Perdón si empiezo este artículo con un grito, pero: ¡QUÉ SERIE, JODER! Así, con mayúsculas, con la cara desencajada y el corazón rebotando como pelota de goma contra la pared del salón. Porque lo que ha hecho Clevatess: El Rey de las Bestias Demoníacas y el Bebé de las Narices (vale, el título es un poco más largo, pero estoy borracho de emociones) no es simplemente entrar en la parrilla de anime de este julio de 2025. No, no, no. Ha irrumpido como un oso cabreado en una tienda de porcelana. Y nos ha dejado a todos con la mandíbula en la acera.
Os cuento: esto no va de héroes de pelo de colores chillando por la amistad. Esto va de una criatura, una cosa descomunal, peluda, siniestra, imponente, a la que llaman Clevatess (nombre de señor que te arranca el alma con la mirada). Este bicho, que debería ser el villano de la historia, se encuentra —por cosas del destino o del guionista con complejo de Shakespeare— con un bebé. Un bebé humano, frágil, rosado, blandito. Y en vez de comérselo con sal y pimienta… ¡decide cuidarlo! Porque claro, ¿por qué no traumatizar al espectador desde el minuto tres?

El primer episodio me dejó seco. El segundo me hizo beber. El tercero me hizo hablarle a la tele. Y el cuarto ya ni os lo cuento porque empecé a cuestionarme si tenía alma. Esto es El Rey León mezclado con Berserk, pero dibujado por alguien que ha soñado con demonios japoneses y con la pérdida de la inocencia en el mismo trago de sake.
Visualmente es una locura. Cada fotograma tiene alma, sombras, rugidos. El estudio Lay-duce se ha dejado la piel (y probablemente media cordura) para construir un mundo que no es bonito, no. Es cruel, es oscuro, es jodidamente hermoso en su brutalidad. Y los combates… Madre mía los combates. Si no se te encoge algo (el corazón o las tripas, tú eliges), revísate el pulso.
Pero lo que de verdad me ha roto, y me ha roto bien, es la humanidad escondida tras tanta garra. Este anime habla del instinto, del amor inesperado, de la violencia como herencia maldita, y de cómo incluso el ser más monstruoso puede querer proteger lo más débil. Clevatess no es un protagonista. Es una tragedia ambulante con forma de leyenda.
Y a mí, que ya estoy de vuelta de todo, me ha desmontado. Me ha hecho sentir algo real, algo sucio y puro a la vez. Clevatess no es una serie. Es una herida abierta que sangra ternura y desesperación a partes iguales.
Id a verla. No. Id a vivirla. Porque esto no se ve, esto se sufre. Y si no os remueve por dentro, quizá el monstruo… sois vosotros.




Maravillosa critica, también he disfrutado esta primera temporada, que vi por casualidad y espero seguirla desde ya. Personajes muy bien construidos y que enamoran en un mundo hostil, crudo y fantástico
Gracias Mario 😉