Ayer murió Victor Mora, creador del Capitán Trueno. Comenté a unos cuantos amigos lo primero que pensé: que si Victor Mora hubiese sido francés la noticia hubiera abierto telediarios. Si hubiera sido inglés, aparecería en portadas de periódicos. Aquí, en España, veremos en los siguientes días qué importancia le damos.
En la España de la posguerra los tebeos fueron un instrumento clave de entretenimiento y evasión. Uno de los más conocidos era “El Guerrero del Antifaz“, la historia de un musulmán reconvertido al cristianismo que lucha por los Reyes Católicos. Era, vamos a decirlo, un cómic culebronero, lleno de artimañas y giros de guión, divertidísimo, pero que transmitía fielmente el argumentario del régimen franquista.

Pero el Capitán Trueno no sólo es eso. Victor Mora no sólo fue un artista fantástico que nos legó aventuras para soñar el resto de nuestras vidas. Se jugó el cuello. Fue un héroe. Al fin y al cabo, su intención era crear “un defensor de los derechos humanos”. Hablamos de mediados de los años 50, en pleno franquismo, saliendo de lo peor de la posguerra. No iba a hacer un tebeo en el que un católico defendería la fe contra los ateos y musulmanes a toda costa ni iba a hacer apología del régimen.
El Capitán Trueno es el caballero andante de las novelas de caballería, lo que siempre quiso ser Don Quijote. Fuerte, habilidoso con la espada, caballeroso, justo, combatiendo siempre por los más desfavorecidos. Representaba lo que el Capitán América o Superman en los cómics de superhéroes. Como bien comentó Jose Luis Corral Lafuente, Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, el Capitán Trueno no tiene defectos y defiende los valores de la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad. No eran los de la Edad Media ni los del franquismo.
Acompañado siempre por sus dos amigos, el gigantesco, hambriento y humorístico Goliath y el picarón y pillo Crispín, el Capitán Trueno viajaría por todo el mundo y Victor Mora lo aprovecharía para meter goles a la censura franquista una y otra vez. Como su noviazgo con la reina Sigrid de Thule, una mujer muy alejada del prototipo de mujer católica y pasiva, toda una reina poderosa, independiente y bellísima, alguien que estaba de igual a igual con el Capitán Trueno. Un claro guiño, como recuerda de nuevo Jose Luis Corral Lafuente, a los movimientos de liberación de la mujer que estaban avanzando en el resto de Europa.
No hay pueblos malvados ni pueblos buenos en el Capitán Trueno: hay individuos musulmanes malvados y individuos musulmanes buenos. Hay perversos cristianos y vikingos, también buenos. La bondad o la maldad era cosa de individuos, no de religiones ni de razas. El Capitán Trueno no se alía con el bando cristiano, español o monárquico por sistema: se pone del lado del que es perjudicado, del débil, cueste lo que cueste y se tenga que enfrentar a quien tenga que enfrentarse. Con la melena al viento, sonriendo, con el gigantesco Goliath dando mamporros a decenas de malvados mientras con una mano come una pata de cordero y mientras Crispín busca tontear con otra doncella.
Todo esto hizo Victor Mora pasando por las cárceles franquistas por pertenencia al Partido Socialista Unificado de Cataluña. Llegó a vender 350 000 ejemplares de cada número en los años 60 en España. Lo he puesto bien: 350 000. Es lo que puede vender un número de The Walking Dead hoy, en un país como EEUU de más 300 millones de habitantes e inmensamente rico, con una serie de televisión mundialmente famosa detrás.
No sé si nos hacemos una idea del milagro que era el Capitán Trueno en ventas, siendo de los primeros cómics que se exportaron a otros países. O del mérito de lo que quería transmitir el autor. Y, sobre todo, de la inmensa calidad de las historias, de las impactantes escenas de acción (porque contó con grandísimos dibujantes como Ambrós) y del sentimiento de contemplar maravillas que eran, siempre, sus cómics. No sólo hizo el Capitán Trueno: también creó a El Jabato (cómic parecido en sus protagonistas a El Capitán Trueno, pero ambientado en el Imperio Romano), se inició en el mundo de la novela y continuó renovando el cómic español siempre que pudo.
No sé qué importancia le darán los medios. Pero sí sé que su nombre es injustamente desconocido. Este señor ha contribuido durante décadas a la educación sentimental de varias generaciones de españoles, de transmitirles unas ideas de justicia, de fraternidad y de libertad que no tenían en su vida real, haciendo una obra artísticamente bella, divertidísima y jugándose el pescuezo. No que te critiquen en Twitter, no: el pescuezo de verdad. De haber sido estadounidense tendría películas con Óscar protagonizadas por un actor taquillero. En Francia hubiera muerto millonario y sería un habitual de los programas culturales. Aquí simplemente ha muerto. Nos quedan sus cómics y una estatua del Capitán Trueno en Albuixech, Valencia, ciudad natal del primer dibujante del Capitán Trueno, Ambrós.
Gracias Victor Mora, muchísimas gracias por intentar traer luz en momentos de tanta oscuridad. Gracias por hacerlo tan divertido, apasionante y maravilloso. Gracias por haber existido.







Gran artículo. Víctor Mora fue un referente para mucha gente a lo largo de unos años tremendos en la historia de este país, que mientras le lame el culo a quien no debe se olvida de gente como Victor Mora. Un abrazo.
Grandísimo artículo, justo acabo de leerme El Invierno del dibujante de Paco Roca y me pregunto cuántos autores de cómics nos habríamos perdido sin el trabajo de personas como Victor Mora.
Gracias por el artículo Raul. En España muy poco se va a hablar de este autor aunque falleciera hoy, pero al menos siempre nos quedarán artículos como el tuyo que son un homenaje más que merecido aunque no lo lea tanta gente como los grandes periódicos españoles.
Gracias por este artículo
Una verguenza que artistas como Victor no sean valorados en nuestro pais. Gracias por contarnos cosas de él y por la página
Viendo como tratamos a nuestros grandes artistas, suerte tiene de que no lo entierren en una cuneta.