LLega la Navidad y en Netflix están que lo tiran. Han estrenado Scrooge: Cuento de Navidad, película de animación de la que esperábamos mucho más de lo que nos ha dado. Esta es la crónica de cómo la plataforma de streaming intentó parecerse a Disney y fracasó en su intento.
Dickens inmortal
La inmortalidad no existe pero Charles Dickens vivirá para siempre. Su obra, A Christmas Carol (Cuento de Navidad), publicada en 1843, forma parte de esas historias inmortales que se han instalado en la memoria colectiva. Todo el mundo conoce la historia de Ebenezer Scrooge, el avaro, el que recibe la visita de tres fantasmas en Nochebuena para recordar su pasado, mostrarle el presente y enfrentarlo a su futuro.
Eso se debe también en gran parte al cine, que ha realizado numerosas adaptaciones de la obra. En esta ocasión, Netflix ha tirado de animación y ha querido acercarse a Disney sin conseguirlo. No entraremos en detalles acerca de la historia en si porque es de sobras conocida. Lo mejor que podemos hacer es fijarnos en lo que funciona (poca cosa) y en lo que no (demasiadas para mi gusto).
Lo que si funciona
Es difícil meter la pata al adaptar Cuento de Navidad. La historia es maravillosa. En este sentido han sido clasicotes. Hay algunos detalles que si me han gustado, como algunos efectos en la animación. Hay que destacar la aparición de los fantasmas, tanto los de las navidades como el de Jacob Marley, el socio de Scrooge (voz de Luke Evans) condenado al infierno y que le advierte de lo que está por llegar (voz de Jonathan Pryce en el original).
También hay algunas escenas bastante logradas que funcionan perfectamente, pese a su aire más moderno. En este sentido, tenemos los viajes de Scrooge a través del tiempo, que les han quedado bastante bien.
En Netflix han arriesgado en su propuesta, han querido dotar a Scrooge: Cuento de Navidad de un tono y un estilo más acorde con los tiempos que corren y se agradece pero no creo que esta fuera una historia para eso. O lo haces a fondo (caso hicieron Richard Donner y Bill Murray) o te arriesgas a que te salga algo como esto.

Lo que no funciona
Scrooge: Cuento de Navidad es un musical animado. Eso Disney lo hace como nadie y el problema es intrínseco a esa afirmación que dice que nadie hace películas Disney mejor que Disney. Como musical, Scrooge: Cuento de Navidad no acaba de dar la talla, y eso a pesar de que cuenta con las canción de Leslie Bricusse, compositor fallecido en 2021 y que ya adaptó la obra de Charles Dickens en otro musical donde Albert Finney era el avaro Scrooge.
Las canciones de la cinta de Netflix tienen calidad pero son de esas que no se te quedan en la memoria ni las tarareas al terminar la función. Quizás si hubiesen optado por un nuevo libreto, habría resultado mejor pero para eso hay que gastar dinero y no están por la labor. Mejor usar a Bricusse, que por lo menos ya tenía las canciones hechas.
La falta de presupuesto se nota también en la animación. Si bien hay algunos efectos visuales destacables, por lo general la animación de Scrooge: Cuento de Navidad es mediocre. Se nota mucha en las animaciones faciales y en el pelo acartonado de los personajes. A ojos de un espectador infantil seguramente dará igual pero a ojos más entrenados, el resultado es muy amateur, de ordenador casero.

Por último, hay algunas decisiones que se han tomado para que la adaptación resulte más moderna. La verdad es que, por mucho que se emperren, en el Londres de 1843 no había personas de color cantando villancicos por la calle, ni siquiera regentando un negocio y muchos menos el sobrino de Scrooge estaba casado con una hindú.
Y esto hay que decirlo, por mucho que me duela hacerlo. Que algunos pataleen porque en Star Wars haya afroamericanos, latinos, asiáticos y lesbianas, me ha parecido siempre una memez. Es una historia de ciencia ficción, situada en un universo imaginario y se puede hacer lo que uno quiera. Pero coger una historia de 1843 y adaptarla de esa forma te hará parecer muy moderno pero falseas unos hechos que si, que son condenables, que no quieres que se repitan, pero es lo que había.

Sin embargo esos detalles aun pueden pasarse por alto. Hay uno que es mucho peor: Ebenezer Scrooge, tacaño, avaro, misántropo y seguramente misógino, egoista y mala persona, se hace cargo del perro de su difunto socio. ¿De verdad? ¿Hasta esto hemos llegado? ¿Alguien se cree que semejantes personajes se habrían gastado un penique en dar de comer al animalito? Es esa filosofía animalista de «la gente me importa un rábano pero tengo una mascota y por tanto soy buena persona».
Tan sólo por el detalle de que Scrooge vaya acompañado de un perro, ya han destruido toda la obra de Dickens. El personaje ya no resulta tan malvado, tan egoista. Sus actos ya están teñidos de un aura de conmiseración porque, oye, tiene un perro, no puede ser tan malo. En fin, que por lo menos en Disney disimulan más.
En resumen, Scrooge: Cuento de Navidad es una película fallida. Tiene buenas intenciones pero esa mania de Netflix de intentar llegar a todo el mundo da al traste con ellas. Eso si, para los más pequeños es ideal para acercarse a una historia que es ya inmortal. Un saludo, sed felices.



