InicioSeriesAnálisis de Star Trek: Starfleet Academy. Temporada 1. Episodio 3

Análisis de Star Trek: Starfleet Academy. Temporada 1. Episodio 3

Continuamos analizando Star Trek: Starfleet Academy (Academia de la Flota Estelar), la serie que, creada por Gaia Violo, es la duodécima (novena en live action) de una franquicia que en este 2026 cumple sesenta años, El tercer episodio, que hoy nos ocupa, se titula Vitus Reflux y puede ser visto por Skyshowtime para España y Paramount+ para América Latina.

Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Aquí estamos para analizar un nuevo episodio de Star Trek: Starfleet Academy, en este caso el tercero que, si bien avanza en desarrollar personajes, es bastante más ligero que los anteriores y acentúa el carácter juvenil de la serie al tiempo que retroceden los guiños al resto de la franquicia.

Pasamos pues a analizarlo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden echar ojo en esta web a nuestros análisis previos de esta y otras series del vasto universo Star Trek.

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Guerra de Tribus

El episodio comienza con relato en off de Darem Reymi. Suena como bitácora pero no tiene sentido porque es un simple cadete y tampoco están en viaje (de hecho es la segunda entrega consecutiva sin salir de San Francisco). Se trata en realidad de una “carta” a sus padres o su equivalente en el siglo XXXII, lo cual nos hace prever un capítulo dedicado mayormente a conocerle y explorar sus conflictos familiares, sin ser extraño que de aquí en más y por el resto de la temporada se siga idéntico camino con los demás cadetes de la Academia.

Dice que en todo lo que hizo se propuso siempre ser el mejor, por lo que es el último en ir a dormir y el primero en levantarse, pero resulta que cada mañana Genesis lo madruga (literal) y ello inflige en su ego una herida, sobre todo porque siente encima la mirada de sus padres aun cuando no estén allí.

La convivencia entre los alumnos de la Academia y los de la Escuela de Guerra es complicada y alcanza su punto álgido cuando, después de una ducha sónica, los cadetes de la primera son sorpresivamente transportados y sacados a pasear por todo el predio con poca o ninguna ropa. Los responsables de la humillante broma son sus rivales de la Escuela de Guerra, que se jactan de haberlo hecho porque simplemente pueden.

Preocupada, Lura le plantea la cuestión a Nahla que, con su habitual actitud informal y distendida, desdeña en principio el asunto como “cosas de niños que sobrevivieron a la Quema” pero, a pesar de ello, se termina comprometiendo a tomar cartas y hablar con Kelrec. Mientras tanto, se halla preparando un spot de propaganda de la Academia que hace recordar bastante a uno similar en Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997).

A todo esto y como nos enteráramos sobre el final del episodio anterior, Tamira está entrenando con la Escuela de Guerra y ello no puede sino generar fastidio en Caleb, que se cruza con ella en el campus y, duelo de baloncesto mediante, le manifiesta su consternación de que se haya enrolado con la misma.

Lo suyo no es simple sorpresa o curiosidad; también decepción porque pensaba que había algo entre ambos, pero ella, sin dejar de sonreír pero terminante, le replica con un “somos desconocidos”. Hablando Caleb el asunto después con Ake, esta le sugiere que lo mejor que puede hacer es buscar controlarse a sí mismo, pues no puede controlar a los demás.

Planta Vengadora

Nahla habla con los cadetes sobre los hechos sucedidos pero, más que aplacar los ánimos, les desliza de modo cómplice una idea de cómo vengarse al mostrarles un ejemplar de la planta Vitus Reflux, básicamente un hongo al que define como empático, pero muy útil para dejar en ridículo a alguien, lo cual Caleb comprueba cuando comienza a repetir cada una de sus frases.

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Tanto los cadetes de la Academia como los de la Escuela de Guerra participan de un entrenamiento conocido como “callica”, especie de competencia que parece extraída de alguna simulación de los ochenta o noventa, pues se ve como una mezcla de paintball y laser tags (hasta llega a oírse esa expresión, sorprendente después de mil doscientos años).

Básicamente, ambos equipos deben avanzar entre drones y disparos de fáseres para alcanzar un objetivo que protegen sus respectivas mascotas, las cuales, en uno de los pocos guiños trekkies del capítulo, se corresponden con un lapling del lado de la Academia y un mugato por la Escuela de Guerra: bah, cadetes disfrazados como tales en realidad…

Pero el juego no solo sirve para que compitan entre sí los bandos, sino también para definir, dentro de cada uno de ellos, quién es el que mejores requisitos reúne para ser capitán de su equipo. Entre los de la Academia, la confrontación se da especialmente entre Darem y Genesis, quienes llevan cabeza a cabeza cada etapa pero, al llegar a la última y en jugada sucia, él la distrae sacándole a relucir el conflicto que, como hija, tiene con su padre. Así, logra imponerse y, nombrado capitán, es paseado en una silla por el resto de los cadetes, pero a Genesis se le nota el disgusto por el recurso traicionero y poco ético que usó para conseguirlo.

El siguiente enfrentamiento, de todos modos, pone en evidencia las limitaciones que Darem tiene para tal puesto, pues son equivocadas una tras otra las decisiones que toma en el campo de simulación y ello hace que, casi por default, se terminen imponiendo las de Genesis, que se vale del carácter fotónico de Sam para generar un engaño (el equipo rival protesta pero no hay nada ilegal), a la vez que lanza una cortina de humo que hace que los propios disparos de los rivales sirvan para ubicar sus posiciones.

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El triunfo, pues, corresponde a la Academia y Darem se acerca a Genesis para reconocer sus errores y felicitarla, además de pedirle disculpas por sacar a relucir la historia con su padre. De hecho, le cuenta la suya propia y, cómo, en su afán perfeccionista, sus progenitores fueron siempre para él una presión que le devastó especialmente cuando se retiraron después de que equivocara una nota en un concierto de belaklavion (instrumento bajorano de muy difícil ejecución).

A pesar de la algarabía por la victoria, Ake deja en claro que la mejor forma de ganar una batalla es sin un solo disparo, lo cual es una forma de anunciar la puesta en marcha la estrategia Vitus Flux. Merced a un engañoso abrazo, los cadetes de la Academia logran obtener el ADN de Kelrec y así Jay, quien no ha querido participar en ninguna de de las competencias por considerarlas violentas, consigue clonar su ojo para facilitar el acceso a los dormitorios de sus odiosos rivales.

Caleb acaba pues haciéndose pasar por la mascota de la Escuela de Guerra (es decir, se disfraza de mugato) y logra acceder a los mismos para infestar todo con plantas empáticas. Se cruza nuevamente con Tarima y, aunque no es el mejor contexto, vuelven a tener una conversación. Ella admite que si no se enroló con la Academia fue porque, debido a su cultura y formación, le asustó la libertad. La cosa entre ambos parece ir algo mejor y hasta hay un beso…

Las plantas, mientras tanto, comienzan a hacer estragos al crecer desproporcionadamente en los dormitorios de la Escuela de Guerra y replicar con tono gracioso cada una de las frases o expresiones de susto pronunciadas por sus cadetes. La venganza ha sido concretada y la Academia ganado el duelo, pero también aprendido una lección: la del valor de la cooperación y el trabajo en equipo. Llegan los nuevos uniformes y Darem deja la capitanía en Genesis por haber demostrado esta mejores condiciones de liderazgo.

Balance del Episodio

Como hemos dicho al comenzar, ha sido este un episodio de tono mucho más ligero. Ninguna situación de peligro real, ningún rescate en el espacio, ni tan siquiera una mínima negociación de diplomacia interplanetaria. Todo se ha centrado en los cadetes y sus guerras internas que, según se aprecia, no difieren gran cosa de las que sostienen hoy en día las hermandades en las universidades norteamericanas, o las casas, tribus, colores o alianzas en los colegios del mundo hispanoparlante.

Nos preguntábamos sobre el final del episodio anterior cómo haría la serie para lograr captar a un público nuevo y juvenil a la vez que retener al histórico de la franquicia. Pues visto este, pareciera que esa ambivalencia no parece preocupar mucho a los responsables y así como los dos primeros pudieron haber conseguido, contra toda especulación previa, retener a cierta audiencia trekkie, es posible que este la haya en buena medida espantado.

Lo que hemos visto en Vitus Reflux se parece más al prejuicio que teníamos antes de que la serie comenzara y eso no es bueno. Si este es el rumbo del resto de la temporada, está claro que la propuesta es una estudiantina adolescente sin siquiera tiene el elemento original que podría darle la exploración del espacio pues, al menos en los dos últimos capítulos, todo ha ocurrido en Tierra…

De hecho, y atendiendo a las palabras de Nahla, me da la sensación de que se busca crear un paralelismo entre los jóvenes que sobrevivieron a la Quema y los que en nuestra época vivieron la pandemia de COVID, lo cual se traduce en ambos casos en sensación de anomia y desencanto. No es, desde luego, que los cadetes hayan vivido la Quema, pero sí crecido en el caos que, por más de un siglo, sobrevino después de la misma…

Pero los términos y modismos que los jóvenes usan al hablar son, al igual que sus juegos, los mismos de nuestro tiempo y es en vano quejarse de ello si es lo que se busca. Hasta la banda sonora pareciera adecuarse, pues este tercer episodio sonó más a fiesta electrónica que a épica espacial.

El tono juvenil, por otra parte, lleva a que la trama busque la comedia de manera todavía más decidida en este capítulo y hay que decir que, lamentablemente, no de la mejor forma. Por lo menos en mi caso particular, solo me reí cuando Jay contó el chiste klingon y debió explicarlo. Allí, justamente, está el humor Star Trek en toda su esencia: colocar a los personajes en situaciones y contextos en que se ven ridículos. Los klingon, de hecho, siempre son graciosos y cómo olvidar el episodio de Strange New Worlds en que les vimos bailar y oímos cantar. Ojalá tengamos uno dedicado al bueno de Kraag…

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Hay que reconocer, en ese sentido, que de todas formas el capítulo ha permitido un mayor desarrollo de personajes, especialmente de Darem, lo que dio lugar al lucimiento de un George Hawkins que hasta ahora poco había mostrado. Pero los guiños a la franquicia, esos que tal vez engañosamente nos mostraran en los dos primeros, han estado aquí prácticamente ausentes con la obvia excepción del nugato y el lapling. Alguna alusión a los gorn, pero no mucho más.

Lo que sí es muy Star Trek es el destacar la unidad y la cooperación como mensaje final. La contradicción, en todo caso, es que, si se busca reivindicar la iniciativa joven, el conflicto con los rivales (por cierto, unos imbéciles sin cerebro) termine resolviéndose con una idea de Nahla. Y ya que hablamos de ella, me preocupa ver al personaje cada vez más sobreactuado por Holly Hunter en el intento por mostrarla informal e irreverente. Que no acabe en caricatura

En definitiva, un episodio bastante anodino y sin mucho para destacar. Solo nos queda esperar que haya sido simplemente un puente o transición hacia una trama más interesante o, mejor aún, una serie más sólida, pues hasta aquí hemos visto tres episodios por completo diferentes y ello delata que la serie carece de momento de personalidad propia, un rasgo que, por el contrario y la que más, la que menos, siempre tuvieron las series de Star Trek.

Ojalá la cosa cambie en el próximo capítulo, que les espero aquí para analizar. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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