Crítica de The Disaster Artist. La película sobre la narcisista cinta de Wiseau que, al igual que esta, se ha convertido en obra maestra

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La trayectoria de James Franco ha sido un poco abrupta. Tras salir en la primera trilogía de Spider-Man, mucho antes de que Tom Holland llegase siquiera a la pubertad, el actor no se alejaba de ser ese Duende Verde Jr., ese Harry Osborn que lo catapultó a un éxito difícil de controlar. Tras problemas de depresión y elecciones fílmicas un tanto poco interesantes (a excepción de la sobresaliente 127 horas), Franco se lanzó junto a Seth Rogen de cabeza a un cine alocado, desternillante y políticamente incorrecto, sino que se lo digan a Kim Jong-un con The Interview. Ahora, Franco recupera la esencia de ese cine cachondo y de colegas para ofrecernos la adaptación de la novela The Disaster Artist: My Life Inside The Room, the Greatest Bad Movie Ever Made, escrita por Greg Sestero, protagonista de The Room y amigo íntimo de Tommy Wiseau, donde relata el tortuoso camino que fue llevar a cabo la “obra maestra” de Tommy Wiseau.

Pero, ¿qué es The Room? Tommy Wiseau es considerado por muchos un visionario, así como su primera y única cinta dirigida, una obra de culto del cine malo. The Room es un despropósito sí, pero como The Disaster Artist nos recuerda, es un despropósito que puso a Wiseau y Sestero en el punto de mira de Hollywood y aun a día de hoy sigue generando beneficios. The Disaster Artist es más un homenaje a Wiseau que otra cosa, y lo deja claro en sus primeros minutos con ese “si les dices a los diez directores más talentosos de la actualidad que la repitan, no serán capaces ni de acercarse a lo que es” que dice el actor Adam Scott.

The Disaster Artist se aleja completamente de la parodia fácil con chistes absurdos y tontos que obligan a sacar una sonrisa forzada pensando “lo mismo es gracioso y no lo cojo”. Es un retrato de la obsesión de Wiseau por darse a conocer en Hollywood y ayudar a su querido Greg a triunfar con él. Ellos dos forman un binomio de colegas que, por azares del destino, acabaron juntos cuando Greg necesitaba la pasión que Wiseau demostraba. Pasión que les llevó a mudarse a Los Ángeles para, como miles de personas, probar suerte en el mundo del cine.

Asistimos al nacimiento de la amistad entre Wiseau y Sestero, dos personas cuyo sueño era aparecer en una película y que acabaron por llevar a cabo la suya propia. ¿La suya o la de Wiseau? Porque The Room fue un ejercicio de narcisismo, derroche, exageración y estupidez, y The Disaster Artist lo deja bien claro sin caer en la coña fácil. La amistad irrompible de Sestero y Wiseau llevó al primero a perder otras oportunidades e incluso a su pareja por no dejarle solo y es que en The Room había más que la idea del propio Wiseau, era su propia personalidad, distorsionada, egoista y absurda.

Nadie sabía de dónde venía, cuántos años tenía o de dónde sacaba el dinero, aproximadamente 6 millones de dólares, para rodar esa película, pero no fue fácil hacerla. Wiseau no sabía nada de cine, quería ser actor porque era un narcisista y egoista y que acabó haciendo la vida imposible a su equipo. Seguramente se hubiera criado con el cine, pero de oídas. Así nos lo deja caer con su increíble derroche para una cinta que podría haber salido por unos miles de dólares y no haber pasado de 3 filas de butacas en su estreno, pero él quería imitar a los grandes de Hollywood, sin siquiera conocerles.

Wiseau es una figura cómica de por sí. Esa ropa, andares, ese párpado caído y esa capacidad actoral por los suelos. Ni en un millón de años podría haber triunfado en Hollywood, ¿o sí? The Room es un éxito lo mires por donde lo mires y se nos queda cara de tontos al pensar que ese hombre llegó a ser alguien cuando muchos de nosotros aún estamos persiguiendo nuestro sueño. La cinta nos hace reflexionar sobre si de verdad es alguien tan ridículo y absurdo, quizá un incomprendido o alguien que pasó por muchos problemas y que lleva a una de las actrices a cuestionar si The Room es autobiográfica. Lo que sí nos deja claro es que somos los villanos que Wiseau no quiso interpretar y para los cuales daba el pego por su físico. Nos reímos en la sala de él y de su película, la calificamos como la peor jamás hecha, y Franco lo trata con total respeto a él y a su obra.

James Franco junto a su hermano Dave derrochan una química que impregna todas las escenas en las que salen juntos donde el primero se come la pantalla en un papel espectacular más allá de la excepcional caracterización. Si hubiera guionizado la película sería la broma de la broma, un Wiseau caracterizado interpretando a Wiseau, dirigiendo la película sobre la película y escribiéndola.

The Disaster Artist se convierte en la obra maestra que Wiseau habría querido para su película. Es una comedia sí y quizá la intención de Franco, al igual que la de Wiseau, fue esta en un principio, pero va más allá. Es divertida, triste y melancólica. La personalidad de Wiseau lo ha convertido en una persona mítica en Hollywood y ha puesto a Franco nuevamente en el punto de mira de Hollywood con una interpretación que quitará el hipo.

Sin embargo, desde aquí os aconsejo ver primero The Room y luego dar el salto a The Disaster Artist, quizá si os saltais la primera esta segunda perderá gran parte de su efectividad y no la disfrutaréis al 100%. Esta recomendación os dolerá a muchos pero es así, The Disaster Artist es un tributo, pero hay que “disfrutar” de The Room (o por lo menos ver gran parte de sus escenas en YouTube, es menos doloroso).

Y otra recomendación, la película se disfruta enórmemente en su versión VOSE, si queréis ver como Franco se come la pantalla a todos los niveles, no podéis dejar para la oportunidad de disfrutarla en su versión original. Y con esto me despido. Un saludo y sed felices… ¡Oh, hi Mark!

 



el autor

Estudiante en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Frikazo de proporciones bíblicas, crecí amando los videojuegos y el cine como medio de escape, sacrificando la vida social. Aunque no me arrepiento. Fan hasta las venas de Batman y El Señor de los Anillos. El mundo se me queda corto, mejor dejadme en la Tierra Media.

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