Pese a no haber obtenido una sola nominación, ¡La novia! Es uno de los estrenos más esperados del año, apareciendo en nuestra lista de deseos cinematográficos de 2026. Y eso que no es un material original, sino el segundo Frankenstein que tenemos en pantalla en los últimos seis meses, que a finales de octubre tuvimos a Jacob Elordi (nominado al Oscar) como el monstruo en la película homónima de Guillermo del Toro para Netflix.
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Sin embargo, ¡La novia! No es una fiel adaptación de la novela de Mary Shelley, sino que se basa en La novia de Frankenstein, secuela del Frankenstein clásico de 1931, época en la que las secuelas no estaban bien vistas por el gran público. Como han cambiado las cosas.

Eso sí, para muchos La novia de Frankenstein entraría en esa lista conformada por El padrino parte II, El caballero oscuro, El imperio contraataca o Superman II como una de las mejores secuelas de la historia del cine, tanto por su original toque de ciencia ficción como por la icónica aparición de la novia al final de la película.
La película únicamente coge la premisa argumental, con un monstruo de Frankenstein atormentado por la soledad que busca una compañera como él. A partir de ahí, la guionista y directora Maggie Gyllenhaal desarrolla una película cuya mayor virtud es la imprevisibilidad. Por fin una historia en la que no tenemos ni idea de lo que va a ocurrir ni como nos lo van a presentar.
Gyllenhaal, actriz que pudimos ver en Donnie Darko junto a su hermano Jake o como la Rachel Dowes de El caballero oscuro, ya despuntó dirigiendo y escribiendo la estimulante La hija oscura, drama psicológico que exploraba con sutileza las luces y, sobre todo, las sombras de la maternidad.

Armada con ese prestigio, se desata en esta ¡La novia! Junto a un reparto deslumbrante, el principal aliciente por el que uno acudiría a esta película sin tener ni idea de lo que va a ver.
Repasemos: la actriz de moda Jessie Buckley, más que probable ganadora del Oscar por Hamnet; mi adorado Christian Bale, que llevaba unos años de capa caída (Amsterdam, Los crímenes de la academia, Thor: love and thunder) y que retoma su afición por la transformación física; Peter Sarsgaard, Annete Benning, Jake Gyllenhaal y Penélope Cruz, con un gran papel que funciona como reverso silencioso de la revolución feminista que plantea la protagonista de la película.
Más allá del excelente trabajo del reparto de ¡La novia!, tres son los principales méritos que motivan la sorpresa que genera la película.
Lo primero es que, a diferencia del Frankenstein de Guillermo del toro, esta no es una adaptación más de la novela de Mary Shelley, sino que utiliza la premisa del monstruo para dirigirse por un camino bien distinto. Aquí no volveremos a tratar el tan previsible como manido “el ser humano es el monstruo de verdad”.
Lo segundo es que ¡La novia! Se deslocaliza, alejándose de la Inglaterra del siglo XIX para situarse en un escenario tan atípico como los Estados Unidos de los años 30 (época en la que se estrenó La novia de Frankenstein original). De este modo y al estar protagonizada por una pareja de inadaptados, la película escoge el molde de historias como Bonnie & Clyde, Corazones solitarios, Amor a quemarropa o Joker: Folie a deux.

Lo tercero es que, tras el lujoso envoltorio que mezcla ciencia ficción, cine negro y homenaje al musical clásico, ¡La novia! Es una historia más sobre el trato tan injusto y denigrante que han sufrido las mujeres a lo largo de los siglos, pero esta vez de una forma más original que la vista en otras películas recientes, cuya referencia más cercana podría ser la fábula de Pobre criaturas. De hecho, la protagonista no solo es una supermujer nietzschiana capaz de subvertir los valores de su época al haber sido revivida, sino que únicamente parece revelarse escupiendo palabras en forma de sinónimos cuando es poseída por el espíritu de toda una pionera del feminismo como la propia escritora de la novela, Mary Shelley. En este sentido, el trabajo de Jessie Buckley es modélico y más sorprendente de lo que consigue con Hamnet.
En definitiva, ¡La novia! es una notable y, por encima de todo, original historia que aúna drama criminal, trágico romance y crítica social en una acertada mezcla a la que se le añade el excelente trabajo de todos sus actores, un trabajo visual apabullante y la hipnótica música de Hildur Guonadóttir. No es una película modelo y esa es preciasamente su mayor virtud. No os la perdáis.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



