Batman: Scratch de Sam Kieth

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De entre los cientos de creadores del mundo del cómic, de vez en cuando surge alguno cuyo estilo único e inconfundible causa atracción o aversión según el sector del público al que se pregunte. Sucedió con los trabajos tardíos del gran Steve Ditko, con el estilo siempre impactante de Bill Sienkiewicz… y también con la obra de uno de los autores más inclasificables del Noveno Arte. Estamos hablando de Sam Kieth, un artista capaz de abandonar un encargo tan rentable y célebre como el Sandman de Gaiman por diferencias creativas, y que creó la serie The Maxx para Image (adaptada más adelante por la MTV) durante el auge de los tebeos independientes en los años noventa.

Su paso por la escena mainstream, sin embargo, ha sido mucho más testimonial, ya que ninguno de sus trabajos ha sabido conectar con el público de la manera que lo hicieron sus series más personales. En DC ha sido el autor completo de varias miniseries sobre el universo de Batman y, de la mano de ECC, acaba de llegar uno de los cómics más extraños en los que aparece el Cruzado Encapotado. Estamos hablando de Batman: Scratch, en el que el autor nos presenta a uno de los antihéroes más raros que jamás hayan pasado por el Universo DC.

La marca del lobo

Zack tiene quince años y, sobre todo, un problema que no le deja descansar: en una de sus manos ha aparecido una gran cantidad de pelo y unas uñas que parecen pertenecer a una bestia salvaje en vez de a un ser humano. Esto es solo el comienzo de sus desventuras: cuando empiece a transformarse en un hombre lobo, abandonará su hogar para ir a vivir con unos desconocidos que también padecen extrañas deformidades. A pesar de haber encontrado una relativa felicidad en este grupo de inadaptados, su vida pronto dará otro vuelco inesperado.

Cuando en el pueblo cercano empiezan a desaparecer niños, todas las sospechas recaerán sobre los marginados con los que se ha mudado Zack. Con la ayuda de estos nuevos amigos y de cierto defensor de Gotham City, el adolescente investigará estos desconcertantes crímenes mientras descubre por las malas que, en numerosas ocasiones, la paranoia ocasionada por una desgracia acaba desembocando en situaciones mucho peores.

Un cuento sencillo y truculento

A la hora de evaluar esta miniserie de cinco números, cabe señalar algo que a muchos les resultará obvio pero que no está de más: esta obra no es para todos, y el estilo completamente libre del autor completo no siempre beneficia al conjunto.

Batman: Scratch tiene numerosos aspectos positivos, entre los que se encuentra una atmósfera malsana y surrealista en la que el humor negro se da cita con un terror más clásico, en la línea de la Coraline de Gaiman, por poner un ejemplo. Ni los héroes son aguerridos defensores de la justicia ni los villanos son terribles, sino que se sitúa en una zona gris que se aleja bastante de lo que se suele esperar del tebeo superheroico. Sus parientes se encuentran más bien en las viejas historias de terror de la ECC y en los cómics de terror de los años setenta que, capitaneados por la Cosa del Pantano de Wein y el Drácula de Wolfman, nos trajeron una generación de héroes muy distintos, tan trágicos como atrayentes.

El principal defecto de esta historieta, titulada en inglés Scratch a secas, es la inclusión forzada de un personaje tan popular como Batman para contribuir al aumento de las ventas. Su escasa presencia da a lo que podría haber sido un exponente bastante aprovechable de folk horror una resolución algo apresurada y, sobre todo, incoherente. Sin embargo, el arte inimitable de Kieth consigue suplir con fuerza las carencias de este guion y narrar una historia sencilla que ninguno de sus lectores considerará una de las mejores de su vida, pero que combina un body horror espeluznante con momentos de quietud y humor que convierten este cómic en un producto recomendable para todas las edades. Quizás los adolescentes inmersos en plena pubertad, teniendo en cuenta la clara analogía que plantea el autor, disfruten más que el resto de sus lectores.

Conclusión

Ochenta años de Marvel y DC dan para muchos conceptos y personajes inexplorados que, por el conservadurismo de buena parte de los fans y la alergia al riesgo de las editoriales, cogen polvo en una estantería mientras se anuncia la enésima serie de Batman o Spiderman. Los Guardianes de la Galaxia ya nos dieron una sorpresa en el cine y, aunque esta primera aventura de Zack no sea todo lo redonda que podría haber sido, es imposible no pensar que se trata de una propiedad algo desaprovechada cuando no se ha vuelto a saber del pobre chaval desde el 2004. Si un artista como Kieth volviera a este personaje, el resultado final podría ser más o menos recomendable, pero es seguro que sería distinto al resto de productos clónicos del mercado.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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