¡Cómo pasa el tiempo! Ocho semanas después, termina la segunda temporada de Fallout tras un relativo fracaso de audiencia. Según se comenta en distintos portales de Internet, es cierto que la serie se ha mantenido como una de las más vistas de Amazon Prime Video, pero su repercusión ha sido mucho menor que en la primera temporada. Probablemente haya tenido que ver con su formato de estreno, con un capítulo semanal a lo HBO. Algo a lo que el telespectador medio ya no está acostumbrado y que ha podido llevar a no retomar la serie hasta que todos sus capítulos estuvieran disponibles en la plataforma.
Nuestro análisis de la primera parte de la segunda temporada de Fallout
Nuestro análisis de la primera temporada de Fallout.
De una forma u otra, este no es un artículo para analizar el impacto que pueda tener Fallout en el ciudadano medio. Yo ya os digo que se trata de una serie muy recomendable y que merece más atención de la que ha recibido desde que se estrenó su primera temporada.
Ahora nos centraremos en lo que ha deparado sus últimos cuatro capítulos y mi visión global de la segunda temporada, que no será la última. Ya está renovada para una tercera tanda de episodios.
En sus cuatro últimos episodios continúa la narrativa fragmentada en distintas tramas con desigual peso entre ellas.
Tras llegar a New Vegas, Lucy se ve traicionada por el Necrófago y quedando a merced de su padre Hank, que se ha dedicado a “lobotomizar” a todos los que puede utilizando el dispositivo creado por Robert House.

Sin duda, uno de los grandes aciertos de esta segunda temporada es el villano Kyle MacLachlan. Solo el protagonista de la mítica Twin Peaks es capaz de aunar en una sola interpretación crueldad con candidez. Es muy fácil dejarse convencer por este hombre, y casi lo consigue con su hija.
Finalmente, vuelve a reunirse con Maximus en una New Vegas al borde de la guerra entre La legión, comandada por un Macaulay Culkin que ha engañado a todos sus hombres y se ha autoproclamado emperador, y la Nueva República de California.
Maximus ha llegado hasta Lucy gracias al Necrófago, con el que ha atravesado el Strip (la calle más emblemática de Las Vegas) repleto de bestias mutantes protegido por su armadura.
Por otro lado, El Necrófago consigue llegar, Robert House digitalizado mediante, hasta el contenedor de su mujer e hija para averiguar que es probable que se encuentren en Colorado, territorio fundamental en la mitología de Fallout.
A través de los flashbacks (el elemento narrativo más importante en esta segunda temporada) descubrimos que quien inició involuntariamente la reacción en cadena que terminó con el holocausto nuclear fue el mismo Howard al entregar la fusión fría al presidente de los Estados Unidos. Así que no fueron ni Vaultec ni Robcop quienes pulsaron el botón, sino una organización que maneja los hilos por encima de estos: el denominado Enclave.

Fuera del foco de New Vegas, Norm consigue librarse de sus captores al ser estos asaltados por cucarachas mutantes y su destino actualmente es incierto. Mientras tanto, descubrimos que Stephanie era la mujer de Hank McLean y que es una canadiense de más de 200 años que hizo lo posible por sobrevivir a la catástrofe nuclear.
Llegados a este punto y tras haber resumido las principales tramas de Fallout, considero que la segunda temporada baja un poco el listón con respecto a la primera.
El desafío de la serie era superar el impacto que tuvo la primera tanda de episodios, una estupenda mezcla de ciencia ficción conspiranoica, violento spaghetti western y humor negro.
Al desaparecer ese impacto, la serie debe apostar por la profundización tanto en los distintos protagonistas como en el mundo de la serie.
Y lo consigue. Pero parcialmente.
Fallout gana mucho cuando se centra en Lucy, el Necrófago y en Hank McLean. La química de Ella Purnell, Walton Goggins y Kyle MacLachlan es sobresaliente. Gracias a los flashbacks conocemos más sobre las distintas fuerzas que pudieron provocar el fin del mundo y casi me dejo convencer por las motivaciones del cándido Hank McLean.

Desgraciadamente, el resto de personajes y tramas no están a la altura. Fallout comete el gran pecado de las series centradas en varios personajes: la irregularidad de sus tramas. La de Norm no ha ido a ningún lado y la centrada en los refugios era demasiado dispersa como para prestarle atención, salvo la revelación final en lo que concierne a Stephanie.
Incluso Maximus, con las guerras entre las facciones religiosas que abarcaron el primer arco de la segunda temporada, ha pasado a un cuarto plano con respecto a sus compañeros de reparto.
En definitiva, Fallout continúa siendo una notable serie de ciencia ficción, ligera y entretenida en sus formas, a la que le ha pesado el reparto entre sus distintas tramas y personajes.
Veremos qué nos deparará en su tercera temporada.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!




No soporto a máximus….es lo que más me repele de la serie. A esperar la próxima.
Da la sensación de que no han sabido qué hacer con él en esta segunda temporada.