Crítica de La La Land (La ciudad de las estrellas), la película más aclamada del año

4

(No contiene spoilers)

Ha arrasado en los Globos de Oro, ganando en las siete categorías en que competía y marcando así un nuevo récord. Está teniendo excelentes resultados de taquilla. Entusiasmó en todos los festivales de cine por los que ha pasado. Es difícil, si no imposible, encontrar una crítica negativa sobre la cinta en la prensa especializada. Las opiniones de usuarios en redes sociales y de puntuación son inusualmente altas en consenso. Así que La ciudad de las estrellas se ha posicionado con facilidad como la película más aclamada de 2016 (estreno en Estados Unidos) y una impresionante apertura de año cinematográfico en el resto del mundo. Con una expectación tan elevada, en la que parece haber opinión única, es inevitable hacerse una pregunta:

¿Es realmente para tanto La La Land?

Lo primero a la hora de predecir qué es lo que nos espera en la sala de cine es saber que se trata de un musical, una comedia romántica y un drama a la vez. No es ninguna combinación extravagante, pero tampoco es frecuente tener los tres elementos juntos en cintas de los últimos años sin que uno de estos elementos se vea perjudicado en favor del resto. De hecho, el propio musical se ha desvirtuado y perdido popularidad. Confieso que no soy especialmente aficionado a los musicales. Y no es porque me parezca un género con peores películas sino porque, como a muchos otros espectadores, me cuesta entrar en su juego. Las canciones suelen sacarme de la película y las rocambolescas situaciones en que se dan no acaban de conectar conmigo. Dicho esto, no me cuesta reconocer una gran película en muchos musicales cuando es el caso, y hay bastantes. Con este potencial handicap he ido a ver La ciudad de las estrellas y, aún así… Me ha encantado.

Sí, se trata de una película que bien se merece la generalizada buena crítica. Es una cinta magnética, sorprendente, brillantemente interpretada, elaboradamente ideada y meticulosamente desarrollada. Es técnicamente virtuosa, tiene alma y es única. No quiero quedarme en una retahíla de adjetivos entusiastas, así que lo desarrollaré. Empezando por uno de los pilares fundamentales del buen resultado del film: su director.

Damien Chazelle y el nuevo viejo Hollywood

Damien Chazelle se dio a conocer con su fantástica segunda película, Whiplash, la cual (con sus perdonables errores) marcaba el camino para un realizador muy prometedor. Una película más tarde, y con sólo 31 años, ha consolidado un ascenso meteórico en el mundo del Cine. Su estilo aúna cuidadas formas, personalidad y rasgos de cine clásico, los cuales se acentúan en esta cinta. La escena inicial, mil veces comentada ya, es un frenético ejercicio de habilidad tras las cámaras, gusto estético y vitalidad exaltada. Es una escena que, aún en su carácter de homenaje, resulta increíblemente efectiva y nos prepara para 127 minutos que pasan volando. La complejidad de su preparación y su pulida coreografía no se hacen notar distrayendo al espectador de su propósito, y esto es extrapolable al resto de la cinta. Y es que Chazelle no quiere llamar la atención sobre las propias formas: se aleja de lo pretencioso y abraza lo efectivo. Es un estilo opuesto a la narrativa de Iñárritu.

Su labor en la dirección es irreprochable. Construye un relato y un mundo coherentes apoyados en un guión, también suyo, perfectamente cohesionado y estructurado pese a lo sorprendente de su propuesta. Y es que La La Land es una película llena de emociones constantes, de desbordante alegría y vitalidad pero también desgarradora tristeza. Chazelle domina el tempo: sabe dar a cada escena su ambiente y su duración sin recrearse en sus indudables habilidades estéticas. Porque, sin dejar de lado la construcción de un relato que es más complejo de lo que aparenta ser en su superficie (y es que la accesible complejidad, encubierta en sencillez, es una virtud que se ve con poca frecuencia), nos entrega un producto estéticamente impresionante.

La dirección de fotografía a cargo de Linus Sandgren es una auténtica maravilla. Construye los ambientes, da profundidad a los personajes, nos sumerge en la narración y, a la vez, nos sorprende con escenas preciosas y de una composición de colores tan bonita como funcional. Aprovecha estos colores para dar contexto a los sentimientos del reparto y acompañar el torrente de emociones que descargan sus personajes, desde los melancólicos azules a los rojos envolventes y el uso de los negros. Es un elemento indispensable para la solidez de la cinta porque sin su gran trabajo perdería parte de su hipnotismo y de su dureza posterior. Consigue que varias escenas se queden grabadas en la retina y que no nos planteemos siquiera que lo que vemos es pura fantasía. Chazelle y Sandgren consiguen así ese efecto inmersivo que bien vale la entrada.

Chazelle y Sandgren, fantástica combinación

Las referencias a cine clásico son constantes, desde las explícitas (Casablanca, Rebelde sin Causa…) hasta las implícitas en formas, coreografías, temas o lugares (Bailando bajo la lluvia, Los paraguas de Cherburgo, Las señoritas de Rocheford…). Pero no quiero dar la impresión de que La La Land es una película que depende de captar las referencias cinematográficas porque no es cierto. Es muy disfrutable porque tiene carisma e identidad, y no convierte las referencias en un pastiche de homenajes encadenados sin orden alguno. Todo encaja a la perfección de forma orgánica y nos regala escenas, como las del observatorio, inolvidables.

Reparto a la altura de sus personajes

Gosling y Stone, química y buena actuación

Puede parecer, y no equívocamente, que el guión está sembrado de tópicos en cuanto a ciertos rasgos de sus protagonistas. Sí, la actriz esforzada y el melancólico pianista no son nada nuevo en el Cine. Tampoco el punto de partida chico conoce a chica (menos el de Leos Carax). ¿Acaso algún rasgo lo es? Poco queda por descubrir al respecto, y esto no es ninguna novedad: lo importante es cómo se desarrollen y no el punto de partida. Y el desarrollo es excepcional. Bajo la aparente sencillez de la relación, pasamos de un optimismo impoluto a una triste realidad, dolorosa y sincera. Y, sin embargo, nunca cae en la sensiblería ni siquiera en el pesimismo. La ciudad de las estrellas conmueve sin soltar el lastre de lo positivo. Tiene alma convencidamente optimista por más palos que parezca dar. Y quizás es esta una manera muy efectiva de conectar con una audiencia que sea capaz de ser tan feliz y desdichada como sus personajes y que se deje llevar por la montaña rusa que supone. Los personajes tienen un vertiginoso arco de evolución que no pierde credibilidad y gana en cercanía al sentirnos irremediablemente cercanos a lo que se nos propone en el segundo tramo.

Esto es posible gracias a un reparto en plena forma. Ryan Gosling no es la máxima potencia de la expresividad pero aquí no sólo está convincente sino también sorprendentemente efectivo. Emma Stone tiene tal variedad de registros y expresiones faciales y corporales que sorprende en cada escena con una actuación portentosa sin rozar siquiera el histrionismo. El resto del reparto acompaña pero no tiene especial relevancia en el desarrollo por su escasa presencia, remarcando el testimonial pero importante papel de John Legend.

Sorprende el talento de los actores protagonistas frente al micrófono. Porque, no nos olvidemos, estamos frente a un musical. La banda sonora es fantástica, con un tema que resalta acompañado con varias canciones y melodías que están al mismo buen nivel, evitando altibajos. Se completa así el cuadro de esta complestísima película que, por su maestría y buena preparación, se ha convertido en una fantástica manera de cerrar la temporada de premios y abrir la carrera hacia el Oscar, en la que se posiciona como favorita.

¿Qué aporta La La Land, La ciudad de las estrellas?

A nivel temático, La La Land es continuista con lo que Chazelle nos había mostrado. Usa la música, y con gran peso, no para hablar sobre la propia música o como mero entretenimiento sino para contar algo. En Whiplash, el jazz constante servía de medio expresivo para su discurso sobre alcanzar sueños, los fines y los medios, la educación y la maleabilidad del ser humano. Algunos temas se repiten en La La Land.

En este caso, su viraje  hacia la vitalidad y la decepción unidas en un relato sobre sueños rotos, el egoísmo y la esperanza, aceptar las consecuencias de lo que hacemos para alcanzar aquello a lo que aspiramos y las propias relaciones de pareja, con sus sombras y sus claros, compone un relato sobre la vida sincero, conmovedor, completísimo, con talento e ingenio y de resultado inmejorable. No será una revolución cinematográfica pero es una película redonda. Y no creo que podamos pedir más.



el autor

En twitter me llamo @pga_es y hay gente que piensa que hablo de golf. No les culpo.

4 comentarios

  1. Elisabeth Rudman el

    Hermosa película, fui al cine pensando pasar un buen momento y nada más. No obstante me encontré con un film que revive los grandes musicales de la década de los años 50 en Holywood. Resultó ser un film romántico, fresco, con una gran cuota de belleza. La luz y la alegría me inundaron y más aún, las emociones afloran de una manera suave, con un goce natural, espontáneo. Mucha magia y mucha fantasía, y un mensaje que nos deja pensando, los sueños se pueden hacerse realidad, y acá lo vemos. El final es muy real, en un momento dudé, pensé que sería un happy ending al gran estilo americano, pero un giro de tuerca me mostró que la historia tenía un corte melodramático que la hizo más real. Encantador, muy gratificante.

    • Sin duda es una película que despierta buenas sensaciones y ha gustado a la mayor parte del público. No es para menos; reúne una gran serie de virtudes y habilidad creativa. Un saludo

Deja tu comentario

Recomendado en Las Cosas felices
Bienvenidos amigos y amigas al segundo artículo de repaso a The OA, la nueva apuesta de drama, misterio y realismo mágico de Netflix. Los dos primeros…