Los relatos que me hicieron feliz: Levitación

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Recordar estos relatos que me iniciaron en la literatura hace más de treinta años ha sido un ejercicio tan balsámico para mi espíritu que no podía más que traeros una segunda entrega. Tras leer La edad de oro de la Ciencia Ficción de Isaac Asimov cayó en mis manos otro libro de recopilación de relatos. El título era Prohibido a los Nerviosos y estaba presentado nada menos que por Alfred Hichtcock. En este caso no se abordaba tanto la ciencia ficción sino más bien ese pellizco en el lector que le dejara temblando en el sillón un par de minutos después de leer una de las historias que allí se presentaban.

Ya el prólogo, escrito por el gran director de cine, no podía ser más revelador. Hichtcock advertía a los lectores que se atrevían a adentrarse en la senda de suspense que entrañaba el libro:

¨ Si tiene usted el hábito de morderse las uñas, si salta del asiento cuando oye un portazo o si lanza un alarido cuando alguien grita «¡Bu!» junto asu oreja, mi mensaje se reduce a tres palabras: «Suelte este libro».
   Por el contrario, si posee usted buen control de sus nervios y si éstos reaccionan con placentero cosquilleo ante un toque de horror o hallan un delicioso estímulo en la chispita de «suspense», cordialmente le invito a que me siga. ¨

Como es normal en un niño de diez años, este prólogo no hizo más que alimentar mi curiosidad por conocer las historias que se contaban en aquellas páginas. Y así llegamos al relato que hoy quiero recordar. Su título era  Levitación y estaba escrito en 1.958 por Joseph Payne Brennan a quien Stephen King definió como ¨ un maestro de la historia de horror sin vergüenza ¨. Era un relato muy corto, apenas tres páginas, pero suficientes para lo que Brennan quería contarnos y el final dorado con el que remacharía la puesta en escena.

La historia se presenta en una feria local en uno de los típicos pueblos de campo de Estados Unidos. En un estrado que se habilita en el centro de la feria se presenta a grandes voces a un prestidigitador que asegura va a asombrar a todo el público allí presente. Dicho ilusionista, de aspecto siniestro, es recibido con burlas y sorna por la masa de campesinos agolpados enfrente del escenario. Dicho actitud desemboca en un paquete de palomitas lanzado al escenario y golpeando violentamente en la cabeza de un voluntario que había subido para ser hipnotizado por el artista. Enfurecido, el ilusionista despide al chico y se dirige hacia el culpable del lanzamiento del paquete con la mirada encendida y la mandíbula desencajada. Reta a dicho fanfarrón a demostrar su valor subiendo al estrado. El joven acepta el reto demostrando su auto confianza y burla total hacia lo que está presenciando. El hipnotizador le invita a tumbarse en el suelo del estrado tras lo cual comienza a pronunciar las típicas frases para hipnotizar a alguien. Al principio el fanfarrón intenta desobedecer las órdenes que le son dadas con voz mecánica pero poco a poco empieza a sucumbir. Una vez en trance, el ilusionista le ordena que eleve su cuerpo del suelo y, para sorpresa de todos, el granjero comienza a levitar a un ritmo lento pero sin pausa. Su cuerpo rígido va elevándose centímetro a centímetro mientras un silencio sepulcral ha sustituido a las chanzas y burlas en el público. En ese momento el ilusionista sufre un espasmo, se lleva la mano al pecho y cae desplomado.

Los organizadores de la feria intentan reanimarle pero no hay nada que hacer. Su artista ha muerto en acto de servicio. Pero con tal tragedia nadie ha reparado en algo. El cuerpo del granjero sigue levitando, ascendiendo lentamente, sobrepasando los toldos de las casetas colindantes, los árboles que rodean a la feria, hasta ser tan sólo un punto lejano en cielo despejado del mediodía.

Una vez más, una historia brillante que no necesita más de tres páginas para ser contada pues lo importante es el final. Como ya dije en el anterior artículo, un relato se fundamenta sobre todo en el broche final que se le dé pues es lo que nos dejará pensando en la historia durante mucho tiempo y, por tanto, reviviéndola. Puede que Levitación no te haga pensar tanto como El hombre que evolucionó reseñado anteriormente, pero sin duda es un relato que me hizo feliz y consiguió hacerme sentir ese cosquilleo que el maestro del suspense ya aventuraba en su prólogo.

Un abrazo a todos.



el autor

Escritor y superviviente. Autor del libro ¨Mi faro en las Estrellas ¨ disponible en Amazon. Pienso y algunas veces acierto.

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