El cristal oscuro (1982): un brillante cuento de hadas injustamente olvidado

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Si los años ochenta son recordados con una nostalgia a veces excesiva, es porque ofrecieron algo con lo que la década anterior, por lo general, no contaba: filmes memorables no dirigidos únicamente a adultos, sino también a niños. La guerra de las galaxias marcó el comienzo de esta tendencia en la que un producto creado para el público juvenil o incluso el infantil podía ser tratado con tanto mimo como la película más adulta sobre la faz de la Tierra. Para un adulto, un largometraje brillante puede ser atractivo o interesante, pero a un niño le cambiará la vida. Esa es la razón por la que muchos siguen aferrándose a sus recuerdos de La historia interminable, El Imperio contraataca… o, en menor medida, de películas más desconocidas como la que nos ocupa en esta ocasión: El cristal oscuro.

La inminente precuela de Netflix, Cristal oscuro: La era de la resistencia ha vuelto a poner de actualidad esta cinta extraña y semiolvidada engendrada por los brillantes titiriteros Jim Henson y Frank Oz, en la que dieron vida a un mundo completamente ajeno al nuestro en el que se desarrollaba una epopeya de dimensiones mitológicas. Hoy se recuerda El cristal oscuro por sus excelentes efectos especiales prácticos, pero también por las imágenes sombrías que darían pesadillas a miles de infantes. ¿Qué hace tan especial a esta película? Quédate con nosotros para descubrirlo.

Un nuevo cuento para una nueva era

Jim Henson y Frank Oz son dos titanes del entretenimiento, no se puede negar, pero sus rostros son bastante desconocidos. Esto se debe a que su carrera se basó en darles vida a sus numerosas marionetas, a escribir sus diálogos y a interpretarlas. Fueron dos de las mentes pensantes detrás de los famosos Teleñecos, y Oz aportó su voz al sabio maestro Yoda dentro de la franquicia Star Wars. A comienzos de los años ochenta, ambos tenían un proyecto: crear un nuevo cuento de hadas que recuperara la oscuridad de aquellos con los que las madres habían asustado a las madres durante siglos, y que habían sido sustituidos por versiones aguadas. Uno solo tenía que comparar los viejos largometrajes Disney como la enfermiza Pinocho con Los rescatadores para ver que algo se había perdido. Ninguno de estos dos genios creía que el edulcoramiento de las historias para niños fuera beneficioso para los más pequeños.

Inspirado en textos de la tendencia New Age y en distintas mitologías, Henson concibió una historia que David Odell traduciría en el guión definitivo, y su equipo comenzaría a trabajar en los inspirados diseños que aparecerían en el filme. La trama era sencilla pero tremendamente atractiva: el mítico cristal del planeta Thra fue destruido hace un milenio, lo que dio lugar a dos nuevas razas. Estas son los benevolentes místicos y los malignos Skeksis, cuyo enfrentamiento encarnizado no ha provocado sino destrucción. Un joven llamado Jen, el último de una especie exterminada por los Skeksis, debe encontrar el pedazo que le falta a este cristal y repararlo para poner fin al conflicto antes de que este acabe destruyendo el mundo.

Sin miedo de asustar

La trama suena a ya vista desde el comienzo, ya que Henson y Oz siguen prácticamente al dedillo el viaje del héroe de Campbell, seguramente inspirados por el gran taquillazo de George Lucas y por las historias míticas más tradicionales. Sin embargo, esto juega a su favor, ya que le aporta una característica de la que cualquier película para niños se beneficia. Estamos hablando, por supuesto, de la intemporalidad: no hay intentos forzados de apelar a una demografía ni a una moda, sino que se cuenta una historia que sigue manteniendo la vigencia más de un cuarto de siglo después. A esto ayudan los excelentes muñecos con los que estos artesanos cuentan el viaje de Jen. No hay un solo actor de carne y hueso, sino marionetas cuyo excepcional diseño le aporta una cualidad única al conjunto. Estas criaturas no son de nuestro mundo, no son copias de monstruos mitológicos o de héroes o villanos de otras historias. No hay nada que se les parezca… y, además, sabemos que no son efectos generados por ordenador. Todas las criaturas, desde los viejos sabios hasta los deformes Skeksis, están allí de verdad, y se nota en cada batalla y en cada conversación.

Si por algo destaca la película, es por la sensación de solemnidad que transmite: con el andamiaje de una aventura para niños en la que no faltan sus momentos de alivio cómico, consigue introducir temas como el destino, la guerra, la ambición, el amor… de un modo comprensible y alegórico, sin descuidar la acción ni el ritmo del filme. Y, a pesar del ritmo más acelerado del tercer acto, contiene momentos de calma, de quietud, en los que maravillarnos u horrorizarnos ante lo que hemos visto, o incluso reflexionar sobre ello: no todo debe ser frenético, ni siquiera para los niños. El Cristal Oscuro no es un festival constante de diversión y risas, sino que incluye fragmentos violentos y oscuros que desafían a las convenciones de las historias dirigidas al público infantil. Aunque haya un final feliz, no todos los buenos sobrevivirán, y las imágenes de pesadilla permanecerán para siempre grabadas en la memoria de los supervivientes. Solo hay que recordar aquella escena en la que el torturador de los Skeksis le arranca la esencia a un pobre prisionero para comprender por qué esta es una película especial.

Conclusión

El Cristal Oscuro no fue una secuela ni una precuela ni un remake ni estuvo basada en un cómic ni en un libro, ni fue concebida de forma desapasionada por los estudios de mercado de una productora. Fue una deliciosa e irrepetible rareza que, dos décadas antes de El señor de los anillos, trasladó una epopeya de fantasía a las pantallas de cine, para deleite y horror de los más pequeños. Conservada como el cristal del que toma el nombre, mantiene el mismo impacto después de todo este tiempo. Habrá que comprobar si su precuela mantiene el equilibrio o si, por el contrario, acaba quebrando la inmaculada superficie de esta obra maestra.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

6 comentarios

  1. Sólo decir que cuando era un niño, allá por los 90, vi El Cristal Oscuro en televisión y quedé hipnotizado. Vi por primera vez la pasión puesta en los detalles para un producto orientado al público infantil. No lo podía creer. “Esto es CINE”. Todavía me acuerdo la sensación, ese sentimiento de que algo había crecido en mí gracias a ver lo que vi.

    • Sí, esta clase de películas suelen trazar un puente entre los productos para adultos y para niños que, en parte, se ha perdido. Ahora el paso se hace más de golpe, pero es sano que los pequeños puedan disfrutar de historias más violentas e inteligentes.

  2. A mis veintitantos, nunca había oído hablar de ella hasta que se anunció la serie de Netflix, y me he encontrado con algo muchísimo mejor de lo que esperaba; si la hubiese visto de chico sería de mis favoritas de la época.

    • La peli tuvo más éxito en los Estados Unidos, en parte porque Jim Henson era mucho más conocido allí. De todos modos, cuenta una historia bastante universal que puede encandilar a los niños de todas las épocas y países… y, para qué engañarnos, a algunos adultos también.

  3. Una obra excepcional, en su construcción, como pocas ha habido. , realizada con amor, con maestría. Más valorada hoy en día que en “su época”, Sin duda ocupa su lugar en la retina, en la memoria, en el legado de los 80′ que se merece.

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