One Piece 926, amor y odio entre Luffy y Kid

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Bienvenidos una vez más, fieles adeptos de Oda, a un nuevo análisis de One Piece. En esta ocasión, del capítulo 926 del manga. Si alguno de vosotros se había ilusionado al final del Primer Acto con volver al Revierie, lo siento de veras, porque parece que entrado ya el Segundo no hay intención alguna. Pero Wano es lo suficientemente interesante, no os preocupéis. Comencemos.

El reclutamiento de samuráis

El pueblo comienza a alegrarse, y no sin motivo: antiguos y reconocidos samuráis que se daban por desaparecidos están reapareciendo, asesinando a guardias tiranos de Kaido. Un nombre importante es el de Kamaozu el Destajador, pero ni de lejos es el único. La explicación de que esto suceda es bastante sencilla, la alianza Mugiwara (diré esto cuando me refiera al grupo que se ha formado entre Law, los Mugiwara, los samuráis, los ninja, etc. porque si no… no acabo nunca) está, solapadamente, haciendo un llamamiento a antiguos aliados de Oden. Podemos ver a Usopp introduciendo sigilosamente en el bolsillo de otro samurái (con la media luna tatuada en el tobillo, aquella señal). En un par de páginas aumenta nuestra confianza por el futuro, la alianza Mugiwara cada vez es mayor, cada vez vemos más fácil la derrota de Kaido y del Shogun de Wano. Este es el empujón que Wano estaba pidiendo, este es el significado del Segundo Acto. Así como el primero fue la primera caída en desgracia, éste es un aliento de esperanza.

Nami volviendo a sus orígenes y Sanji haciendo lo propio

Parecerá una tontería, pero me ha encantado ese momento Nami ladrona. Era su punto característico del inicio del manga, aquello que la hacía tan especial, y creo que estaréis de acuerdo conmigo en que el arma que Usopp le fabricó y ha estado usando desde Arabasta ha desvirtuado su característica original. Por eso me ha gustado. Lo que me ha chocado es que haya sido descubierta tan fácil, ella, que es la ama (por no calificarlo con otro palabro menos adecuado). Apuesto a que fue culpa de la ninja que la acompaña, este personaje que no entiendo muy bien qué pinta.

En principio no encuentro explicación a que Sanji se haya puesto a cocinar fideos en medio de la calle. Sí, a la gente le encantan, el sabor de los fideos de Sanji parece ser igual de entusiasmante que cualquiera de los platos que prepara, pero… Nami se enfada cuando lo ve porque no está reclutando samuráis, lo cual es entendible. Otro personaje, al cual no podemos distinguir, desde las sombras murmura: “Este chico, ¿sabe a quién pertenece esta isla?”. Y puede interpretarse de dos maneras: o bien es un aliado que lo dice desde la preocupación o bien un enemigo que lo hace desde la advertencia malintencionada.

Minas

Llegamos finalmente a la parte más interesante del capítulo. Los prisioneros de Kaido, en la cárcel, son los que trabajan para él en las minas. Resulta que los prisioneros están esclavizados hasta tal punto que reciben una pequeña bola de alimento (no tengo muy claro qué es) por cada 5 bloques de rocas desplazados. Pero claro, los bloques pesan toneladas, se necesita una fuerza sobrehumana para moverlos. Así, los mayores mueren de hambre o a latigazos. ¿Y quién si no va a tener la fuerza sobrehumana que hace falta para mover tales bloques? Exacto, ahí están Luffy y Kid haciendo algo impensable: convertir ese insufrible trabajo en un juego competitivo. Ambos se retan para ver quién consigue desplazar más bloques. Al final consiguen más bolas de alimento de las que pueden consumir. De hecho, haciendo un pequeño e imperfecto cálculo, traté de dilucidar más o menos cuántas bolas, y por tanto, cuantos bloques consiguieron desplazar durante ese día (o esa mañana). Cada uno tiene, aproximadamente, 25.000 bolas. Por tanto, cada uno ha movido 125.000 bloques. Un poco disparatado, pero… esto es One Piece.

De esta parte lo más interesante es la relación que están gestando Luffy y Kid. Esa rivalidad que, en el fondo, no deja de ser la gran forjadora de una amistad eterna. Tengo ganas de ver como evoluciona, pero algo me dice que será muy similar a la relación existente entre Zoro y Sanji. Lo menos interesante es la parte del Hipopótamo, que no comentaré porque no posee jugo alguno y no merece menor atención.

Y hasta aquí el análisis de esta semana, nos vemos en el 927, en el ínterin, sed felices.



el autor

Soy, entre otras cosas, estudiante, cinéfilo, músico y lector; escribo sobre lo que me gusta y también tengo twitter @maffdecine

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