InicioSeriesLas series que nos hacen felicesPor qué empezar Lo que hacemos en las sombras

Por qué empezar Lo que hacemos en las sombras

En 2014, Jemaine Clement y Taika Waititi se juntaron para elaborar una película que poco tardó en convertirse en objeto de culto, ofreciéndonos un revisión de los cánones de terror que, con el paso de los años, han compuesto el imaginario colectivo. Lo que hacemos en las sombras, fue una propuesta diferente que buscaba revisitar a través del formato de falso documental –o mockumentary– la mitología de las películas de terror de la mano de un particular grupo de vampiros que compartían piso.

El humor inocentón y estereotipos explotados, dieron al proyecto una personalidad diferente que caló en la audiencia, consiguiendo una modesta fama gracias al mero boca a boca entre la gente. Fue tal el fenómeno, que sus creadores no tardaron en seguir con esta dinámica y expandir el universo hacia nuevos territorios…

Refrescando un género estancado

Lo que hacemos en las sombras sigue una dinámica muy similar a la que plantea la homónima película: un grupo variopinto de chupasangres que comparten piso, viven toda una serie de peculiares aventuras en el mundo humano. Precisamente por su planteamiento mundano y sin demasiadas pretensiones, la serie consigue tener una base prácticamente inagotable de fuentes de humor, pues pueden abordar toda clase de minucias que no han sido tratadas en ningún otro lugar justamente por su especificidad. Desde las dificultades para irse de fiesta, pasando por ir al súper, la alimentación o las propias relaciones con otros vampiros y colectivos; Lo que hacemos en las sombras es un pozo sin fondo de interacciones cómicas que sacan lo mejor de los tópicos.

Y sí, digo tópicos pues en este caso clichés y estereotipos son imprescindibles para la progresión dramática de la serieLo que hacemos en las sombras usa los manidos cánones del terror y sus criaturas para crear comicidad y darles la vuelta al explorar tanto su funcionamiento como sus puntos ciegos, convirtiendo estas convenciones conocidas y asumidas por todos en el eje de la serie, en la fuente del patetismo e inocencia de los personajes. Pero no lo hace desde una superioridad moral o para el mero insulto, lo que ofrece Lo que hacemos en las sombras es una cariñosa revisión de conceptos clásicos del terror, una sátira tras la que se respira el respeto por el género que nos ha criado a muchos. Gracias a eso, la serie despierta una oleada nostálgica que empuja al revisionado de los grandes referentes que a su vez complementan al producto, pues lo que en cierto modo consigue ser es un puente entre ambos mundos, entre pasado y presente, una parodia cómica que en el fondo homenajea toda una manera de hacer.

El nuevo UCM y Wellington Paranormal

Un fenómeno que está innegablemente de moda, es la de los universos compartidos. Cuando dos productos diferentes son capaces de jugar en un mismo plano y presentar la posibilidad de juntarse en pantalla, crean la sensación de encontrarnos en un mundo vivo , otorgándole tridimensionalidad a lo que en muchas ocasiones tiende a relegarse a lo autoconclusivo y aislado.

Lo que hacemos en las sombras adopta en cierta medida este fenómeno, pues película y serie comparten universo junto con una pequeña serie poco conocida pero repleta de potencial y momentos hilarantes: Wellington Paranormal –serie de la que hablo un poco más aquí, y que sigue las disparatadas andanzas de los dos policías que hicieron acto de presencia en la película original–. Con estos sencillos detalles, Waititi y Clement están consiguiendo crear un absurdo universo en el que dar rienda suelta a los homenajes más rocambolescos, aportando un extravagante punto de vista de nuestro estilo de vida.

Fresco y conocido

Lo que hacemos en las sombras nos lleva a un mundo extraño. Por un lado tenemos una realidad muy actual en la que habitan toda clase de criaturas tenebrosas que ansían conquistarnos, o como mínimo darse un festín en nuestro honor; pero por otro lado es una serie plagada de humor inocente y bobalicón, estúpido en el mejor sentido posible de la palabra. En cierto modo, Lo que hacemos en las sombras consigue brillar porque le da un giro a conceptos profundamente universales y enraizados en el imaginario popular, mostrando a la vez respeto y rebeldía, subvirtiendo cánones pero tomándolos como base para todo desarrollo.

Lo que hacemos en las sombras probablemente haya sido una de las sorpresas más agradables que nos brindaron las series el año pasado, y no creo que por el hecho de ser una comedia merezca que sea reducida tan solo a un cúmulo de chistes tontos cuando detrás hay un gran trabajo de estudio y comprensión de género. En el mundo audiovisual, las comedias son normalmente las relegadas a un segundo plano tan solo por su ambición de entretenimiento y amenidad, cuando son muchas las ocasiones en las que hacer reír es más difícil que hacer llorar. Esperemos que productos como Lo que hacemos en las sombras terminen teniendo su merecido reconocimiento.

Pablo Ferrer
Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

1 COMENTARIO

  1. Bien aprovechado que ayer se estrenó la segunda temporada de LQHELS para recomendar esta pedazo de película/serie; además, es que, si entras en su juego, en un día te bebes la película y la primera temporada sin darte cuenta.
    A ver si encuentro lo Wellington Paranormal en algún sitio, que, si están metidos Waititi y sus locos amigos, merece la pena el vistazo.
    Saludos.

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