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Crítica de Todo es una mierda, la nueva comedia nostálgica de Netflix

Netflix parece haberse dado cuenta de que a la gente le gusta rememorar con cariño su infancia y juventud, ese fenómeno que todos conocemos como la nostalgia. Stranger Things, la aplicó con resultados muy notables, convirtiendo una historia interesante pero no muy revolucionaria, en un cálido y cautivador viaje al pasado. Todo es una mierda es su última apuesta por la nostalgia, una comedia ligera que pretende retrotraernos a los 90 y meternos en la vida de un grupo de adolescentes en plena etapa de autodescubrimiento.

Ahora lo que mola son los 90

Ya sea por miedo a sobrecargar los 80 o simplemente por curiosidad, Netflix ha terminado ambientando la serie en los años 90, buscando cambiar de aires. Pero el moverse 10 años hacia delante o hacia atrás, no va a hacer más fresco un producto. Uno de los mayores riesgos y problemas a los que se exponen los creadores al hacer una serie o película en una época determinada, es el de acabar pervirtiendo la obra por fines puramente monetarios, en otras palabras, utilizar la nostalgia como medio de ventas y no como medio narrativo. Cuando una ambientación no la requiere la propia historia para tener coherencia y funcionar, un autor debe cuestionarse la necesidad de esta. En Todo es una mierda, la época no parece contribuir en gran medida ni al desarrollo de personajes ni de la historia, parece más bien un relato que ha sido adaptado para poder funcionar dentro de los parámetros de los 90. En Stranger Things, al menos la época contribuía a crear suspense (sobretodo en lo que a métodos de comunicación se refiere).

No tengo ningún problema con la nostalgia, es una herramienta legítima que proporciona al autor una manera más de implicar al espectador, siempre y cuando su presencia no influya directamente la viabilidad de un producto.

Agradable y bien producida, emulando fórmulas ya consolidadas

La serie goza de buena factura y ambientación (como viene siendo habitual en las producciones de Netflix). Respira una atmósfera conseguida y coherente, sin excesos pero sin carencias. El núcleo de personajes protagónicos acaba fluyendo con relativa soltura y naturalidad, aunque en demasiadas ocasiones peca de ser previsible. Personajes bien interpretados (teniendo en cuenta que son jóvenes actores) que albergan más de lo que a simple vista parece. A pesar de que Todo es una mierda pretende ser una serie amena y para pasar el rato, hay veces que intenta lidiar con temas más serios como la homosexualidad o el acoso. Y digo intenta, porque el dramatismo siempre tiende a ser algo efímero o circunstancial, no hay conflictos excesivamente dramáticos ni contundentes, son meros intentos de caracterización. Entiendo que sea una serie de confort sin muchas pretensiones reflexivas, pero las soluciones a muchos de los problemas que plantean, dejan bastante que desear.

Quizás uno de mis mayores problemas con la serie, sea su falta de personalidad. No soy capaz de ver en Todo es una mierda tramas y conflictos que no me hayan presentado ya antes y mejor. Da la sensación de que los personajes podrían haberse aprovechado un poco mejor, ya que su, en ocasiones, excesiva simpleza y personalidades estereotipadas, acaban por matar determinados desarrollos.

La serie funciona, no me malinterpretéis, pero lo hace por su excesiva similitud con productos ya establecidos como Freaks and Geeks o incluso My mad fat diary. Es una fórmula que ya se ha demostrado fructífera y gracias a eso y a su formato, se sostiene.

Conclusiones

Todo es una mierda no es una mierda, pero podría haberlo sido muy fácilmente. Su mayor virtud es la amenidad, con capítulos de 23 minutos y una producción agradable, los episodios se hacen sorprendentemente cortos, duran casi tan poco como el tiempo que se te queda la serie en la cabeza. Y es que ese es para mí su gran defecto, es un producto pasable, ligero pero intrascendente, agradable pero vacuo. Si queréis pasar el rato de manera agradable en un viaje nostálgico por los 90, no es una mala opción. A pesar de pecar de ser previsible y querer contentar al público de una manera casi incómoda, no está terriblemente realizada y se ve muy rápido. Un producto ameno que podría haber sido mucho mejor, pero también mucho peor; que funciona por imitar a otras series, pero sin llegar a su nivel o aportar más.

Pablo Ferrer
Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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