Análisis de The Walking Dead: World Beyond. Temporada 1. Episodio 6

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Les traemos el análisis del nuevo episodio de The Walking Dead: World Beyond, sexto de esta primera temporada, que lleva por título Teatro de Sombras. Recordemos que la serie, creada por Matthew Negrete y Scott N. Gimple, es un spin-off que transcurre diez años después de la principal y que se emite por AMC, pudiendo en España verse por Movistar+.

Hola, otra vez. Como cada semana nos encontramos para analizar la nueva entrega de The Walking Dead: World Beyond, hoy el sexto episodio de la primera temporada, el cual, debo decir, es para mí, hasta aquí, el más débil en lo argumental pero, a la vez y paradójicamente, uno de los más emotivos.  Cumplo en advertir, si no lo han visto, que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA.

Para leer los análisis anteriores, pueden hacerlo aquí.

Para los de The Walking Dead, aquí.

Para los de Fear the Walking Dead, aquí.

Percy

Haciendo honor a su título, el episodio comienza con una función de teatro de sombras (primera vez que se revela al comienzo el porqué de un título): con relato en off como fondo, vemos desfilar imágenes que representan cómo era la vida antes del desastre y cómo se vio transformada después, concluyendo en que lo que fue, para la gran mayoría, el fin del mundo, fue, en cambio, el inicio de uno nuevo para quienes, siendo niños en aquel momento, debieron crecer conviviendo con el apocalipsis.

De inmediato, volvemos al escenario en que habíamos quedado al final del episodio anterior, es decir con aquella misteriosa figura armada con palo y surgida de entre la maleza. Tal como habíamos llegado a apreciar fugazmente, se trata de un joven y sus intenciones no parecen amistosas, ya que permanece en guardia ante el grupo. Felix logra sorprenderlo desde atrás y “desarmarlo” (vamos, Felix, tenía una ramita: no quieras convencerme de tu eficiencia).

Una vez reducido, buscan dialogar y le ofrecen comida, a la cual se entrega con una fruición que revela estar muy hambriento. Su nombre es Percy (Ted Sutherland) y parece dado a relatar anécdotas: entre otras cosas, les cuenta que sus pertenencias le fueron robadas por dos motociclistas llamados Mike y Tony, los cuales, presume, se hallan en una localidad cercana llamada Andersonville hacia la que piensa dirigirse para recuperarlas.

Hope lo mira con desconfianza, pues los tiempos no encajan en su relato y así se lo plantea, por lo que el joven se ve obligado a contar la (supuesta) verdad. Los tales Mike y Tony le han robado su vehículo, un camión cargado de combustible. Para justificarse por su mentira anterior, argumenta haber temido que, sabiendo eso, el grupo buscara deshacerse de él e ir tras el vehículo (recordemos que, en el mundo postapocalíptico, la escasez de automotores y combustibles hace que los mismos sean muy preciados). Sobrevuela, sin embargo, la sensación de que sigue sin decir la completa verdad, a pesar de lo cual Iris se muestra crédula y solidaria en contraposición con la desconfianza de su hermana: se nota que hay alguna conexión con Percy y ello parece molestar algo a Silas aun cuando no diga nada.

Maniquíes y Caminantes

Sea como sea, pacto mediante, el grupo decide acompañar a Percy: lo ayudarán a recuperar el camión siempre y cuando él los acerque a New York.

Al llegar a Andersonville y sin ser vistos, ven pasar el camión por una calle transversal. Más tarde, lo hallan estacionado a la entrada de una tienda de ropa sin conductor alguno al volante. Sin embargo, al mirar dentro del habitáculo, descubren el cuerpo de un hombre muerto, al cual Percy identifica como Tony.

El grupo sospecha que, si tal como parece, Tony ha sido traicionado y muerto por Mike, este último puede, posiblemente, hallarse en el interior de la tienda. Con sigilo, quitan el cadáver y Percy intenta puentear el camión para arrancarlo, pero sin éxito ya que alguien, previendo tal posibilidad, ha colocado una placa sobre los cables: necesitan, según dice, la llave que Mike debe tener en su poder junto a las otras pertenencias robadas.

Dado que no tienen seguridad de que este último se encuentre allí y existiendo el peligro de que regrese, el grupo decide separarse tanto para entrar como para montar vigilancia afuera. Felix y Percy ingresan a la tienda, en tanto que, en el exterior, Iris y Silas permanecen junto al camión, mientras Hope y Elton lo hacen en la acera. A la larga, sin embargo, Silas queda solo en su puesto, pues Iris no puede consigo misma y entra a ayudar, quizás por el vínculo que parece haber establecido con Percy.

Entre Hope y Elton, por su parte, vuelve a surgir la familia de Elton como tema de conversación y ella, en un momento, está a punto de decirle algo, pero finalmente se abstiene. Es difícil de creer que, con lo culposa que es, Hope permanezca mucho más tiempo callada y sin confesarle que fue ella quien mató a su madre.

Dentro de la tienda, entre maniquíes y probadores, se van deshaciendo de algunos zombies que les salen al paso: Percy se ha separado de Felix y se encuentra con Iris, ante la cual también busca una excusa para desprenderse rápido: es obvio que necesita estar solo. Iris le oye gritar el nombre de Mike, seguido de un par de disparos. No hay forma de saber qué pasó, pero tanto ella como Felix van hacia el lugar de procedencia y no hay rastros de Percy: solo más muertos vivientes. Tratando de escapar, Iris cae en un contenedor dentro del cual, entre la basura, emergen más zombies.

A todo esto, fuera del edificio, Silas, atento a los disparos que oyó, no ve cómo, a sus espaldas, el conductor “muerto” revive y, tras hacerse con las mochilas y bártulos de ellos, se sube al camión para ponerlo en marcha (obviamente tenía la llave; digamos que muy bien no habían revisado el cuerpo). Un instante después, recoge a Percy, con lo cual queda en claro que Mike nunca existió y que todo se trató de una trampa urdida para robar las cosas de los jóvenes.

Ir tras el camión es imposible y más aún cuando tienen que rescatar a Iris del contenedor en que ha caído. Felix, en una de sus pocas intervenciones oportunas, elimina un par de zombies que la acechan y logra sacarla. Pero la buena noticia es efímera, ya que, de inmediato, ven acercarse una horda de muertos, seguramente atraídos por los disparos. Cuando ya todo parece perdido, aparece otra vez en escena el camión: Percy les insta a subirse y, acto seguido, se largan de allí atropellando a algunos caminantes.

El Ilusionista

Ya lejos de allí y con la situación más tranquila, se enteran que Tony y Percy son, respectivamente, tío y sobrino que, al parecer, utilizan siempre el mismo modus operandi para robar a otros supervivientes. El grupo, desde ya, les recrimina el haberles robado y abandonado, pero ellos esgrimen, en su defensa, que regresaron para auxiliarles apenas vieron a los caminantes: una forma de decir que son ladrones pero no asesinos, je…

Tony (Scott Adsit) resulta ser un ilusionista que trabajaba en los casinos de Las Vegas (así fue cómo logró fingir su muerte); se halla intrigado por el símbolo que Felix luce en su chaqueta (la insignia de La República), ya que lo ha visto en helicópteros y en el propio camión. Felix no quiere hablar mucho al respecto y Tony le pregunta si ese símbolo, al menos, les será de alguna utilidad cuando las cosas se pongan difíciles, particularmente para llegar hasta un depósito de combustible que, según se deduce de sus palabras, puede estar vigilado por fuerzas de La República…

Ya de noche y con el grupo reunido, Tony les muestra algunas de sus habilidades artísticas ofreciéndoles un espectáculo de teatro de sombras muy semejante al del inicio del episodio. La diferencia es que, esta vez, la historia sigue algo más allá del apocalipsis y finaliza con una flor naciendo entre la destrucción, escena emotiva que conmueve a todos y que representa el renacer de una nueva generación y de un nuevo mundo.

Escena Post – Créditos

Todo parece haber concluido pero, una vez más y tal como ocurriera dos episodios atrás, tenemos escena post – créditos. Volvemos a encontrarnos con aquella misteriosa mujer que realizara estudios con “sujetos de prueba” a los que clasificaba en “A” o “B”. Luego de mantener la vista sobre una foto grupal en la cual aparece Leo Bennett, extrae de un cajón un texto sobre inmunología perteneciente al mismo.

Pasada la portada, hay en su interior una nota de Iris y Hope en la cual pedían a su padre que, una vez que hubiera salvado al mundo, volviera pronto. La mujer sonríe y, en ese momento, recibe un llamado telefónico: ella se identifica como la doctora Belshaw y su interlocutora, a quien no vemos, es la teniente coronel Kublek, cuyo rostro sigue sin reaparecer (insisto: le pagaron poco a Julia Ormond).

Como parte de una conversación en la cual solo escuchamos a Belshaw, esta manifiesta “seguir trabajando en ello” y que “lo tendrá listo para cuando lleguen” (¿habla del grupo de jóvenes?). Asimismo, busca tranquilizar a su superior diciendo que “Leo Bennett no será un problema como tampoco su escolta de seguridad”. Lo último que oímos son gruñidos en el laboratorio, en donde hay algunos zombies encerrados.

Balance del Episodio

Como les decía al principio, este ha sido, quizás, el episodio que menos ofreció desde lo argumental, probablemente porque buscó construir un suspenso que, de momento, no es el fuerte de la serie: debemos tomarlo, creo yo, como un pequeño guiño demagógico hacia el público de la franquicia, ofreciéndoles un episodio más clásico de la misma.

Lo que pasa es que, justamente, lo que da personalidad a The Walking Dead: World Beyond es su parte más reflexiva y filosófica, la cual estuvo aquí algo ausente, a no ser por las escenas de teatro de sombras tanto al principio como al final y a cierta reflexión acerca del desafío de haber dejado la comodidad del Campus para partir en pos de un objetivo. Pero he extrañado esos conceptos centrales sobre los que se articularon los episodios anteriores: dualidad, instinto de protección, autoconciencia. Al privilegiar lo demagógico, este episodio dejó pasar la oportunidad de seguir explorando un camino que se venía revelando como interesante y que, espero, sea retomado pronto.

Tampoco hemos tenido grandes revelaciones del pasado, quizás porque buena parte de la trama estuvo dedicada a presentar dos nuevos personajes. De hecho, no sé si se percataron que Percy y su tío son los primeros humanos “sanos” a los que han encontrado desde el inicio de su viaje.

Por un momento, pareció que íbamos hacia lo que en The Walking Dead terminó, con las temporadas, volviéndose casi lugar común: el grupo de supervivientes que se presenta amistoso pero que esconde algo poco santo. Sin embargo, el hecho de que Percy y su tío hayan decidido regresar con el camión le ha dado un giro a la situación y, al menos, parece presentarnos personajes algo más complejos y hasta contradictorios en su accionar: quizás también queribles, aunque aún no lo sabemos. ¿Se sumarán al grupo o tendrán un paso efímero? ¿Se convertirán en aliados o, no pudiendo con su naturaleza, el escorpión terminará picando a la rana?

La escena post – créditos nos ha revelado algo más sobre la misteriosa doctora Belshaw, pero aún no demasiado: sus frases, al faltar la otra parte del diálogo telefónico, nos suenan todavía algo crípticas y seguimos sin saber qué ha pasado con Leo Bennett o cuál fue su rol en los experimentos que se están realizando bajo supervisión de La República.

Pero al principio del artículo dije algo más: que así como, desde lo argumental, este puede haber sido quizás el episodio más flojo, también fue el más intenso desde lo emocional: los relatos que, al principio y al final, acompañaron la función de teatro de sombras fueron importantes para ello. Bah, no sé: yo, por lo menos, me emocioné…

Y un detalle: nos hemos enterado que Elton lleva su nombre debido a Elton John. ¿Cómo? ¿Que no les importa? De acuerdo, lo siento: a mí me gustó saberlo…

Gracias por leer: será hasta la próxima semana para analizar un nuevo episodio y desbrozar lo que venga. . Hasta entonces y sean felices…

 

 

el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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