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Análisis de Star Trek: Starfleet Academy. Temporada 1. Episodio 6

Entramos a la segunda mitad de la primera temporada Star Trek: Starfleet Academy (Academia de la Flota Estelar), la serie que, creada por Gaia Violo, es la duodécima (novena en live action) de una franquicia que en este 2026 cumple sesenta años, El sexto episodio, que hoy nos ocupa, se titula ¡Ven, vámonos! y puede ser visto por Skyshowtime para España y Paramount+ para América Latina.

Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Aquí estamos para analizar un nuevo episodio de Star Trek: Starfleet Academy, en este caso el sexto, con el cual iniciamos la segunda mitad de la temporada y que aun siendo, por lo menos en mi opinión, inferior a los dos anteriores, confirma a las claras que los tres últimos han sido superiores a los tres primeros, lo que habla de que la serie sigue transitando el buen camino tras un errático comienzo que nos había dejado algo preocupados.

El capítulo está dirigido por Larry Teng que, aunque debutante en la franquicia, tiene una larga experiencia con episodios de Mentes Criminales, Doom Patrol, Sleepy Hollow, Supergirl o Jessica Jones. Una entrega que nos pone al corriente de los estigmas y culpas que aquejan tanto a Nahla Ake como a Lady Tarima y trae de regreso a Nus Braka tras cuatro episodios de ausencia. Y que si bien no escatima en épica, tampoco en tragedia…

Pero basta de preámbulo y veamos pues qué ha ocurrido, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden en nuestra web leer los análisis previos de esta y otras series y películas de la franquicia.

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Campos Dorados

Dos cosas llaman la atención al comenzar: en primer lugar, la advertencia de contenido para personas fotosensibles y, en segundo, la escena íntima que viene a continuación pues, si no me falla la memoria, es la primera vez que cualquiera de ambas situaciones se presenta de inicio en toda la historia de las series de la franquicia. Quienes están teniendo sexo (todo muy light, desde luego) son obviamente Caleb y Tarima, pero ella es una betazoide y, en un momento de intensidad, sorprende a su pareja hallándose súbitamente ambos en medio de un campo de flores doradas.

Lo primero que Caleb piensa es que se trata de un escenario mental creado por Tarima y que por lo tanto está ahora él dentro de su mente, pero al cruzársele un traumático recuerdo ligado a su mascota peluche de infancia, se da cuenta que la mente dentro de la cual se hallan es en realidad la suya propia: peor modo imposible de cortar un clima erótico. La situación disgusta al joven por invasiva y una dolida Tarima le replica que si va a estar con una betazoide debe aceptarla como es y no verla como un fenómeno…

Azules y Rojos

Mientras continúan su viaje en la USS Athena, Ake y Kelrec informan a sus respectivos cadetes de la Academia y Escuela de Guerra que participarán de un ejercicio conjunto en un antiguo cementerio de naves, específicamente a bordo de la Miyazaki, abandonada allí tras haber sufrido un ataque hace ya más de un siglo y después de experimentar con un sistema warp alternativo conocido como motor de singularidad que acabó en desastre.

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Para ello, serán divididos en dos equipos. El rojo, al mando del comandante Tomov (Jeff Teravainen), se transportará allí mientras el segundo permanecerá en la Athena como apoyo logístico. El objetivo es restablecer el soporte de vida, algo en lo que ya vienen fallando las misiones anteriores y que implica poner en marcha el ordenador largamente inactivo. De no conseguirlo en una hora, ambos equipos perderán la prueba y serán reemplazados por nuevos.

Hay, desde luego, miradas de recelo entre los cadetes de una y otra institución y, como no podía ser de otra forma, Caleb y Tarima se hallan en equipos diferentes, formando él parte de los que irán a la Miyazaki y ella de los que permanecerán en la Athena.

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El grupo azul se transporta entonces y a Caleb le divierte que B’avi (Alexander Eling), cadete vulcano de la Escuela de Guerra, diga conocer en profundidad la historia de la nave gracias a un cómic inspirado en la misma (y cuyo estilo gráfico remite claramente a los de Star Trek basados en la serie original). Amén de ello y gracias a su habilidad con los sistemas, logra restablecer el soporte vital en dos minutos, estableciendo así un nuevo récord y haciendo a Nahla ganarle una apuesta a Lura, obviamente malhumorada.

Pero algo anda mal: diez formas de vida intrusas son detectadas a bordo de la Miyazaki y en la Athena se enteran que se trata de furies, temibles seres híbridos que, además de haber irrumpido de modo sorpresivo y sin que fuera detectada ninguna nave en las cercanías, han tomado de rehenes a los cadetes y exigen dilitio a cambio de liberarlos.

 

Puesto al tanto el almirante Vance, la situación se plantea complicada ya que, según dice, los furies no tienen fama de cumplir sus acuerdos ni aun con sus demandas satisfechas. De hecho, al dilatarse el asunto y para demostrar que hablan en serio, están a punto de arrojar al espacio a uno de los cadetes (el equivalente a hacer caminar a alguien por la tabla en un barco) y su víctima elegida es B’avi.

Antes de que ocurra, sin embargo y en un momento de distracción, los cadetes logran liberarse y, tras una trifulca, aislarse en el puente de mando, aunque el alto precio es el sacrificio de Tomov, que pierde la vida al retrasarse para cubrirlos y cuyo cuerpo es, instantes después, arrojado al espacio por los furies para que sea visto desde la Athena…

Los cadetes están de momento fuera de peligro, pero sin posibilidad de ser rescatados por medio del transporte ya que los fouries han rodeado a la Miyazaki con un campo de amortiguación. Caleb está visiblemente conmocionado por la muerte de Tomov, pero B’avi, como buen vulcano y citando a un antiguo oficial de la Flota que todos sabemos quién es, busca consolarle con que el sacrificio del comandante se inscribe en la lógica de “el bienestar de la mayoría supera al de la minoría o al de uno”.

Sam descubre que el ordenador de la Miyazaki, probablemente para proteger la memoria en aquel ataque de un siglo atrás, ha fraccionado la misma en múltiples y pequeñas unidades codificadas que llevaría años descifrar pero no para una fotónica, así que Sam logra hacer funcionar nuevamente el ordenador en instantes. Lo malo es que está enloquecido o, mejor dicho, continúa donde había quedado: protegiendo de un ataque invasor a una tripulación a la cual no sabe largamente fallecida y sin forma de hacerle entender que este es otro ataque…

Pacto con el Diablo

En la Athena, se devanan los sesos en busca de la solución y Vance se comunica con Ake para darle una que quizás no sea la mejor, pero sí la única a la vista. Resulta que los fouries se enfrentaron años atrás con los Venari y estos lograron vencerlos merced a algún arma o ardid que no se sabe cuál es, pero averiguarlo implica ponerse en contacto con Nus Braka, quien los enfrentó en aquella oportunidad. No habíamos vuelta a saber nada de él desde el primer capítulo y el rostro de Nahla alcanza para entender lo que la sola mención de su nombre le provoca.

No habiendo más alternativa, sin embargo, se comunican con el viejo pirata y este, renuente al principio y aclarando que hay algo en la naturaleza salvaje de los fouries que no llega a descifrar del todo, acaba ofreciendo su ayuda a cambio de que la Federación deje de abastecer de dilitio a Taygeta Uno, mundo que bloquea a los Venari los agujeros de gusano que les sirven como rutas de tráfico.

Según dice, los fouries tienen algo de murciélago y su oído interno es sensible de modo especial a ciertos sonidos. Ello da a Vance la idea de recurrir a la base J-19 Alpha, donde se encuentra la USS Sargasso, que podría llegar en media hora y dispararles un rayo sónico.

Mientras tanto, y en tensa conversación, Braka reflota antiguas cuentas pendientes con Nahla y, muy especialmente, hunde el dedo donde más duele al sacar a relucir las culpas que sabe le aquejan por haber en el pasado dejado morir a un hijo suyo para salvar al resto de su tripulación. Se advierte en ella un dolor profundamente enterrado, pero que al parecer ha estado siempre presente y, para colmo de males, Braka compara maliciosamente con el caso de Caleb, otro al que en su momento no salvó por «cumplir con su deber» y está a punto de volver a ocurrir si está en la Miyazaki.

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El grupo rojo, en tanto, no está inactivo. Genesis está dedicada a rastrear la nave camuflada de los fouries entre los escombros y finalmente la encuentra. Ahora que saben dónde está, la Sargasso, que viene en camino, puede dispararles el rayo sónico, pero urge que la Athena rescate a los cadetes aislados antes de que los fouries entiendan qué pasa.

Para ello es necesario hacer caer el escudo que estos han puesto en torno a la Miayazaki, lo cual, según Kelrec, puede lograrse poniendo en funcionamiento el motor de singularidad. El problema es que debe ser hecho desde adentro y habría que establecer contacto con los cadetes a fin de darles las debidas instrucciones.

La ventaja es que tienen de su lado a Tarima, quien puede comunicarse mentalmente con Caleb y, según comenta su hermano Ocam, es hasta capaz de hacer daño si tiene una conexión muy poderosa y experimenta por ejemplo rabia o enojo; el padre de ambos lo sufrió en su oído cuando, siendo niña, se enfadó con él. Agregan, no obstante, que ya aprendió a controlarlo…

Mientras tanto, en la Miyazaki, los cadetes han logrado de alguna manera resetear el ordenador al cargar en su memoria el cómic de B’avi, pues allí está la información de lo que ocurrió con la antigua tripulación. Falta, claro, que termine de asimilar que hay ahora una nueva tripulación a la cual proteger mientras los fouries están intentando hacer caer el aislamiento del puente para ingresar.

Tarima entra en contacto con Caleb y le cuenta que, en anteriores ejercicios, los cadetes instalaron en el ordenador de la Miyazaki un programa llamado Luciérnagas, que en aquel momento no llegaron a utilizar y permite reactivar el impulsor de singularidad. Él le pide perdón por su actitud anterior y le dice que jamás la consideró un fenómeno, pero hay una parte de él que nunca le gustó mostrar. Ella le consuela con que le ocurre lo mismo, siendo el campo dorado, de hecho, un lugar mental en el que se refugiaba de pequeña para escapar de sí misma.

A bordo de la Athena, mientras tanto, Ake está intranquila y presiente que algo no anda bien, sensación que aumenta cuando Kelrec le dice que en J-19 Alpha trabajaban con tecnología altamente clasificada.

Cuando logran tener en pantalla la supuesta nave fourie, sus presunciones quedan confirmadas, pues es en realidad una Venari, quedando en claro que han trabajado juntos todo el tiempo y siempre estuvo Braka detrás. “Han mordido el anzuelo. Buen apetito” dice de hecho un mensaje que le interceptan antes de que la Sargasso sea atacada e inutilizada sin llegar a utilizar el rayo sónico.

En la Miyazaki, Sam ha logrado que el ordenador les acepte como nueva tripulación, pero los fouries están ya ingresando al puente y disparándoles: ella queda aparente y momentáneamente desactivada, pero peor la lleva B’avi que, tristemente, cae sin vida para desconsuelo de todos…

La escena altera a Tarima, quien se quita el inhibidor para que no puedan interrumpirle el vínculo mental y emite un grito en modo “banshee” que destroza literalmente el oído de todos los fouries.

Los cadetes logran ser rescatados, pero la imagen de Kelrec cubriendo el cuerpo de B’avi con la bandera de la Federación es por demás devastadora, al igual que las noticias de Vance, quien cuenta que los Venari han atacado la estación una vez que lograron que la Sargasso no estuviera allí para protegerla. Las víctimas se cuentan por miles y flotan en el espacio…

Vance se siente culpable, pero Nahla le consuela con que no tuvo modo de prever la trampa. Un mensaje final en forma de monólogo por parte de Braka le expone a ella los motivos de su odio y la paradoja de que esta vez fueron miles los que dejó morir por salvar a su hijo, además de amenazar con que ya habrá de su parte un regalo con moño rojo. Al apagarse el holograma, el rostro de Ake lo dice todo y el panorama es tan desolador que ni siquiera hay música en los créditos finales: solo sonidos sordos y chillidos de fouries…

Balance del Episodio

Afortunadamente, y después de un inicio que nos dejara tantas dudas, Starfleet Academy sigue en la buena senda que tomó desde dos capítulos atrás. Ojo, no es que este no haya tenido inverosimilitudes que, de hecho, son lo que lo hace inferior a los dos anteriores. ¿Tan meticulosamente calculado estaba el plan de Braka para saber que usarían la Sargasso y dejarían la base desprotegida? Suena a mucho, pero por otra parte es saludable que el regreso del villano lo muestre sádico y despiadado de tan enceguecido por el odio en lugar de la caricatura del primer episodio.

En contrapartida y como consecuencia, lo lamentable fue que merced a ello se difuminara tan rápidamente el protagonismo de los fouries que, por un momento (o al menos eso creí), pintaron para tomar en esta serie el lugar de los borg en The Next Generation o los gorn en Strange New Worlds. Pero al quedar reducidos a simple engranaje o aliado circunstancial, su papel queda muy relegado y cuesta creer que podamos esperar mucho de ellos en el futuro.

También es bueno no ver ya a Holly Hunter tan sobreactuada en la medida en que su personaje va mostrando más matices y revelando desgarradores detalles de su pasado que se ven potenciados por su presente, habida cuenta de la cantidad de muertes que ha dejado el ataque perpetrado en J-19 Alpha. Ello hace pensar que de aquí en más Ake exhiba un componente de su personalidad más dramático en lugar de la informalidad lindante con el desparpajo que le veníamos viendo al principio: bienvenido sea…

Y si bien la serie continúa sin darnos una explicación satisfactoria sobre por qué la Federación ha mantenido funcionando en paralelo dos instituciones formadoras que terminan compitiendo entre sí, el capítulo mostró que la solidaridad y la colaboración entre los cadetes de la Academia y los de la Escuela de Guerra termina siendo en definitiva el camino para salir de situaciones límite por encima de la rivalidad y la competencia. Un concepto muy trekkie, desde luego…

 

Lo que queda claro, a la luz de cómo termina el episodio, es que Starfleet Academy no se propone ser una serie en la que todo deba acabar siempre necesariamente bien. El final es realmente desolador, ya sea por la masacre de la base o por el golpe extra que significa la muerte de B’avi. Es verdad que no llegamos a conocer mucho al vulcano, pero en lo poco que lo hicimos le tomé cariño…

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Y tanto su cita de las palabras de Spock como su cuerpo cubierto con la bandera de la Federación nos llevan irremisiblemente a Star Trek II: La Ira de Khan (1982), siendo curioso como el dolor puede también ser nostalgia pues, para ser honesto, el modo más agrio que dulce en que terminó el episodio me hizo recordar mucho al final de aquella película y me dejó igualmente pensando que fue más lo que se perdió que lo que se ganó.

Lo del cómic fue también un gran homenaje que nos emociona especialmente a quienes, en busca de más aventuras de Star Trek, corríamos ávidos a las viñetas en aquellos años en que solo existían en pantalla la serie original y la animada que le siguió. Y, saliendo de la franquicia, se filtró también por allí un homenaje más, pues que la nave se llame Miyazaki rinde claro tributo al fundador de los estudios Ghibli: un guiño que difícilmente escape a las jóvenes generaciones conocedoras de anime que la serie busca atraer.

En fin, me ha quedado un mal sabor de boca con el final del capítulo, pero a la vez uno bueno de saber que la serie da impresión de estar definitivamente orientada y saber adónde va, lo cual no parecía de modo alguno en los tres primeros. A ver cómo sigue y si hay noticias con respecto a Braka y la masacre…

Les espero para analizar el séptimo episodio. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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