Recorrido final por la cuarta temporada de The Last Kingdom, la serie que, basada en las novelas de Bernard Cornwell e interpretada por Alexander Dreymon, recrea las aventuras de Uhtred de Bebbanburg.
Hola, otra vez. Nos reencontramos nuevamente para terminar de analizar y reseñar la cuarta temporada de The Last Kingdom que, desde el catálogo de Netflix, se confirma como una de las grandes series de hoy, sin desmedro de que en estos últimos cinco episodios y aun manteniendo un alto nivel, haya algunos baches en la trama que no llegan, de todos modos, a desteñir el conjunto.
Volvamos, entonces, a transportarnos al siglo X y a las luchas entre daneses y sajones. Si lo desean, pueden leer la reseña de las tres primeras temporadas o el análisis de los episodios 1 a 5 de la cuarta. Y si no han visto aún nada de cuanto aquí paso a reseñar, cumplo en advertir que VIENEN MUCHOS SPOILERS DE LA TRAMA.

Un Grupo Heterogéneo
Habíamos dejado a Uhtred yendo en busca de la hija de Etelfleda a los efectos de evitar que los hombres de Eduardo la lleven a Aegelsberg para concertar alianza matrimonial con con el inescrupuloso Eardwulf, quien sigue haciendo de las suyas. Recordemos que el plan de Eduardo apunta a preservar tanto la paz en Mercia como la alianza entre ésta y Wessex casando a Eardwulf con su sobrina Aelfwynn, lo cual le permitiría incluso introducir a alguien de su familia en la línea sucesoria.
Uhtred se le adelanta y, en compañía de los siempre leales Finan, Osferth y Sithric, llega a Saltwic y se lleva de allí tanto a la niña como a su medio hermano Athelstan, hijo bastardo de Eduardo al que Lady Aelswitha busca instalar en la sucesión de Wessex para proteger al reino de las ambiciones de su consuegro Lord Ethelhelm. Junto a ellos viajan los también medio hermanos Stiorra y Uhtred (hijo), de caracteres y convicciones bien diferentes: ella, decidida y siempre ávida de lucha, además de aferrada a sus creencias nórdicas; él, de temperamento menos guerrero y adherente a los valores del cristianismo con los que se ha criado. A pesar de sus diferencias y debates religiosos, la amistad entre ellos se fortalece y constituye uno de los puntos altos de la temporada al simbolizar ambos la doble herencia de Uhtred: normanda y sajona; cristiana y pagana, esas que él nunca logró conciliar.

Al grupo se ha sumado Eadith, hermana de Eardwulf, a quien Etelfleda envió al encuentro de Uhtred con instrucciones de llevar los niños hacia Ceaster. A decir verdad, el suyo, aunque bien actuado, me parece un personaje que no termina de cuajar; sus móviles personales no quedan del todo claros: por mucho que sea el resentimiento contra su hermano por haberla entregado como carne sexual al rey de Mercia, no se termina de entender tanto compromiso personal en evitar su llegada al trono.
Huyéndole a la Peste
El camino a Ceaster estará plagado de problemas para el grupo de Uhtred: por un lado, son buscados por las fuerzas de Eduardo y, por otro, la región está siendo asolada por una de las tantas pestes medievales (a la cual llaman la enfermedad), lo que los obliga a cambiar el camino constantemente a riesgo de encontrarse con sus perseguidores.
El primero en cruzarse con ellos es el propio Eardwulf, quien, al frente de unos pocos hombres armados, exige la entrega de la niña que le ha sido prometida en matrimonio. Eadith, con un papel cada vez más protagónico, lo pone en evidencia como responsable por la campaña contra Anglia que tantas pérdidas de vidas costara al dejar desprotegida a Mercia contra la invasión danesa; sus hombres lo abandonan dejándolo en soledad y con las manos vacías.
Al llegar a Ceaster, comienzan las separaciones. Uhtred va hacia Aegelsberg para encontrarse con Eduardo, quien permanece allí en procura de que ninguno de los regidores se quede con el poder en Mercia.
Su intención es hacerlo entrar en razones, pero nada más lejano: tal como vimos en episodios anteriores, Eduardo es ahora un títere de su suegro Ethelhelm y, justamente por consejo suyo, detiene y encierra a Uhtred. En la mazmorra, éste recibe torturas sin que Eduardo se entere, por lo que luego, al verlo desfigurado, se le cae la venda con respecto a Ethelhelm e incluso se entera de su papel en el encarcelamiento de su madre y su hermana.
Todo termina con Uhtred liberado y Ethelhelm, por fin, expulsado, pareciendo ello indicar que Eduardo comienza a ver las cosas con más lucidez.
En Ceaster, los hijos de Uhtred separan caminos en buenos términos: él se marcha para retomar su formación como sacerdote, lo cual a Stiorra duele, pero acepta. Aelfwynn, en tanto, ha enfermado y se presume que pueda haber contraído la peste. Eadith afirma que la única salvación posible es llevarla a los curanderos de Aegelsberg aun con los consabidos riesgos, pues la alternativa a ello es que la niña muera.

Pero en Aegelsberg la atmósfera está pesada. Por un lado, Etelfleda ha recibido la errónea noticia de que su hija Aelfwynn ha muerto y, por otro, hay un creciente malestar social ya que los pobres, huyendo a la peste y afectados por la hambruna, pretenden trasponer los muros en busca de refugio. Eduardo, actuando ya casi como soberano de oficio en Mercia tras la muerte de Etelredo, ordena a los guardias que no lo permitan, pues ello podría significar también la entrada de la peste.
Uhtred, ya liberado y a punto de irse, interviene y organiza la entrega de alimentos a los indigentes: viéndolo Eduardo con sus propios ojos, queda impactado por la autoridad y soltura con que maneja una situación que a él le excede.
Entretanto, Aedith ha llegado con la niña a Aegelsberg, con lo que Etelfleda se encuentra con la sorpresa de que su hija sigue viva; de hecho, gracias a la acción de los curanderos, se termina recuperando tal como Aedith había anunciado que sucedería: segundo punto en su cuenta personal.
La Jugada de Uhtred
Eduardo, impresionado con Uhtred, le ofrece ponerlo en el gobierno de Mercia para asegurar la paz hasta tanto haya un heredero en el trono (recordemos que su hijo es aún pequeño). Uhtred no se muestra convencido al principio, pero termina aceptando en lo que parece un nuevo cambio de bando, pues venía jugando más bien para Etelfleda. Pero no todo es lo que parece; sigamos…

Para poder asumir el gobierno, le imponen como condición su bautismo como cristiano. Uhtred alega que ya fue bautizado dos veces por Beocca, pero de nada sirve y termina aceptando: a fin de cuentas, la ceremonia nunca fue a sus ojos otra cosa que sumergirse en un poco de agua. Pero una vez ungido, en un sorpresivo primer acto de gobierno, delega el trono en Etelfleda, descolocando a Eduardo y causando estupor en los regidores, quienes temen que, siendo ella viuda, alguien externo pueda entrar en la sucesión a través del matrimonio: la condición impuesta y aceptada termina siendo su promesa de mantenerse casta.

La primera acción de gobierno de Etelfleda dista de ser simpática, pues no difiere de los hombres de esta historia en cuanto a contradicciones. Si bien recompensa económicamente a Aedith por haber salvado la vida de su hija Aelfwynn, por otro lado la expulsa de Aegelsberg argumentando que, habiendo sido amante de Etelredo y, además, hermana del asesino de este, su presencia allí dará mala imagen. Bastante ingrata, digamos… Eadtih termina pidiéndole a Finan que la lleven con ellos, ya que, luego de la pronta abdicación de Uhtred, el grupo completo está por partir de Aegelsberg.
Brida y el Impronunciable
¿Qué está pasando con Brida? Recordemos que está embarazada de Cnut, a quien ella misma ha dado muerte, y que ha caído cautiva de los galeses, quienes la han esclavizado y la humillan de formas degradantes (aunque nunca sexualmente, algo poco creíble en el contexto de situación y época).
La suerte, sin embargo, está con ella: el primo de Cnut de nombre impronunciable (Tirgryggr), ese mismo al que se suponía que aquel había ido a auxiliar, ha llegado a Gales al frente de una fuerza armada y liberan a Brida luego de dar muerte a sus captores. Ella muestra sorpresa, pues las noticias circulantes lo daban por muerto.
Demás está decir que no le dice palabra acerca de su participación en la muerte de Cnut, pero Tirgryggr tampoco parece preocupado al respecto y, más bien, da signos de resentimiento con su primo, quien ,recordemos, decidió invadir Mercia en lugar de ir a Irlanda para darle apoyo.

Brida se une al grupo y, en los bosques, capturan a Eardwulf, solitario y abandonado. Ella está obsesionada con llevar su venganza hacia Wessex para tomarse revancha de su antiguo amigo y amante Uhtred, a quien culpa por haberla entregado a los daneses en lugar de, tal como le pidiera, matarla para permitir su entrada en el Valhala. Pero su venganza personal no es suficiente para convencer al impronunciable de ir contra Wessex en una incursión militar que le hará pagar el costo político de muchas pérdidas de vidas. Eardwulf, cautivo pero siempre acomodaticio, se ofrece para facilitar la entrada en Winchester sin perder un solo hombre y así es como Tirgryggr termina aceptando.
Ocupación y Asedio
Entretanto, Uhtred, conforme a la voluntad de Aelswitha, está llevando al pequeño Athelstan hacia Betwyn con el objeto de que reciba allí la educación necesaria para gobernar el día de mañana. En un alto del camino, sin embargo, son sorprendidos por daneses al mando de Haesten, quien, en vengativa reciprocidad por lo ocurrido antes con los hijos de Cnut, decide llevarse al niño e incluso a Stiorra con destino a Winchester, ya en manos de Tirgryggr.
Uhtred y los suyos,cautivos, quedan al cuidado de sus hombres y en espera de una muerte segura. Por suerte para ellos, Aedith, quien se hallaba recolectando en los bosques al momento de llegar los daneses,logra liberarlos y así pueden deshacerse de sus captores. Otro punto más en el tanteador de Aedith, que ya parece algo inflado.

Una vez liberados, se dirigen hacia la ocupada Winchester, ocultándose en las cercanías. Eadith, quien ya para esta altura parece una versión medieval de Mata Hari, logra introducirse de incógnito a los fines de averiguar la situación allí dentro y, en especial, la de los rehenes, pudiendo comprobar que Athelstan y Stiorra, junto con la esposa e hijo heredero de Eduardo, así como también los consuegros Aelswitha y Ettelhelm se hallan recluidos en la cripta de Alfred.

Eardwulf reconoce a Stiorra como hija de Uhtred. Brida, al enterarse, quiere matarla como parte de su venganza personal hacia él. Sin embargo, Tirgryggr ha hecho buena relación con la joven durante el cautiverio y, como tal, no aprueba la idea. Más aún, reacciona muy mal contra Eardwulf cuando éste la golpea, así como al enterarse que es el asesino de Etelredo. Con semejante antecedente, no puede confiar en él, así que lo termina matando. Fin para uno de los personajes más odiados de la serie.
Eduardo, en tanto, ha llegado con sus fuerzas desde Mercia decidido a recuperar Winchester; la somete a asedio durante treinta días haciendo pasar penurias tanto a invasores como a invadidos. Al mejor estilo de los alemanes en Stalingrado, los daneses quedan sitiados en la propia ciudad que han tomado.
La espera termina por hastiar a Eduardo, quien ordena un enérgico ataque con fuego, aun con riesgo para su propia gente. Murallas adentro, Brida insiste en matar a Stiorra, pretendiendo hacerlo en la muralla misma y a la vista de los sajones para que vean el destino que espera al resto de los rehenes si no se retiran. Pero el impronunciable la desautoriza una vez más y opta, en cambio, por salir a la muralla con los dos pequeños hijos de Eduardo: el heredero y el bastardo.
Al verlos, rostro y actitud de Eduardo se transforman radicalmente. No parece encajar mucho el que ahora se muestre tan afectado cuando apenas instantes antes estaba a punto de socarrar todo aun a sabiendas de que ellos estaban allí. Vamos a suponer que el verlos lo impactó de un modo distinto, pero solo vamos a suponerlo…
Tirgryggr (sí, ggr… odio escribirlo) compele a Eduardo a que elija a cuál de sus hijos mata y podrá irse con el otro. Sorpresivamente, Eduardo no puede elegir uno (todos esperábamos que optara por su heredero). Terciando en la cuestión, Uhtred se ofrece a cambio de los niños y el impronunciable acepta.
Una vez hecho el intercambio y con Uhtred dentro de Winchester, la impulsiva Brida, desde ya, quiere ejecutar su venganza, pero, por enésima vez, Tirgryggr la desautoriza y lleva adelante su propio plan. Se me ocurre que tantos despechos harán, en algún momento, eclosión en Brida, tal vez en la próxima temporada. Mientras tanto, el impronunciable lleva aparte a Uhtred y le ofrece un acuerdo.
Escaramuza y Negociación
Afuera, y habiendo recuperado a sus hijos, el cargoso de Eduardo vuelve a insistir con lo de arrasar todo a fuego y espada. Al asedio se han sumado ahora los ejércitos de Etelfleda, que vienen de realizar campañas en Anglia para restablecer el orden y la paz luego de los desastres causados por su propio esposo. Otro que ha llegado, sin tanta parafernalia, es el joven Uhtred, vuelto de su retiro religioso al enterarse del cautiverio de Stiorra.

El ataque de los sitiadores se inicia en el momento justo en que Uhtred está por salir de los muros con la propuesta para Eduardo; aun así, logra abrirse paso y llegar hasta él para que detenga la acción. Establecida una tregua, se produce la reunión cumbre entre Eduardo, Etelfleda y Tirgryggr.
El acuerdo final consiste en que este último se quede con las tierras de Eoferwic a cambio de dejar en paz a Mercia, Wessex y Anglia. Un reino contra tres no está mal, aun cuando Etelfleda tiene sus reparos por tener a los daneses en sus fronteras.
Pero allí no acaba la cosa: además, el jefe danés reclama llevarse con él a Stiorra. Uhtred enloquece pero, al hablar con su hija, se encuentra con que ella quiere, de buen grado, acompañar al impronunciable, lo cual constituye, según propias palabras, una forma de encontrarse con su sangre materna de herencia danesa. A su pesar, termina aceptando y la paz, al parecer, ha quedado establecida.
Balance Final
Así se cierra una temporada en la que hubo de todo. Yo había dicho en la anterior reseña que la cuarta pintaba para ser la mejor; habiéndola ahora visto en su totalidad, debo decir que está al nivel de la segunda y tercera, pero no las supera. Hasta los cinco o seis episodios, la trama es intensa y casi sin baches; a partir de allí, no es que el interés o la intriga decaigan, pero aparecen algunos detalles que desentonan.
Para empezar, el personaje de Eadith ha tomado un protagonismo clave y, yo diría, exagerado: salvó al grupo de caer en manos de Aerdwulf y volvió a hacerlo cuando fueron capturados por los daneses; cuidó a la niña Aelfwynn al punto de salvarle la vida y logró introducirse como espía en la Winchester tomada por los daneses. Suena a mucho y, paradójicamente ante semejante protagonismo, no conocemos del todo los motivos que la llevan a actuar con tanta voluntad y valor. Creo que es un personaje al que aún le faltan matices: demasiado bienintencionada.

En cuanto a Eduardo, sus cambios de actitud pueden entenderse si se considera que le tocó quedar en el trono siendo muy joven e inexperto: es lógico que quiera demostrar a los demás y a sí mismo que tiene la energía necesaria para ocupar ese lugar y que, en el intento, cometa torpezas. Lo que no se entiende es que esté a punto de arrasar el castillo en que están recluidos sus hijos y, un instante después, cambie totalmente de actitud al verlos, como si nunca lo hubiera pensado.

Por último, creo que a algunos personajes les falta envejecimiento: no sé si maquillaje, cgi o qué, pero el rostro, sobre todo, de Uhtred, no parece acusar el paso del tiempo que,se supone, ha transcurrido desde que sus hijos nacieron.
Con todo ello, The Last Kingdom sigue siendo una gran serie, por demás atractiva y adictiva, a la que esos detalles no deslucen en su resultado final. La fotografía siempre es una garantía, así como la banda sonora, que hasta parece tener estilo personalizado para cada episodio: la música del sexto es, particularmente, bellísima y muy climática.
¿Y qué sigue?
Se viene ahora una difícil convivencia luego de la paz: algo dejó entrever Etelfleda al destacar que las tierras cedidas a los daneses lindan con las suyas. ¿Y qué lugar irá a tener Brida en todo esto? Pintaba para amante del impronunciable, pero la irrupción de Stiorra ha puesto allí una piedra. Creo que viene sufriendo tantos despechos que difícil es creer que se vaya a quedar en el molde.
Por otra parte, ¿qué pasará con Bettanburg? Difícil es de creer que Uhtred se vaya a resignar a dejarlo en manos de su primo Wihtgar y sin vengar la muerte de Beocca.
¿Se reencontrarán los hijos de Uhtred? Ahora van por caminos muy distintos, pero no creo que nos hayan mostrado germinar tanta afinidad entre ellos para nada: de algún modo, supongo que sus destinos se juntarán nuevamente.
Y a propósito de hijos: ¿qué pasó con los de Cnut? Ya sabemos que los niños crecen, así que, en algún momento, pueden pensar en vengar a su padre.
Todas preguntas a las que, quizás, hallaremos respuesta en la quinta temporada y ojalá nos encontremos aquí nuevamente cuando ello ocurra…

Gracias por leer; cuídense mucho y hasta pronto…




Buenas, me ha parecido una buena temporada con cierta semejanza con la segunda en el sentido de que los primeros se desarrollan hasta una batalla que tiene lugar en el episodio 4 en la que se venga la muerte de un personaje en el pasado y luego pasan a otra trama mas relacionada con restaurar el orden en el reino. Esperemos que de una maldita vez empiecen a compensar a uhtred por todo lo que ha hecho y sacrificado por los reinos, que todas y cada una de las victorias las han conseguido gracias a él y realmente nunca le han compensado por ello. Esperemos que con los acontecimientos de los últimos ayuden a que por lo menos empiece a recibir una compensación por ello.
Hola, Sergio:
Gracias por leer y por comentar. Es cierto lo que dices: el episodio 4 suele ser bastante nodal en todas las temporadas y también lo es que, a pesar de sus triunfos, Uhtred, en lo personal, siempre sale perdiendo. Así y todo, creo que en esta temporada fue menos engañado o traicionado que en otras, un elemento que corría riesgo de volverse reiterativo. De hecho, es él aquí, quien, de algún modo, engaña a Eduardo.
Pero es verdad que aún no ha sido suficientemente compensado. No sé hasta dónde continuarán la serie, pero por lo que tengo entendido el plan es de siete temporadas y, además, es lo que se puede suponer considerando la cantidad de libros; de ser así, significa que hemos pasado ya la mitad de la historia y creo que se impone casi como lógico que algunas tramas vayan empezando a cerrarse y allí es donde, me da la impresión, van a tener lugar esas compensaciones que mencionas. No sé si para tanto como un final feliz (me huele más bien uno neutro), pero pienso sobre todo en Bebbanburg. Wihtgar, su primo, el usurpador, fue muy fugazmente presentado y, encima, mató a Beocca: yo creo que eso fue casi un trailer de lo que se viene, es decir la venganza de Uhtred y la recuperación de Bebbanburg.
Pero bueno, veremos qué le depara el futuro y qué nos traen las próximas temporadas.
Un saludo! Gracias nuevamente y que estés bien!