Crítica de Crónicas de Navidad (2018): estreno de Netflix que llega demasiado pronto

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Algún día habrá que hacer algún artículo sobre cómo la Navidad empieza a celebrarse cada vez con mayor antelación. Quizás por influencia norteamericana, quizás por otros motivos, el ambiente festivo se adelanta a su supuesta fecha de inicio, el 24 de diciembre. Esto tiene consecuencias positivas, sobre todo para los propietarios de supermercados y grandes almacenes, pero perniciosos efectos sobre la programación televisiva, incluso en el mercado del vídeo bajo demanda en el que Netflix es el rey. Uno de ellos es el estreno a destiempo de Crónicas de Navidad, una película que habría sido mucho más soportable de haberse estrenado el 20 de diciembre.

Fuera de casa por Navidad

Seamos justos: la película no pretende en ningún momento pasar a la posteridad, sino ofrecer un entretenimiento inofensivo y adecuado para toda la familia, sin demasiadas salidas de tono, y con una moraleja fácil de digerir. Esto lo consigue sin resultados espectaculares, pero sobresaliendo sobre sus competidores en algunas ocasiones, como en su sorprendente primera escena. A partir de aquí, sin embargo, este producto va cuesta abajo.

La cinta cuenta la historia de Teddy y Kate, dos hermanos cuyo padre ha fallecido recientemente, y que están empezando a distanciarse. Para colmo de males, él empieza a meterse en líos y a cometer pequeños delitos, mientras que su madre pasa demasiado tiempo en el trabajo para mantenerlos. Todos los años anteriores han celebrado la Navidad en familia… pero, durante estas fiestas, ni siquiera tienen las luces puestas. Algo que, para las familias americanas de las películas, es el equivalente a una tragedia.

Sin embargo, esta lamentable situación cambiará en cuanto Kate observe a Papá Noel en una de las grabaciones de su cámara, e intente captarlo otra vez. Cuando esto suceda, y los incrédulos hermanos se cuelen en su trineo, acabarán provocando un accidente que hará que Santa Claus pierda su gorro mágico y, con él, sus poderes. Ahora, deben encontrar a los renos perdidos, su gorro y su saco… o el espíritu de la Navidad acabará descendiendo. Y esto, aparentemente, crispará tanto los nervios de la población que podría provocar una guerra mundial. Sí, eso insinúa la película.

Un Papá Noel ligeramente distinto

Hay que dejarlo claro desde el primer momento: lo más destacable del filme es la interpretación de Kurt Russell como Santa Claus, en la que el veterano actor le da vida a un San Nicolás tan bonachón como siempre, pero con un toque inconfundiblemente suyo: se trata de un Papá Noel muy moderno, que se queja de su versión tradicional, llegando a equipararla con las fake news, y al que le encanta la música rock. Cabe preguntarse cuánto habrá cobrado por aparecer en esta película, pero lo que no admite réplica es que se lo ha pasado de miedo prestándole sus rasgos al popular personaje. Alguna escena absurda le hará abrir los ojos con incredulidad a más de uno, pero siempre junto a una sonrisa o una carcajada, sobre todo si se conoce la trayectoria del actor.

En cuanto a la historia, no hay mucho que decir. Se trata de una trama mil veces vista, sin ningún momento impredecible más allá de un par de coqueteos con el género de metraje encontrado, y que seguramente sirva para distraer a los más pequeños durante una hora y media. Hay un par de subtramas que involucran a secundarios como los agentes de Policía que confunden a Papá Noel con un secuestrador, y que logran proporcionar un par de momentos de relativo peso dramático, buscando la lágrima fácil en estas fechas.

Por lo tanto, a pesar de la desconcertante y desternillante interpretación del hombre detrás de Jack Burton, se trata de una de esas películas que no nos importaría que jamás hubiera existido. Quizás esté siendo más duro de lo que debería, dado que no formo parte de su público objetivo, pero el cine infantil nos ha dado obras tan cuidadas y accesibles a adultos que esto ya no es excusa. Además, la aparición de personajes tan horriblemente diseñados como los duendes del Polo Norte, animados con un CGI mediocre, acaba por condenar a este filme. Sin embargo, su calidad no es su mayor problema.

Conclusión

Aunque pudiera parecer lo contrario, Crónicas de Navidad no es una película especialmente mala. Es una de esos largometrajes mediocres pero entretenidos que, si pusieran por la tele un 25 de diciembre, muchos nos tragaríamos sin demasiados problemas. De hecho, si hubiera visto este filme en esas fechas, mi crítica habría sido mucho más positiva. Habría que preguntarse, entonces, si la estrategia de Netflix ha sido la adecuada. Teniendo en cuenta la amplia oferta de su catálogo, con obras de mucha mayor calidad, quizás habría sido más inteligente dejar este estreno para después. Pero, claro, esta no es una de esas películas que necesitan contentar a la crítica, sino camelar a los niños y conseguir que sus papás soporten la experiencia. Y, con este Kurt Russell, las risas están aseguradas. Pero tampoco muchas.



el autor

Periodista en cuarto de carrera. Redactor en en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de un blog donde publico mis proyectos.

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