La directora Alauda Ruíz de Azúa ya dio que hablar tanto con el drama familiar Cinco lobitos como, sobre todo, con la impactante miniserie Querer, en la que se abordaba la violación dentro del matrimonio. Ahora ha estrenado Los domingos, película que ha arrasado entre la crítica (ganó la Concha de oro en el festival de San Sebastián) y ha provocado todo tipo de reacciones en el público por lo llamativo de su trama, obteniendo un merecido éxito de taquilla.
Los domingos se centra en Ainara, una estudiante de 17 años que vive en casa con un padre dedicado a su trabajo y a su nueva pareja tras el fallecimiento de su madre; dos hermanas pequeñas a las que cuida y su abuela. Para sorpresa de su familia, incluida su tía paterna Maite, Ainara anuncia que se está planteando entrar en un convento como monja de clausura.
Ya hemos hablado de las obras de Alauda Ruiz de Azúa que merecen la pena (tiene una película en Netflix, Eres tú, que no es muy allá), así que nos centraremos en su estilo. Como Carla Simón (Verano 1993, Alcarrás) o Pilar Palomero (Los destellos), la directora tiene un enfoque plenamente naturalista. Buscan encontrar la chispa oculta en la realidad a través de una puesta en escena invisible, actores con interpretaciones realistas y, en general, tramas intimistas.
Esto era lo que esperaba de Los domingos. Pero una película no es solo lo que cuenta y como lo cuenta, sino también la reacción que busca despertar en el espectador. Por eso recomendar una película va mucho más allá de contar su argumento.
En el caso de Los domingos, lo que más destaca es la marcada equidistancia que establece Alauda Ruiz de Azúa entre sus distintos personajes. Lo que es complicado, que hablamos de una directora que no se considera creyente.

Así, Ainara es una chica de 17 años con los conflictos inherentes a su edad. Echa de menos a su madre y se lleva bien con su padre, salvo cuando entra en escena la nueva pareja de este. Es inteligente, dulce y sale con sus amigos. Pero quiere llevar su fe un paso más allá.
Esencialmente, Ainara descoloca a toda su familia por ser una persona al borde de la mayoría de edad que toma una decisión consciente y libremente. Otra cosa es que no comulguemos (nunca mejor dicho) con que el motivo de dicho camino sea la fe religiosa.
Frente a esta decisión, la familia se posiciona entre la pasividad de un padre que no sabemos si se debe a que quiere que su hija sea feliz o a que le incomoda su presencia en una casa próximamente ocupada por una nueva pareja; y la beligerancia de su tía, incapaz de aceptar tanto que su sobrina se va a convertir en una monja de clausura como que la joven tiene las cosas más claras que ella misma con su propia vida familiar.
No esperéis ninguna respuesta fácil. No existe ningún trauma o conflicto mostrado que pueda justificar una motivación así. Si acaso, solo pueden surgir distintas hipótesis para justificar una decisión en la que realmente no importa la causa, sino la consecuencia.
Así, la directora desparrama una gran cantidad de preguntas que resonarán en la mente de tal o cual persona. Habrá qente que empatice más con la tía de Ainara. Otros, con su padre. Muchos mostrarán repulsión por la rutina de las monjas del monasterio. Otros admirarán la entereza de las mujeres de la congregación. Por supuesto, nos haremos preguntas sobre el papel del catolicismo en la raigambre cultural de nuestro país. Sobre si la sociedad actual, con sus prisas y caos, justifica que una joven quiera vivir a un ritmo contemplativo. Y claro, nos haremos preguntas sobre la fe, ese gran misterio que ha movido, para bien o para mal, la vida de millones de personas.
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Es una película destinada a remover conciencias sin estamparte un panfleto en la cara. De hecho, sorprende que las escasas críticas negativas que ha recibido la película no se centren en la calidad inherente de esta, sino en que, al no tomar partido la directora, consideran que Los domingos se decanta tácitamente por la Iglesia católica.
Lo que me parece un soberano error. El abordaje de la fe es un contenido que siempre va a generar polarización y distintas reacciones a según qué espectador, pero Los domingos habla de como tomar una decisión firme e individual puede hacer temblar al sistema relacional que ha sustentado la sociedad occidental: la familia.
En definitiva, Los domingos es una película fascinante destinada a agitar nuestra coctelera, a hacernos preguntas sobre lo absoluto de nuestros pensamientos y valores. Los domingos, con su drama familia realista y sencillo, nos hace pensar. Y el solo hecho de que no nos tome por tontos es un motivo más para que se trate de una de las mejores películas de 2025.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



