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Retro-Análisis: Regreso al Futuro (1985), a cuarenta años de su estreno

El 3 de julio de 1985 llegaba a los cines Regreso al Futuro (Volver al Futuro para América Latina), película dirigida por Robert Zemeckis, producida por Steven Spielberg y protagonizada por una impagable dupla. A cuatro décadas de ello, la analizamos minuciosamente buscando establecer qué la mantiene vigente al día de hoy al punto de convertirla incluso en objeto de culto para nuevas generaciones.

Bienvenidos a un nuevo retro-análisis, hoy para desbrozar, a cuarenta años de su estreno, un clásico que sigue vigente como lo es Regreso al Futuro (Back to the Future, 1985) Buscaremos entender las razones que la han elevado a condición icónica y el porqué de que siga siendo aún referencia ineludible en la cultura masiva. Y si les interesa leer otros retro-análisis vinculados, pueden pinchar en los links de los títulos de películas que aparecen en azul y que son justamente las que en nuestra web hemos analizado.

No es que para mediados de los ochenta las historias de paradojas temporales fueran ajenas a la ciencia ficción: por el contrario, ya poblaban la literatura y el cómic pero el cine aún no se había hecho eco y hasta allí las películas sobre viajes en el tiempo se basaban en su inmutabilidad.

Tanto The Time Machine (1960) como El Planeta de los Simios (1968), quizás las dos mejores, tomaban justamente esa premisa. La posibilidad de alterar el pasado fue esbozada en The Final Countdown (1980), con un portaaviones norteamericano yendo a parar al día anterior al ataque a Pearl Harbour, pero a la larga la historia permanecía inalterada.

La Zona Muerta (1983) jugó también con las paradojas, pero más bien en cuanto a alterar el futuro que el pasado. En Terminator (1984), el antecedente más cercano, un robot era enviado desde el futuro para asesinar a la madre de quien sería luego líder de la resistencia, pero una vez más la línea temporal terminaba quedando igual más allá de alguna sutileza y un particular loop en relación al nacimiento de John Connor.

Robert Zemeckis y Bob Gale tenían, por el contrario, la idea de jugar con un pasado que pudiese ser alterado y, como consecuencia, también el futuro. Desde 1980 venían dándole vueltas, pero no acababan de dar con una historia que les convenciese ni un sello que se encargarse del proyecto: Disney lo rechazó y Columbia mostró algo más de interés, pero al pedir un segundo borrador, no les convenció.

Pesaban los fracasos de las recientes películas sobre viajes en el tiempo como la mencionada The Final Countdown o Los Bandidos del Tiempo (1981), así como los de las dos primeras de Zemeckis (Locos por Ellos y Frenos Rotos, Autos Locos), divertidas e infravaloradas comedias que no habían funcionado bien en taquilla, como tampoco la sátira bélica 1941 (1979), único filme de Steven Spielberg hasta allí escrito por Zemeckis.

La cosa cambió para la dupla después de Tras el Corazón Verde (1984, conocida también como Tras la Esmeralda Perdida), exitosa película de aventuras protagonizada por Michael Douglas y Kathleen Turner en una línea Indiana Jones. Y fue la propia Amblin Entertainment fundada por Spielberg la que terminó asumiendo el proyecto en asociación con Universal Studios.

De todas formas, se introdujeron cambios. La máquina del tiempo original no era el DeLorean que después conocimos, sino un dispositivo fijo en la caja de un camión. Y el accidental viaje al pasado de Marty McFly terminaba con consecuencias mucho más globales que las concernientes a su familia o comunidad.

Michael J. Fox fue siempre la primera opción para interpretar a Marty, pero en ese momento era una de las estrellas juveniles de la exitosa serie Enredos de Familia y se veía complicado que hallase un hueco en su agenda. Perdido por perdido, contactaron a Gary Goldberg, productor de la misma, para que le acercase el guion pero, temiendo que Fox abandonase la serie, este lo escondió sin decirle palabra…

La falta de respuesta del joven actor hizo que Zemeckis y Gale tomaran su silencio como negativa y fueron por Eric Stoltz, quien terminó filmando gran parte de una película que nunca veríamos.  Ya para ese entonces Christopher Lloyd se había quedado con el papel del “Doc” Emmett Brown por encima de John Lithgow, Jeff Goldblum, Gene Hackman, Robin Williams y James Woods entre otros, en tanto que Melora Hardin fue la elegida para interpretar a Jennifer Parker, novia de Marty.

Pero Stoltz no convencía a director ni productores: acertaba en lo dramático pero no en el toque de comedia juvenil buscado. El indicado seguía siendo a todas luces Fox, así que volvieron a la carga por él y se pusieron nuevamente en contacto con Goldberg para que les hiciera de nexo. Este no tuvo más remedio que sincerarse y admitir que nunca le había mostrado el guion que antes le habían pasado. Pidiendo las disculpas del caso, se lo acercó esta vez y el joven actor aceptó sin siquiera leer el guion, previo compromiso de no dejar Enredos de Familia.

Zemeckis nunca especificó cómo fue la charla con Stoltz para comunicarle su despido, pero recuerda ese día como uno de los más duros de su carrera e incluso de su vida. Eric, dice, era “un buen actor en el papel incorrecto”. Casi cuarenta días de rodaje fueron borrados como si no se hubiera filmado nada y el presupuesto se estiró otros cuatro millones de dólares, jugada suicida si no llegaba a salir bien.

Durante tres meses, Fox debió llevar agenda doble entre Enredos de Familia y Regreso al Futuro, lo cual hacía que estuviera agotado y falto de sueño. Pero además, su inclusión generaba cambios en torno al personaje debido a su baja estatura. Se decidió que el “Doc” caminara encorvado para que no se notara tanto la difencia de veinte centímetros entre ambos y se sustituyó a Melora Hardin por Claudia Wells por temor a a que el público no aceptara una novia de Marty más alta que él.

Crispin Glover y Lea Thompson fueron los elegidos para dar vida a los padres y Thomas F. Wilson para el odioso Biff. La banda sonora fue confiada a Alan Silvestri, quien ya había trabajado para la dupla Zemeckis-Gale en Tras el Corazón Verde, y la fotografía asignada a Dean Cundey, de ganado prestigio en icónicos filmes de John Carpenter como Halloween (1978), La Niebla (1980) o La Cosa (1982).

El rodaje final (es decir sin las partes filmadas por Stoltz) se llevó a cabo entre enero y abril de 1985 en los estudios de Universal y alrededores de Los Angeles, incluyendo un rancho que era propiedad de Walt Disney Pictures que, paradójicamente, había rechazado antes el proyecto…

La Historia

Marty McFly es un joven de diecisiete años que vive en la ficticia localidad de Hill Valley, California. Adicto a la ciencia, la tecnología, la guitarra y el skate, tiene un padre loser y una madre alcohólica, más dos insulsos hermanos con empleos poco interesantes (Marc McClure y Wendie Jo Sperber). Sus refugios son su novia Jennifer y su excéntrico amigo y mentor científico, el “Doc” Emmett Brown.

La película comienza mostrando una infinidad de relojes distribuidos por el laboratorio de este último mientras las noticias hablan de un cargamento de plutonio robado por terroristas libios (paranoia común por aquellos días). Marty da un salto al comprobar que se ha quedado una vez más dormido y, por mucho skate de que se valga, llegará tarde al colegio y será regañado (también una vez más) por el director Strickland (James Tolkan).

Quien tiene el plutonio robado es el “Doc”, que a su vez se lo robó a los libios y lo necesita para un experimento que, según dice, cambiará la historia. Habiendo convertido un DMC DeLorean en una máquina del tiempo cuyo condensador de flujo requiere justamente tal elemento, envía al perro Einstein un minuto hacia adelante y, al resultar con éxito, aúlla de felicidad y divaga tecleando distintas fechas significativas que podría visitar, siendo la última 26 de octubre de 1955, fundamental para él por haber probado ese día por primera vez viajar en el tiempo.

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Pero los libios le encuentran y lo acribillan sin piedad mientras un desesperado y desconsolado Marty no tiene más remedio que escapar en el DeLorean que, inesperadamente, se estrella contra un granero…

Sigue en Hill Valley, pero todo luce distinto. El reloj de la torre principal está funcionando como treinta años atrás, antes de caerle el rayo que motivaría en los ochenta campañas para restaurarlo. El futuro alcalde se desempeña como camarero en un bar, el matón acosador Biff anda ya fastidiando en versión juvenil y Strickland siempre fue calvo…

Marty se halla en 1955, última fecha tecleada por Brown en su máquina del tiempo, y no puede regresar porque le falta plutonio, por lo que necesita con urgencia encontrar al “Doc”, único capaz de ayudarle aun en su versión de los cincuenta.

Y lo peor ni siquiera es eso, sino que, sin querer, cambia la historia al salvar a su padre de ser atropellado y termina embestido en su lugar. El conductor del vehículo es su abuelo materno que, en lugar de llevar a George para atenderlo en su casa como ocurriera originalmente, lleva a Marty provocando que su hija Lorraine se enamore de él, es decir de su propio hijo y no de George como debía ser…

No contaré más; solo que si Marty quiere regresar al futuro necesita encontrar a Emmett y además recomponer la historia para que sus padres se enamoren entre sí o ni él ni sus hermanos nacerán nunca. Todo en una trama repleta de giros, momentos divertidos y, sobre todo, dulce nostalgia por un pasado más simple…

Cambiar el Pasado

Como decíamos antes, las películas previas partían de la premisa de que el tiempo era inmutable y si asomaba ligeramente la posibilidad de cambiarlo, había que reprimirla de inmediato y dejar la línea intacta, pero nadie se había atrevido a cruzarla y arrojarse al abismo de la paradoja: el tiempo era una presencia omnipotente que siempre acababa por imponerse.

Regreso al Futuro abre en el cine el camino a las paradojas hoy tan comunes en la cultura popular. Y no lo hace buscando un público de nicho ya familiarizado con el concepto desde la literatura o los cómics, sino uno más amplio, de distintas edades y prefencias de género cinematográfico.

Si el viaje de Marty McFly hubiera sido a la América de la colonia, por ejemplo, podría haber tenido buena aceptación entre un público afecto a la ciencia ficción, pero probablemente en nadie más. Cuando Zemeckis y Gale optan por 1955, están evocando un pasado que en ese momento era para muchos conocido. Esa apelación a la nostalgia da a la película un toque distintivo y único que la diferencia de lo que se había hecho antes.

El filme recurre a una estrella bien identificable para los adolescentes o jóvenes de ese entonces como Fox, pero lo lleva a un pasado reconocible para padres o abuelos. No debe haber mejor forma de reunir generaciones y es absurdo discutir si la película idealiza los cincuenta (para algunos sinónimo de guerra fría, racismo o paranoia nuclear) porque apunta más claramente a lo micro que a lo macro.

Las referencias a la marcha del mundo o a la política en general son mínimas y cuando las hay se refieren más a los ochenta que a los cincuenta, como los terroristas libios o el divertido momento en que el “Doc”, en su incredulidad, pregunta si el vicepresidente estadounidense es en 1985 Jerry Lewis después de que Marty le anoticia de que el presidente es Ronald Reagan, también actor.

El pasado puede ser una experiencia social, pero también individual o familiar y el contexto global no borra lo que cada uno pueda haber vivenciado como experiencia personal: a eso apunta Regreso al Futuro.

El guion es impecable, por no decir perfecto. No deja detalle librado al azar. Cada mínima cosa mencionada tendrá importancia luego, como las campañas para reparar el reloj, los carteles promocionando al alcalde para su reelección, el skate, la guitarra o el plutonio.

No hay rellenos ni baches: todo calza a la perfección y de modo tan natural que parece fortuito, no solo desde lo argumental sino también desde lo simbólico o conceptual: los relojes del principio rinden sin duda homenaje al inicio de The Time Machine, pero también preanuncian que un reloj, justamente, acabará siendo clave en la trama.

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Las bromas temporales son geniales, como la mencionada de Ronald Reagan o Marty pidiendo una Pepsi “free” (libre, sin azúcar), a lo que el despachante, asociando “libre” con “gratis”, responde enérgicamente “si quieres una Pepsi la pagas”. O el chaleco que lleva Marty y que todos toman por salvavidas, muestra de lo cambiantes que pueden ser las modas o lo ridículo que puede verse algo sacado de su contexto.

Ni hablar de que el baile en que los padres de Marty se conocen sea animado por una banda liderada por Marvin Berry (primo ficticio de Chuck Berry, prócer fundador del rock n´roll) que, cuando escucha al joven interpretar Johnny B. Goode, llama de inmediato a su primo para hacerle oír lo que podría ser “el nuevo sonido que está buscando”.

Maravilloso loop, porque esa canción está compuesta por el propio Chuck que, de acuerdo a esa escena, se la habría escuchado a Marty a través del teléfono. Zemeckis repetirá de hecho un chiste parecido más tarde al mostrar a Forrest Gump, de niño, enseñando a Elvis el contoneo que le sería característico.

De hecho, hablábamos antes de que las paradojas y loops ya existían en el cómic y no he escuchado a nadie decirlo pero, de modo semejante a lo que aquí hace Marty con el rock n´ roll, Jimmy Olsen había llevado la “beatlemanía” a la Judea del 1.000 a.C. en el número 79 de su propia revista publicado en 1965 (les invito a leer mi artículo al respecto), teniendo Superman que viajar al pasado para solucionar el entuerto…

Sería interesante saber si será Zemeckis, Gale o Spielberg quien leyó ese cómic, pero estoy seguro de que alguno lo hizo o quizás los tres.  ¿Más pruebas?  Pues Marc McClure, que aquí interpreta al hermano de Marty, fue también quien precisamente dio vida a Jimmy Olsen en el Superman de Richard Donner y sus secuelas.

De hecho, la película está repleta de homenajes a la cultura del cómic o del pulp. El momento en que un niño le muestra a su padre la portada de una revista y asocia a Marty y su vehículo con una historia llamada “Alien Zombies from Pluto” (Zombies alienígenas de Plutón) es glorioso y ni hablar cuando, al ver a Marty ya sin casco, advierte a viva voz que el invasor ha tomado ya forma humana. Las grandes películas se aprecian no solo en la generalidad, sino en los detalles y ese es genial, además de hilarante…

Es que la mezcla de géneros es otro de los puntos fuertes del filme y aunque haya una historia de fondo que nos mantiene en suspenso hasta el final (la escena con la torre, el rayo y el DeLorean es pura adrenalina), los toques cómicos están siempre presentes, fusionando de manera magistral ciencia ficción y comedia de enredos.

Lo que sí se advierte es una permantente disputa entre Spielberg y Zemeckis, no en el sentido literal de conflicto, sino porque hay momentos en que Zemeckis pareciera plantarse y decir “esta es mi película”, sobre todo en los toques más oscuros, como cuando Biff intenta violar a Lorraine en el auto o el despuntar de una posible relación incestuosa entre esta y Marty, al cual incluso besa sin saber que es su hijo: uno de los puntos, justamente, por los que Disney había rechazado el proyecto.

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La Química Perfecta

La elección de Michael J. Fox no pudo ser más acertada. Cuesta imaginar cómo hubiera quedado la película actuada por Eric Stoltz (y estaríamos justamente planteando una línea temporal alternativa), pero Fox es un adolescente perfectamente creíble en cada reacción, gesto o modismo, más allá de que la imagen de Marty McFly se convirtiría para él después en una cédula de identicación que haría en lo sucesivo a sus personajes parecerse demasiado (la mirada perdida en un punto impreciso mientras otro actor le habla, por ejemplo).

Pero si por algo funciona tan bien la parte actoral es por la fantástica dupla que compone con Christopher Lloyd, de una química tan excepcional que hace casi imposible recordarlos por separado. Y Lloyd está genial como ese científico desalineado, excéntrico y estéticamente inspirado en Albert Einstein y en el director de orquesta Leopoldo Stokowski.

El resto del elenco está a la altura y no es meramente decorativo, sobre todo Crispin Glover y Lea Thompson, a quienes toca la dificil tarea de actuar no solo sus respectivas versiones adultas y adolescentes, sino también las personalidades radicalmente diferentes con que Marty los encuentra cuando, sobre el final, descubre que su viaje al pasado ha acabado de todas formas teniendo consecuencias en el presente.

Los efectos están muy bien para la época y lo paradójico es que ni siquiera fueron terminados debido a que el estreno se adelantó para aprovechar la temporada veraniega, lo que hizo que la película llegara a los cines apenas tres meses después de concluido el rodaje. Aun así, la parte visual sigue funcionando muy bien al día de hoy y se destacan especialmente los trabajos de escenografía y maquillaje al tener que transformar respectivamente lugares y actores para que luzcan con treinta años de diferencia.

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La Música

La banda sonora merecería casi un artículo aparte. Alan Silvestri ya había compuesto para Zemeckis la de Tras el Corazón Verde, pero sería Regreso al Futuro la que daría impulso definitivo a su carrera con un épico y emocionante leitmotiv principal que recuerda mucho a John Williams, compositor fetiche de Steven Spielberg, y que justamente se haría tan fácilmente reconocible para el público como los de las sagas Indiana Jones o Jurassic Park.

De modo análogo, Silvestri se convertiría en compositor predilecto de Zemeckis en filmes icónicos como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), Forrest Gump (1994), Contact (1997), Náufrago (2000), Expreso Polar (2004) o Beowulf (2007), amén también de bandas sonoras para filmes no menos recordados como Depredador (1987), Abyss (1988), El Guardaespaldas (1992), Rápida y Mortal (1995), Capitán América, el Primer Vengador (2011) o las de la saga Avengers (2012-2019).

Pero en una película que se ambienta en los ochenta y los cincuenta, no todo se agota en la partitura de Silvestri, pues interviene mucha música identificatoria de ambas décadas. Desde ya que el tema más conocido y que más comúnmente se asocia con la cinta es The Power of Love, una de las dos canciones de Huey Lewis & The News que suenan.

A Huey Lewis no le atraía la idea componer para una película: decía no saber cómo hacer una canción llamada Regreso al Futuro ni acompañarla con una letra acorde. Zemeckis le dijo que simplemente compusiera lo que le viniera en gana y así presentó The Power of Love, cuya letra no tiene nada que ver con la trama y acompaña los créditos iniciales mientras Marty viaja en skate del laboratorio a la escuela.

La canción le significó a Huey Lewis & The News su primer número uno y si se presta atención a los arreglos y a cada instrumento, se puede apreciar una elaborada ingeniería musical en contra de la sensación de pop simplón y facilongo que a primera oída podría generar.  Y Lewis tuvo incluso una breve escena en el filme como jurado de concurso de bandas.

Además, como hemos dicho, The Power of Love no es la única canción de la banda en el filme, pues los créditos finales son acompañados por Back in Time, en la que Lewis sí se atrevió a escribir sobre la trama: “¡Resultó que es bastante fácil – manifestó –! En cierto modo es más fácil, ya que no tienes que involucrarte demasiado”.

Pero además la banda sonora incluye cancionero de los cincuenta y no cabe duda de que Johnny B. Goode ocupa un lugar central, más aún a partir de la ya mencionada e hilarante broma de Chuck Berry y su primo con ese genial loop en el cual el célebre músico se inspira en una canción que Marty ejecuta, pero que este a su vez conoce por haber sido compuesta por Chuck: es el uroboros, la serpiente que se devora a sí misma…

Hay que destacar de todas maneras que, aunque Fox hace la mímica realmente bien, quien canta y toca la guitarra no es realmente él, como suele creerse y a veces leo incuso por allí. La confusión se debe a que los créditos finales dan como intérprete a Marty McFly & The Starlighters, banda tan ficticia como Marvin Berry & The Starlighters. Pero quien canta es Mark Campbell (vocalista de la banda Jack Mack and the Heart Attack), siendo la guitarra ejecutada por el músico de sesión Tim May.

Quizás ello haya servido de inspiración a Walter Hill para, al año siguiente, hacer que en Cruce de Caminos (1986) otro ícono juvenil de los ochenta como Ralph Macchio simulara tocar sobre el escenario una guitarra en realidad ejecutada por el gran Steve Vai.

Valoración y Legado

La aprobación de crítica y público fue prácticamente unánime. Con un presupuesto de diecinueve millones de dólares, la película recaudó casi trescientos noventa y se elevó a la condición de clásico indiscutido que resiste el encorsetamiento de género. Es más: creo que no ha habido desde entonces otro título que lograra fusionar tan bien la comedia de enredos con la ciencia ficción y gustar al público de ambas. El impacto en la cultura popular ha sido inmenso y llega hasta nuestros días.

Regreso al Futuro tuvo dos secuelas que completan la trilogía, teniendo la primera de ellas como eje un salto de treinta años hacia adelante en el tiempo y la tercera uno de cien años atrás, lo cual mezcla una vez más los géneros agregando también el western. Ambas muy exitosas, además de recomendables y divertidas, siendo un gran ejercicio ver la trilogía completa en un fin de semana. Eso sí: por obvias razones, ninguna vuelve a tener el toque nostálgico de la primera.

Han circulado novelas, videojuegos y cómics, mereciendo destacarse entre estos últimos una serie titulada Regreso al Futuro – Historias nunca contadas y Líneas Temporales Alternativas (aquí nuestro artículo), la cual, a través de cinco entregas y de diferentes artistas, explora los huecos e intersticios que va dejando la historia (por ejemplo, cómo siguieron las cosas en 1955 después de que Marty regresó a su presente o qué pasó con el “Doc” entre que viaja al futuro y regresa del mismo en el final de la película).

También ha existido entre 1991 y 1992 una serie animada que, con dos temporadas, daba más protagonismo a la familia del “Doc” (la cual no formará hasta la tercera película) que a la de Marty. Y un musical que, con libreto de Gale y música de Silvestri, fue estrenado en Manchester en 2020 para pasar luego con éxito por el West End londinense y por Broadway, donde se mantuvo en cartel hasta enero de este año.

Y ha habido varias veces rumores de cuarta parte, siempre descartados.  Ni la enfermedad de Fox (Parkinson) ni la edad de Lloyd (86) ayudan y quizás lo mejor sería dejar todo así…

Regreso al Futuro es una película con un guion perfecto, una magnífica química entre sus actores y un increíble manejo combinado de suspenso y comedia de situaciones. Tiene la virtud de ser atractiva para diferentes edades y públicos logrando que la nostalgia sea sentida como tal tanto por quienes vivieron los cincuenta como por quienes no.

Y lo paradójico (concepto muy adecuado a la historia que cuenta) es que al verla hoy nos vuelve a producir la misma sensación, pero la nostalgia está cambiada de los cincuenta a los ochenta, que eran el presente al momento de estrenarse el filme, pero hoy un recuerdo tan entrañable como en aquel momento los cincuenta. Una película, en pocas palabras, que se sigue aún reinventando a sí misma. ¿Para qué entonces una cuarta parte?

Hasta la próxima y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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