Crítica de Dark, temporada 3: Cierre brillante con algunas preguntas

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La última temporada de Dark termina de confirmarla como una de las grandes series no solo de Netflix sino también de los últimos tiempos y arroja certera luz sobre muchos de los interrogantes que nos ha ido presentando, aunque no a todos.

Debido a que, por cuestiones personales, mi compañero Mario Losada no estará disponible en estos próximos días, he asumido la difícil responsabilidad de continuar su trabajo en esta tercera temporada y esperando estar a la altura. Les dejo aquí su análisis de la segunda temporada.

Y llegó el final de Dark. En una temporada con puntos tanto a favor como en contra, la exitosa serie alemana ha tenido un gran cierre sin perjuicio de haber dejado, por el camino, unas cuantas preguntas sin responder: algo común cuando se construye una historia tan compleja.  Cumplo en avisar, por cierto, que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA, por lo cual no recomiendo seguir leyendo si aún no se ha visto la temporada final.

Si ya era complicado seguir a personajes que tenían varias versiones temporales, en esta temporada se agregan, además, sus versiones alternativas al introducir también universos paralelos. Ello también deviene en que a los cuatro métodos que ya conocíamos para viajar en el tiempo (la cueva, la máquina de Tannhaus, la silla de Noah y la máquina Ariadne vinculada a la “partícula de Dios”) se incorpora también un quinto que permite moverse entre universos paralelos, consistente en una pequeña esfera mecánica a la que llaman el orbe.

En efecto, la gran novedad de los universos paralelos nos llega desde temprano, pues habíamos visto sobre el cierre de la temporada anterior, a Adam (es decir Jonas en su versión “anciana” y con el rostro desfigurado) dando muerte a Martha (Lisa Vicari) en presencia de un anonadado Jonas en versión joven (Louis Hofmann) y pretendiendo así destruir el nudo que ha dado lugar a tanto desmadre en el tiempo. Ello, sin embargo, no ocurre (Jonas sigue existiendo) y, además, la propia Martha se presenta en el lugar ante un incrédulo Jonas que la está viendo muerta sobre el piso (la expresión de no entender qué pasa es una constante en su rostro durante toda la serie). Pero, claro, no se trata de la misma y yaciente Martha sino que la recién llegada proviene de un universo alternativo y es allí adonde transporta también a Jonas valiéndose, para hacerlo, del orbe antes mencionado.

Tierra 2

En el universo paralelo las cosas son bien distintas: allí el viaje de Mikkel hacia el pasado nunca se produjo y si han seguido la serie recordarán que, precisamente, ese hecho tuvo que ver con mucho de lo que vino después. O antes, no sé: los viajes en el tiempo me marean un poco, pero la cuestión es que allí, como es lógico, Jonas no existe ya que siendo hijo de Mikkel y de Hannah, su nacimiento nunca se produjo. Ulrich, además, no es pareja de Katharina (la abandonó) sino de Hannah y ello también deriva en una serie de cambios en las configuraciones familiares, cuya naturaleza, por momentos, se nos escapa. Por alguna razón, en ese mundo Elisabeth no es muda y en cambio sí lo es su hermana mayor Franziska (parece que alguna de ambas tenía que serlo sí o sí), del mismo modo que Magnus es casi un heavy metal y, a pesar de tener diferente madre, es prácticamente igual al otro solo que con el pelo negro y más largo.

No quiero ser demasiado engorroso con los detalles porque la idea no es convertir el presente artículo en una reseña (tarea casi demencial que puede devenir en cuadriplejia o autismo) sino más bien en un análisis, así que vayamos a algunos puntos concretos. La función de viajero que Jonas ha venido desempeñando en su universo (al cual, a los efectos de hacer las cosas más fáciles y ya que algo de cómic hemos leído, llamaremos Tierra 1), es cumplida en el otro (Tierra 2), aunque en sentido inverso, por la propia Martha, de quien pronto descubriremos que anda también dando vueltas una versión más anciana. Ah, no solo eso: también hay dos versiones temporales de la Martha joven pues la que vive allí, obviamente, no conoce a Jonas y aún no ha ido a buscarlo a Tierra 1. La que lo llevó allí es, por lo tanto, una versión levemente futura.

Hegel y Nietzsche

Así como el Jonas desfigurado (Adam) está queriendo destruir el nudo, por el contrario la Martha anciana (Eva) se empeña en mantenerlo. Ello nos lleva a una cantinela repetida episodio tras episodio hasta el punto de lo insufrible: que, a la larga, todo va a ocurrir de un modo u otro (el apocalipsis, muy especialmente) y que todo está conectado; por más que uno grite que ya lo entendió, siempre vuelve el mismo “speech“.

Es que toda la serie, de algún modo, termina por ser un enfrentamiento entre Hegel y Nietzsche, casi un compendio de la filosofía alemana. O somos parte de algo más grande que no controlamos o bien todo se origina en un gran disparate que ha traído consecuencias y al cual tendemos a ver como “el origen”. El eterno retorno, ya que hablamos de Nietzsche, está, de hecho, bien presente en las tres temporadas. Es la serpiente que se come a sí misma: es el uroboros, tal como queda patente en círculos viciosos que, por definición, no podemos saber cómo empezaron. Tannhaus, por ejemplo, ha creado una máquina del tiempo, pero ha logrado activarla gracias a un teléfono móvil venido del futuro. Ah, y tu madre puede ser tu hija, pero volvamos a las revelaciones de esta temporada…

Tres sujetos con una marca sobre el labio se dedican a recorrer el tiempo encargándose de eliminar a todos aquellos que pongan en peligro el nudo temporal y hasta se permiten quemar una pintura de Rubens, supongo que porque no les gustaba. Luego nos enteramos que son enviados, justamente, por Eva para frustrar los planes de Adam pero que, además, no son tres sino más bien tres versiones temporales del mismo: niño, adulto y adulto intermedio. ¿Por qué tres? Es un gran misterio; supongo que para que funcionen como banda, aunque bien podría Martha haberle conseguido un par de ayudantes y así no provocar conflictos de personalidad en ninguno de ellos, máxime considerando que allí hay un niño. O quizás haya alguna simbología religiosa (algo que también se repite a lo largo de la serie) en relación con la Santísima Trinidad y la célebre duda irresoluta acerca de si son tres o es uno.

Pero todavía hay un detalle extra en relación con el triple sujeto temporalmente disociado: hacia el final de la temporada sabremos que es en realidad el hijo de Jonas (Tierra 1) y Martha (Tierra 2), el cual nacerá luego de un embarazo interdimensional. Y pensar que decían que la Inmaculada Concepción era complicada.

Si hasta aquí la batalla entre los dos mundos ( o mundus, no sé) es difícil, tenemos que agregar que hay también una Tierra 3. O Tierra Cero, vaya uno a saber, porque en realidad es la del origen y, como tal, de algún modo, la verdadera. De ello nos enteraremos por Claudia Tiedemann, otra que tiene más de una versión temporal, aunque nunca sabremos cómo fue que ella se enteró: tendremos que confiar en que, siendo también ella una viajera compulsiva, ha adquirido en su periplo por la eternidad la suficiente experiencia como para que, simplemente, creamos en su palabra.

El Origen de Todo

La cuestión, a fin de cuentas, es que todo se originó en aquella fatídica noche de 1971 en la cual el físico H.G. Tannhaus perdiera a su hijo, nuera y nieta en un accidente. Hasta entonces, todo indica que había un único universo. Pero el dolor de Tannhaus lo llevó, quince años después, a inventar una máquina del tiempo para salvarlos del accidente y allí fue cuando el hombre hizo lío, pues generó un error en la matrix que devino en la creación de otros dos mundos. Allí estaba, entonces, el inicio del problema y no, como Adam creía, en el hijo que espera Martha. Es decir que tenemos tres universos diferentes que dan sentido al simbolismo de la trinqueta exhibido durante toda la serie. La única forma de restablecer las cosas y terminar con tanto desmadre es cambiando el episodio que dio origen a todo, lo cual en lenguaje de viajero del tiempo significa salvar a la familia de Tannhaus del mencionado accidente.

Nos puede invadir ante ello la pregunta de cómo puede ser tal cosa posible cuando, a fuerza de tanta repetición, nos han hecho aprender de memoria que, a la larga, nada puede cambiarse sino que todo lo que hagamos confluye siempre hacia lo mismo, pero aquí empezamos a entender que eso ocurre solo en los otros dos mundos, no en el de origen, en el cual sí sería posible cambiar el pasado y, por ende, el futuro. Adiós, Hegel: eres un fracaso; no somos esclavos de nada.

Por lo tanto, la misión final de Jonas y Martha será esa: evitar que el accidente se produzca. Si logran salvar a la familia de Tannhaus, le habrán evitado a este último el dolor que lo llevará a fabricar la máquina del tiempo. Fue inevitable que se me cruzara por un momento la imagen de Julián y Maite (los que hayan visto El Ministerio del Tiempo sabrán de qué les hablo) aunque el resultado va a ser distinto. En una tormentosa noche, Jonas y Martha logran convencer al hijo de Tannhaus de que el puente está roto, lo cual lo hace desistir de seguir adelante regresando así junto a su padre. El nudo está deshecho: ya no nacerán otros dos mundos.

En el medio, Jonas y Martha han pasado por una especie de limbo interestelar y, ya que menciono esa palabra, hay una escena de la cual no llegué a determinar si es o no homenaje a la película de ese título (Interestelar, de Christopher Nolan, 2014) que es cuando, mirando hacia el interior del ropero, una pequeña Martha dice ver a un muchacho triste que no es otro que Jonas; pero bien, ya sabemos que los roperos siempre conducen a mundos paralelos y si no lo saben es porque nunca fueron a Narnia.

Un Mundo, no Tres

La cuestión (no sé cuántas veces dije ya esto en el artículo, pero es que siempre hay una más) es que todo volvió a la normalidad, sacrificio mediante de la pareja, obviamente, pues una vez evitado el accidente, ellos mismos dejarán de existir no sin antes soltar un par de frases existencialistas referidas a su propia fragilidad: la insoportable levedad del ser, diría Kundera.

Acto seguido y como si se hubiera producido un chasquido de Thanos, todos aquellos cuya existencia estaba atada a los sucesos posteriores al accidente se van deshaciendo uno tras otro.

El futuro ha sido alterado y ya no habrá tres mundos: ganó Nietzsche. La escena final incluye una reunión familiar en la cual vemos que solo han quedado aquellos cuyas vidas eran independientes del hecho alterado y, por primera vez en toda la serie, los personajes ríen: quizás en Tierra Tres sí había humor. Bah, ya no es Tierra Tres ni tampoco Cero: es la única. Se cruzan, sin embargo, algunos déjà vu en los diálogos de los comensales, lo cual hace pensar que algún residuo han dejado los mundos desaparecidos. Inclusive, en un último detalle innecesario para un gran episodio, nos enteramos que Hannah está embarazada y que llamará a su hijo Jonas, dejando así el cierre abierto a nuestra interpretación: ¿es casualidad u otro déjà vu? ¿O acaso todo el ciclo comenzará nuevamente y, en ese caso, el nudo no ha sido deshecho? (¿ganó Hegel entonces?).

Balance Final

Primero y principal: hemos terminado, sin duda, de ver una gran serie pero, como dije al empezar, ello no va en desmedro de que hayan quedado preguntas sin respuesta.

¿Cómo hizo Claudia para saber sobre la existencia del mundo de origen? Tal como antes hemos señalado, en ningún momento se ha explicado.

¿No suena algo excesivo que los viajes en el tiempo tengan que desarrollarse a partir del dolor de un único ser humano? Si el principio físico existe, ¿nadie nunca lo descubrirá ni lo intentará?

Supuestamente Tannhaus logró desarrollar los viajes gracias a un teléfono móvil llegado desde el futuro. Es un círculo vicioso desde ya, pero… ¿cómo llegamos a eso? Si aparentemente el problema se origina cuando Tannhaus construye su máquina del tiempo, allí está quedando un bucle no explicado que también forma parte del origen.

¿Qué es exactamente el apocalipsis? ¿Cuáles son sus límites? No hemos visto otro sitio arrasado más que Winden e incluso la destrucción allí parece más corresponderse con un Chernobyl que con esa gran esfera de materia oscura a la que vimos arrasar con todo. Solo se aprecian algunos autos quemados, muebles destruidos y una zona vallada que es vigilada por personal armado en tanto que grupos de supervivientes, también armados, rondan los bosques linderos.

¿Por qué el rostro de Adam está tan desfigurado? Aparentemente y según se nos explica, ello es producto del deterioro físico que le han causado sus constantes viajes en el tiempo. Pero entonces, ¿por qué Martha, en su versión Eva, no sufre el mismo problema?.

¿Por qué el hijo de Jonas y de Martha se mueve por el tiempo en formato triple? Ya hemos hablado antes al respecto y tampoco hay respuesta a la vista.

Creo que el hecho de que nos surjan tantas preguntas es casi un correlato de la misma complejidad que han buscado imprimir a la trama, al punto que el propio Louis Hofmann, quien interpreta a Jonas, ha declarado recientemente que tampoco él entiende del todo lo que ocurre en la tercera temporada. De hecho, y a diferencia de temporadas anteriores, en esta hay reiteradas explicaciones, ya sea de boca de Eva, de Tannhaus en versión joven o de locución en off.

Quizás deberían haberse dedicado desde el primer episodio de la temporada a comenzar a cerrar los interrogantes que habían ido quedando por el camino; de ser así, no se habría acumulado tanto para ser resuelto en poco tiempo. Me pregunto si no hubiera sido mejor que nos presentaran, por ejemplo, la Tierra 2 ya desde la mitad de la temporada anterior.

Pero, en fin, si algo no tiene sentido es hablar de la serie que a uno le hubiera gustado pues, en definitiva, solo tenemos a la vista la que terminamos de ver hace unos días. Y ha llegado el momento de decir que, aun a pesar de todas esas preguntas sin respuestas, Dark ha sido una gran serie (ok, ya lo había dicho, pero lo repito).

Nos ha dado una estética increíble, una trama bien enrevesada que nos ha sacado por completo de cualquier estructura lineal y que nos ha mantenido pendientes, además de un elenco que se ha lucido en su totalidad, sobre todo considerando que la mayoría de ellos han tenido que interpretar diferentes versiones de sí mismos.

Y creo que merecen un párrafo aparte los simbolismos, magníficamente manejados a lo largo de toda la serie. Entre ellos, esos objetos que, cual mudos testigos de la historia y de los viajes en el tiempo, están en los tres mundos: tal es el caso de la medalla de San Cristóbal que, entre tantos cambios de manos que ha sufrido, termina representando el amor entre Jonas y Martha.

Otro tanto puede decirse del impermeable amarillo: puede usarlo Jonas o Martha, así como estar sobre un sillón a la espera de que alguien se lo ponga, pero también sobrevive a los tres mundos. Y a propósito: ¿es esa prenda un homenaje a It, otra historia sobre niños desaparecidos o mutilados? No sería extraño si se piensa que también en el primer episodio de la tercera temporada hay un claro homenaje a Stephen King cuando por detrás de Magnus y Martha de Tierra 2, se ve a dos niñas gemelas que remiten claramente a las de El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980).

Los homenajes cinematográficos, de hecho, abundan a lo largo de la serie, como el traje de esqueleto de Mikkel que es fácil de relacionar con Donnie Darko (Richard Kelly, 2001), película que también tenía que ver con viajes temporales y agujeros de gusano. Y ya he mencionado la referencia a Interestelar, si es que realmente lo fue y creo que sí. No deja de ser una paradoja que muchos elogien a esta serie por alejarse de los clásicos patrones norteamericanos cuando, sin embargo, homenajea permanentemente a las realizaciones de dicho origen, de las cuales se nota que han bebido, y mucho, los creadores Baran bo Odar y Jantje Friese. Los años ochenta, claro, son otra referencia constante ya que, en la banda sonora, su música ocupa un lugar preponderante en contraposición a las otras épocas visitadas.

En el balance, y por lo menos en mi opinión personal, la tercera no ha sido la mejor temporada (creo que lo sigue siendo la primera), pero al ver cómo la han cerrado, creo que ha terminado por ser más que digna y acorde a la excelencia general de la serie.  Y no deja de ser un gran acierto el que hayan decidido cerrarla en lugar de convertirla en otra Perdidos a través del mecanismo artificioso de complicar la historia cada vez más. ¿Estoy diciendo entonces que el último episodio salvó la tercera temporada? No: suena a demasiado y, después de todo, los caminos que la misma nos ha hecho recorrer son los que, en definitiva, nos condujeron al final, aun cuando la última escena, para mí, no haya estado a la altura. Pero sí es cierto que ese último episodio nos ha dado un fuerte golpe emotivo.

En concreto:

¿Ha sido Dark una gran serie?  ¡Sí!  ¡Ya lo dije tres veces!

¿Es una de las mejores series sobre viajes en el tiempo que se hayan hecho? Seguramente.

¿La mejor? Hmm… creo que no, pero si digo más estaría espoileando un artículo futuro que tengo en mente. Si a los showrunners les perdonan los cliffhangers, no veo por qué a mí no.

Hasta la próxima. Sean felices…

 



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

6 comentarios

  1. Muy pero muy buena tu nota y análisis. Agradezco los detalles cinematográficos que me haces notar. Estoy de acuerdo en tus preguntas pendientes. Me las hice también pero bueno todo no se puede. Y sí la escena final creo que fue casi innecesaria pero habran querido decir… y todos felices comieron perdices! Jajajaa!! Espero tu próxima nota intrigada.

    • Rodolfo Del Bene el

      Hola Analía:
      Gracias por comentar y especialmente por el concepto. Me alegra que te haya gustado la nota y también que nos hayamos hecho las mismas preguntas: es decir, me alegraría mucho más si no tuviéramos preguntas, jaja, pero al menos me das la tranquilidad de que no son cosas que yo particularmente no haya entendido (uno siempre tiene ese temor y más cuando se trata de una serie de trama tan compleja donde se te pueden escapar detalles). Y sí, la escena final fue casi fuera de lugar con respecto al clima que tuvo toda la serie, jaja… es verdad lo que dices.
      Gracias una vez más y que andes bien!

  2. Excelente nota! No es una serie simple para reseñar o analizar. Creo que hay muchos guiños y homenajes y que muchas veces por prestarle atención a la trama o a ver quién es quién a través de los tiempos, o mundos, pasan desapercibidos.
    Creo que hoy por hoy es muy complejo para los guionistas, una vez que la serie funciona, darle un cierre que le guste al público y sea dentro de todo coherente. Dark lo logró. Uno no se queda diciendo que final espantoso, sino que se permite repreguntarse cuestiones que no se resolvieron (y que quizás no cambie el resultado), elegir mejores escenas y demás (como todas las vueltas que da la medalla)…

    En fin, siento esa especie de vacío que llega cuando uno termina un viaje que se disfrutó.

    Saludos!!!!!!

    • Rodolfo Del Bene el

      Hola Victoria:
      Muchas gracias por leer, por comentar y por el concepto. En efecto, es muy difícil reseñarla debido a la cantidad de variantes y quiebres que va proponiendo. Y creo que en su misma complejidad se halla, tal como dices, la causa de que se nos escapen ciertos detalles ya sea estéticos, de homenaje, guiño, etc. No tengo la menor duda de que un segundo visionado ampliaría todavía más el arco, así que quizás algún día lo haga. Con respecto al vacío del que hablas es lógico y allí ayuda el hecho de que la serie haya sido corta y ya resuelta; si la hubieran hecho muy larga o la hubieran querido hacer cada vez más compleja de modo artificial, posiblemente no la extrañaríamos una vez finalizada.
      Gracias por tu aporte. Un saludo y que estés bien!

  3. Creo que el final de la cena alegre nos enseña que Jonas siempre tuvo razón en el querer romper el nudo a pesar de significar anular su propia existencia.

    El por qué la cena es alegre es porque el mundo original, el cero, a pesar de sus virtudes y defectos, es el único indeterminado, donde existe el libre albedrío y donde son posibles todas las consecuencias de alegría y tristeza que las decisiones azarosas o meditadas pueden generar. Es, incluso, modificable por interferencias de otros mundos “derivados”.

    En cambio, los mundos que se crean a partir de este mundo cero son copias que carecen de este azar, son deterministas y las decisiones y actos no son determinados por las emociones de quienes los habitan sino que son impuestas por las interacciones naturales del mundo original. Para que no nos perdamos, las relaciones personales entre los personajes están establecidas en otro mundo, en los mundos copiados el amor no existe porque no es posible que surja, está determinado por los sentimientos ajenos de otro mundo, por lo que predomina en estos mundos copiados es la seriedad, la nostalgia, los conflictos y el inconformismo. Sumemos a esto que la lógica del universo indica que estos mundos son copias incompletas, imperfectas, porque son derivados del original y no todos los elementos del original pueden ser copiados exactamente, digamos que en el proceso se pierden algunos átomos, se pierde información, por lo que las leyes físicas del mundo original, a través de digamos ondas intermundus, introducirá elementos irracionales a las copias (máquinas del tiempo, paradojas, etc) para que de alguna forma se complete la información faltante que permitirá que estos mundos mal copiados sean una copia exacta y así poder replegarse sobre el mundo original. Es decir, eliminar la entropía de la copia respecto del original y permitir unirlos sin que haya “un apocalipsis”, un colapso caótico de los mundos, un rompimiento explosivo de los tres mundos, el rompimiento del nudo de manera violenta y destructiva (un big bang dimensional).

    La imposición de ajustar los mundos derivados para que sean copias exactas del mundo original la vemos a través de los distintos personajes que viajan a través del tiempo “encajando las piezas” para intentar reproducir el ciclo que les asegure la existencia que ellos creen que deben tener ya sea porque quieren recuperar lo que creen que han perdido, porque quieren asegurarse de vivir las experiencias que se fijarán en sus recuerdos más preciados o porque quieren vivir lo que ellos creían que vivirían y que les ha sido arrebatado. Pero como son copias inexactas, carecerán del conocimiento necesario para siquiera saber qué es lo que se debe hacer y caerán en un ciclo sin fin de oposición y sufrimiento, en el enfrentamiento de ambos mundos guiados por protagonistas con roles antagónicos tanto en deseos como en conocimiento porque ambos estarán tirando dados para suplir la falta de información.

    Conciente de esta dicotomía eterna, en que todos pretenden tener la razón sobre lo que se debe hacer para ser felices, sin importar los efectos sobre los demás, llevará a Jonas a entender que romper el nudo es romper el sufrimiento, pero no es posible hacerlo sin saber como. Mientras que Martha entenderá que mantenerlo es la solución. Es decir, dos mundos calculando la ruta al equilibrio original. Por eso, la solución solo puede emanar del mundo original hacia las copias y solo cuando este conocimiento es traspasado es que vemos cambios en el ciclo condenatorio de los viejos Jonas y Martha que al abrazarse finalmente entienden que eran esclavos de una ecuación incompleta que se compensaba y anulaba mutuamente de manera infinita.

    Jonas y Martha cruzan al mundo original, lo alteran y desaparecen con la ilusión de que de alguna manera serán felices, al menos otra versión de ellos. La cena feliz, con referencia a nuestro mundo (el intento de contar el accidente del ojo) nos da esperanza de que el futuro es impredecible y por tanto sus habitantes son libres.

    • Rodolfo Del Bene el

      Hola Donmelan:
      Gracias por comentar y por el extenso aporte. Has hecho un análisis casi platónico con la cuestión de las copias imperfectas. Sí, entendí perfectamente que el mundo original es impredecible y los otros dos no; de hecho, lo digo en el artículo. Creo que el asunto de que en los dos mundos creados no pueda haber alegría o sentido del humor ya es un poco más subjetivo y depende de la interpretación: la serie en sí no lo da a entender jamás, así que, por supuesto, las interpretaciones son todas válidas y la tuya, desde ya, también lo es.
      A lo que me refería cuando hablaba de la última escena innecesaria es a ese intento de final abierto con lo del embarazo y del nombre que no me convenció y , de hecho, según cómo se lo interprete, podría cambiar muchas de esas cosas que tú y yo hemos mencionado. De todas formas, no es que no me guste por eso o porque sea abierto sino porque en algún momento hasta me pareció predecible. En el momento en que dice que le gustaría llamar al bebé Jonas, parecieran querer imprimirle a la escena un toque de sorpresa, que para mí no es tal. Solo eso: me pareció un poco cursi, contradiciendo lo que fue en general la serie, pero desde ya son opiniones y gustos.
      Gracias por el aporte una vez más. Un saludo!

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