El 7 de noviembre de 1975 ABC ponía al aire el episodio piloto de Wonder Woman, la serie con la cual Lynda Carter se convertiría por décadas para el público en la imagen inconfundible y única de la mítica heroína de DC.
Corría el año 1978 y Lori Smith, una joven de diecinueve años en profundo estado de conmoción emocional, amenazaba con lanzarse al vacío desde lo alto de una azotea de Los Angeles a menos que la mismísima Wonder Woman viniese en persona a rescatarla. Y el milagro ocurrió, no porque el emblemático personaje de DC se haya hecho presente, sino porque quien sí lo hizo, apenas enterada, fue Lynda Carter, la actriz que le daba vida en la serie que de tanto éxito gozaba en pantalla en ese momento.
Reconfortada por su presencia, la joven se calmó y pudo ser rescatada y atendida por profesionales, pero ello solo fue posible porque en aquella persona que le habló y la tranquilizó ella no vio a Lynda Carter sino directamente a Wonder Woman o, para decirlo mejor, no había diferencia a sus ojos entre una y otra.
Es un caso extremo, claro, pero habla por sí solo. Para las generaciones previas a Gal Gadot y a las películas de Patty Jenkins, el rostro y cuerpo de la princesa amazona están indisolublemente ligados a Lynda Carter, quien le diera vida en aquella inolvidable y hoy icónica primera serie dedicada al personaje, de cuyo episodio piloto se cumplieron este pasado viernes cincuenta años.
Para mediados de los setenta, los superhéroes de DC contaban en su haber solo dos series televisivas live action: el Superman de los cincuenta y el icónico Batman de los sesenta, interpretados respectivamente por George Reeves y Adam West (habían también existido dos seriales para cine sobre el murciélago). Pero faltaba completar la trinidad y el 7 de noviembre de 1975 la cadena ABC (misma responsable de las dos anteriores) estrenó el episodio piloto que daría inicio a la serie con la cual Carter quedaría por décadas (o quizás para siempre) ligada al personaje.
Si vamos a ser justos, el primer arribo de Wonder Woman a la TV se había producido un año antes, cuando ABC emitiera una película de dos horas concebida como episodio piloto de una serie que nunca llegaría. Protagonizada por Cathy Lee Crosby, no consiguió los resultados de audiencia esperados y fue denostada por alejarse en exceso de los cómics al presentar a una Diana rubia y con características de superagente estilo James Bond en versión femenina, además de un atuendo reminiscente de Evel Knievel y una trama que la ubicaba en la actualidad, o en lo que se entendía como actualidad en 1974.
Pero ello no desalentó a Warner ni a ABC, que fueron a la carga por un segundo piloto dirigido por Leonard Horn (Misión: Imposible, Mannix, Viaje al Fondo del Mar) que, ya desde el paradójico título (La Nueva Wonder Woman Original), borraba de un plumazo lo anterior y no solo presentaba al personaje con aspecto y atuendo más semejantes a los cómics originales, sino también una historia más acorde a la imaginada por su creador William Moulton Marston, ubicándose incluso durante la Segunda Guerra Mundial.
Horn no llegó a ver el piloto estrenado por fallecer unos meses antes, pero fue un éxito absoluto y llevó a una serie regular, cuya primera temporada comenzó a emitirse en abril de 1976.
La Elegida
Lynda Carter, quien contaba veintitrés años al emitirse el piloto, era oriunda de Phoenix, Arizona, con ascendencia paterna irlandesa y materna mexicana. Destacó pronto por su belleza, que la llevó en 1972 al título de Miss Arizona y luego al de Miss Estados Unidos para terminar siendo semifinalista en el concurso de Miss Mundo celebrado en Londres, aunque sin quedarse con el preciado cetro a la mujer más hermosa del planeta, que sin dudas lo era (sí, me hago cargo).
Ello y las clases de actuación que tomó en New York le abrieron las puertas a participar de un par de películas clase B y algún episodio de serie televisiva como Starsky y Hutch, pero sería el de Diana Prince el papel que la consagraría a nivel mundial y al que quedaría para siempre adosada su imagen.
En el cásting se impuso sobre Joanna Cassidy, Lesley Ann Warren, Farrah Fawcett, Jaclyn Smith y Debra Winger, todas actrices que desarrollarían en el futuro exitosas carreras, incluso en algunos casos con premios y nominaciones. Fawcett y Smith serían poco después estrellas de Los Ángeles de Charlie, en tanto que Winger, si bien no quedó para el papel de Diana, terminaría seleccionada para interpretar a su hermana Drusilla (Wonder Girl).

Con su metro ochenta, ojos azules, rostro angelical y cuerpo escultural, Lynda calzó a la perfección en el traje de la princesa amazona y enamoró al público de todas las edades sin importar el género, pudiendo ser tanto objeto de deseo como ídolo referente, especialmente para chicas que no tenían en pantalla un superhéroe femenino que las representase.
El papel del mayor Steve Trevor, su eterno enamorado, recayó en Lyle Waggoner, galán ya cuarentón conocido por su trabajo en la sitcom The Carol Burnett Show, emitida entre 1967 y 1974, como también por haber posado desnudo para la revista Playgirl. Que viniera de la comedia dejaba a las claras que no se buscaba un tono serio y, como dato curioso, se había presentado en los sesenta para el cásting de Batman en el que quedó finalmente seleccionado Adam West: el destino lo terminaría llevando a DC de todos modos…
Princesa Amazona
El episodio piloto sigue casi textualmente el inicio de la historia en los cómics originales. El mayor Steve Trevor se accidenta con su avión en plena Segunda Guerra Mundial y va a parar a Isla Paraíso (posteriormente rebautizada en las viñetas como Themyscira por George Pérez), habitada la misma por amazonas que, sin contacto con los hombres, viven en una dimensión fuera del espacio y del tiempo.
La llegada de Trevor causa entre ellas gran revuelo y hace que la princesa Diana tome conciencia de la existencia de los hombres y la situación que vive el mundo, por lo que solicita a su madre, la reina Hipólita, que la autorice a salir de la isla para llevar al recién llegado a su lugar de origen.
Esta se niega rotundamente, pues sabe que su hija podría quedarse a vivir en el “mundo exterior” una vez que lo conozca. Pero decide realizar un torneo para determinar quién se encargará de llevar a Trevor, participando del mismo Diana enmascarada y con peluca, por lo que, al salir victoriosa, su madre no tiene ya forma de negarle el permiso. Un comienzo, en definitiva, mucho más fiel al cómic que el de la película de Jenkins, en la cual no hay torneo y la segunda guerra es trocada por la primera.
Con el avión invisible (uno de los más hermosamente absurdos detalles del cómic original, dejado de lado en adaptaciones posteriores), lleva a un inconsciente Trevor de regreso a Estados Unidos y sus primeros encuentros con los nazis le hacen ver la necesidad de quedarse a ayudar para que estos no puedan ganar la contienda ni dominar el mundo.
Al principio y a los fines de conseguir dinero, se las apaña sobreviviendo como atracción principal de un productor de espectáculos que vende boletos para ver a la sorprendente mujer que desvía las balas e incluso para probar dispararle, siendo genial e icónico el momento en que una anciana solicita participar con una ametralladora Thompson: la mejor escena del piloto y una de las mejores de toda la serie.
Ya asentada en Washington DC, acaba consiguiendo trabajo como secretaria en el Ministerio de Guerra a las órdenes justamente de Steve Trevor (qué pequeño es el mundo), el cual, padeciendo idéntico síndrome que Lois Lane, está perdidamente enamorado de Wonder Woman sin darse cuenta que la tiene trabajando en sus oficinas, solo que con lentes y cabello en rodete a la usanza de la época.

Lo Cutre no quita lo Grande
Más allá de que tanto el piloto como toda la primera temporada se ambienten en los cuarenta, la estética es setentera por donde se la mire. El traje de Wonder Woman puede verse muy patriotero con tanta estrella, pero también acorde a la década, al igual que el uso de la luz, los colores o el brillo: hasta la mirada de Carter y la sonrisa de Waggoner despiden destellos en los créditos iniciales, que son acompañados por imágenes de estilo cómic que rinden no poco homenaje a la famosa presentación del Batman de los sesenta.
Y ya que lo mencionamos, hay quienes afirman que aquella serie tenía un tono fuertemente irónico y absurdo (lo cual es desde luego cierto y acorde con el pop-art vigente en sus años de emisión), pero extrañamente no encuentran lo mismo en Wonder Woman, que también lo tiene. No igual, por supuesto, pues los tiempos son otros y el tono paródico menos evidente, pero está llena de guiños humorísticos muy de los setenta y los efectos visuales (de lo más precarios y artesanales) son acompañados por sonidos onomatopéyicos que remiten a dibujos animados.
Las coreografías de lucha son de lo más cutre, pero hay que tener en cuenta que por aquellos días había fuerte prurito en las cadenas televisivas para las escenas de violencia, especialmente si estaban involucrados los héroes a los que, dentro de lo posible, no era bueno mostrar propinando golpes. Lo que vemos normalmente es a Diana arrojar a alguien a lo lejos o hacer que sus rivales choquen entre sí y el que hoy veamos como esperpénticas esas peleas no debe hacernos olvidar que tampoco se las podía hacer de otra forma.
El Giro y el Resplandor
Algunos detalles de los cómics están cambiados, como el papel de los brazaletes o el cinturón: los primeros no inhiben aquí los poderes de Diana al unirlos o entrelazarlos sino que solo tienen por función desviar las balas; en cuanto al segundo, es esencial para que ella mantenga dichos poderes fuera de la isla, algo que en los cómics no ocurría.
No son pocas pues las ocasiones en que sus enemigos la despojan del cinturón dejándola lo suficientemente frágil e indefensa para que temamos por ella en lugar de verla como invencible y omnipotente, más allá de que el presentárnosla vencida y reducida, aunque más no sea por un rato, tenga un costado fetichista nada extraño al espíritu original de los cómics de Moulton. Y, de todas formas, a la larga acabará recuperando el cinturón y derrotando a los villanos.
El otro gran cambio con respecto a los cómics es el giro que la hace pasar de Diana Prince a Wonder Woman, incorporación sugerida por la propia Carter. Al principio, la secuencia de transformación era filmada con cámara superlenta y demandaba unos cuarenta minutos que Lynda se cambiase en el medio para no quitar continuidad al efecto. Con el tiempo, eso se volvió engorroso y costoso, por lo que, a partir del tercer capítulo, la conversión se realiza acompañando el giro con un resplandor de luz y el sonido de un trueno, sin necesidad de superponer las imágenes de Linda en los diferentes trajes.
Los Cuarenta vistos desde los Setenta
La primera temporada, como hemos dicho, transcurre durante la Segunda Guerra Mundial y consta de trece capítulos más el piloto de dos horas que, a mi gusto personal, es el mejor de la misma junto con el episodio doble La Mística Femenina, en el cual los nazis localizan e invaden Isla Paraíso.

También es divertido el tercero (Belleza en Desfile) en que, para hacer caer una red nazi de sabotaje, Diana se infiltra como participante en un concurso de belleza, claro guiño a su propia experiencia.
O el sexto (Wonder Woman contra Gargantúa), que la enfrenta con un gorila superfuerte entrenado por los nazis y ya sabemos que la combinación bella-simio es un fetiche que funciona a las mil maravillas desde los tiempos de King Kong.
O el episodio doble El Juicio del Espacio Exterior, claro homenaje al filme Ultimátum a la Tierra (como también a Star Trek) en que el planeta es sometido a un tribunal galáctico para determinar si merece sobrevivir ante la realidad de que la humanidad lo está destruyendo.
Y, desde lo personal y por mi origen nacional, también el episodio 11 (Fórmula 407), pues fue muy fuerte en mi niñez ver a Diana hacer su conversión a Wonder Woman en Argentina, antecedente que quizás haya inspirado al gran Phil Jiménez para ubicar después en Buenos Aires el cómic La Venganza de Cheetah.
Cierto que las colinas no se condicen con la llanura pampeana (casi cortada con regla), pero también que no ocurre nada distinto cuando la acción tiene supuestamente lugar en cercanías de Washington DC, donde tampoco las hay: los rodajes, claro, se realizaban en California. Lo genial, de todos modos, son esos carteles de formato y tipografía tipo cómic para ubicarnos geográficamente.
Y, más allá del esfuerzo de ambientación y vestuarios para que la cosa luzca como en los cuarenta, no faltan anacronismos. En delicioso homenaje autorreferencial a DC, un puesto callejero ofrece a la venta un cómic de Superman, pero el número corresponde a los setenta. Un mapa indica asimismo la República del Congo cuando todavía no existía por ser aún ese territorio dominio belga. Y en las escenas urbanas se ven algunos carteles de publicidad muy setenteros.
Las Nuevas Aventuras de Wonder Woman
Mi temporada preferida es la primera por el tono retro y el marco de la contienda mundial, pero la realidad fue que, a pesar del éxito, los costos de producción se hicieron elevados para ABC, motivando ello que la cadena se mostrara remisa a renovar. “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente” dice el famoso refrán y, en efecto, CBS aprovechó el momento de vacilación para robarle la serie a su competencia merced a la oferta de una segunda y tercera temporada que, con veintidós y veinticuatro episodios respectivamente y bajo el título de Las Nuevas Aventuras de Wonder Woman, serían emitidas entre 1977 y 1979.
No es que a CBS no le preocupasen los costos, pero resolvió el asunto dando un salto temporal hacia los setenta y haciendo sobrevivir como único personaje estable a Diana, supuestamente regresada de la Isla Paraíso después de treinta y cinco años, aunque hay también algunas apariciones de Hipólita o Drusilla que, al igual que ella, tenían la inmortalidad a su favor. Lo que no queda claro es qué pasó con Steve Trevor, del cual se nos dice que falleció, pero nada sobre las circunstancias…
Ello no significa que Waggoner esté ausente, pues interpreta a Steve Trevor Jr., obviamente hijo del anterior, pero no hay esta vez tensión sexual con Diana, sino que simplemente es su jefe inmediato en la agencia para la que trabajan: el Comando de Defensa Interinstitucional, que no se sabe qué es pero suena de putamadre. La razón tenía que ver con el temor a generar controversia con un hijo enamorado casi incestuosamente del interés amoroso de su fallecido padre (faltaban algunos años para que Regreso al Futuro o El Cielo se equivocó normalizaran ese tipo de juegos argumentales).
Al estilo de Los Ángeles de Charlie, reciben órdenes de alguien superior que nunca se deja ver y las misiones pueden tener que ver con organizaciones terroristas, científicos locos, individuos mejorados genéticamente, delitos contra el medio ambiente o visitantes alienígenas, cada vez más frecuentes en consonancia con el éxito de Encuentros en la Tercera Fase y el auge del fenómeno OVNI. En la tercera temporada, incluso, se advierte mayor tendencia a sumar personajes adolescentes en claro intento por captar al público juvenil en tiempos de fiebre disco.
La tecnología tiene asimismo una mayor presencia, destacando robots o inteligencias artificiales como el súper ordenador IRAC, capaz de deducir la verdadera identidad de Diana pero lo suficientemente leal para no divulgarla.
Lo más llamativo es el nuevo outfit de Wonder Woman, una especie de traje de buzo azul estrellado que le sienta maravillosamente bien, mientras que el anterior, pero con capa y falda, queda reservado a situaciones especiales o de gala.

El cinturón ya no parece cumplir función de mantener los poderes fuera de la isla o, al menos, no se menciona nada al respecto ni aparecen villanos interesados en sustraérselo. Y la tiara ha sido reconvertida en bumerán…
Por mucho que en lo personal prefiera la primera, las nuevas temporadas no estuvieron mal y presentaron aventuras divertidas en capítulos como El Hombre que podía cambiar el Mundo, El Flautista de Hamelín y El Hombre que creó Volcanes (todos en la segunda), o bien Diablo Disco, El Delfín Mortal y El Chico que conocía su Secreto (en la tercera).
Propios y Extraños
Párrafo aparte merece el elenco de la serie. Ya hemos hablado de Carter y Waggoner, como también mencionado tangencialmete a Winger, en el futuro nominada tres veces al Oscar y cinco al Globo de Oro sin quedarse (injustamente) con ninguna de las estatuillas. Bueno es señalar que en la serie no solo interpretó a Drusilla, sino también a Cheetah, la clásica villana a la que dio vida en el antes mencionado episodio La Mística Femenina, aunque en versión bastante diferente a los cómics.
Pero también hay que destacar a Carolyn Jones, luminaria de Hollywood alguna vez nominada al Oscar, aunque mejor recordada por su papel de Morticia en la serie de los años sesenta La Familia Addams. A lo largo de toda la primera temporada interpreta a la reina Hipólita en reemplazo de Cloris Leachman, que la había encarnado en el episodio piloto y, ya a partir de la segunda, es ella la reemplazada, tomando su lugar Beatrice Straight. También hay, a lo largo de las temporadas, reconocidos nombres en calidad de invitados como Mel Ferrer, Roddy McDowall, John Saxon, Leif Garret o el mítico cowboy Roy Rogers.
No se puede cerrar este repaso sin hablar de la música, especialmente del tema de presentación que, con base y sección de vientos de inspiración funky (muy de la época), estaba compuesto por Charles Fox e interpretado por John Bahler con apoyo de un coro femenino que repetía efusivamente “¡Wonder Woman!” en un estribillo que acabaría volviéndose casi tan icónico como el de Batman.
La letra, escrita por Norman Gimbel, contenía referencias a la Segunda Guerra Mundial que fueron eliminadas en la segunda temporada, incluso mutando más tarde el tema hacia una versión instrumental y más “disco” en la que solo sobrevivían el coro y el estribillo.
Valoración y Legado
A pesar de que la tercera temporada tuvo cifras de audiencia parecidas a la primera y superiores a la segunda, la serie se acabó cancelando. El motivo tuvo que ver con una nueva política de CBS para reducir costos y apuntar a programas más baratos.
No hace falta decir que hoy tenemos más información sobre los cómics originales y estamos acostumbrados a producciones de otra factura, pero no tiene sentido evaluar la serie de los setenta a partir de ello ni comparar a Lynda Carter con Gal Gadot. La serie Wonder Woman marcó a generaciones en una época en que la mayoría conocíamos poco sobre los orígenes del personaje. Podíamos sí saber de su existencia y hasta haber leído algo, ¿pero quién había leído un cómic de los cuarenta?
Podrá uno quejarse de los efectos, de la poca dinámica característica de la época o de la falta de integración con el universo DC (cosa que de todas formas no había hecho hasta el momento ninguna serie live action), pero nadie puede negar que Wonder Woman fue una serie pionera y revolucionaria al llevar por primera vez a la pantalla a una superheroína del cómic.
Y el secreto de su éxito, sin dudas, estuvo en el ángel y carisma de Lynda Carter, quien, sin ser Meryl Streep, se entregó al personaje en cuerpo y alma incluso a riesgo de su seguridad. Si hasta se colgó de un helicóptero para hacer una escena en que una doble quedaría demasiado en evidencia (en tu cara, Tom Cruise) y portaba en sus brazaletes pirotecnia que le estallaba encima para imitar el impacto de las balas: me pregunto cuántos actores (sí, hombres) se animarían hoy a tanto.
Carter volvió al universo DC en series como Smallville (donde interpretó a la madre de Chloe Sullivan) o Supergirl (donde dio vida a una presidenta ficticia de Estados Unidos). También apareció en la escena post-créditos de Wonder Woman 1984 encarnando brevemente a la amazona Asteria en un adelanto de lo que se venía para la siguiente película, pero lamentablemente James Gunn enterró todo eso con su llegada, al punto de quedar no solo Lynda Carter sino también la propia Gal Gadot al margen de cualquier proyecto futuro. Es decir que se las arregló para borrar de un plumazo y sin miramientos a las dos Wonder Woman más emblemáticas de la pantalla…
Pero bueno, quién le quita a Lynda la influencia dejada, esa misma que la ligó de por vida al personaje. Pues si en algo se equivocaba aquella muchacha de la azotea era en que sus problemas, cualesquiera fuesen, se solucionaban saltando al vacío, pero no en que Lynda Carter era Wonder Woman. Y lo sigue siendo, por mucho que amemos a Gal…
Hasta la próxima y sean felices…



