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Crítica de War Machine. Un Depredador de marca blanca para llenar el catálogo de Netflix

Alan Ritchson, actor de moda en los últimos años gracias a Reacher, prueba suerte en Netflix con la película War Machine. El largometraje es una puesta al día de la mítica Depredador, de la que tomas prestadas muchas de sus situaciones cambiando al gran Arnold Schwarzenegger por el citado Ritchson y al mortífero cazador alienígena por una máquina de matar sin alma ni corazón.

El argumento de War Machine nos lleva a conocer a un soldado zapador interpretado por Alan Ritchson del que nunca llegamos a conocer su nombre y que tiene como gran objetivo pasar a formar parte de los Rangers. El motivo es que le había prometido a su hermano que ambos lo intentarían justo antes de que una emboscada en Afganistán acabara con la vida de dicho hermano.

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81, una montaña de músculos y de mala leche

Así que nuestro protagonista, herido y con muchos traumas, se apunta a la durísima formación de los Rangers en la que recibe el número 81 como denominación y se pone a hacer todo lo posible por honrar a su hermano muerto. El problema es que justo en la última prueba, una marcha en una zona boscosa de montaña, una maquina alien se estrella en el campo de pruebas y se dedica a atacar sin descanso al batallón de 81 para eliminarlos a todos sin piedad.

El principio de la cinta está dedicado a contarnos el trauma que arrastra el protagonista y luego a enseñarnos el brutal entrenamiento al que deben someterse los Rangers. El problema es que le responsable de la cinta, Patrick Hughes, parece empeñado en rodar un documental promocional del ejercito más que en dar interés al protagonista muy alejado del tono y fondo que podemos ver por ejemplo en La Chaqueta Metálica. Además 81 no puede resultar más soso. Alan Ritchson da el pego físicamente, pero poco puede hacer con un personaje aburrido que solo parece dos características: estar traumatizado y ser un tío osco y duro. Nada del carisma socarrón del bueno de Dutch al que diera vida Schwarzenegger en Depredador.

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El entrenamiento de los Rangers

Cuando por fin su grupo se encuentra a la máquina de guerra alien a la que hace alusión el título la cosa mejora un poco, dando lugar a una persecución mortal que deja algunas secuencias de acción bien llevadas y donde ahora si, Ritchson da el pego perfectamente.

El problema es que todo es muy previsible. El espectador que ha visto mil y una películas de acción sabe en todo momento lo que va pasar y cual va a ser el destino de los personajes que acompañan a 81. No hay un solo giro de guion que de un poco de picante a una historia que no deja de ser una sucesión de set pieces de acción bien ejecutadas, pero con poca chispa.

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81 con sus compañeros

Tampoco ayuda el enemigo a batir. La maquina alien tiene un diseño horroroso, muy poco vistoso. Sin olvidar que al ser una máquina no tiene alma y no hay ninguna motivación más allá de la que parece ser una programación que no puede ser más simple: matar a todo lo que se le ponga por delante. Otra vez palidece ante la comparación con el Depredador de la cinta de John McTiernan, una criatura imponente y aterradora que además está cazando a los protagonistas como parte de un deporte ritual de su raza. Parece mentira, pero Depredador, con todas sus limitaciones, tiene muchísima más profundidad y “chicha” que War Machine.

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La máquina de guerra del titulo no puede ser más fea

En cuanto a la resolución tampoco es que sea demasiado espectacular. Durante todo el metraje se van dejando poco sutiles pistas de la debilidad de la maquina y al final incluso da un poco de vergüenza ajena como 81 acaba con su enemigo. Eso sí, una vez que nuestro protagonista logra su objetivo tenemos un poco más de metraje donde se nos pone un poco más en situación sobre el alien, separándose un poco (solo un poco) de la sombra de Depredador.

Aunque a cambio, el tufillo patriotero que acompaña toda la historia se eleva a unas cotas insostenibles y si el espectador no abandona el visionado es porque ya estamos en el final de la cinta.

De todas maneras, War Machine tampoco pretende engañar al espectador. Ofrece todo lo que promete, siendo un vehículo de lucimiento para Alan Ritchson a través de unas buenas escenas de acción sin que el argumento importe demasiado. Si el espectador busca una película de acción y puede dejar de lado el tufillo patriotero y la escasa originalidad de la cinta, es una buena manera de pasar una tarde cuando no se busca nada más que pasar un rato entretenido. Muertes, explosiones, persecuciones y buenas escenas de acción. A veces tampoco hace falta mucho más.

Juanjo Avilés
Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.
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