Crítica de Terminator: Destino Oscuro, una buena secuela que no deja de ser otra vuelta de tuerca

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Decir que la saga Terminator es irregular es quedarse corto. Lo que empezó con un sueño febril del bueno de James Cameron sobre un torso metálico que surgía de entre los restos de una explosión, avanzando hacia él con cuchillos en sendas manos, se materializó primero en una modesta (pero efectiva) película de terror con el roble austriaco, Arnold Schwarzenegger, como villano y con una joven Linda Hamilton como protagonista. Casi una década más tarde llegaría «Terminator 2: El juicio final», considerada una de las mejores secuelas de la historia y una verdadera pionera de los efectos especiales. A partir de ahí Cameron y su creación partirían por caminos distintos y entrega tras entrega, la una vez mítica saga de ciencia-ficción iría diluyéndose hasta convertirse prácticamente en una parodia de sí misma. Afligido por el destino de su criatura, el director canadiense decidía por fin volver a coger las riendas y en tándem con Tim Miller, que nos regaló la primera Deadpool (dicho sea de paso, podéis leer aquí nuestra reseña de Deadpool), nos ofrecía esta nueva entrega que, con el mismo espíritu de la última Halloween, se deshacía de todas las películas que seguían a T2 para volver a encauzarnos por el que él considera el ‘verdadero’ camino de la serie. ¿Lo ha conseguido? Bueno, en parte sí y en parte no. 

Terminator: Destino Oscuro (que nos llega a España por 20th Century Fox España) comienza fuerte, con las míticas notas del tema de Brad Fiedel y una secuencia de Terminator 2 en la que Sarah Connor, a través de una cinta VHS, nos hablaba del juicio final y de los billones de muertos con los que Skynet sembraría la tierra para llevarnos enseguida a la Guatemala de 1998, donde la aguerrida heroína disfruta de la vida con su hijo John, aunque intuimos que esa dicha no durará mucho. Tras la secuencia introductoria, la trama nos sitúa en el México presente en el que, como ya es tradición, se nos presentan dos viajeros del tiempo desnudos y con muy mala leche: Grace, una humana aumentada cibernéticamente interpretada por una impresionante Mackenzie Davis y un nuevo Terminator, el REV-9, encarnado por un Gabriel Luna que hace todo lo posible para canalizar al mítico T-1000 de Robert Patrick, sólo que con algunas ventajas adicionales como una personalidad algo más humanizada, capacidad para conectarse a internet y la habilidad de ‘desdoblar’ su endoesqueleto metálico de una cubierta de metal líquido, pudiendo ambas partes operar de forma independiente. Algo parecido a lo que veíamos en la villana de T3 pero con un giro distinto, básicamente como si tuviéramos a los dos Terminators de T1 y T2 fundidos en uno. 

Siguiendo con la fórmula habitual (ya veis por dónde van los tiros) tanto protectora como ejecutor tienen en su mirilla a Dani Ramos, a la que da vida la colombiana Natalia Reyes, una chica corriente que vive con su familia, trabaja en una fábrica automatizada y a la que la vida le dará un duro golpe en cuanto el Terminator entre en escena. A diferencia de filmes anteriores, las capacidades sobrehumanas de Grace nos presentan escenas de acción muy impresionantes, pero dadas las increíbles (si bien algo aburridas) capacidades de este nuevo Terminator la cosa se pone fea rápido, y aquí es cuando entra de nuevo en escena una Sarah Connor más curtida que nunca, y que se unirá a este grupo de mujeres fuertes en contra de la imparable máquina. Como no podía ser de otra manera, el bueno de Schwarzennger hará su aparición en pantalla algo más adelante, completando el tándem con un giro algo humorístico que funciona sólo a medias, pero también con una química importante con Hamilton que salva los papeles. Decir más sería entrar en territorio de Spoilers. 

Dejando atrás el planteamiento, nos encontramos ante una película de acción con escenas muy potentes, pero con un ritmo algo desigual. Si bien no se hace aburrida en ningún momento (la estructura del guion está muy cuidada), sí que es cierto que hasta que entramos en el tercer acto, y por ende a la traca final a la que nos tienen acostumbrad@s las películas palomiteras de hoy, no tenemos escenas de acción realmente largas sino más bien ‘momentos’. Y es que uno de los aspectos más decepcionantes de la cinta es que su antagonista no aporta nada nuevo, sí, se puede dividir, pero no sólo esta habilidad no se aprovecha nunca en su plenitud, sino que además apenas aprovecha sus capacidades miméticas. Estamos literalmente ante otra versión del T-1000 en casi todos sus aspectos y como con muchas otras cosas, nos huele a refrito. 

No os voy a engañar, la película tiene puntos fuertes y conceptos novedosos pero también hace aguas por muchas esquinas, el personaje de Grace a pesar de ser un trasunto absoluto de Kyle Reese funciona gracias a la presencia y el compromiso de su actriz que aún eclipsada por las dos leyendas vivientes que la acompañan, consigue brillar con luz propia. La Sarah Connor de Hamilton es reconocible y tiene algunas líneas memorables, así como algún momento que la humaniza muchísimo y que se agradece. El eslabón débil viene a ser Dani, con una Reyes dando de sí todo lo que puede para hacer interesante a este trasunto de John Connor para una nueva generación, pero haciéndonos preguntar si todo esto era necesario. Arnold tiene un rol reducido pero agradecido, en su línea habitual. Se ha comparado a esta película con Star Wars: El Despertar de la Fuerza (¿habéis leído la crítica que hicimos aquí? Sólo clickad aquí para solucionarlo), y creo que es una comparación razonable. ¿Por qué? Pues porque ambas coinciden paso por paso en volver a caminar suelo andado sólo que con sensibilidades propias del público actual. Tenemos un trío de protagonistas femeninas fuertes, tenemos variedad étnica, representación positiva del pueblo mexicano, una crítica mordaz a las leyes de inmigración estadounidenses y un alegato a la independencia de la mujer. Elementos elegidos casi por comité pero que no restan valor a su inclusión, después de todo lanzan un mensaje positivo que hoy en día cala en el público, pero a expensas de la originalidad en materia de guión. Nuevo envoltorio, mismo contenido. Por lo tanto, creo es mi responsabilidad avisaros de que estamos ante otro soft-reboot que no hace más que girar sobre las mismas ideas y conceptos para dejarnos una vez más en la casilla de salida. Algo que a título personal considero decepcionante, especialmente con Cameron involucrado en el guión. 

Aún con todo, hay que dejar claro que nos encontramos ante la mejor secuela tras T2 y ante una película bastante disfrutable, con escenas de acción ni mucho menos tan revolucionarias como la de su predecesora de 1991, pero muy entretenidas y que se dejan ver fácilmente, con una factura técnica bastante buena y perfecta para cuando nos apetezca un entretenimiento ligero y dinámico. Por lo demás, si alguien estaba esperando que la vuelta de Cameron revitalizase la saga de forma radical, que lo vaya olvidando, estamos ante otro soft-reboot del tipo ya acostumbrado que deja vías abiertas pero que intuimos algo trilladas. Además de eso, habrá cierta parte del público (veteranos más bien) a la que la introducción del filme le siente como una ligera bofetada y les amargue la película, pero en retrospectiva se puede considerar una bofetada necesaria, si bien no agradable. 

En fin, una película de Terminator más, con el aliciente de ofrecer un envoltorio más novedoso y nuevas posibilidades, pero que dudosamente llegue a convencer del todo al fan fatigado de la saga. 



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el autor

Graduado en Estudios Ingleses por la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado a la literatura, el arte, el cine y el mundo de los videojuegos, con una especial predilección por el género de ciencia ficción en todos los medios.

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