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Interpretación de 2001: Una odisea del espacio. Segunda parte

Hola de nuevo, queridos lectores. Supongo que si estáis aquí es porque os interesará conocer el significado que tanto Clarke como -en mucha menor medida- yo le damos a esta magnífica obra titulada 2001: Una odisea del espacio y porque habréis leído la primera parte. Si no es así, aquí os la dejo.

CUARTA PARTE (En la que nadie entiende nada)

El cuarto y último episodio de nuestra odisea favorita (no se alarmen los fans de Homero, me refiero al cine…) es probablemente el que más preguntas genera al espectador estándar (también hay los que lo entienden todo y los que no entienden nada pero pasan de perder el tiempo haciéndose preguntas). Este hecho es completamente lógico, las escenas finales pueden parecer aleatorias y sin sentido. Pero esto no es así, todo tiene su explicación, y ahora voy a tratar de dejarla lo más clara posible.

La historia continúa con Bowman llegando a Júpiter. Allí encuentra un cuerpo extraño, rectangular y de dimensiones increíbles. Es un monolito, pero no uno cualquiera, sino el monolito “madre”, el receptor de la señal enviada por el que tiempo atrás se había desenterrado en la Luna.

Este es el momento de responder a una de las preguntas más importantes: ¿Qué son los monolitos y de dónde salieron? Y lo haré con fragmentos del libro:

“[…] Ahora estaba finalizando la larga espera. En otro mundo aún, había nacido la inteligencia y estaba escapando de su cuna planetaria. Un antiguo experimento estaba a punto de alcanzar su apogeo.                                                                                                                                                                  «Quienes habían comenzado este experimento, hacía tanto tiempo, no habían sido hombres… ni siquiera remotamente humanos. Pero eran de carne y sangre, y cuando tendían la vista hacia las profundidades del espacio, habían sentido temor, admiración y soledad. Tan pronto como poseyeron el poder, emprendieron el camino a las estrellas.
«En sus exploraciones, encontraron vida en diversas formas, y contemplaron los efectos de la evolución en mil mundos […].
«Y debido a que en toda la Galaxia no habían encontrado nada más precioso que la Mente, alentaron por doquiera su amanecer. Se convirtieron en granjeros en los campos de las estrellas; sembraron, y a veces cosecharon.
«Y a veces, desapasionadamente, tenían que escardar.
«Los grandes dinosaurios habían perecido tiempo ha, cuando la nave de exploración entró en el Sistema Solar tras un viaje que duraba ya mil años […] y contempló después la Tierra.
«Extendido ante ellos, los exploradores vieron un mundo bullendo de vida. Durante años estudiaron, coleccionaron, catalogaron. Cuando supieron todo cuanto pudieron, comenzaron a modificar. Intervinieron en el destino de varias especies, en tierra y en el océano. Mas no podrían saber cuando menos hasta dentro de un millón de años cuál de sus experimentos tendría éxito.
«Eran pacientes, pero no inmortales. Había mucho por hacer en este universo […]. Así, pues, volvieron a penetrar en el abismo, sabiendo que nunca más volverían.
«Ni había ninguna necesidad de que lo hicieran. Los servidores que habían dejado harían el resto.
«Y ahora, entre las estrellas, la civilización estaba dirigiéndose hacia nuevas metas. Los primeros exploradores de la tierra habían llegado hacía tiempo a los límites de la carne y la sangre; tan pronto como sus máquinas fueran mejores que sus cuerpos, sería el momento de moverse. Trasladaron a nuevos hogares de metal y plástico primero sus cerebros y luego sus pensamientos.
«En esos hogares erraban entre las estrellas. No construían ya naves espaciales. Ellos eran naves espaciales.
«Pero la era de los entes-máquinas pasó rápidamente. En su incesante experimentación, habían aprendido a almacenar el conocimiento en la estructura del propio espacio, y a conservar sus pensamientos para la eternidad en heladas celosías de luz. Podían convertirse en criaturas de radiación, libres al fin de la tiranía de la materia.
«Por ende, se transformaban actualmente en pura energía: y en mil mundos, las vacías conchas que habían desechado se contraían en una insensata danza de la muerte, desmenuzándose luego en herrumbre.
«Ahora eran señores de la Galaxia, y más allá del alcance del tiempo. Podían vagar a voluntad entre las estrellas, y sumirse como niebla sutil a través de los intersticios del espacio. Mas a pesar de sus poderes, semejantes a los de los dioses, no habían olvidado de todo su origen, en el cálido limo de un desaparecido mar.
«Y seguían aún observando los experimentos que sus antepasados habían comenzado hacía ya mucho tiempo”.

Con este segmento del capítulo titulado Experimento, entendemos perfectamente quiénes enviaron los monolitos y con qué propósito: Una raza mucho más antigua que la propia Tierra, formada ahora por seres de energía, viaja por el Universo sintiéndose la dueña de éste. Durante esas travesías estelares, experimentan con especies de todas las galaxias (así como los humanos experimentan con pequeños animales), probablemente como parte de su labor de investigación o quizás como forma de ocio y disfrute personal.
Suponemos que el experimento que realizaban en la Tierra dio comienzo con la primera parte de la película (el progreso de los monos-humanoides) y finalizará con una nueva gran evolución. Continuemos pues donde lo habíamos dejado…

Bowman, pilotando una cápsula espacial, se acercó con fines explorativos al gran monolito. Al llegar a él, algo raro comenzó a suceder: “[…] Aquello parecía retroceder ante él; era exactamente como una de esas ilusiones ópticas, cuando un objeto tridimensional puede, por un esfuerzo de la voluntad parecer volverse de dentro afuera […]. Eso es lo que estaba ocurriendo a aquella inmensa y aparentemente sólida estructura […]. Lo que había parecido ser su techo se había hundido a profundidades infinitas; por un fugaz momento, le pareció como si estuviese mirando un […] canal rectangular que desafiaba las leyes de la perspectiva, pues su tamaño no disminuía con la distancia”. En ese momento, Bowman pudo enviar una pequeña frase a la Tierra, a los hombres en el Control de la Misión: “¡El objeto es hueco… y sigue y sigue… y… oh, Dios mío… está lleno de estrellas!”.
Fue así como Dave atravesó la Puerta de las estrellas.

En esta parte de la cinta advertimos grandes rarezas visuales, enigmáticas escenas psicodélicas en las que se entremezclan colores exóticos con la cara de perplejidad de Bowman. Es un viaje a través del espacio, viaje que no dura más que unos instantes y, sin embargo, conduce a la cápsula espacial a siglos luz de distancia del Sistema Solar. Al final del viaje, la Puerta de las estrellas se cierra y Dave es abandonado en un lugar con unas curiosas vistas (esta parte no es vital para entender la película, ya que en ésta no aparece como en el libro, así que no hablaré sobre ella debido a la gran extensión que eso puede conllevar. Recomiendo encarecidamente que quien no lo haya hecho, lea la novela).

Súbitamente, Bowman aparece en un lugar extrañamente familiar. Es un hotel de la Tierra, o mejor dicho, una réplica de un hotel que intenta que se sienta como en casa. En esta parte, la película y el libro discrepan en un asunto: tras Dave salir de la cápsula y examinar la habitación, se da cuenta de que no es real, pero no tiene otro sitio al que ir; por tanto, se queda a vivir allí. En la cinta, se dan saltos temporales al futuro en los que vemos a Bowman envejecer. Sin embargo, en la novela empieza a perder recuerdos del presente y a sentirse más joven cada vez, y exactamente eso es lo que pasa, su cuerpo rejuvenece, a la par que sus recuerdos. Estas dos situaciones, que pueden parecer opuestas, no lo son tanto, en realidad. Ambas nos llevan al mismo desenlace: el convertirse de nuevo en un bebé (no entiendo muy bien el hecho de que en la película al morir de viejo vuelva a convertirse en un bebé, pero bueno… eso es lo que sucede, el libro lo deja claro): “En una habitación vacía […] una criatura abrió sus ojos y comenzó a llorar”.

Ese bebé ya no era humano, era la primera criatura de una nueva raza, una raza superior (vemos el final del experimento, la última gran evolución). Como parte de sus habilidades de extraordinario ser, viajó a su antojo a través de las estrellas, llegando al final al Sistema Solar.

El último párrafo del libro, el cual me parece sublime final, dice así: “[…] Luego esperó, poniendo en orden sus pensamientos y cavilando sobre sus poderes aún no probados. Pues aunque era el amo del mundo no estaba muy seguro de qué hacer a continuación.
«Mas ya pensaría en algo”.

Y aquí, queridos lectores, termina esta gran odisea: viaje a través de la película y la novela que, como gran amante de la ciencia-ficción, considero indiscutibles obras maestras. Espero que este escueto aunque conciso análisis os haya servido como respuesta a vuestras preguntas, y si eso desgraciadamente no es así, por supuesto, escribid vuestras más engorrosas incertidumbres en los comentarios, que gustosamente contestaré.

En el ínterin, sed felices.

Mario Fernández Filloy
Soy, entre otras cosas, estudiante, cinéfilo, músico y lector; escribo sobre lo que me gusta y también tengo twitter @maffde

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