Se terminaron de emitir en Apple TV+ los diez episodios de Cape Fear (El Cabo del Miedo), miniserie que, creada por Nick Antosca, vuelve a adaptar un clásico ya dos veces versionado en cine, con Javier Bardem poniéndose esta vez en la piel del personaje que antes interpretado por Robert Mitchum y Robert De Niro. ¿Está el resultado a la altura? Pues veamos…
Los Verdugos (The Executioners) es una novela de 1957 escrita por John D. MacDonald que cuenta ya con tres adaptaciones a la pantalla, todas tituladas Cape Fear (El Cabo del Miedo). Las dos primeras, para cine y dirigidas respectivamente por J. Lee Thompson y Martin Scorsese, datan de 1962 y 1991. La tercera, estrenada en Apple TV y creada por Nick Antosca, vuelve a adaptar la historia, pero por primera vez a formato de miniserie y contando como productores ejecutivos nada menos que al mencionado Scorsese y a Steven Spielberg, justamente quien iba a dirigir originalmente la película de 1991.
Ya desde los créditos iniciales, la propuesta se encarga de aclarar que se basa en la novela original, pero también en los guiones de James R. Webb y Wesley Strick para las dos previas adaptaciones. Hay incluso muchas referencias visuales a ambas, especialmente a la de Scorsese, lo que no resulta extraño estando él involucrado.
Después de haber sido interpretado de manera memorable tanto por Robert Mitchum como por Robert De Niro, el personaje de Max Cady recae ahora sobre las espaldas de un Javier Bardem cada vez más especializado en encarnar villanos y que sale más que airoso de un desafío que no era fácil por lo alto que había quedado el listón.
En la novela original, Cady busca venganza contra Sam Bowden, abogado que declaró en su contra tras sorprenderlo violando a una niña, por lo que al salir de prisión se dedica a acosar a este y a su familia, misma base argumental utilizada en la película de J. Lee Thompson, con Gregory Peck dando vida a Bowden. En la de Scorsese, la cosa está algo distinta y Bowden, interpretado por Nick Nolte, fue en realidad el defensor en juicio de Cady, pero lo boicoteó y jugó en su contra al saberlo culpable y esa es la razón por la que esté último busca venganza al salir en libertad.
En esta nueva adaptación se le vuelve a dar otro giro. Para empezar, Sam Bowden (Patrick Wilson) es aquí fiscal y su esposa Anne Deveraux (Amy Adams) se especializa en liberar a presos en su momento condenados injustamente. Tal es el caso de Max Cady, con la diferencia de que ella fue justamente su abogada en el juicio por el asesinato de su esposa e hijo nonato, pero le convenció de declararse culpable a fin de recibir una sentencia menor, lo que lo llevó a Cady a purgar diecisiete años en prisión por un crimen que no había cometido.
Una Familia nada Modelo
En una miniserie de diez episodios hay que estirar la trama y es lógico entonces que se complique aún más. Resulta ahora que Sam y Anne no eran pareja al momento del juicio (o se supone), sino que la relación se inició al terminar el mismo. Y ella tuvo con su pareja anterior (o se supone) una hija llamada Nat (Lily Collias) y después con Sam uno en común (o se supone) llamado Zack (Joe Anders), ambos adolescentes con problemas…

Obligado por sus padres, Zack asiste a terapia, pues padece de adicciones y tiene una relación vía chat con una muchacha desconocida, lo que a ellos preocupa, aunque no tanto como que desaparezca súbitamente un día completo y reaparezca con un dedo menos en el pie. Y Nat tiene una relación lésbica con una joven también misteriosa, de la cual poco a poco iremos conociendo detalles que irán haciendo encajar las piezas de la historia, pues todo conduce a Cady y al hecho de que acaba de salir de prisión.
A partir de ello, los hijos adolescentes se convierten en la principal puerta de entrada para Cady en el mundo del matrimonio Bowden, sobre todo a medida que vamos viendo salir a la luz secretos del pasado que le permiten manipularlos. Pero aquí nadie es un santo: es posible que Cady no haya asesinado a su esposa, pero eso no lo convierte en un buen tipo ni significa que no pueda asesinar a a nadie en lo sucesivo.
Tampoco el matrimonio Bowden es trigo limpio: no vacilan en usar métodos inescrupulosos para sacarse a Cady de encima ni aun cuando este se presente en principio como aliado y sin rencores por lo que pasó. Y además hay detrás de ellos una historia pesada en la que nada es lo que parece y que se va conociendo capítulo a capítulo, haciendo que durante los primeros cinco estemos más cerca de un melodrama familiar que de un thriller psicológico.
A la Altura del Desafío
Decíamos que Javier Bardem sale bien parado de una apuesta difícil y lo cierto es que compone soberbiamente un personaje que, a diferencia de versiones anteriores, carga traumas de un pasado en la cárcel en el cual le ocurrieron cosas que no voy a contar. E incluso también de su infancia, todo lo cual se nos presenta en forma de flashbacks a partir del sexto episodio, que es cuando la cosa toma más decididamente carácter de thriller.
Cady es tan victimario como víctima, del mismo modo que los esposos Bowden, interpretados de modo impecable por Amy Adams y Patrick Wilson, nunca nos terminan de caer bien. Es cierto que en la versión de Scorsese había ya entre ellos una relación más complicada y tóxica que en la de Thompson pero, al igual que en el caso de Cady, la ambigüedad es aquí mayor y se hace difícil diferenciar buenos de malos.

Pero, si hablamos de actuaciones, quien se lleva además de Bardem todas las palmas es a mi juicio Lily Collias, que entrega un trabajo increíble dando vida a una joven cruzada por montones de conflictos de identidad en la medida en que la misma se le va revelando diferente todo el tiempo y llega un punto en que prácticamente no sabe quién es: sería justicia una nominación al Emmy.
De cualquier forma, todo el elenco está muy bien y, a medida que se van desbrozando las ocultas relaciones familiares de los personajes, se siguen sumando actores que dan igualmente la talla y es un gusto el ver en el séptimo episodio a Ron Perlman (Hijos de la Anarquía, El Nombre de la Rosa), pero no diré qué personaje interpreta, ya que no es posible hacerlo sin revelar parte de la cambiante trama.
También, en gran guiño a la película de Scorsese, tenemos a Juliette Lewis, quien interpretaba allí a la hija adolescente de los Bowden, pero ahora es una mujer bastante mayor y sabida es su especialidad para interpretar personajes desquiciados o que no las tienen todas consigo. Tampoco diré qué personaje interpreta, pues su verdadera identidad es un secreto durante buena parte de la serie…

Soberbia Puesta Visual
La fotografía es otro punto alto, aprovechando al máximo las localizaciones de Georgia o Carolina del Norte y luciéndose de modo especial con los flashbacks en blanco y negro o en planos detalle y ángulos poco usuales. La estética está, de hecho, muy cuidada y hay unas cuantas escenas fáciles de relacionar con algunas muy recordadas de las adaptaciones previas, como aquella ya icónica del Cady de Niro riendo de manera alocada y molesta en la sala de cine, que está prácticamente calcada con el personaje cambiado (no solo actor).
Incluso hay un clarísimo homenaje a La Noche del Cazador (1955), película de Charles Laughton que marcó un absoluto quiebre para el cine de suspenso y que ejerció, sin duda, gran influencia sobre las carreras de Thompson y Scorsese. ¿Recuerdan lo de las inscripciones en los muñones? Pues por allí va la cosa y, si les interesa, les invito a leer el retro-análisis de esa imprescindible joya cinematográfica a cargo de un servidor.
La banda sonora de Jeff Russo, si bien algo cargosa en ciertos momentos que irían mejor en silencio, cumple muy bien su función y da un tono claramente retro y reminiscente de la que Bernard Herrmann compusiera para la versión de 1962 y Elmer Bernstein adaptara luego para la de 1991. De hecho, el leitmotiv principal vuelve a ser utilizado tanto en la presentación de la serie como durante el desarrollo de la misma.
No todas son Flores
Hay que decir, no obstante, que la avalancha de giros se vuelve algo tediosa en los dos últimos episodios, cuando cada vez que parece una cosa resulta ser otra y luego otra distinta. Y al volverse el recurso tan reiterado, puede ocurrir que al espectador le termine por cansancio dando lo mismo o bien que, una vez captada la dinámica, sea capaz de predecir el giro siguiente.
El tramo final se siente, por otra parte, demasiado abrupto si se contrapone con el minucioso camino a fuego lento para llegar hasta allí. Las ambigüedades se diluyen un poco y es más fácil par el espectador tomar partido, lo cual tiene algo de cobardía argumental. Y en consonancia, el personaje de Max Cady se va caricaturizando cada vez más, lo que hace poca justicia al gran trabajo de Bardem.
La última media hora, eso sí, es de toda la serie el tramo que más se parece a las películas y, al igual que en las mismas, el suspenso se impone sobre los rompecabezas de la trama sin que ello quite que todavía pueda quedar algún giro más.

Y en cuanto al paraje denominado Cape Fear, que da título a la historia, no ocupa el mismo lugar que tenía para el matrimonio Bowden en las adaptaciones previas adaptaciones, sino que está más bien relacionado con la propia historia personal de Cady. Aparece por primera vez en el séptimo episodio, pero desaparece luego casi por completo y no tiene a nivel definitorio la importancia de las otras versiones. Y extrañamente, no es un cabo, como su nombre lo indica, sino un río…
Balance Final
Cape Fear termina, en definitiva siendo un buen producto que se sostiene en sus grandes actuaciones, su impresionante estética y sus interesantes vueltas de tuerca con respecto a lo ya conocido, pero termina siendo mejor en el planteo que en la resolución y si bien los episodios finales no empañan por completo el resultado, sí es cierto que lo deslucen un poco.
Y aunque está presentada como miniserie, la última imagen en negativo (otro homenaje a la película de Scorsese) da impresión de dejar la puerta abierta a una segunda temporada que, creo, se sentiría forzada y estirada.
Mientras tanto, pueden sin miedo (punto por mi chiste) entrarle a la única que por ahora tenemos y seguro que no se aburrirán. Y ahora que está terminada, si no han estado siguiéndola capítulo a capítulo, recomiendo verla lo más de un tirón posible porque el formato semanal conspira en parte contra el vértigo de la trama cambiante.
Hasta la próxima y sean felices…



