Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Cómo nos gusta el fútbol, estimado pueblo. Y mira que sabemos que quienes organizan el cotarro deben estar entre las organizaciones más corruptas, casposas e impresentables del mundo, que ya es decir. Es buscar cinco minutos sobre la FIFA, sobre la UEFA, sobre la Federación Española de Fútbol o el Comité Técnico de Árbitros español y es descender a los abismos de la locura y el asco. Si algo vale la pena de este podrido mundillo es precisamente por personajes como Luis Enrique. Luis Enrique entrenador, ojo.
Gracias al documental «No tenéis ni p*** idea» que ahora está en Prime Video es fácil entender el porqué. En resumen, el documental trata del día a día de Luis Enrique, entrenador del París Saint Germain, club regado por montañas de dinero a fondo perdido por Catar. El París Saint Germain gana las ligas francesas como si nada, pero las montañas de dinero son para competir y ganar la competición de las competiciones de clubs: la Liga de Campeones. El documental se centra en sus rutinas diarias, en sus charlas con los jugadores y equipo técnico, en los partidos decisivos en Liga de Campeones y en su forma de ver las cosas al respecto de su hija, fallecida siendo muy pequeña. Y, claro, su relación con la prensa.
Si en algo es fascinante Luis Enrique, por lo que entra por los ojos, es por su tratamiento a la prensa. Hay vídeos y vídeos de contestaciones cortantes al reporterismo que suele hacer preguntas en las ruedas de prensa. Todo el documental está impregnado de la razón del porqué hace esto, hasta el punto que el título del documental, «No tenéis ni p*** idea», se le ocurre en la mitad del documental mientras habla del periodismo deportivo, proponiendo que el debería tener dicho título. De forma clara y nítida, Luis Enrique habla de intereses contrarios. Por una parte, él como entrenador quiere a sus jugadores, cuerpo técnico, directivos y demás trabajando en grupo, en sintonía, con los mínimos conflictos posibles. Por otro lado, el reporterismo tiene por principal objetivo conseguir arrancar de cada rueda de prensa una declaración escandalosa, polémica o chocante para poder llevarla a la portada de su periódico o traspasarla al grupo de personas que menos se merecen su sueldo: los tertulianos deportivos. Polémicas y campañitas que pueden desestabilizar a jugadores, entrenadores o directivos. La evolución en los últimos 20 años ha sido de cerrar informátivamente los clubs de tal modo que el mensaje y el relato se controla desde los mismos, entendiendo que los llamados medios de comunicación son empresas que tienen sus propios intereses y agenda, que pueden ser favorables a informar o guardar silencio en función de sus propios intereses económicos y políticos. En realidad el grueso de rumores y exclusivas son filtraciones autorizadas por los propios clubs, ya que desde hace demasiado nadie investiga nada.
Ante esto tenemos varias escuelas a la hora de afrontar la pantomima que llevan siendo desde hace demasiado las ruedas de prensa. La más normal, que es la de soltar respuestas aburridas, repetitivas y casi intercambiables (escuela Ancelotti). La menos normal, que es tomarse la pantomima en serio, perder los papeles y, en definitiva, o no haber entendido qué es una rueda de prensa o dejarse llevar por la ansiedad y los nervios (escuela Xavi Hernández). Luego hay quienes, como Guardiola, Simeone o Mourinho, saben de qué va esto, les va la marcha y son tan inteligentes que usan la propia jauría de tertulianos para el mensaje que ellos quieren transmitir. Y, al final, está Luis Enrique, que tampoco se engaña respecto a lo que hay pero renuncia a dar ningún mensaje, no soporta la pantomima y abiertamente es hostil a gente que, en verdad, no son más que una complicación a su trabajo. Una que utilizada como Guardiola o Mourinho puede remar a tu favor, pero complicación de base. Luis Enrique es el auténtico entrenador punk que señala la absurdez de tantas preguntas absurdas, las mil trampas que ponen para luego generar polémica, se niega a responder a preguntas bobas o directamente se ríe de los apellidos de un reportero. Ni más ni menos lo que hacen los comentaristas y tertulianos deportivos, con sus chistecitos con apellidos extranjeros, su nula autocrítica o su corportarismo feroz como alguien ose meterse con un periodista que mienta o manipule. Luis Enrique es su espejo, y no les gusta. Claro. El espejo refleja que mañana desaparecen las ruedas de prensa obligatorias en toda competición y realmente no estaríamos peor informados ni se perdería nada más allá del pan de sujetos que viven de, vamos a decirlo, inventarse conflictos o ser cadenas de transmisión de agentes, clubs o diversos intereses económicos.
En el propio documental habla de este conflicto de intereses o del pesimismo crónico de los periodistas españoles, obsesionados siempre con el peor escenario posible a la hora de preguntar. Luis Enrique llega a decir que se bajaría el sueldo gustoso si no tuviera que volver a dar ruedas de prensa. Aquí la pregunta que nunca he oído es si este pensamiento está muy extendido, y desde aquí intuimos que sí. Y no es miedo a la libertad de prensa, el derecho a la información y demás excusas de los asistentes a las ruedas de prensa. Es consciencia del conflicto de intereses real del que nunca nunca nunca hablan. Pero que todos en el mundillo conocen y actúan en consecuencia. Es decir, una de las cosas en las que se forman a los canteranos de muchísimos clubs desde hace mucho es precisamente en contestaciones a preguntas de la prensa, gestión de las redes sociales y comunicación.
Después del tema correveidiles tenemos la propia filosofía futbolística de Luis Enrique. El protagonista es el ejemplo de filosofía moderna de fútbol de la segunda década del siglo XXI: obsesión en detalles técnicos, uso intensivo de los datos, minuciosidad técnica, hipercontrol de los movimientos de los jugadores, liderazgo y protagonismo respecto a los jugadores. Viendo a los equipos de Luis Enrique está claro que es más cercano a Jurgen Klopp que a su mayor opuesto: Del Bosque (autogestión de los jugadores, nulidad de trabajo táctico, foco en la gestión de las jerarquías y estados de ánimo, libertad total de los jugadores en ataque, filosofía de juego defensiva). Como persona inteligente y mentalmente positiva que es, habla maravillas de su mejor jugador, Mbappé, pero deja perlitas sobre cómo lo que le gustaría es casi tener a robots a los que va dando indicaciones en tiempo real. Vaya, que le gustaría que el fútbol real fuera el videojuego FIFA. Así, queda patente algo que le emparenta con Guardiola o Thomas Tuchel: es un obseso del control absoluto, del miedo al caos y a lo que no controla…que es lo opuesto a Ancelotti o Zidane, entrenadores que se sienten bien en la indefinición. Hace poco se ha dado cuenta que en ataque es necesario dar algo de libertad para evitar la predecibilidad de los mismos, pero la base es la que es.
El documental de Luis Enrique es fantástico para entender la mentalidad de deportista de élite. La exhibe durante todo el documental. A saber: confianza en la victoria pero no darla por supuesta, ni una derrota ni una victoria pueden trastocar mucho emocionalmente para poder seguir compitiendo, plena confianza en sus posibilidades, positivismo de lo que se tiene, confianza en el futuro y, en definitiva, energía a raudales. Es complicadísimo mantenerse así siempre y desde luego es un pack mental muy complicado de tener y aún más de mantener. De ahí que, claro, los deportistas de élite son sujetos psicológicamente extraños, que bordean el trastorno maníaco con más frecuencia que la población normal. En el caso de Luis Enrique literalmente tenemos a alguien que no puede estar mucho tiempo sentado, cuidado. Y que desborda energía, positivismo y confianza. Ninguna duda que es un ser abrasivo y cargante pero tampoco que en el ámbito de auténticos niñatos que es el mundillo de los futbolistas muy probablemente sea lo necesario. A sus excelentes resultados nos remitimos, incluída su etapa en la selección española de fútbol. Quien siga pensando que lo hizo mal que mire la plantilla que tenía, compare con las de otras selecciones de la Eurocopa a la que fue y piense cómo narices consiguió llegar a semifinales. Y, además, rompiendo el tabú del tiqui-taca como religión, cosa que aprovechó después De la Fuente.
Quizás lo más compartido del documental es la parte en la que intenta convencer a Mbappé de que tiene que defender como lo hacía Jordan con sus Bulls. Siempre con la idea de que el muchacho no defiende, que la culpa de que el PSG no ganara la Liga de Campeones era suya y demás. En realidad el PSG ganó al año siguiente la Liga de Campeones dejándose otro pastizal en excelentes futbolistas, no es que fuera quitar a Mbappé y listo. Pero esa parte habla mucho de Luis Enrique como alguien que transmite a su mejor jugador que tiene que defender y bajar al barro como el que más. Trata a los jugadores como si él fuera el entrenador, es decir, su jefe. Es algo que hasta hace dos días era durísimamente críticado por nuestra tertulianada deportiva: que si se mata al jugador, que si el fútbol es poesía y no una fábrica, etc. En el mundo real el PSG de Luis Enrique dió el año pasado, en el que ganó la Liga de Campeones, un espectáculo impresionante, con una de las mayores exhibiciones que yo he visto en una final contra un equipazo como el Inter de Milán.
En definitiva, documental totalmente necesario para todo futbolero, aficionado al fútbol o, en general, curiosos sobre gestión de grupos humanos. Incluso por los que simpatizamos por todo sujeto valiente, punk o simplemente que no pide perdón por ser optimista. No mencionamos aquí la parte de la hija por ser, honestamente y por mucho que Luis Enrique siga aplicando su optimismo a prueba de bomba, durísima para todo el que sea padre.
Sed felices.



