Dos años después de su titubeante final, volvemos a Poniente y al universo ideado por la mente maestra de George R. R. Martin. En un mundo dominado por Netflix, el fenómeno televisivo (junto a Perdidos) del siglo XXI fue la fantasía épica con dejes de telenovela familiar Juego de Tronos. Ahora es el turno de La Casa del Dragón, precuela centrada en los Targaryen.
Análisis de los capítulos de La casa del dragón.
Análisis de los capítulos de Juego de Tronos.
Análisis de los capítulos de El caballero de los siete reinos
Es el momento de ponerse serios. La casa del dragón se ha vuelto a estancar. Si habláramos de una serie aislada, podríamos considerar a la guerra civil Targaryen como una producción lujosa y entretenida, similar a la epopeya hawaiana El rey guerrero, protagonizada por Jason Momoa. Pero si la tratamos como lo que es, un spin off que viene a estirar el chicle del fenómeno Juego de Tronos, es muy difícil considerar que La casa del dragón esté a la altura de la serie madre.
Sí, el inicio de la temporada fue brutal…porque no había otra. HBO se deja los millones en una batalla con dragones y barcos que, al final, tampoco era para tanto. Se centraba en un par de barcos, alejándose de la ambición narrativa de la Batalla del Castillo Negro o la de los Bastardos, cumbre de la narración bélica en televisión, con ese plano secuencia centrado en Jon Nieve.
Las 20 mejores batallas de la historia del cine y la televisión
Pero no debemos olvidar que Juego de Tronos se pudo permitir esa millonada por capítulos porque los espectadores estaban enganchados a una trama palaciega vehiculada por los diálogos entre personajes generalmente situados en el gris, magistralmente descritos por la obra original de George R.R. Martin. Cualquier escena de conversación entre Arya Stark y Tywin Lannister (segunda temporada de Juego de Tronos) supera con creces a lo que estamos viendo en esta La casa del dragón. Fue cuando el material se tuvo que alejar de la obra de Martin, inconclusa, cuando la serie empezó a perder calidad. Los personajes perdieron sus matices y se cedió todo a una espectacularidad a la que los espectadores ya estamos acostumbrados.

Algo parecido tenemos en La casa del dragón, solo que peor. Porque los personajes no se han desarrollado igual. Aparecen figuras a la que no se les ha dado ninguna importancia previa, como Baela, Rhaena, Daeron… o, directamente, otros que ni aparecen. ¿Quién es el padre del bebé de Haelaena?
Encima, personajes nuevos que podían enriquecer la trama terminan convirtiéndose en villanos de opereta sin ninguna profundidad, como Ormund Hightower. El único personaje que parece mantener una cierta esencia “gris” es Daemon Targaryen, con el que simpatizamos con todas sus virtudes y defectos. Es tan cierto que se trata de un guerrero eficaz como de un capullo integral.
Lo opuesto ocurre con personajes como el de Rhaenyra. Es muy difícil identificarse con esta mujer. Han intentado eliminar todo rastro de fisuras en su personalidad, tratándola como una pobre gobernante a merced de las decisiones de otros que, cuando toma las suyas propias nos parece fuera de lugar, como la crueldad de enviar a su vieja amienemiga a matar a su propio hijo a Harrenhal.
Por lo demás, destacar la muerte de Criston Cole, alejada de toda la épica que pedía un caballero como él, el mejor guerrero de Poniente, aunque sea algo que haya sido demostrado en ningún momento de la serie.
Lo más importante que se está cociendo, con unos Negros aparentemente superiores a los Verdes, es el descontento de dos de los jinetes bastardos, Hugh y Ulf. Veremos a ver qué ocurre en Ladera, que probablemente sea el fin de “fiesta” de esta tercera temporada.

En definitiva, ajustemos las expectativas. Ya sea porque el material original no tiene la calidad de la inconclusa saga Canción de hielo y fuego, ya sea porque los creadores de la serie carecen de la ambición narrativa de Benioff y Weiss, ya sea porque no están sabiendo retratar una historia coral en la que los personajes aparecen y desaparecen por doquier despistando al espectador o ya sea porque el Poniente de La casa del dragón carece de las fisuras y la ambigüedad moral de Juego de Tronos, lo cierto es que esta serie no está a la altura de su serie madre. Es un lujoso producto de entretenimiento al que no se le puede pedir más.
Sí, podemos contar con algún capítulo espectacular merced a lo que se esté contando y los millones que se gasten, pero no esperemos la profundidad y riqueza de personajes que nos permitan engancharnos como solo Juego de Tronos pudo conseguir.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



