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Crítica de Jolt (Impacto), en Prime Video: Kate Beckinsale y muy poco más

La plataforma de Amazon acaba de estrenar Jolt (Impacto), filme de acción protagonizado por Kate Beckinsale, quien cumple a pesar de una historia bastante previsible y un guion que no ayuda.

El tráiler prometía: ver a Kate Beckinsale en un género que suele sentarle bien nos hacía ilusionar con el resultado, ya veremos si justificadamente.  Jolt (Impacto), recientemente estrenada en Prime Video, está dirigida por Tanya Wexler, quien proviene de una familia ampliamente ligada al cine, siendo nieta del actor Simon Wexler e hija del productor Jerrold Wexler, además de media hermana de Daryl Hannah.

La historia sigue a Lindy, de quien un flashback inicial, con relato en off de Susan Sarandon, nos cuenta que, desde su infancia, ha sido niña de reacciones violentas en extremo, al punto de enterrarle a otro niño la cara en un pastel o moler a golpes de bate a otro. El problema, según vemos, la siguió acompañando durante toda su vida por más tratamientos a que la hayan sometido e incluso se incrementó, al punto que, casi olvidada por sus padres, terminó por convertirse prácticamente en un animal de laboratorio.

No se trata de Hulk: no es que pierda el control por estar colapsada o sobrepasada sino mucho antes de ello y alcanza con que perciba mínimos maltratos verbales, faltas de respeto o injusticias (ya le afecten a ella o a alguien a quien ni siquiera conozca) para que se transforme en una bestia incontrolable que ni siquiera lograron domesticar en su paso por el ejército y que le trajo, obviamente, problemas en sus distintos trabajos, como el de personal de seguridad. Alcanza con que una camarera no atienda como es debido para que la destroce a golpes.

Ivan Munchin (Stanley Tucci) es su psiquiatra confidente pero, sobre todo, quien ha encontrado una aparente solución consistente en un sistema de electrodos que, ante inminencia de crisis violenta, se activa y reprime el impulso de ira por medio de descargas eléctricas. No es una delicia, claro, pero, de momento, es lo único que permite a Lindy vivir en sociedad y así es como ella misma lo toma: un mal menor.

No deja, de todos modos, de ser un problema relacionarse con los demás y ni hablar de formar pareja, pues es difícil que alguien no eche a correr cuando ella, apenas comenzar a desvertirse, muestre un cuerpo cableado. Aun así y después de un conflictivo comienzo, logra en una cita a ciegas entablar lo que parece una relación promisoria con un contador llamado Justin (Jai Courtney), quien ni siquiera se espanta al ver los cables pero, para desgracia de Lindy, aparece asesinado al día siguiente.

Aun cuando no hubiera llegado a oficializar ninguna relación con la víctima, la noticia, claro, le cala hondo porque pareciera que, por una razón u otra, nunca puede concretar algo con alguien, sumado a haber llegado a sentir cariño por Justin en ese primer encuentro, toda una novedad para ella. Y no solo eso, sino que, además, se convierte, obviamente, en principal sospechosa, lo cual la llevará a una frenética huida a la par que buscará llegar hasta el asesino de Justin, lo cual parece conducir a un pez verdaderamente gordo.

La película tiene escenas de acción de razonable factura, en las cuales vemos a Lindy en persecuciones callejeras, trepando a edificios o repartiendo golpes a diestra y siniestra.

Kate Beckinsale se da bien para este tipo de papeles y, prácticamente sostiene todo el filme, además de mantenerse increíblemente bien para su edad, pues hoy está cumpliendo cuarenta y ocho años y no parece ni por asomo.

Además, hay una excelente fotografía que, por momentos, atrapa más que la trama, luciéndose en algunos cambios de color según escenario que confieren a las escenas cierta monocromía fácil de asociar con John Wick (no es el único aspecto, de hecho); la iluminación hace otro tanto y lo mismo algunos encuadres, con una bien medida predilección por los primeros planos que nunca se hace tediosa.

¿Dónde está, entonces, el problema de Jolt? Diría que en todo el resto. Lo que parecía ser una interesante base para contar una película de acción más o menos original en el estilo de Luc Besson o John Woo termina en avalancha de clichés y la patología del personaje hasta pasa a ser anecdótica cuando se suponía que sería central en la resolución de la historia.

El guion a cargo de Scott Wascha (debutante; ojalá lo haga mejor la próxima) se hace no solo predecible (incluso en la supuesta sorpresa del final, que para mí no es tal) sino que, inclusive, por momentos, cae en el aburrimiento, algo que nunca debería ocurrirle a una película de acción.

Los toques de comedia no terminan de ser lo suficientemente absurdos (como en John Wick) ni irónicos (como en Baby Driver), ni tampoco tienen la suficiente carga de humor negro, salvo en la escena del revoleo de bebés en la maternidad.

Kate hace lo que puede aportando su oficio a una historia floja, en tanto que el resto del elenco está bastante desaprovechado. Stanley Tucci (La Terminal, Los Juegos del Hambre, Transformers) aparece poco y su personaje no alcanza a desarrollarse, como tampoco los de Bobby Cannavale (Ant-Man), Laverne Cox (Orange is the New Black) o David Bradley, quien compone a un anciano tan malhumorado como el que interpreta en las películas de Harry Potter, a la vez que tan asqueroso y depravado como el de Juego de Tronos, pero sin el suficiente tiempo en pantalla para que su personaje, aunque sea, nos llegue a generar la suficiente repulsión.

Y en cuanto a Susan Sarandon, además de ese parlamento inicial en off, solo aparece al final y apenas para que su intervención nos anuncie una secuela que se avizora más Nikita y menos John Wick.

La banda sonora tampoco contribuye: Dominic Lewis lo ha hecho bastante bien en películas animadas (Free Birds, Peter Rabbit) o en El Hombre en el Castillo, serie también de Prime Video, pero aquí no termina de dar en la tecla y la música, atronadora pero insulsa, por momentos quita clima a escenas que hasta irían mejor en silencio y en los momentos sexuales (banales, por cierto) produce efecto de videoclip.

La directora Tanya Wexler no lo ha hecho mal en Hysteria (2011) o en Cómo salir de Búfalo (2019), pero lo suyo parece ser más bien la comedia dramática y no el cine de acción que, aun con cuando intente dosificarlo con toques de comedia, no parece sentarle.

A pesar de una interesante premisa inicial, una eficiente Kate Beckinsale y una excelente fotografía, Jolt es una película que no termina de cuajar a causa de un guion débil que naufraga entre lugares comunes y ni siquiera logra conjugar bien acción y comedia, al punto que no creo que convenza a los amantes de un género ni del otro. Se puede ver un domingo a la tarde sin demasiada culpa ni complejo, pero será olvidada al domingo siguiente, también sin culpa ni complejo.

Hasta pronto y sean felices…

 

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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