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Katanga, de Fabien Nury y Sylvain Vallée. Sobre el sucio mundo postcolonial africano y los hombres tullidos emocionalmente

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Hoy hablaremos de Katanga, cómic de los franceses Fabien Nury y Sylvain Vallée, cuyo primer tomo recopilatorio ha sido editado en España por Norma Editorial:

Tras la declaración de independencia del Congo en 1960, las riquezas del subsuelo del área de Katanga alimentan la codicia de colonialistas, mercenarios y empresarios sin escrúpulos. Listos para lanzar el país al fuego y la sangre por el control del territorio, se desata un conflicto inmisericorde en el que el machete sirve como juez de paz. La arrogancia y la sed de poder se adueñan de un escenario que, a medida que se va configurando en toda su complejidad, se va volviendo más y más irrespirable.

Los autores franceses se meten así en cenagal de hacer un cómic con la independencia del Congo de fondo. Es decir, con el asunto del colonialismo presente. En tiempos de polarización política y guerra cultural identitaria intensos como estos hay que reconocer que se meten en un posible embrollo en todos los sentidos, tomaran la decisión que tomaran para enfrentarse a la historia.

En todo momento y desde el principio se nos muestra todo el estremecedor mundo tribal ante nosotros. No hay paños calientes ni ánimo romántico en las descripciones de las relaciones entre tribus congoleñas anteriores a la aparición de los europeos. Toda la descripción de ese mundo es brutal y sin concesiones de ningún tipo. Se huye así de un tipo de relato algo infantil en el que la maldad o la violencia es patrimonio de un solo grupo.

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Y es que Katanga es una historia de sucios bastardos contra sucios bastardos. De mercenarios europeos que incluyen combatientes del ejército nazi contra mafias cuyos miembros están hasta arriba de todo. De cascos azules de la ONU traficantes, de conspiraciones corporativas que usan contactos con poderes públicos para no dejar de tener poder, de gobiernos africanos cuyos principales dirigentes no ocultan su racismo hacia otras etnias en reuniones con terceras personas. Casi las únicas personas con algo de nobleza son el que capitanea a los mercenarios y cierta mujer que hace de doble espía. Son gotas en un océano de crueldad y desprecio por la vida humana.

La propia narración, tanto gráfica como argumental, va en consonancia con lo antes descrito. El principio del cómic nos pone en situación con cuadros de texto, pero tras eso todo el peso cae en diálogos que están podados para que haya lo estrictamente necesario. La narración prescinde de todo lo accesorio, haciendo que las propias escenas de violencia sean rápidas, sin capacidad de reacción para nadie. El caos que es el mundo político del cómic, con muchos actores conspirando unos contra otros sin ningún escrúpulo, no se traduce en un caos narrativo. Han hecho un gran trabajo los autores para que algo que podría convertirse fácilmente en confuso se pueda seguir sin mucha dificultad.

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También hay que decir que a pesar de las muchas escenas tremendas que puede haber es cierto que no hay recreación en la violencia. No hay intención amarillista, siguiendo el tono de la historia y la narración. Ese intento de hacer las cosas sutilmente incrementa la sensación de horror que puede uno sentir al leer las páginas del cómic. Es meritorio teniendo en cuenta la cantidad de barbarie, racismo y nepotismo que llenan las páginas del cómic.

Era más o menos inevitable que el teórico protagonista, el jefe de los mercenarios, tuviera un lado que le redimiera en parte, algún sentimiento contradictorio más allá de ser una simple máquina de matar. Aquí se ha tirado por lo que más o menos habitual: la figura del guerrero que consigue encontrar el sentido de la vida en la batalla, la pelea, la violencia para perderse cuando tiene que afrontar el gris día a día de las personas normales. Es decir, el habitual hombre tullido emocional que es sacarle de su trabajo (en su caso, violento) y no sabe cómo manejarse con normalidad. Esta es una figura repetida hasta la saciedad en literatura o cine, seguramente porque ese perfil de personalidad es vergonzosamente real entre, vamos a reconocerlo, el género masculino. Hay un porcentaje de hombres que ante lo caótico y complejo del mundo se refugia en la simpleza y regularidad que suele implicar su trabajo. Sobre todo cuando esa complejidad tiene que ver con los sentimientos, las emociones y el amor. Es algo muy masculino, para mal (aunque reconozco que nunca he sido muy viril y esa pose vital siempre me ha parecido triste).

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Por lo demás Katanga es un cómic recomendable. Hay pequeñas lagunas de esperanza o de bondad en un entorno en el que casi todo es basura, cinismo y corrupción, lo cual hace que esos pequeños momentos sean tan bellos. Hay una narración gráfica y argumental que casa muy bien con lo contado. Hay una contención en cuanto a las formas respecto al contenido. Es un relato duro, pero honesto. A veces sólo con lo último ya valdría la pena todo lo demás.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.
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