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Crítica de El mejor verano de mi vida, maravillosa españolada con un inmenso Leo Harlem

¿Cómo empezar? Pues lo primero que se me ocurre es que El mejor verano de mi vida es una película necesaria, sobre todo en verano. Si habéis visto el traíler, la película da exactamente lo que promete, con muchos puntos a favor para hacernos pasar un buen rato y casi ninguno en contra, sin mayores pretensiones que entretenernos y hacernos reír. ¿Es o no es necesario? Por si fuera poco, podemos decir sin temor a ruborizarnos que El mejor verano de mi vida es, con todo lo bueno y lo malo, una auténtica españolada, que para el que no lo sepa es un tipo de película de solo hacemos en España y a la que habría que quitar todo el significado peyorativo que tuvo hace décadas. Y eso a pesar de que se trata de un remake.

España es asín

Curro Montejo (Leo Harlem) tiene 52 años. Tras tardar 10 años en sacarse la carrera de empresariales, decidió dejar su trabajo fijo limpiando despachos para lanzarse a la aventura empresarial. Tras tragarse aquello de que todo el mundo puede ser emprendedor y que lo que falta en España son emprendedores que creen puestos de trabajo, Curro va de mal en peor, tapando un crédito con otro crédito, llegando a un punto en que la única empresa donde le contratan es vendiendo robots de cocina a domicilio. Al principio a Curro le va de fábula en su nueva empresa pero cuando se le acaban los familiares a los que endosarle el susodicho robot, su vida, su trabajo y su matrimonio empiezan a caer como el castillo de naipes en el aire que se ha montado. Y es que si algo caracteriza a Curro es su desbordante optimismo y también su orgullo de padre, que le lleva a prometer a su hijo un verano que lo va a flipar si saca todo sobresalientes. Y ahí es cuando empieza el peregrinar de padre e hijo, intentando el primero cumplir su promesa a toda costa, de Toledo a Marbella, en una road movie para toda la familia.

Ya os podéis imaginar que padre e hijo corren aventuras aptas para todos los públicos y que la historia acaba bien, algo que se ve venir desde el minuto uno. Eso, que en una película con mayores pretensiones sería un lastre, es aquí uno de sus puntos fuertes. Y es que creo que los responsables de la cinta no engañan a nadie y si uno entra en el cine a ver El mejor verano de mi vida es para divertirse, entretenerse y pasar un buen rato en este caluroso verano. Aun así, a pesar de su humor blanco para todos los públicos (repito: no tiene nada de malo y es absolutamente necesario), hay una cierta crítica social en este cuento de hadas, apuntes de conflictos laborales, sueños rotos, esfuerzos vanos y personajes muy humanos. Por un momento, un breve, brevísimo momento, pensé que era una lástima que no hubiesen hurgado más en la herida, que no hubiesen hecho leña del árbol caído. Quizás porque me veo reflejado en Curro Montejo mucho más de lo que me gustaría. Pero ese momento es insignificante y menos mal que no lo hicieron. Para amargarnos más la vida ya tenemos a Ken Loach o a Michael Haneke, cuyo cine ya nos invita a cortarnos las venas antes de que acaben los títulos de crédito iniciales. El mejor verano de mi vida es un canto al buen rollo.

Alejandro Serrano y Leo Harlem, hijo y padre en busca de la felicidad (que para el que no lo sepa la da un yate enorme)

Leo Harlem haciendo de Leo Harlem

Lo mejor de la película, buen rollo aparte, son sus actores. Desde los cameos de Silvia Abril o Berto Romero, pasando por Toni Acosta como esa mujer normal, tan normal que enamora, o Maggie Civantos como esa mujer casi (casi) inalcanzable, a ese villano catalán encarnado por Jordi Sánchez (¿es aposta que exagera ese acento que le viene de fábrica?), hasta la naturalidad de los niños Alejandro Serrano y Stephanie Gil. Pero el protagonista indiscutible de la película es el gran Leo Harlem, haciendo lo que mejor se le da, es decir de Leo Harlem. Y no podría hacerlo mejor ni queriendo.

Leo Harlem tiene lo que se llama vis cómica. Es un tipo que provoca una sonrisa si o si, tanto da que sea leyendo el prospecto de un medicamento como en un monólogo de El club de la comedia,  donde ha demostrado ser uno de sus mejores monologuistas, un tipo naturalmente dotado para la comedia y para hacer reír. Es inevitable reírse con él, e incluso en un par de escenas provoca auténticas carcajadas. Y todo con el gran merito de resultar creible en su papel de garrulo al más puro estilo Paco Martínez Soria del siglo XXI y sin hacerse pesado ni insoportable. También imagino que no gustará a todo el mundo pero eso es inevitable.

En resumen, El mejor verano de mi vida es una película más que recomendable para toda la familia. Se hace agradable salir del cine con una sonrisa en la cara, sin sentir la necesidad de que tendrían que haberte dado más, la película definitiva o el espectáculo infinito para dejarte con el jaip en todo lo alto. Bienvenido el buen rollo y pasemos todos un buen verano, a poder ser uno de los mejores de nuestra vida.

P.S.: es inevitable también salir del cine cantando el Ni tu ni nadie, así que aquí os lo dejo, para que os metáis en ambiente.

Pedro Pérez S.
Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

2 COMENTARIOS

  1. Me las has vendido totalmente. Y más con lo del humor blanco: es complicadísimo de hacer bien. Y más si tiene algo de retranca con mensaje de criticar algo.

    • Me alegro. Ya me contarás. La verdad es que lo del humor blanco que funcione es muy difícil. La película lo consigue, por lo menos es la impresión que saqué.

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