En la edición número catorce del Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid (CutreCon) tuve el placer de entrevistar al veterano director (actor, guionista, productor…) de cine español Fernando Colomo en una mesa redonda junto a Fran (Moviementarios) y Juan Carlos (Zefiro Studio).
Fernando Colomo (Madrid, 1946) completó sus estudios en la Escuela Superior de Arquitectura y en la Escuela Oficial de Cine para, después de trabajar un tiempo como arquitecto, dedicarse por completo a su pasión por el cine, donde se ha convertido en un referente de la comedia española y de la comedia madrileña de La Movida. Durante sus más de cincuenta años de experiencia en la industria ha dirigido largometrajes como Bajarse al moro (1989), Al Sur de Granada (2001) o Los años bárbaros (1998), así como series de televisión y cortometrajes; y entre sus múltiples galardones destacan tres premios del Círculo de Escritores Cinematográficos, y otros logros nacionales y en el extranjero.

El cineasta de 79 años vino a la facultad de Ciencias de la Información (UCM) para recoger el premio Confislab Sah-Di-A 2025 que CutreCon le otorgaba y presentar su película El caballero del dragón (1985), para después charlar con el público sobre ella junto a su veteranísimo director de fotografía José Luis Alcaine (El Sur, Dolor y gloria…).
El caballero del dragón (1985), la rara avis de espada y brujería mezclada con ciencia ficción con un curioso reparto formado por Klaus Kinski, Harvey Keitel, Miguel Bosé y Fernando Rey entre otros, fue en su momento la película más cara de la historia del cine español con un presupuesto de más de 300 millones de pesetas (unos dos millones de euros). El batacazo fue inmenso en taquilla y crítica, y el rodaje esperpéntico, sobre todo por la dificultad de trabajar con Klaus Kinski que, entre otras cosas, casi ahoga a José Vivó y le fisuró una costilla a Fernando Rey. El caballero del dragón (1985), ha quedado con el tiempo como una película maldita que arruinó a Colomo económica y personalmente, y que, como él mismo nos dijo, no volvería a repetir.

Empezaste haciendo cortos y luego hiciste la carrera de arquitectura, ¿cómo surgió tu amor por el cine originalmente?
Mi amor por el cine surge en el colegio cuando veo Los cuatrocientos golpes (1959) de Truffaut. Estudié en un colegio de curas (Los Sagrados Corazones), pero los sábados tenían cinefórum. Iban los de sexto y los de Preu, y yo como estaba en quinto no me correspondía, pero mi hermano mayor iba un curso por delante y me dijo «hemos visto una película que es muy buena», entonces me picó la curiosidad y al día siguiente (domingo) la ponían para las familias, así que fui, le eché un poco de morro y le dije al cura de la puerta «es que yo tenía mucho interés en ver esta película…». Me miró y me dijo: «eres un crío pero pasa». Vi la película y me pareció una maravilla, porque el protagonista (Jean Pierre-Léaud) tenía mi edad y porque la película es estupenda.
Esto coincidió con otra cosa que fue la primera carta que llegó a mi nombre (Fernando Colomo Gómez). La abro y era una publicidad de una revista nueva que iba a salir de cine que era Cine Studio, una escisión de Film Ideal, que era la revista especializada de cine. Veo aquello y hablan de cine y de arte, y a partir de ahí me volví un cinéfilo.

Jean Pierre-Léaud en Los cuatrocientos golpes (1959) de François Truffaut
Has hecho y sigues haciendo muchísimas películas, ¿en algún momento ese amor por el cine se ha apagado o es posible que lo haga?
El amor se ha mantenido y se mantiene: acabo de terminar una película, aún estamos en postproducción, y estoy escribiendo la siguiente. Por varias razones, la primera de todas porque me encanta. Para mi rodar una película… y no solamente el rodaje, todas las distintas etapas son como distintos oficios. El rodaje son cuatro o seis semanas, pero está toda la escritura de guion previa, luego la financiación que es lo menos interesante, luego preproducción que es la más interesante; vas a localizar, te juntas con el equipo y estas cosas; y luego rodaje que es lo más apasionante, y montaje que es muy interesante también. Y el lanzamiento, que quizá es la parte más pesada. A mi me encanta sí, pero luego también es que tengo que seguir trabajando porque vivo de alquiler y tengo que pagar todos los meses el piso y la comida y esas cosas.

Hablando de mantener el amor por el cine, ¿qué te parece la idea del festival (CutreCon) de recuperar películas que han sido mal paradas y vivirlas como una experiencia?
La idea de CutreCon (se ríe) me parece muy divertida, y es una forma de recuperar un cine que en su momento ha sido maltratado o no ha tenido mucho éxito o ha sido un cine muy marginal. Todo lo que sea recuperar películas me parece que está bien y creo que la gente que lo hace lo hace con una vocación de descubrir algo más allá del cine mainstream, del que tenemos en las plataformas.
Has tocado muchos palos, pero sobre todo eres experto en comedia. La película que presentas en CutreCon (El caballero del dragón) es fantasía medieval, creo que una rara avis en tu carrera, ¿volverías a ese género?
Todo depende de las ofertas que me salgan. Si hay alguna película interesante y me dan un guion bueno, y hay un productor detrás que lo va a financiar pues yo encantado. El género tanto de ciencia ficción como el cine de época a mi me encantan, lo que pasa es que es más difícil de levantar. Cuando haces más comedia, lo que se llama la comedia madrileña, era porque rodar en Madrid era más barato que rodar en San Sebastián. Ahora no (se ríe), ahora lo más barato es rodar en Bilbao porque es donde más ayudas tienen. Pero sí, a mí me encantaría.
Creo que a todos nos ha llamado la atención el reparto de gente tan dispar de El caballero del dragón: Fernando Rey, Klaus Kinski, Harvey Keitel, Miguel Bosé… ¿cómo se dio ese elenco?
Siempre pensábamos en el personaje de Boecius, el alquimista, en tener un actor de Hollywood ya veterano. Nuestra idea al principio era Burt Lancaster, también lo intentamos con Charlton Heston y muchos más. El extraterrestre al final lo hizo Miguel Bosé, que creo que era la opción perfecta, pero lo encontramos cuatro semanas antes de empezar el rodaje o algo así. La chica también era difícil porque teníamos que hacer la película en inglés, entonces buscamos a María Lamor que daba muy bien el personaje y era de madre alemana y tenía un look un poco anglosajón. Al final aparecío Harvey Keitel, porque también buscábamos algún nombre en Estados Unidos que reforzara un poco el elenco.
Hay actores también como José Vivó, que es un actor de teatro español de toda la vida muy bueno. Y me estoy olvidando alguno, pero efectivamente es un casting muy heterogéneo… Muy raro, no acaban de mezclarse bien yo creo.

¿Sonaban también Vincent Price e Imanol Arias?
Imanol Arias fue el primero que teníamos para hacer de extraterrestre, pero Enrique Ventura, que es el que hizo todos los diseños de la preproducción, luego Félix Murcia hizo el arte; hizo un dibujo medio caricatura del extraterrestre con la escafandra y la cara de Imanol y nos quedamos asustados porque no tenía para nada pinta de extraterrestre. Hablamos con él y lo entendío aunque teníamos casi cerrado el contrato. Ahí es cuando empezamos a buscar y al final apareció Miguel Bosé, pero sin buscar a alguien conocido ya sino que tuviese unas características físicas muy especiales.
Hoy en día trabajar con efectos especiales es muy normal, pero en la España de aquella época tuvo que ser un reto enfrentarse al nivel de producción que tenía El caballero del dragón. ¿Cómo fue utilizar esas técnicas?
Me enfrenté con muchísimo gusto. Tengo una formación más visual que literaria digamos, y toda la parte de hacer efectos y desarrollar storyboards, verlo visualmente, maquetas… todo eso me entretenía muchísimo. Mucho más que trabajar con actores como Klaus Kinski.

En su momento El caballero del dragón tuvo el presupuesto más grande de la historia del cine español, ¿cómo viviste esta presión?
Rodar El caballero del dragón fue una presión muy fuerte en todos los sentidos. En primer luegar porque fue el año que empezaron a dar subvenciones anticipadas, porque antes eran a posteriori de un porcentaje de la recaudación en taquilla, y te podían dar hasta el 50% del presupuesto como máximo. El caballero del dragón fue una de las muchas que salieron y era muy cara, entonces la gente dijo «¿por qué a este señor le dan tanto dinero?». Hubo mucha polémica y compañeros hablaron en contra de mí en la prensa… Todo eso lo sobrellevé como pude porque me hacía mucha ilusión hacer esta película y experimentar, porque intentaba hacer una película no solo de gran presupuesto porque sí, sino una película que pudiera ser exportable y que se pudiera ver en todo el mundo; rodada en inglés… Era probar un camino nuevo. Bien, pero fue muy duro.
¿Qué aprendizaje sacaste de hacer esta película?
Si pudiera volver en el tiempo no repetiría evidentemente. Cuando se me ocurrió la primera idea diría «bueno, espera, tengo otra idea de una historia que ocurre en dos pisos… no voy a complicarme la vida…». Bueno, esa es la parte bonita que tiene el cine de meterte en todos los charcos. Realmente, si a lo largo de mi carrera hubiera sido muy conservador no hubiera rodado ni la primera película. Mi primera película Tigres de papel es del año 1977 y tuvo buenas críticas y fue bien de público… pues realmente antes de empezar a rodarse algunos compañeros míos lo veían como una locura absoluta. Cuando fui a hacer la segunda le dije a mi madre «voy a hacer otra película», y me dijo «¿ah, sí? ¿con qué dinero?»; porque ella había visto como yo había trabajado durante cinco años como arquitecto y había ido ahorrando dinero para luego hacer la película. Pensaba que era una chaladura mía y que volvería a ser arquitecto y no haría más locuras de estas.

Tigres de papel (1977), primera película de Fernando Colomo
Muchos invitados de CutreCon comentan que mirar con el tiempo sus películas y reírse de los fallos es lo que les ha ayudado a curar heridas. ¿Hasta que punto eres autocrítico con tu propio cine? ¿Te ríes de ti mismo o de lo que has hecho?
Sí, realmente para sobrevivir tienes que tomarte a broma muchas cosas. En una carrera dilatada hay veces que aciertas y que te equivocas, y vas aprendiendo de todo. Para mí el ejemplo es Luis García Berlanga, que fue mi maestro, y era el mayor crítico de las películas de Berlanga. A todo el mundo nos encantaban y él estaba todo el rato poniendo pegas (se ríe). No llego a ese nivel pero si tengo la capacidad para criticar películas o partes de películas que en mi opinión no funcionan del todo bien.
La comedia está por lo general denostada por los académicos y siento que es una especie de vaselina para tocar ciertos temas complicados para la sociedad. A ti ¿qué te aporta la comedia? Ya sea como espectador o como artista.
Yo llego a la comedia de una forma natural. Yo no intento separar géneros salvo en el caso de El caballero del dragón, que claramente es una película de ciencia ficción y de época, pero en general cuando encuentro una película con personajes cotidianos y reales que son de nuestra época, no me pongo a pensar si es una comedia o no, pero sé que inevitablemente va a tirar un poco hacia la comedia. Yo creo que la vida no es comedia o drama, siempre está todo mezclado. Hay directores que tienen una tendencia natural al dramón y otros a la comedia, pero yo intento no hacer una comedia con todas sus convenciones porque me parece bastante reductivo y con el drama lo mismo.
Nunca me he planteado hacer un drama, pero sí me ha pasado que en algún guion veía demasiada comedia y le intentaba quitar, pero también a veces en situaciones que no eran de comedia en el momento de rodar pasa algo y le das un punto de vista irónico y se convierte en comedia.
Tienes una carrera como director y puedes dirigir largometrajes, pero has hecho muchos cortos a lo largo de tu filmografía. Como artista, ¿qué significa para ti el mundo del corto a la hora de contar una historia?
Yo he nacido del cortometraje, mi formación viene del cortometraje. Pasé por la escuela de cine pero yo mismo me suspendí en dirección y me cambié a decoración. Veía seguro entrar porque había siete apuntados para ocho plazas y en dirección doscientos cincuenta para ocho plazas también. Yo he aprendido con el cortometraje, no solamente dirección, también producción y toda una serie de cosas. El cortometraje creo que es casi más difícil que el largo a veces, el poder sintetizar una historia. Además, estos cortos que hacíamos se ponían en los cines antes de las películas y no podían sobrepasar los diez o doce minutos como mucho. Eso sí, te obliga a pensar una historia cerrada y no es nada fácil, o una sola localización por producción. Los elementos externos te condicionan la historia para bien o para mal.

Has vivido muchos años dentro de la industria y has presenciado grandes cambios en las formas y técnicas de producción. ¿Crees que el cine ha evolucionado en este aspecto para mejor o para peor?
La técnica ha cambiado totalmente, pero lo que veo es que hay una inercia en la industria por seguir haciendo lo mismo que se hacía. A pesar que las cámaras se reducen, luego los técnicos las amplían con filtros, parasol, una pantalla… con lo que las ventajas de una cámara ligera se neutralizan otra vez. Hay una tendencia, en mi opinión, a dar demasiada importancia a todo el equipo técnico y de cámara. A mí lo que me interesa del cine, salvo alguna película especial como el caso de El caballero del dragón, es lo contrario. Vengo de la nouvelle vague e incluso del neorrealismo italiano, y a mi lo que me interesa es contar historias de una forma sencilla y con unos medios técnicos fáciles de manejar. Me parece que ahora hay cámaras sencillísimas como el teléfono, y puedes hacer una película perfectamente con mucho menos equipo y material y, sobre todo, con mucha más libertad.

Isla bonita (2015) de Fernando Colomo
Has dicho que has terminado un proyecto y que estás con otro, ¿nos puedes comentar algo sobre la película que tienes en postproducción?
Acabo de rodar una película con la que estamos en postproducción todavía que se llama Las delicias del jardín. Soy protagonista y mi hijo (Pablo Colomo) coprotagonista. Es una historia de padre e hijo, los dos son pintores, tiene partes biográficas y actores de gran peso como Carmen Machi, Antonio Resines, Luis Bermejo, María Hervás… Es una historia que he conseguido hacer de forma totalmente independiente con toda la libertad del mundo, a diferencia de las últimas películas, que hacía con diferentes productores y lógicamente siempre te imponen algunas cosas. Esta la he hecho con total libertad y tengo mucha ilusión en ella. Se llama Las delicias del jardín como he dicho, que es una especie de parodia de El jardín de las delicias. Es un padre pintor que tiene que hacer una versión de El jardín de las delicias y ya no tiene capacidad para pintar y en realidad lo va a pintar su hijo, que también es pintor pero menos conocido.

Fernando Colomo y un servidor durante la entrevista
Tras esta provechosa conversación de más de veinte minutos, Fernando Colomo partió a presentar la tan mencionada El caballero del dragón, de la que hablo brevemente en mi primera crónica de CutreCon XIV. Además fue mi primera película del festival.
Muchas gracias por leerme e ¡id al cine!



