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Crítica de Mute, la primera película de autor de Duncan Jones desde Moon

Duncan Jones es un director que, permitidme la expresión, lo petó con su primera película. Puede que el hecho de ser hijo de David Bowie influyera en la notoriedad que tuvo su primer trabajo, pero sería extremadamente injusto decir que no se merece todos y cada uno de los aplausos que ganó Moon. Su siguiente película (Código fuente) sin estar mal, no estuvo al nivel de su primer trabajo, y su tercera obra (Warcraft: El origen) no logró destacar entre toda la marabunta de blockbusters en la que nos vemos sumergidos últimamente. Y es una pena, porque la adaptación del videojuego no estaba mal, al menos a mi juicio.

Aunque hablar de su filmografía y de cómo sus propuestas han ido evolucionando sería un tema muy interesante, estamos aquí para hablar de su último trabajo: Mute. Desde antes de Warcraft: El origen ya se hablaba de este proyecto, el cual se suponía que iba a ser una secuela espiritual de Moon, del cual apenas se había visto poco más que unos cuantos storyboards con una pinta estupenda.

Cuando se supo que Netflix iba a apoyar el proyecto con todo el presupuesto que fuera necesario, sumado al fichaje de grandes actores como Paul Rudd, Justin Theroux o Alexander Skarsgard (reciente ganador del Emmy y del Globo de Oro por Little Big Lies), las expectativas no podían ser más grandes. Por si fuera poco, Clint Mansell volvía a trabajar con Duncan Jones tras su notable trabajo en Moon.

Pero, por enésima vez, me he dado de bruces con la realidad y he visto que el exceso de expectativas es algo negativo. Y no será por la falta de talento. El trabajo puesto en la dirección artística es realmente genial, con decorados llenísimos de detalles, con multitud de elementos tangibles y sobrecarga de neones y humo. Hay algún que otro efecto CGI que desentona, pero es tan aislado y tan bueno el trabajo en el resto de apartados visuales, que se le perdona.

Tampoco hacen mal trabajo los actores. Paul Rudd lo hace sorprendentemente bien en su papel de canalla con ciertos toques simpáticos y psicópatas. Haría la mejor interpretación de la película si no fuera porque Alexander Skarsgard realmente lo borda con su imponente físico, logrando dar miedo solo con su presencia, pero a su mismo tiempo, despertando mucha ternura y sentimentalidad, con el gran logro de que su personaje es mudo. Termina el trío de ases Justin Theroux, un gran actor que aunque hace un buen trabajo, no logra dar con ese producto que le lleve a las grandes ligas tras destacar tanto con The Leftovers.

Otros apartados menos llamativos también son buenos, como la fotografía de Gary Shaw, el potente comienzo, o la banda sonora de Clint Mansell, el cual no hace uno de sus mejores trabajos, pero como de costumbre, logra hacer melodías con mucha personalidad. Hasta elementos mucho más técnicos como la sorprendente economía de recursos narrativos para explicar el universo donde transcurre la historia o su sorprendente conexión con otras obras destacan muy para bien.

Entonces, si hay tantos elementos que me agradan, ¿por qué digo que me ha decepcionado tanto? Por algo muy sencillo: su guión. O no tanto su guión, porque como he comentado antes, hay buenos elementos narrativos. Lo malo, porque no tiene otra palabra, malo, viene con su historia. Sin hacer spoiler, diré que parece que comienza siendo algo reflexivo, introspectivo y con un alto componente adulto, pero al final acaba siendo predecible y simple en su planteamiento. Eso por no decir directamente que parece que son dos películas distintas.

SPOILERS HASTA EL FIN DEL PÁRRAFO

Que no se me confunda, disfruto tanto de una película introspectiva como de una de mamporros, y me encanta si se logra mezclar bien, como ya vimos hace poco en Brawl in Cell Block 99. Pero en este caso supone una disonancia demasiado evidente. Para empezar, un amish que le da una paliza a varios matones. Puedo aceptar que debido a su altura y corpulencia le llegue a ganar a uno, quizás a dos, pero no hasta lo que se muestra en pantalla. Luego está lo referente a sus dos villanos finales. Entiendo la idea de que quiere que sintamos empatía por el personaje encarnado por Paul Rudd para luego ponerlo como un villano accidental, pero no cuela, pues pasa a ser excesivamente malo. Pero lo que acaba por rematar su mal final es lo referente al pederasta, primero por lo alargado e innecesario que resulta, y luego por el continuo sinsentido.

FIN DE LOS SPOILERS

En su momento, tras el estreno de Moon, se decía que David Bowie sería conocido por ser el padre de Duncan Jones, y no por su música. Con una frase así, queda claro que las expectativas puestas en Mute era demasiado elevadas. Pero con expectativas o no, Mute no me ha gustado. No tanto como para no tener ilusión para ver el próximo trabajo de su director, pero no me ha gustado.

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3 COMENTARIOS

  1. Que batacazo. Joder el cine de antes está todo muerto. Y no lo digo por D.Jones, que creo se ha caído en el agujero negro del cine actual. De vez en cuando aparecen “joyas” como Dredd o Mad Max, para todo lo demás….

    • Buenas, después de ver la película, pues el artículo suscitó mi curiosidad. No llegó la sangre al rio. Una película poco más que entretenidad, no se si considerarla muy ambiciosa, o poco ambiciosa. Al final se ha quedado en una especie de telefilm de sobremesa con envoltorio futurista.

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