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Análisis de The Gifted. Temporada 1. Episodio 3

Bienvenidos una semana más a los análisis de The Gifted. Nos encontramos casi en el ecuador de la temporada, con pequeñas tramas que se cierran y abren pero que mantienen al espectador con los ojos pegados a la pantalla. Este episodio titulado eXodus es sin duda el mejor de los tres que llevamos, alcanzando unos niveles de ritmo más que notables. Sin más dilación vamos a ver lo más destacable de este tercer capítulo.

Análisis de los episodios anteriores.

Los acontecimientos del capítulo anterior han marcado a Caitlin. Ya no es una espectadora en todo esto del “problema mutante”, es una protagonista y su deber es hacer algo para marcar la diferencia. Por suerte o por desgracia, sus actos en este episodio serán los que marquen el devenir del futuro, un futuro muy negro para el grupo de mutantes y sus propios hijos.

Pero vayamos al principio. Ha pasado lo que me temía. En el anterior capítulo descubrimos la faceta bondadosa de Reed mediante un flashback, recurso al que se recurre mucho pero no imaginé que, por lo visto, en cada capítulo vayamos a tener uno. Los protagonistas de este son Polaris y Eclipse, los dos tortolitos de la serie. Es un vistazo a su pasado poco trascendente donde los vemos coqueteando y enseñándose lo que son capaces de hacer. El punto más interesante de este insípido flashback sería que Polaris acepta lo que es, una mutante, mientras Eclipse no. Esto podría ser uno de los motivos por los que el chico quedó prendado de ella, le hizo ver más allá y aceptar ese gen X como una bendición.

Y aquí volvemos a lo mencionado antes con Caitlin. Ella ha abierto los ojos a la situación que está viviendo. Cat decide combatir este problema por la vía pacífica, recurriendo a altos cargos estatales, congresistas, senadores… Todos los que apoyan la no persecución mutante. Una estrategia poco lógica pero entendible dentro de la situación en la que está, con dos hijos tratados como criminales y con su marido en alguna prisión estatal de mala muerte. Esa falta de lógica se debe a que si bien ella ha visto que los mutantes son perseguidos hagan lo que hagan debido al terror generalizado contra los de esa clase, exponerse públicamente a hablar con gente que puede mover hilos y hacer algo es más que tonto, arriesgado.

Su hermano puede facilitarle esos contactos en las altas esferas y decide no solo no consultarlo con el grupo de mutantes, sino que se lleva a sus hijos con ella (no porque quiera, pero tampoco hace mucho para evitarlo). No me malentendáis, no lo veo un fallo gravísimo y hace al personaje más humano, a pesar de poner a sus hijos en peligro.

Eclipse está movido por el amor, igual que Caitlin. Él quiere desesperadamente salvar a su amada Lorna (Polaris) y para ello va a necesitar las habilidades de Blink. Sin embargo, ella no puede forzar sus poderes tras los hechos del anterior episodio. Aquí se muestra la relación entre Andy y Blink, y en general con cualquier mutante primerizo. Esto ya lo vimos en las cintas, no es nada nuevo, pero las habilidades de los portadores del gen X suelen salir a la luz en situaciones de estrés o peligro, con lo que su control sobre ellas es mínimo. Así sucede que tanto Blink como Andy se sienten inútiles, de hecho este último, al contar con poderes mucho más fuertes, el no mantener el control es muy perjudicial.

El miedo generalizado a cualquier mutante, sea de la edad y condición que sea, se refleja de manera brillante en el acto final. Aquí hay una más que notable diferencia con X-Men 2 y el personaje del hermano del Hombre de Hielo. Este en la cinta reniega de su hermano, bien por odio o por temor, y lo entrega a la policía con la consiguiente pelea intentando no dañar a ningún inocente. Aquí vemos el efecto contrario en el primo de Andy y Lauren, pero no en el de los adultos del resto del vecindario. El primo, fascinado por los poderes de Andy, decide enviar una foto de uno de los descontroles del joven mutante a su amigo. El problema viene cuando al día siguiente aparecen en la casa del hermano de Cat un convoy de hombres cabreados y preocupados por la presencia de los dos jóvenes en el barrio.

Punto positivo para este gran capítulo. En las cintas de X-Men siempre hemos visto como las represalias eran perpetradas por militares, policías o cualquier agente del gobierno. Este convoy está formado por hombres que han cogido lo primero que tenían (en este caso como es Estados Unidos, una escopeta) y han salido a repartir algo de justicia divina para “purificar” el barrio. No son los Purificadores de los cómics, pero se le acercan demasiado y dota a la serie de un nuevo carácter y una escala mayor dejando a un lado la épica de las cintas.

Aquí se sucede la espectacular y, de nuevo, mínima escena de acción del capítulo. Recalco lo de “mínimo” porque defiendo que la serie sea espectacular con límites, pero estamos cerca del ecuador de la temporada y la escala de acontecimientos es cada vez mayor, espero que se estén reservando algo gordo para el final.

Otro punto destacable, que siempre lo es, es el arco de Reed. El buen hombre sigue preso y ahora con la soga al cuello tras el trato hecho con el Servicio Centinela. Es un punto positivo pero es como “llover sobre mojado”. Sabemos que Reed es bueno y aquí se le presenta la oportunidad de salvar a su familia, pero sacrificando a una madre y su hija que se encuentran en la misma situación que su familia. La duda moral de si seguir con lo establecido cueste lo que cueste o buscar una alternativa es un buen punto y aparte que nos dará más del arco de Reed, ahora junto a Polaris, puesto que ambos trasladados a una prisión de máxima seguridad.

Con este tercer episodio, la serie demuestra que su éxito está en la importancia de su argumento, trasfondo y conexión con el universo mutante. El final de esta temporada se espera que eleve las dosis de espectáculo y ritmo. Sin embargo, la presencia de los gemelos Strucker que vimos en el capítulo anterior sinmínimas en este, veremos con qué nos sorprenden. Eso sí, mantienen el nivel que este mismo estaremos ante una de las propuestas de superhéroes más redondas del año.

Alberto Lloria
Estudiante en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Frikazo de proporciones bíblicas, crecí amando los videojuegos y el cine como medio de escape, sacrificando la vida social. Aunque no me arrepiento. Fan hasta las venas de Batman y El Señor de los Anillos. El mundo se me queda corto, mejor dejadme en la Tierra Media.

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