Estrenada en un tiempo en el que todo internet parece únicamente querer hablar del final de Stranger Things (al final, Netflix sigue siendo la reina indiscutible de las plataformas), la segunda temporada de Fallout avanza inexorablemente, al ritmo del capítulo semanal de las series de antaño. Aquí vamos a analizar lo que han supuesto los primeros cuatros capítulos de esta temporada.
Como muchos sabréis, Fallout es la adaptación de una mítica saga de videojuegos de rol occidental situados en unos Estados Unidos arrasados por la guerra nuclear poco después de la II Guerra Mundial. Por lo tanto, combinan la ambientación futurista de un territorio arrasado con la estética de la época en la que el mundo se detuvo, los años 50.
Nuestro análisis de la primera temporada de Fallout.
Parto de la base de que no he jugado a ninguno de los juegos de la saga, por lo que mi apreciación de la serie se basa exclusivamente en lo que me entretuvo y sorprendió la primera temporada y no en mi devoción por el material original en el que se basa.
En este artículo repasaré lo que ocurre en estos cuatro primeros episodios y las principales virtudes y defectos de lo que llevamos de segunda temporada de Fallout.
Como en la primera temporada, Fallout es una serie coral con cuatro protagonistas que se mantienen íntegramente en esta segunda tanda de episodios. Eso sí, con resultados algo desiguales.
A partir de la imagen, spoilers de los cuatro primeros episodios de Fallout.

En primer lugar, tenemos a los principales protagonistas de la serie unidos en una única trama. Hablo de Lucy Maclean y el Necrófago, juntos viajando hacia New Vegas para acabar con el padre de Lucy, que consiguió escapar tras el final de la primera temporada.
Durante su viaje ocurren distintas peripecias que amenazan con separarles. Esto sirve tanto para expandir el contexto del Yermo, con la aparición de grupos como la Legión del Caesar o el frente de Nueva California, como poner a prueba los caracteres de los dos protagonistas.
Por un lado, tenemos la fresca ingenuidad de Lucy, que ha conocido la violencia pero continúa teniendo fe en la bondad de los seres que se van encontrando en su viaje. Por otro lado, el cinismo del Necrófago, un buen hombre que ha construido una gruesa armadura de crueldad tras siglos vagando en busca de su hija y de la mujer que le traicionó. Ambos moldeándose el uno al otro. Lucy volviéndose más dura y El Necrófago más humano.
La trama es una buddy movie de manual que se ve enriquecida por la extraordinaria química entre Ella Purnell y Walton Goggins.
Además, a este último lo vemos en continuos flashbacks en los que se nos explica la situación antes del ataque nuclear. En ellas aparece Robert House, el misterioso líder de RobCo Industries, un papel que promete revelarnos mucho sobre lo que ocurrió antes de que el mundo fuera arrasado.
Otra de las subtramas involucra a Maximus, todo un Centinela respetado por el Maestre Quintus y que ve puesta a prueba su fe en el sistema porque, como toda religión, al final la Hermandad pliega sus intereses a la de sus miembros más ilustres.
Es más, sabemos que hay distintas Hermandades que acaban en guerra entre sí por salvar Maximus a unos niños Necrófagos.

Hasta ahora, la trama que menos peso ha tenido ha sido la de Norm, el hermano de Lucy, que ha conseguido escapar despertando de su letargo al resto de supervisores y llevándolos al yermo. Veremos si en los capítulos restantes remonta, porque todo lo que ha tenido que ver con los Refugios en la segunda temporada de Fallout no ha estado a la altura de lo que ocurre a cielo abierto.
La segunda temporada de Fallout, como la de The boys o Invincible, explota las virtudes que la hicieron una de las grandes series del 2024.
Esto es, básicamente, una acertada mezcla entre cómica sátira social a lo The boys con la estética y los códigos del spaghetti western, con violentas y expeditivas acciones a cargo, fundamentalmente, del personaje del Necrófago.
En esta segunda temporada, conocidas algunas revelaciones básicas sobre cómo se construyeron los Refugios y el mundo se convirtió en el Yermo, las sorpresas son menores, pero eso no quita que Fallout siga siendo una serie tremendamente divertida y, porqué no decirlo, poco seria, en el que no paran de estallar cuerpos y cabezas en todos los capítulos.

Sorprende ver a Jonathan Nolan y Lisa Joy como productores, ya que su Westworld (y los videojuegos Fallout originales) apostaban por un tono más serio, totalmente alejado de lo que vemos en esta serie.
Incluso sus incorporaciones más notorias, como Macaulay Culkin o Kumail Nanjiani, son actores conocidos por sus dotes cómicas. Todo está deliberadamente exagerado para reforzar ese tono satírico.
De una forma u otra, por mucho que me pregunte que hubiera sido de Fallout si sus creadores se la hubieran tomado más en serio, la realidad es que ya tenemos unos cuantos productos serios ambientados en tierras postapocalípticas (véase Silo o See). Así que me quedo con el entretenimiento sin frenos de esta Fallout. Veremos a ver en qué quedan los siguientes cuatro capítulos.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!




Personalmente me está pareciendo algo floja está segunda temporada. El ritmo muy lento a mí parecer. Saludetes
Sí que parece que las tramas avanzan lento y con desigual calidad.