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El cómic de la semana: Parasyte, de Hitoshi Iwaaki. El terror ecologista y evolucionista

Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a El cómic de la semana, y también quiero dar la bienvenida a los auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez. Otra semana más tenemos un especial de La Tapa del Obseso con el cómic de la semana y hoy toca: Parasyte, de Hitoshi Iwaaki

En este blog ya hablamos del primer tomo de Parasyte, manga que Hitoshi Iwaaki realizó en el periodo 1990-1995 y que en España ha llegado a la conclusión el mes pasado (en una edición de Planeta que contiene los ocho tomos de la colección).

La historia comienza cuando una serie de parásitos vienen de algún lugar desconocido y, aprovechando que las personas están dormidas, se van metiendo por las orejas para llegar al cerebro, destruirlo y poseer a dichas personas. Bueno, eso es más o menos lo normal, quitando el caso del protagonista, que se salva de casualidad, haciendo que el parásito que iba a comerle el cerebro se quede atascado en un brazo.

Podría decirse que empieza de modo tremebundo pero continúa de manera humorística: tenemos la sorpresa al ver que su mano tiene ojos o boca, el desconcierto del parásito al no conocer nada de los humanos, las situaciones violentas y humorísticas del protagonista en los inicios del aprendizaje del parásito, etcétera. Pero es un espejismo: el tono general de la historia enseguida se centrará en la lucha del protagonista y el parásito de su brazo por la pura supervivencia en un entorno hostil como es el mundo en el que hay parásitos idénticos a los humanos y que se alimentan de humanos.

Es, en el fondo, una historia que sigue los principios darwinistas. Los parásitos no saben a qué han sido mandados al mundo, sólo que ocupan cuerpos de humanos y que comen humanos. También tratan de ocultarse de estos. Pero no saben más. Unos han invadido el cuerpo de estudiantes, otros de maestros, otros de ejecutivos…y cada uno aprenderá cómo funciona el mundo, su lógica y sus reglas formales e informales, desde el día a día del humano al que devoraron su cerebro (o su brazo). No saben si pueden reproducirse. No saben cual es su propósito. Pero sí conocen el más básico de todos los instintos: la supervivencia.

En relación a la supervivencia las reacciones de cada uno de ellos tiene sentido. En fin, es lo de siempre: no sabemos cómo es ser un parásito salido de un relato de ciencia-ficción (aún no), pero las diferentes maneras de afrentar la supervivencia son creíbles, tienen su sentido en el contexto en que crece cada uno y no te sacan de la historia. Y, claro, también está el asunto de las relaciones con los humanos y con los otros parásitos.

Con los humanos las relaciones son de depredador y presa. Los parásitos son mucho más fuertes, rápidos y resistentes que los humanos. Pueden convertir sus cabezas en horrores pesadillescos con múltiples apéndices que cortan carne humana como los cuchillos cortan la mantequilla. En los inicios, cometen brutales asesinatos para poder alimentarse. Conforme evoluciona la historia empezarán a pensar sobre el sentido de su existencia, sobre el mejor modo de alimentarse y sobrevivir, surgiendo pensamientos relacionados con el ecologismo (¿cómo hacemos sostenible nuestra supervivencia? ¿debemos tratar a los humanos, una especie claramente inferior, como nuestros iguales? ¿por qué debería hacerse tal cosa?). Preguntas que son, también, aplicables al propio ser humano respecto al resto de los animales. Este paralelismo será un constante a lo largo de toda la historia.

Como todo relato que trate de lógica darwinista los enfrentamientos son violentos, crudos y definitivos. No hay mucho espacio a grandes discursos y las escenas están cargadas del instinto de los parásitos luchando por sobrevivir, por escapar o por eliminar a otros elementos que amenazan la propia supervivencia, última y más importante ley de todo ser vivo, humano o no. Ahí el dibujo acompaña: debido a lo extraño y horripilante de los parásitos en sus formas auténticas sería muy fácil que las escenas se embarullaran en las escenas de acción, que se volvieran confusas y pudieran ser un mero trámite para ver qué pasa. Afortunadamente no es así: a pesar de ser escenas con muchísimo movimiento y con muchos elementos a los que atender el dibujo cumple muy bien su cometido. Es claro y aséptico. Quizás demasiado, como muy posiblemente podemos ver en escenas más costumbristas y del día a día, donde quizás algo más de complejidad no hubiese estado de más. Es decir, hay lucimiento cuando las escenas son sobrenaturales o de los parásitos y algo de bajón cuando sólo tenemos humanos.

Pero no estropea esto último el manga. Es, vamos a decirlo, más que recomendable para cualquiera que busque un manga de terror, intrigante, en el que constantemente se aprenden cosas nuevas de su mundo, en el que los monstruos evolucionan psicológica y socialmente. También en el que hay reflexiones sobre la relación de la Humanidad con el resto de seres del planeta, que finalizando la historia no podemos clasificar claramente en algo prototípico.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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