Ping Pong the animation: el lado oscuro del mundo del deporte.

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Los spokon son un género recibido con entusiasmo no sólo por los japoneses, sino por amantes del mundo de la deportividad de todo el globo. Normalmente éste se engloba en los shonen, porque después de todo normalmente cuenta con la tenacidad muchas veces heroica presente en el género, así como del valor de la amistad o de la rivalidad. Bien, pues podríamos decir que ésta serie se trata de un spokon clásico cogido con pinzas, por lo atípico-en todos los aspectos-que es.

Los temas anteriormente nombrados son aquellos que siempre son representados de una forma similar, pero se dejan aspectos menos amables del mundillo en el bolsillo, tales como la importancia del talento, de la frustración desde los dos lados, de la presión de los deportistas, del alto precio a pagar cuando formas parte de la élite y no has cumplido con ciertas expectativas, la absoluta entrega a la actividad a la que le dedicas, literalmente, casi todos los minutos de tu vida.

Debo confesar que al principio me costó encajar esta cortísima serie de 11 capítulos. Y no lo digo por el mayor factor atrayente y repelente de esta producción, su extrañísima animación, que comentaré más tarde, sino por su forma de contar la historia y por la misma historia que cuenta. Sin embargo, tras terminar la serie una serie de emociones me invadieron para dejar con pie firme una certeza: había visto algo único, que jamás había visto y que no creo que vaya a ver en el género por lo menos en mucho tiempo.

La madurez, a la vez triste y alentadora, que destilaba la serie me aturdían, con un realismo aveces demasiado crudo. En primer lugar hablando de dos tipos de personas que fracasan en aquello en lo que quieren triunfar: la que simplemente no tiene el talento, aun con toda su ilusión, y la otra la de un talento extraordinario sin ninguna voluntad para encaminar dicho talento hacia un puerto seguro, muchas veces por miedo o pereza. Luego del suplicio por el que tienen que pasar aquello elegidos con el talento que requiere triunfar. Uno es la absoluta prohibición ante la derrota, el fallo, con resultados nefastos en un mundo en el que eres, en muchos casos, desechable. La otra es la presión constante de ser el ganador, en el que, como si Saitama de One Punch Man fueses, todo resultase un deber que cumplir a rajatabla y que dejaste de disfrutar hace tiempo, además de que porque no puedes permitírtelo, porque no hay un rival a tu nivel.

El último y puede que el más interesante, puede que porque sea el más complejo de entender, es la de un amante del deporte que se teme a sí mismo como a un monstruo. Una persona que tiene las mismas ganas de sacar todo su potencial a la luz y luchar con ello que de que esta fuerza arrolladora sea frenada y sepultada para no destacar y perder el amor que tiene por lo que hace, en la intimidad, lejos de todo. Un protagonista que ha elegido a su verdugo, al que admira y del que se siente profundamente agradecido para que sea la persona que acabe con su imparable fuerza. Aquí es donde aparece el spokon clásico, que aveces tan ausente parece. Donde la rivalidad y la amistad, con un profundo respeto por el contrario y una pasión arrasadora por el deporte aparece.

Y aunque la derrota sea algo que aparece devastadoramente en la serie, de manera repetida y reiterada, es afrontada desde un ángulo tan realista y adulto, al final se convierte en una victoria ante la vida, una vida que habría sido horrible de haber seguido en ese camino. ¿A qué me refiero? pues a que la serie te invita a dejar ir, tras haber luchado todo lo que podías, aquello a lo que es evidente que no estabas destinado a hacer, por una razón u otra. Algunos llamarían a esto resignación, arrugarían la nariz y lo despecharían como una serie que no incita a mejorar. Y es al contrario, bien podrías decir que es resignación de alguna forma, sí, pero más que eso es un llamamiento al dejar ir cuando algo ya no da de más, y has luchado lo indecible por ello dándote cuenta de que es algo inalcanzable. Y al contrario de lo que podrías pensar, todos los personajes son felices, como un buen final shonen. Todos viven con la certeza de que lucharon lo que pudieron para estar en la cima, reservada a una persona, y de que simplemente fracasaron, bien por falta de carácter, de trabajo o de aptitudes, otra parte más de la vida.

Por último hablaré de la inolvidable animación de la serie, cuyo dibujo es simplón y su animación hasta chapucera en algunas ocasiones, lo que la hace algo fantástico, porque le da un dinamismo y ritmo muy peculiar. Los partidos son representados de tal forma que todo queda claro, es estético y al mismo tiempo emocionante, con una rapidez de la “cámara” que hace de ellos algo espectacular. Además, los ángulos imposibles, las deformaciones monstruosas y las partes experimentales, como Kazama y el dragón, así como las pequeñas metáforas visuales enriquecen la serie en el aspecto técnico tanto como lo hace la parte narrativa. Y aunque pueda espantar, este dibujo, o más bien desdibujo, como lo quieras ver, es una forma insuperable de adaptar a una serie animada un deporte tan rápido y dinámico como el Ping Pong, lo que al final lo hace una elección perfecta para lo que se quiere contar.

En resumen, aunque entiendo que a cierto sector esta serie le pueda chirriar en un primer momento y sabiendo de qué va, creo que la experiencia de verlo es única y enriquecedora, porque no es algo que se haya visto ni, me temo, se vaya a ver mucho, así que invito insistentemente a aquellos a los que les guste el mundillo del anime a verlo por lo especial del conjunto, y a los de la animación, por que es un verdadero estudio del movimiento.

Un saludo y sed felices.



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

3 comentarios

  1. Muy buenas Kitayu, al igual que la mayoria de obras de Masaaki Yuasa esta me parece una pasada y en todas conserva su estilo unico de animacion y aunque mas de uno se empeñe en ver esto como un obstaculo para disfrutar de sus obras, a mi parecer es algo original y distintivo. Muy buen articulo como siempre y quedo a la espera del siguiente, un saludo.

    • ¡Hola Jokk! Un placer verte por aquí de nuevo. Pues sí, la verdad que la animación es un pro más que otra cosa, tanto por el sello personal como por lo que aporta.
      Muchas gracias por leerme y un saludo.

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