición a la empresa, tanto Laurits como Saxa son golpeados salvajemente y esta última, como cada vez que sufre despecho, va en busca de alianza con el enemigo: en este caso Magne. La escena termina en inesperado frenesí sexual digno de Asgard mientras nos preguntamos qué tan fructífera pueda ser esta nueva alianza.

En cuanto a Laurits, ha estado criando como mascota a la serpiente que engendró (a mí me sigue pareciendo una gran lombriz y bastante cutre, por cierto), pero se está convirtiendo en un problema en casa. Tal como hiciera Loki con la serpiente de Midgard, la termina liberando en el océano para que no dañe a los humanos.

Balance de Temporada

Creo que se percibe un gran progreso con respecto a la temporada anterior: no es que no sigan existiendo incongruencias o lugares comunes adolescentes, pero las escenas de videoclip, al menos, han mermado algo (salvo la mencionada de sexo entre Magne y Saxa) y la historia tiene más intriga, con aditamento de algunos toques de tragedia shakespereana mezclada con ópera wagneriana.

En tal sentido, la culpa, la duda y la reflexión ética ocupan ahora un lugar central y los tres elementos confluyen, justamente, en Magne, lo cual hace que David Stakston, que ya había mostrado condiciones en la temporada anterior, pueda lucirse aún más y lo mismo, en menor medida, Jonas Strand Gravli, quien lleva con dignidad la metamorfosis de Laurits hacia Loki. Buen acierto, al respecto, la cuestión de su sexualidad: Loki es, a fin de cuentas, una de las deidades más transexuales de cualquier mitología, poseyendo la capacidad de cambiar de sexo a voluntad e incluso dar a luz; hasta llegó a convertirse en yegua para seducir a un semental. El alumbramiento de la serpiente (o lo que sea que vimos) acentúa, precisamente, esa dualidad.

En esa misma familia es destacable también el trabajo de Henriette Steentrup, muy natural y creíble como la madre de los hermanos. Si pasamos a los Jutul ya es otro cantar, pues allí actúan todos bastante mal: madera noruega, diría Lennon. Quien mejor se perfilaba era Hermann Tommeraas en el papel de Fjör, pero en esta temporada su personaje se va diluyendo y tiene cambios abruptos poco explicados, falencia a la que el pobre desempeño actoral no ayuda mucho. La serie sigue sin encontrar su villano: Vidar (Gísli Örn Garoarsson) no convencía y su hijo tampoco.

Fuera de ambas familias, Iman (Danu Stunth) se perfila como un personaje interesante aunque, como todos los nuevos, su importancia parece aún errática dentro de la trama, acentuándose a veces y menguando en otras. Ojalá una tercera temporada (esperando que la haya) logre darle más balance.

La fotografía sigue siendo maravillosa y ayuda a realzar los paisajes nórdicos: el lugar es increíble y el nombre Edda coincide con el de las recopilaciones de mitos nórdicos, a la vez que juega con Odda, localidad real en que la serie se filma.

Los efectos aún no han sido demasiado puestos a prueba, pero podrían ser mejores: insisto en la “serpiente”…

Vuelvo sobre algo que me llama la atención: las concesiones a la visión popular que, sobre los mitos escandinavos, ha creado o alimentado Marvel. El vínculo entre Thor y Odín remite demasiado al imaginado por Stan Lee y Jack Kirby; sacando el hecho de que son medio hermanos y no hermanastros (según el mito traidicional, no hay parentesco, salvo el hecho de que Loki y el padre de Thor son “hermanos de sangre”), se plantea una relación muy parecida, con Thor protegiendo a su hermano contra viento y marea, además de defenderlo en lo indefendible.

Es paradójico: la analogía está bien hecha en cuanto a la referencia Marvel, pero quizás uno esperaba que una serie noruega le cayese con un martillo a la visión norteamericana. Y ya hemos mencionado el caso de Odín (Bjorn Sundquist) y su parche.

Con todos los detalles señalados, insisto en que hemos visto una mejor temporada y eso me hace abrigar esperanzas de que la tercera siga el mismo camino. Esperemos que Netflix, en efecto, la renueve porque queremos ver la llegada del Ragnarok

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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