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“Pulp”, de Brubaker y Phillips. El mundo pertenece a los monstruos…pero no debería.

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Me puse a leer “Pulp”, de Ed Brubaker y Sean Phillips. Nos lo ha traído a España la editorial Panini, en Estados Unidos lo sacó Image Comics. Son apenas 70 páginas. Se lee en una tarde. Vi que la fecha de publicación original era julio de 2020.  En mitad de la pandemia. La verdad es que nos ha dejado tocados del ala a casi todos. Reconozcámoslo. Hay muchas formas de haberse quedado gagá. Hay gente que de antes tampoco estaba bien, cierto, y que ahora es para verla. Otra gente se quedará encerrada mentalmente para siempre en el año 2020. Otros desarrollan teorías complejísimas sobre una conspiración que está detrás de todo. Los hay que se han vuelto cínicos o amargados, como si desde el año pasado todo lo vieran a través de una lente grisácea. Más allá del volver a la vida pre-pandemia (más o menos) hay un evidente pesimismo generalizado respecto al futuro. Y de cómo afrontar eso va en parte el cómic del que hablamos.

De qué va “Pulp”

La versión corta de este post sobre “Pulp” es que es la película dirigida por Clint Eastwood que gana 8 Oscars, llena las salas y genera una cantidad tal de artículos con fotos en blanco y negro que hace que incluso los de Jotdown se vean saturados de gafapastismo. Aunque, bueno, este cómic realmente no se ha adaptado a película y, claro, no la ha dirigido Clint Eastwood. Es más: el lenguaje usado no es cinematográfico sino del mundo del cómic, que tan bien manejan Brubaker y Phillips para contarnos historias de perdedores contra el sistema. De cínicos y amargados que ven una última oportunidad de hacer algo bueno en sus vidas. 

“Pulp” es la historia de un señor que en los años 30 de los Estados Unidos ya es viejo. Malvende historias de vaqueros y forajidos. Malvive de mala manera. El que le compra las historias es un explotador que le habla como si el protagonista fuera idiota. Pero el protagonista ha sido mucho más. Ha sido un forajido de verdad. Un pistolero de verdad. El aumento de simpatizantes de Hitler le mete en auténticos problemas ante la pasividad de los matones con los judíos. Y ese será el disparadero del resto de la historia.

El western de “Pulp”

Pero antes de hablar de la historia de “Pulp” o de cómo está construida hay que hablar del dibujante, Sean Phillips. Ya le conocemos de anteriores trabajos con Ed Brubaker. Es complicado encontrar un dibujante en la actualidad al que el tono de novela negra sepa sacarle tanto jugo gráfico. Las escenas de tensión, las violentas e incluso las conversaciones transmiten opresión, tensión, decadencia. El trazo sencillo y fuerte favorece un clima que tiene más que aprendido a la hora de llevarlo a las viñetas. El uso de pocos colores y lo dosificado que está el color negro contribuye más aún a ello. También que siendo una historia violenta sea, otra vez, tan comedida cuando la violencia aparece.

Y es que en “Pulp” Brubaker parece querer adelantarse a la pandemia y lo que ha venido mentalmente después. O, bueno, reconozcamos que lo normal es que no. Pero toda la historia nos cuenta varias cosas en poco espacio con mucha profundidad y con pocos trazos. El inicio del comic es una breve historia de Western que impregnará en su forma de contar las cosas el resto del cómic. El protagonista está acabado profesionalmente, por más que tuviera un pasado personal de aventuras y un personaje creado con éxito editorial. No tiene vitalmente donde ir. Ve que sus últimos días pasan entre la escasez personal y el alzamiento de los monstruos provenientes del nazismo. Nadie parece oponerse a ellos. Nadie parece rebelarse contra la escasez, la pobredumbre y la desesperanza generalizadas. 

El maravilloso final de “Pulp”

El protagonista de “Pulp” ha perdido ya toda esperanza en un mundo mejor. Lo que ve es la caída lenta a un mundo gobernando por los monstruos, por los nazis. A lo que aspira es a dar un último golpe, robar algo a los tiranos que lo gobiernan todo y dejar algo a la mujer con la que vive. En ese viaje pasará por inevitables episodios de patetismo esperables de un anciano que quiere hacer cosas propias de gente bastante más joven. Pasará por enfrentarse a elementos insospechados de su pasado, que vuelven para ponerle el espejo a sus ideas sobre el mundo. Aunque parece que sigue con lo de desentenderse de la mierda que empieza a llover en el mundo y que cuando él se vaya parece que inundará todo. 

Pero Brubaker se reserva la carta ganadora para el final de “Pulp”. Para las últimas páginas. Lo que parece una historia de simple final más o menos feliz y pragmático se transforma en un canto al honor sobre lo práctico. Una exaltación de lo romántico. En las inmortales palabras de Makinavaja, “mientras quede alguien en el mundo que no se deje dar por culo habrá poesía”. Hay un límite para todo, incluído el cinismo, la amargura, la depresión y la pena. Brubaker lo recuerda pintándolo con una mezcla de patetismo y heroísmo. El protagonista nunca se engaña a sí mismo, aunque haya engañado mucho a los demás. Sabe que no es un héroe. Y sabe que el mundo está controlado y gobernado por los monstruos, puede que escriban las leyes que realmente importan y que no haya piedad con quien se las salte. Puede ser.

Pero no debería ser así.

Por todo esto y especialmente por sus últimas y potentísimas páginas “Pulp” es una maravilla de obligada lectura para salir algo menos perjudicado del horror que cada uno, en su fuero personal, ha tenido que pasar por estos casi dos años con la pandemia. No todo está perdido. Ni debería. Que no se nos pase.

Sed felices. 

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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