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Crítica de Bohemian Rhapsody: La experiencia Queen

Bohemian Rhapsody es una buena película, pero brilla mucho más como una celebración de Queen que como biopic de su legendario vocalista. Esta declaración puede parecer algo superficial, pero si tenemos en cuenta que hablamos de un proyecto que lleva 8 largos años de producción y cuyo director y actor principal han cambiado durante su desarrollo, decir que es un logro que no se haya convertido en un rotundo desastre es quedarse corto. Sin embargo, aunque el nuevo director Dexter Fletcher, que sustituía a Brian Singer, ha realizado un trabajo encomiable no nos encontramos ante una película redonda sino más bien ante una genial experiencia musical algo predecible que se queda corta a la hora de profundizar en sus personajes protagonistas.

La película, enmarcada en el Live Aid de 1985, nos hace una retrospectiva del trayecto de la banda británica desde sus inicios a principios de los 70 cuando el joven inmigrante Farrokh Bulsara conoce al guitarrista Brian May y al batería Roger Taylor y su ascenso meteórico, caída y resurgimiento en aquel legendario festival, con una actuación que cautivó a toda una generación. En el ínterin, el filme alterna entre dos tramas principales: por un lado la historia sentimental del ya rebautizado Freddie Mercury con su esposa Mary Austin y como el reconocimiento de la homosexualidad de este afecta a sus vidas. Por el otro lado está la historia de la banda, centrada a diferencia de otras películas del mismo género no en el duro camino hacia el éxito, sino en su original y revolucionario proceso creativo y haciendo de la génesis de temas tan míticos como ‘We Will Rock You’, ‘Another One Bites the Dust’ y por supuesto la titular ‘Bohemian Rhapsody’ un elemento clave de la historia.

A nivel actoral, Rami Malek pone toda la carne en el asador y brilla con luz propia en el papel de Freddie Mercury, regalándonos una interpretación llena de ímpetu tanto dentro como fuera del escenario. El trabajo de caracterización es impresionante, desde la prótesis dental que lleva durante todo el metraje hasta los movimientos, poses y gestos que imita de forma magistral, amén de la camaleónica galería de vestimentas y aspectos que luce a lo largo de la cinta. Por desgracia el resto del elenco, aunque igualmente bien caracterizado, resulta una mera comparsa. Si bien es cierto que la relación dentro de la banda esta bien explorada, siendo sus rencillas internas lo que impulsa su creatividad, poco o nada hay más allá de algún dato superficial sobre quién compuso qué, sus trayectorias profesionales o parejas sentimentales. Aparte de la Mary de Lucy Boynton (con la que Malik comparte las mejores escenas sentimentales del metraje) el resto de los personajes secundarios cumplen con solvencia su papel, pero no resultan ser más que ruido de fondo.

Había dudas, a raíz del material promocional, de que los temas más polémicos de la trayectoria vital de Mercury, como su sexualidad o su batalla contra el VIH se escamoteasen. Me alegra poder decir que eso no es así. La película trata tanto sus relaciones con otros hombres como su uso de sustancias y la tragedia personal que supone el virus de SIDA tan explícitamente como lo puede hacer un biopic de estas características. Aún así, a pesar de que la cinta intenta tocar estos matices con respeto y sutileza, no profundiza en ellos, dándonos una imagen algo desdibujada de la vida personal de su protagonista, algo que junto a las inevitables licencias creativas (desde como los personajes se conocen hasta esa breve ruptura de la banda que, hasta donde sabemos nunca existió) sin duda decepcionará a aquellos que busquen una recreación fidedigna de la vida del artista. La estructura en tres actos que sigue la trama con ese ascenso, caída y redención tanto del cantante como del grupo resulta emocionante, pero es difícil ignorar la sensación de que estamos ante un producto suavizado y estereotipado, perfectamente adecuado al público generalista pero que hace un flaco favor a la complejidad real de sus protagonistas.

Pero como ya indicaba al principio, la película tiene dos vertientes, y es la de la música la que la eleva y la convierte en algo superior al conjunto sus partes individuales. Queen es mucho Queen y es difícil no sentir un nudo de emoción en el estómago cada vez que oímos los acordes de uno de sus legendarios temas o contemplamos las maravillosas recreaciones de los conciertos. Aquellos más interesados en el aspecto biográfico de la cinta se sentirán decepcionados por la cantidad de metraje que abarcan los números musicales, pero hay que admitir que la película es una maravillosa representación de la experiencia que evocaba la banda en su época de gloria, y se podría afirmar que la genial (si bien abreviada) recreación de su actuación en el Live Aid durante el clímax vale por si sola el precio de admisión.

En conclusión, Bohemian Rhapsody no es ni mucho menos el biopic definitivo. Habrá muchos que lamentarán los convencionalismos por los que se rige, pero incluso cojeando en lo referente al rigor histórico y a la profundidad de sus personajes, estamos ante una película emocionante, divertida y de ritmo dinámico que nos ofrece una experiencia auditiva excelente, en especial en ese emocionante clímax final. Puede que algún día tengamos una recreación más fiel de la intrahistoria de Queen, pero hasta entonces esta película servirá dignamente de aproximación para las nuevas generaciones a una de las mejores bandas de rock de la historia.

Álvaro Pachehttps://www.clippings.me/kreidart
Graduado en Estudios Ingleses por la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado a la literatura, el arte, el cine y el mundo de los videojuegos, con una especial predilección por el género de ciencia ficción en todos los medios.

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