El terror de David Cronenberg, la belleza truculenta

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Con la iminente llegada de Halloween, son más que habituales los maratones de películas de miedo y todo lo que conlleve una nueva visita al género. Ya sea con el cine más reciente o los clásicos, el terror es uno de los géneros que más comunidad crea. Son muchos los autores que han aportado a construir y mejorar las bases de esta peculiar variante del séptimo arte, luchando contra puntos de vista ahora obsoletos en contextos históricos más cerrados. Pero de todos los grandes nombres que por ahí pasaron, tres de ellos hicieron de su influencia una mella inolvidable y con el tiempo se ganaron el apodo de “las tres c’s del terror”. Una triada de directores compuestos por Wes Craven (Scream, Pesadilla en Elm street, Las colinas tienen ojos), John Carpenter (Halloween, La niebla, La cosa) y David Cronenberg (La mosca, Videodrome, Inseparables).

Todos ellos pasaron a la historia por arriesgarse y sacar de la zona de confort al género, llevándolo a territorio desconocido y empujando desde límites narrativos, pasando por movimientos de cámara, hasta su hibridación con otros estilos. Pero a pesar de los diversos talentos que todos ellos poseen, hoy voy a repasar el estilo de David Cronenberg, probablemente uno de los más distintivos a nivel visual y que devolvió el foco del terror donde realmente pertenece: al ser humano.

El foco social: de la experimentación científica al body horror

Vinieron de dentro de… (1975)

David Cronenberg con el tiempo se ha ido ganando la fama de director desagradable y, cuando uno observa las tendencias de las cuales se le considera padre o principal abanderado, se hace obvio el porqué. Cronenberg siempre mostró una particular fascinación por la biología, en especial aquella relacionada con los insectos, y prueba de ello terminan siendo sus películas, pues el director muestra probablemente una de las mentes más quirúrgicas de la gran pantalla. Debido a esta fascinación, en sus inicios encontramos una fuerte presencia científica. La exploración de los límites  de la ciencia y la crítica social, delimitó claramente su primera etapa cinematográfica, con elementos tan perturbadores como la idea de la creación de parásitos vivos que pudiesen llegar a suplantar órganos humanos. Premisa de la cual surgió su segunda película: Shivers (Vinieron de dentro de…), en la que se aprecia su particular fascinación por la transformación del ser humano y la moralidad sexual.

Videodrome (1983)

Una metamorfosis que iría explorando y perfeccionando con el paso de los años, llegando al punto de ser considerado uno de los creadores del Body Horror, un subgénero caracterizado por su grafismo y por ser el mismo cuerpo humano la fuente y objeto de todos los horrores, facilitando de este modo la extraña cercanía de gran parte de sus relatos, pues las deformaciones y mutaciones internas no dejan a nadie indiferente. Este fuerte componente visual asociado a algo tan incontrolable y atroz como perder el control sobre tu propio cuerpo, perfiló su estilo en sus siguientes películas Rabia y Cromosoma 3, en las que pulió sus marcas identitarias a la vez que mejoraba la creación y desarrollo de personajes, algo que hasta el momento suponía una de sus mayores carencias. Hasta el año 1983, en la que creó la que seria una de las piedras angulares de su filmografía: Videodrome.

Aunque pase muchas veces inadvertida, en Videodrome confluyeron por primera vez armoniosamente la angustia vital interna del protagonista y el desolador mundo exterior. Aquí las carencias y miedos de los personajes se entremezclaban con la realidad, manufacturando de este modo una atmósfera angustiante que, aderezada con una maravillosa estética cyberpunk, sumía al espectador en la misma pesadilla que el protagonista, navegando con él a través de los matices de una emoción claustrfóbica de un modo similar a lo que Lars Von Trier hizo más adelante con la depresión y la ansiedad.

La mosca (1986)

Esta etapa tuvo su mejor momento con su famosa La mosca, en la que el Body Horror de Cronenberg alcanzaría su cúspide y conseguiría calar en el imaginario popular, marcando una manera de hacer. Pero con La mosca también terminaría su etapa más grotesca, pues la película le sirvió como trampolín para alejarse de lo social que había caracterizado su filmografía y adentrarse en lo psicológico.

El foco psicológico: la angustia del ser humano

Fue a partir de estas piezas más centradas en la angustia del ser humano como La mosca o Videodrome, de las que terminó saliendo la nueva etapa de Cronenberg. Etapa que tuvo su inicio con Dead ringers (Inseparables), una película que ya respiraba un estilo distinto a las demás. A pesar de conservar su sello marca de la casa, en Inseparables se notaba que exploraba los límites de la moralidad desde otro punto.

Crash (1996)

En este nuevo periodo, los personajes atormentados con crisis existenciales y vidas agonizantes se convierten en una tónica, reincorporando la tendencia a confundir realidad objetiva y subjetiva que descubrió en Videodrome, como podemos apreciar con películas como EXistenZ, M. Butterfly o Spider. También fue en esta etapa en la que saldrían algunas de sus obras más controvertidas como fue el caso de Crash, una película que exploraba los límites de la sexualidad y de la adicción de personas desoladas a placeres nocivos como única manera de sentirse vivos.

La mella Cronenberg

Lo que hizo de David Cronenberg un referente en el género fue su particular visión de las angustias vitales del ser humano y de lo aterrador de la transfiguración. Gracias a sus conocimientos de biología y pasión por los insectos, nos ha deleitado con algunas de las escenas más grotescas y aterradoras de la gran pantalla, calando a la par por su sucia exquisitez a la hora de realizarlas y por la extraña verosimilitud que todas comparten.

Un director muy reconocible y que siempre ha tendido a rechazar los grandes presupuestos, demostrando lo mucho que se puede hacer con muy poco. Alguien que, como suelen hacer los grandes directores, siempre se ha mantenido fiel a la intención artística, anteponiendo su visión a la de lo considerado como políticamente correcto o lo más comercial. Gracias a su manera de pensar y a su prolífica carrera, el género ha continuado creciendo y expandiéndose, optando por vías alternativas y mostrando que el terror se halla en todos nosotros, ya sea a nivel mental o visceral.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

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