Lo que el viento se llevó…fue la libertad de pensamiento

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Antes de comenzar con el tema en cuestión, pido perdón. No por la opinión que voy a verter en estas letras, sino porque esto es Lascosasquenoshacenfelices y no escribo esto con alegría, aunque ataña a, valga la redundancia, cosas que nos hacen felices.

No quiero ser alarmista, pero vivimos tiempos preocupantes. No solo en lo referente al virus que está condicionando nuestra vida. Al fin y al cabo, es un acontecimiento externo que no podemos controlar y que nos recuerda lo pequeños que somos ante la inmensidad de la naturaleza. Como jinetes intentando domar un caballo salvaje.

A raíz del indignante asesinato de George Floyd debido a una actuación abusiva de la policía, el movimiento #Blacklivesmatter ha desatado una nueva oleada de antirracismo, un pensamiento que no debería funcionar por “arrebatos”. Algunas de las reprobables consecuencias ha afectado a lo cultural.

Recientemente, el guionista John Ridley, autor del libreto de la magnífica Doce años de esclavitud, arremetió contra todo un clásico del cine norteamericano como es Lo que el viento se llevó, acusándola de glorificar la esclavitud en Estados Unidos.

Una opinión tan respetable como otra cualquiera a cargo de una persona que conoce la temática en cuestión y, por tanto, susceptible de un debate sano y razonable. Lo que es muy difícil de justificar es la retirada repentina de la película de la plataforma HBO Max (con el consiguiente repunte en visualizaciones en Amazon Prime Video de una película de 1939). Tras un corto periodo de tiempo, la película ha vuelto a reestrenarse en HBO Max con una nota aclaratoria que justifica el mensaje de la película.

Desde entonces, múltiples series de Estados Unidos están retirando capítulos de sus plataformas que hayan hecho gala del “blackface” (usar a un actor blanco para interpretar el papel de un negro), aunque haya sido con fines puramente cómicos: Community, Little Britain o Las chicas de oro por un episodio en el que dos actrices aparecen con el rostro cubierto por ¡Una mascarilla de barro! Eso sí, con motivo de una broma en relación a los afroamericanos.

Todo esto no deja de ser un nuevo arranque de hipocresía del Hollywood del #Metoo, con múltiples actores conocidos renegando de directores con los que habían trabajado cuando YA se sabían sus actos en relación con otras mujeres (Woody Allen, cof, cof, Polanski…). Al fin y al cabo, hablamos de personajes públicos que deben seguir ganándose el pan de cada día.

Artículo sobre la hipocresía del Hollywood del Metoo

El “elfo oscuro” de Community

Sin embargo, en los últimos meses hemos visto como una nueva figura comienza a dominar el rumbo de las productoras y plataformas del mundo audiovisual: el fan. El personaje que cuenta (o no) con currículum, conocimientos o autoridad teórica o moral para hablar del tema, pero que además tiene ahora un púlpito desde donde pronunciar su mensaje. Ahora cualquiera puede tener muchos seguidores, lo que no quiere decir que deba tenerlos. Y esto genera decisiones tanto interesantes (ese Snydercut de La liga de la justicia) como demenciales.

La idea de retirar, de censurar, de hacer desaparecer capítulos donde aparezcan actores blancos con caras pintadas de negro (la mayor parte de las escenas en clave humorística) y la necesidad de tener que contextualizar Lo que el viento se llevó (no será la última) es una decisión hipócrita y más propia de un régimen dictatorial que de una democracia en la que cada individuo tiene alcance a más cultura que todo ser humano viviente en la Edad Media.

Es hipócrita porque, en aras de contentar hasta la extenuación a un colectivo dolido, los esfuerzos culturales se están centrando en eliminar cualquier mínimo rastro que PUDIERA ofender. Me recuerda a la memorable escena de la Déjame salir de Jordan Peele en la que los nobles blancos sureños, al conocer al protagonista, automáticamente le hablan de lo bueno que es Tiger Woods. La condescendencia, el quedar excesivamente bien como una forma encubierta de racismo.

De esta manera, están apareciendo conceptos que son auténticos despropósitos como el del “salvador blanco”. Ahora resulta que hay películas con la temática racial de fondo que jamás deberían haberse hecho porque aparece la figura de un blanco que es el que, supuestamente, les da el espaldarazo definitivo a los “pobres” negros protagonistas para alcanzar el tan ansiado avance.

Un artículo de un reputado medio de información centrado en el cine de nuestro país menciona una selección de películas, cuanto menos, dudosa y, por encima de todo, condescendiente. Considerar al personaje de Viggo Mortensen como salvador blanco de Mahershala Ali en Green Book es desconocer el mensaje de la película. Se podrá decir que la película es una fábula “blanda” sobre el racismo, pero jamás que uno de los dos personajes salva al otro. Porque en Green Book, ambos personajes aprenden y se retroalimentan porque son amigos. Green Book habla de cómo la amistad, conocer a las personas, combate a la ignorancia. Viggo Mortensen abandona sus opiniones racistas y Mahershala Ali también abandona sus pensamientos negativos acerca de su propia raza.

Pero es que, en un ejercicio de condescendencia aún mayor, critican películas con el “defecto del salvador blanco” como Arde Mississipi, Criadas y señoras o Figuras ocultas. Que dos agentes del FBI blancos resuelvan el asesinato de tres activistas por el derecho de los negros en los años 60 en EEUU no implica que sean dos miembros de la raza superior cabalgando rumbo a la salvación de los pobres afroamericanos. Implica que es un hecho real bastante simbólico de la lucha contra el racismo en Estados Unidos. Porque no existían muchos agentes afroamericanos en el FBI en aquel entonces. Adaptando a Salvador, el gran jefe del Ministerio del tiempo, “La historia es la que es”. Eso no quiere decir que no se usen determinados episodios de la historia para extrapolar el mensaje a la actualidad.

En el caso de Criadas y señoras o Figuras ocultas, se considera que el personaje de Emma Stone o el de Kevin Costner son deleznables por, una vez más, interpretarse que están dando una palmadita en la espalda al personaje afroamericano. No se les ocurre pensar que sus personajes simbolizan que es muy difícil cambiar las cosas si algunas personas pertenecientes al status quo dominante dejan de mirar para otro lado y ayudan a los que se sienten humillados. Sería como decir que Schindler fue un salvador blanco (en el sentido más negativo del término) para los judíos encerrados en el campo de concentración.

Parece que, en lugar de querer ayudar a un colectivo que se siente humillado y defraudado, quieren dar un premio rápido a un niño pequeño para que se le olvide una rabieta.

Siguiendo con estas decisiones, puedo entender la eliminación de episodios de Blackface o, incluso, la creación del concepto del salvador blanco como un intento extremo de contentar al colectivo afroamericano. Lo que me parece más preocupante es la contextualización de Lo que el viento se llevó. Es una decisión que me recuerda a la reciente polémica de la estatua de Cristóbal Colón en Barcelona.

Para los que no lo conozcáis, se realizó una declaración bastante controvertida acerca de que Colón no debería tener una estatua en Barcelona por ser un opresor y un esclavista. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, reaccionó a dicha declaración recomendando un cartel “contextualizador” a la estatua.

Ahora resulta que, en la era en la que tenemos más acceso cultural, en la que todo el conocimiento está a nuestro alcance…nos lo tienen que explicar, no vaya a ser que nos volvamos racistas por ver Lo que el viento se llevó. O que nos droguemos por ver Trainspotting. O que nos revelemos homosexuales por ver Brokeback Mountain o Carol. O que nos crucemos de acera cada vez que veamos a un enfermo mental porque hemos visto Joker.

A todo lo dicho anteriormente, parece que las élites, esas que se pasan el día discutiendo como si fuera twitter en lugar de plantear medidas de Estados ante una situación excepcional en la época en la que vivimos, piensan que no somos lo suficientemente inteligentes, que no tenemos el criterio necesario para comprender lo que ocurre en una obra cultural. Que no somos capaces de entender que cada ser humano es “yo y mis circunstancias”. Que detrás de cada persona existe todo un compendio personal, familiar, económico, político y social que condiciona sus valores y que, por tanto, están condicionados a una determinada época y carecen de valor absoluto.

En la Edad Media, los arquitectos y los artistas religiosos configuraban retablos en las iglesias para que la plebe, compuesta en su mayoría de personas analfabetas, pudieran entender la “verdad” (su verdad) sin necesidad de leer. Parece que, con la necesidad de contextualizar cada obra, vamos camino de pensar lo que nos dicen que tenemos que pensar. Vaya a ser que nos generemos una opinión propia. A este paso, cada vez que hable Santiago Abascal tendrán que aclarar entre paréntesis que es un político actual que habla desde una tendencia de la derecha tradicional de vocación católica.

Uno de los retablos más impresionantes de nuestro país. Cartuja de Miraflores, Burgos.

Siento el disgusto, pero finalizaré este artículo siendo claro. Me gustaría poder descubrir Lo que el viento se llevó sin que nadie me la explique. O El nacimiento de una nación. O La naranja mecánica. O Apocalypse Now. Me gustaría poder conocer la opinión abierta y sin filtro de las principales figuras públicas de la actualidad. Poder escucharlos y, con lo que he estudiado, los libros que he leído, las películas que he visto y la vida que he vivido, pueda formar mis propias referencias. Poder mirar a mi alrededor con tranquilidad, y no solo hacia donde me guíen. Como los borregos.

Un saludo y sed felices…pensando por vosotros mismos!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

2 comentarios

  1. Rodolfo Del Bene el

    Hola Fernando:
    Un gran artículo y no podría más estar de acuerdo. Solo agregaría como complemento a lo que dices otro gran problema actual que es el anacronismo al momento de juzgar. Se pretende evaluar una película de los años treinta con los mismos estándares y criterios de hoy sin pensar que en esos momentos aún no habían ocurrido ni la segunda guerra mundial, ni los campos de concentración nazis, ni la revolución cultural de los sesenta, etc. etc. Algo así como si dijéramos que el cine negro de los años cuarenta era machista, lo cual sería el monumento a la ridiculez. Pero bueno, ya sabemos que las redes sociales han traído muchos beneficios pero también han contribuido a instalar una dictadura de los imbéciles. Tal como dice Umberto Eco, gente que antes no tenía la posibilidad de opinar y ahora no solo lo hace sino que su opinión es formadora de tendencia y, a la vez, parte de ella. La masa bruta y no los sujetos pensantes han invadido el terreno de la cultura en lo que muchas veces es visto equivocadamente como una democratización de la misma. No recuerdo ahora quién fue lo que dijo (me parece que Bertrand Russell) pero cuando todos están pensando lo mismo es porque ninguno está pensando.
    Un abrazo, Fernando, y muchas gracias por tu artículo nuevamente.

  2. Buenas, estoy de acuerdo con lo que opinan ambos y en concreto lo que dijo rodolfo me recuerda a lo que dijo k en men in black, el individuo es listo, la gente no. No saben que no es lo mismo una película de los años 30, que se hizo con una mentalidad diferente a la que tenemos hoy, que una actual y que incluso ataquen a gente como le ocurrió al actor terry crews en redes sociales cuando el actor lo único que buscaba era una conciliación entre blancos y negros, y lo único que recibió fue criticas de negros cuando su comentario sólo tenía buenas intenciones. Como bien dices Fernando, películas como las que mencionas no muestran a un salvador blanco de un pobre negro, sino a que la gente deje a un lado sus prejuicios y conozca a las personas y haciéndolo puedes conseguir una gran amistad como fue en el caso de Green book. A veces la opinión de la gente puede estar bien pero hay casos, como los que se están dando hoy en día, en los que la tendencia en redes sociales puede afectar y afecta de forma negativa, deberían saber que hoy en día cada individuo es lo suficientemente inteligente como para tener una mentalidad propia.

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