Después de dos días de festival que sirvieron como calentamiento para lo que estaba por venir, llegamos al fin de semana. A ese magnífico lugar en el culo del mundo llamado Palacio de Hielo al que tardo más de una hora en llegar y que actúa como majestuoso salón de banquetes para que los comensales -nosotros- puedan satisfacer toda clase de apetencias.
Es aquí donde se deja ver la auténtica inmundicia en la gran pantalla. En la misma pantalla en la que seguramente al día siguiente se esté proyectando Marty Supreme (2025) o Hamnet (2025). Pero qué son estas pretenciosidades al lado del negativo rayado de una copia turca de James Bond, ¡quién es Timothée Chalamet comparado con Sunny Deol aka ‘El Stallone indio!
En fin, que me vengo arriba. CutreCon es disfrute absoluto y en estos artículos así pretendo reflejarlo. A pesar de no haber podido asistir a casi ninguna película el viernes 6 y a ninguna el domingo 8, voy a contaros las seis películas que pude ver esos días sobre las que aún no he hablado y que merecen absoluta atención. ¿Por qué si no iba Uwe Boll a decir que CutreCon es el mejor festival en el que ha estado en su vida? Supongo que no tendrá nada que ver con que sea el único que ha programado cuatro películas suyas, ejem, ejem… Es broma, me pareció una declaración memorable.
Crónicas de CutreCon 15 (Parte I): Uwe Boll galardonado, Paco Rabal en una de zombis y motos voladoras
Aunque el domingo y último día del festival no pude ir, la noticia más sonada fue el anuncio de la temática de la próxima edición: ¡CATÁSTROFES! Veremos el año que viene qué clase de ponzoña puede salir de ahí. Desde luego que promete. Ahora, vamos a hablar de las películas.

Fotografía de Txema Ferrando
Jaat (Jaat, 2025) de Gopichand Malineni
El sanguinario Ranatunga (Randeep Hooda) huye de Sri Lanka con lingotes de oro robados junto a sus siervos para instalarse en un remoto pueblo costero de India. Allí construye un imperio criminal durante años sin ningún impedimento hasta que un hombre aparentemente corriente descubre la injusticia y el sometimiento de la población y se propone acabar con ella.
Llegado el tercer día de nuestro festival trash favorito, tuve unos pequeños contratiempos que impidieron mi asistencia a la mayor parte de su programación. Pero, lo que no me podía perder bajo ningún concepto era ese prometedor Stallone indio que, con solo ver el teaser de su película en la introducción del festival, sabía que no me decepcionaría. Jaat es otra de las películas “buenas” de esta edición, pues brinda dos horas y media de la acción desenfrenada más salvaje y espectacular que se pueda concebir. Mix de coreografías musicales y de combate, movimientos de cámara imposibles y frases lapidarias de tipo duro…
En definitiva una epopeya espectacular en todos los sentidos que al mismo tiempo que ofrece canciones memorables decapita civiles sin compasión. Si os gustó RRR (2022) esto os va a fascinar. ¡Ranatungaaa!

White fire (Vivre pour survivre, 1985) de Jean-Marie Pallardy
Mientras trabajan en una mina de diamantes ubicada en el desierto, Bo (Robert Ginty) e Ingrid (Belinda Mayne), dos hermanos que sobrevivieron a una masacre cuando eran niños, hacen un descubrimiento sorprendente que los envuelve en una trama criminal de intereses de la que les será complicado escapar.
El tema principal de la BSO, en cuyo estribillo resuena “¡White fire!”, es de lo poco que trascendió en el festival incluso durante las sesiones posteriores. Aunque es posible que también lo hiciera la sensación de repulsión provocada por la incestuosa y sórdida relación entre los hermanos protagonistas de la película. Hay una escena en la que ella se baña desnuda en una piscina y su hermano va a verla, le quita la toalla después, y le dice sonriendo “qué lástima que seas mi hermana”. Todo lo demás que sucede no importa, el foco está en ellos dos.
Tanto es así que el director se permite construir una suerte de paralelismo con Vértigo (De entre los muertos) (1958) para prolongar la situación más allá incluso de la vida. Es algo de no dar crédito. Por si no fuera poco, la película tiene una notable pretensión autoral que hace todo aún más ridículo. ¡Tiembla Godard! Resonaba en la sala.

Ninja Terminator (Ninja Terminator, 1985) de Godfrey Ho
El líder Master Ninja enseña a su pequeño grupo de ninjas elitistas los poderes del Golden Ninja Warrior, una estatuilla compuesta por tres piezas doradas que unidas entre sí ofrecen un poder absoluto a quien las fusiona, pero rápidamente es robada por los Red Ninjas, un grupo malvado que quiere dominar oriente a cualquier precio.
Ninja Terminator fue una de las temidas “sesiones de castigo” de CutreCon tan queridas por Carlos Palencia. Al parecer el estadounidense Richard Harrison fue a Hong Kong a rodar durante un año lo que él pensaba que era UNA película de ninjas. Al tiempo, su distribuidor -o representante- le llamó desde Europa diciéndole que un chino le había ofrecido ¡17! películas de ninjas de Richard Harrison. La industria del cine es maravillosa. Esta anécdota explica un poco el sindiós que es Ninja Terminator, que se construye como un collage a partir de algunas escenas que Ho rodó con ninjas unidas en montaje a fragmentos de otras películas robadas que nada tenían que ver con la suya. Todo un trabajo de artesanía.
Lo peor es que la cinta no resulta si quiera divertida, porque no se comprende casi nada de la trama -como es lógico-, la estética y vestuario resultan cutres y las interpretaciones, en fin… Lo único rescatable son algunas coreografías de lucha y ese vistoso teléfono fijo de Garfield que Harrison descuelga en varias ocasiones y que sirve para unir inteligentísimamente la trama rodada por Ho y los cortes de las otras películas cuando hablan por teléfono. Obviamente todo doblado por encima para intentar cohesionar el conjunto.
Como curiosidad nos comentaron que para doblar estas películas era habitual pagar una cantidad simbólica a turistas que estuvieran en el país ya que además solían acceder al considerarlo una experiencia divertida. Qué interesantes son las anécdotas de producción de bajísimo presupuesto.

Retroceder nunca, rendirse jamás (No Retreat, No Surrender, 1986) de Corey Yuen
Jason Stillwell (Kurt McKinney) es un joven, fan de Bruce Lee, que estudia en la escuela de karate de su padre. Pero cuando un mafioso comienza a extorsionarles, el padre decide que se deben marchar a otra ciudad, y allí el hijo se apunta a otra escuela. Pero Jason también es humillado, y va a la tumba de Bruce Lee a pedirle ayuda…
Fantástica, maravillosa. Cuánto me pude divertir con la marcianada de Yuen. Una mezcla argumental entre Karate Kid, el momento de la verdad (1984) y Rocky IV (1985) que pretende afrontar el bullying en todos los ámbitos vitales. Solo la idea de que el chaval protagonista invoque al espiritu de Bruce Lee -literalmente- para que sea su entreandor me parece suficiente para correr a verla. Además de que las escenas de pelea son realmente increíbles y el clímax final de duelo entre McKinney y Van Damme -“Ivan, el ruso” en la película- es sublime.
Fuera de eso, nada es muy reseñable y se siente ridícula en muchas ocasiones, pero se agradece una película así en el marco de Cutrecon. Le suma lo divertido que es ver a un director hongkonés replicando todos los clichés de la sociedad estadounidense del momento para hacer su película más “realista”.

En Büyuk Yumruk (En Büyuk Yumruk, 1983) de Çetin Inanç
Fotografía de Txema Ferrando







“A ese magnífico lugar en el culo del mundo llamado Palacio de Hielo al que tardo más de una hora en llegar”, me encanta, sobre todo si el que la lee (como es mi caso) va desde Coruña para disfrutar del festival… “más de una hora en llegar”, dice… Esa frase, por lo que veo siempre, es muy definitoria de la gente de Madrid.
Nótese el tono humorístico del artículo, ¡por favor! Yo también he ido hasta otras ciudades de España para disfrutar de festivales.